Bueno, si otra vez he demorado, que puedo decir... soy una vaga, y pues... bueno bueno, mejo aca les dejo este otro capi, espero que les guste, y por cierto tengan un feliz nuevo año... -.- si eso sonó algo raro... en fin, debo decirles también que he estado reflexionando con respecto a la historia, y van a haber unos cambios con respecto a la original, ya que en primer lugar marian es Marian y no Zelena disfrazada de ella, no es que odie a Zelena, de hecho la amo, pero no sentí necesaria su intromisión en esta historia, aca lo dejaremos como si Rumple si la hubiera logrado matar su esencia no viajó al pasado, por lo tanto esta muerta y capput, ok... lo segundo, es que tampoco pienso introducir todo el show de Frozen, porque, pues... no las necesito estorbando en mi historia con sus hielitos y toda esa vaina, de nuevo no es que las odie de hecho me gustó mucho ese toquesito a la serie, pero no lo considero necesario en el Fic, por otro lado, si vamos a tener a Lily de regreso y a Mal, también pero no a Úrsula, ni a Cruella, por ahora todavía no decido, si haré un trama con respecto al autor... eso todavía está en la mesa... y como último, Ruby jamás se irá por que amo a esa loba, no tanto como a Regina, pero casi se acerca, así que eso... bay... si lo sé hable mucho, pero era solo algunas aclaraciones para que no haya confusiones con respecto a la trama.

CAPITULO III - ¿PUEDO?

Uno pensaría que una princesa, se despertaría todos los días, rodeada de animales, cantando, y con la cara, como si se acabase de maquillar, su cabello totalmente arreglado, totalmente descansada y con ganas de cantar, de hablar con los pajaritos, e incluso con algunos ratones, pero no nuestra princesa de chaqueta roja, ella se despertaba maldiciendo a todo el mundo, con ganas de mandar a la mierda a todas y cada una de las personas que se atravesaban en su camino, con la cara como si la acabasen de golpear todo tipo de ramas y algunas garras de animales, el cabello totalmente desaliñado, totalmente molida, y con una jaqueca, que la estaba matando.

Se levantó de la cama, y se dirigió directamente al baño, ni se fijó en la hora, pero seguramente Henry ya se había ido a la escuela, con Mary Margareth, y su padre, debería estar en la comisaría, Neal, no sabía dónde estaba Neal, seguramente con Ashley, ella se había montado una guardería.

Se vistió con una cazadora azul, una pequeña blusa, y su chaqueta roja, unas botas de cuero, agarró sus laves y su teléfono y se fue a Granny's, a desayunar, hoy le tocaba el turno de la noche.

-Hey Rubs, sírveme un café ¿quieres?- dijo Emma irritada, por todo el ruido que se escuchaba.

-¿Café?, no quieres mejor tu chocolate de siempre- dijo Ruby extrañada porque su amiga pidiera café.

-Mi cabeza, quiere café, y eso le daré- dijo Emma agarrándose la cabeza con las manos, y moviéndola despacio, mientras una jaqueca la volvía a atrapar.

- Ok…. Em- dijo Ruby mientras se iba hacia la cocina.

Emma no dejaba de pensar en cómo iba a hace para cumplir su promesa, la idea de Ruby era buena y de por sí tentadora, pero antes debía conseguir el perdón de la Alcaldesa, ¿cómo iba a hacerlo? Pues no tenía ni idea, como Regina iba siquiera a considerar perdonarla, le había arrebatado su felicidad, ¿en qué momento se había comprometido tanto con eso?, ¿en qué momento...-¿¡Emma¡?, ¡hey¡, ¿estás bien?- la despertó Ruby de su trance.

-Eh.. que.. ¿qué paso?- preguntó ahora, muy confundida.

-Que te has perdido en tu cabeza, llevo aquí algunos minutos intentando hablarte, ¿qué pasó?, ¿en qué pensabas?- inquirió ahora con curiosidad

-En... en nada- dijo Emma mientras tomaba su café y salía de Granny's sin dejar a Ruby, opción siquiera a replicar, ya se lo sacaría mas tarde.

Al salir del restaurante, Emma iba divagando por la calle, iba en dirección a la comisaría, o eso era lo que tenía en mente, aunque mucho mas presente tenía el como hacer que la alcaldesa la perdonase, que hacer, ellas, estaban intentando ser amigas, pero no la conocía tan bien como quisiera, quizá el libro de Henry podría ayudarla, leería algo sobre la joven muchacha, o quizá podría hablar con Mary, o quizá no, quizá simplemente, podría hablar con la susodicha, pero era muy arriesgado, por mucho que deseaba ser perdonada, aún no estaba lista para abandonar el mundo, luego de ser incinerada por la Ex-Reina.

La vibración de su teléfono móvil, la sacaron de sus pensamientos, no esperaba mensajes de nadie, puso una mueca al ver el número del destinatario Hook.

-Swan, no quisiera presionarte pero, deberíamos hablar, ya sabes, de lo NUESTRO, te espero en el muelle, a las cinco

Killian-

"Genial" bufó Emma, no es que el pirata le cayera mal, es más sentía cierta atracción por él, y lo había besado, pero "lo NUESTRO" no era algo que le ocupase la mente en aquel momento, en su mente ahora solo había cabida para pensar que hacer para que Regina la perdonase.

No fue hasta que chocó con un poste dándose un leve golpe en la cabeza, que se dio cuenta que jamás se había estado dirigiendo a la comisaría, de ser así no estaría caminando por la calle Miflin y no tendría justo a su lado izquierdo la inmensa mansión de color blanco, con el 108 en números dorados, puesto en la puerta principal.

Dudó un momento sobre lo que hacía en ese lugar, pero su corazón le decía que tenía que seguir, llegar a esa puerta y atravesarla. Después de darse mil veces la vuelta y todavía con mil dudas en la cabeza, sus pies avanzaban casi de forma mecánica a la entrada de la mansión, cruzó el pequeño porche, y subió las tres pequeñas escaleras que la separaban de su objetivo.

Dudaba en si tocar o no, pero más aún dudaba en sí Regina le iba a abrir, con un temor recurrente y un ligero temblor en sus manos, se decidió primero por toca el timbre, pensó que sería lo más apropiado. Esperó, esperó, esperó, y siguió esperanto, pero ya había pasado un buen rato desde que su mano había dejado de tocar, y comenzaba a impacientarse, volvió a tocar, esta vez lo hizo dos veces seguidas "por si las dudas", volvió a esperar y al no obtener respuesta nuevamente, empezó a golpear la puerta con fiereza, si alguien la viese en este momento podría asegurar que Emma intentaba partir la puerta de la mansión a puñetazos, y es que hace mucho que los simples golpes habían tomado más fuerza y arremetían sin perdón hacia la pobre puerta de madera.

Emma no se atrevía a llamarla, no se atrevía a abrir la boca, no podía, no quería que Regina supiera todavía quien golpeaba con tanta insistencia su puerta, al ver que aún así, nadie atendía a sus llamados, decidió probar suerte, y buscó bajo el tapete la llave que alguna vez Henry le había comentado, estaba allí "por si acaso", y al parecer, la suerte si que la tenía pues encontró la llave nada más meter su mano bajo el rodapiés, que tenía grabado el Welcome en color amarillo.

Metió la llave con lentitud, y la giró despacio, como esperando a que algo le saliera mal, ¡por dios era Emma Swan algo tenía que salir mal¡, pero no… la llave entró y abrió la puerta sin ningún error, Emma aún sorprendida, por no haber fracasado, se adentró a la inmensa mansión, dio un vistazo rápido a su alrededor, todo parecía estar en calma, miró hacia las escaleras, e inmediatamente, supo en donde tenía que buscar. Subió despacio para no alertar a la morena, y se acercó a su habitación, la puerta estaba entreabierta, y Emma podía ver muy claramente a Regina, sentada arrimada a su cama, con las piernas recogidas, y su cabeza metida entre ellas, tenía la misma ropa del día anterior, nunca había visto a la morena tan frágil, tan rota, e inmediatamente tuvo la sensación de querer protegerla y no dejar jamás que nadie le hiciese daño, se acercó lentamente a la puerta, y dio tres leves golpecitos.

-¿Puedo…?- preguntó ahora, con una voz, algo apagada, algo suplicante, y algo temerosa. Regina, escuchó a Emma, y levantó la cabeza de sus lugar, para mirarla con esos ojos avellana, rojos, hinchados, de tanto llorar, en su rostro se notaba algo de miedo, angustia, sorpresa, ¿furia?, tristeza, dolor… Emma nunca había sido buena, identificando la mirada de la gente, pero ver a la morena en esa situación le partía el corazón, y pensar que todo era por su culpa, no le hacía más llevadero el asunto.

-Puedes…- respondió la voz quebrada de Regina desde su cama.