Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.
CAPÍTULO 3. Recuerdos.
-¿Mis poderes? ¿Quieres decir... mi maldición?- supuso la chica, atemorizada.
Raven la miró fijamente. Hoy no era su día. De haber podido, le habría golpeado a aquella chiquilla miedosa y torpe, pero no le convenía. Si Pícara se unía a los X-men y ellos la entrenaban, podía ser peligroso para sus intereses. Demasiado peligroso. Por eso, en su lugar, decidió sentarse frente a ella e intentar hablar con tranquilidad.
-Como ya te dije ayer, no es ninguna maldición- dijo, finalmente- Sabiendo controlarlo, podrá serte muy útil en el futuro.
-¿Útil? ¿Útil exactamente para qué?- replicó Marie, ceñuda- Con esto, solamente puedo hacer daño a la gente. No hay nada bueno en ello. Sólo quiero que desaparezca.
Mística trató de ponerse en su lugar, para no perder la paciencia.
-No podemos hacer que desaparezca- declaró la mujer, lentamente, para que Marie lo asimilara- Es una mutación. No hay remedio posible.
Aunque ya lo sabía, a Marie se le llenaron los ojos de lágrimas al escucharlo. Al diablo con su promesa de no llorar más.
-Es una mutación- repitió Raven, acariciándole el cabello- No podemos hacerla desaparecer, pero podemos hacer que la sobrelleves.
Marie alzó los ojos, expectante ante lo que pudiera decir Mística. Sin embargo, la mujer no añadió nada más.
-¿Y es para eso para lo que tengo que entrenarme?- cuestionó entonces Marie.
Raven asintió, sabiendo que la chica se negaría a hacerlo en un principio.
-¿Cómo voy a hacerlo sin herir a nadie?- preguntó ella.
-No puedes- contestó Raven, suspirando- Es un riesgo que tendremos que correr.
-Entonces, prefiero no hacerlo- replicó Marie, poniéndose nerviosa- No quiero hacer daño a nadie más. Cody casi muere por mi culpa.
-Nosotros somos más fuertes que los humanos, podemos resistir más- aseguró Raven, a pesar de que no lo tenía muy claro.
-¿Y quién se iba a prestar a eso? Podría matarlo.
-En eso consistirá el entrenamiento- intervino Warren, que acababa de entrar en la sala de estar- Tendrás cuidado de no matar a nadie.
-Pero, pero...- trató de decir Marie, desesperada- No puedo hacerlo, no puedo...
El ángel resopló, molesto.
-Lo harás. Si me matas, no te culparé- masculló él- Estaré muerto, así que no podré hacerlo. Además, no tengo ningún interés en seguir viviendo, por lo que no me importa si me pasa algo.
Marie calló, sus ojos muy abiertos. ¿Aquel chico tan joven quería morir? ¿Por qué? ¿Podría ser por su mutación? Algunos mutantes podían pasar desapercibidos, como Mística, Pietro, Wanda o aquel hombre obeso que había visto subirse al coche antes de que se fuera a la ducha, pero ese no era el caso de Warren. Sus alas eran demasiado grandes y se notaban bajo la ropa. El día anterior no había podido verlo, porque era de noche. Sin embargo, en aquel momento, parecía que tenía joroba, por el bulto que le hacían las alas.
-Ya lo has oído- sonrió Mística- Yo estaré cerca, para controlar que no le hagas más daño del necesario.
-¿Estás seguro?- le preguntó Marie, levantándose y acercándose a él.
Warren la miró, con su expresión habitualmente seria.
-Tú eres la que debería estar segura- dijo- Quítate los guantes.
Marie tragó saliva, inquieta. Las manos le temblaban y sudaban a partes iguales, por los nervios. Hizo caso del ángel y se quitó el guante de la mano derecha.
-Vamos, ¿a qué esperas?- intervino Raven- No pasará nada, querida.
Con lentitud, Marie rodeó la muñeca de él con la mano, sus ojos clavados en los suyos. Nada sucedió en un primer instante. Sin embargo, no tardó en volver a tener esa sensación tan desagradable que había tenido cuando besó a Cody. Cerró los ojos, tratando de resistir el dolor.
Imágenes iban y venían. Aquello era muy extraño. Estaba viendo cosas con los ojos cerrados. Y no obstante, no eran cosas que la rodearan o que ella se imaginara. Las imágenes pronto cobraron movimiento y comenzaron a formar un remolino, que poco a poco tomó forma. Voces comenzaron a resonar en su cabeza. Marie creía estar enloqueciendo. La sensación era tan molesta, que sentía que se ahogaba. Trató de apartarse de él, pero una mano se lo impidió. Era Mística, que pretendía retenerla contra su voluntad.
Marie cerró los ojos con más fuerza, y apretó la mandíbula tratando de contener un grito. Las imágenes comenzaron a compactarse y a expandirse. La voz que oía era la de Warren, pero mucho más joven y sin el tono serio y seguro que solía emplear.
-Vamos, ¡salta!- gritó un niño, empujando al ángel.
Se hallaban en lo alto de un tejado. Warren lloraba quedamente, retrocediendo.
-¡Salta de una vez, imbécil!
Otro niño le lanzó una piedra a una de las alas que le salían de la espalda. Le habían arrancado la camiseta y ahora un grupo de unos cuatro niños se dedicaba a arrojarle cosas. Dos de ellos agarraron a Warren, empujándolo hacia el borde del tejado.
-Dejadme- sollozó el ángel- Soltadme, por favor.
-¿No tienes alas?- le espetó uno de ellos- ¡Pues demuestra que sirven para algo más que para hacerte parecer un pajarraco!
-A volar- dijo otro, dándole un golpe con una rama, que hizo que Warren se precipitara desde el tejado.
El ángel caía y caía
Marie gritó, logrando deshacerse del agarre de Raven y lanzándola hacia atrás. Warren cayó al suelo desmayado. La chica tenía mucha más fuerza en los brazos, pero sentía un dolor atroz en la espalda y unas ganas irrefrenables de rascarse los omóplatos. Se inclinó hacia adelante, su estómago sacudiéndose tan fuerte que creyó que vomitaría. Percibió que la camiseta se le rompía con un chasquido y gritó de nuevo, cayendo de rodillas. Un crujido a su espalda la aterrorizó y llevó la mano hacia donde el dolor se expandía. Abrió mucho los ojos, muerta de miedo, al palpar las prominencias que emergían de su espalda.
Raven se acercó a ella, sujetándose el brazo en el que Marie la había golpeado.
-Tengo... tengo...- trató de decir la muchacha, arrastrándose hacia Warren.
-Alas- completó Raven, atónita.
Marie gimió, cuando se vio en un espejo que había cerca de la chimenea. Le habían crecido dos huesos en la espalda y tenía sangre por toda la camiseta desgarrada. Sin embargo, las dos excrecencias aun no daban lugar a alas. No podía ni quería pensar en ello, por lo que dejó de mirar en el espejo. En ese momento, le preocupaban más otras cosas que tener que hacerse a la idea de tener aquellas deformidades en la espalda.
-¿Está vivo?- preguntó, sus ojos fijos en Warren.
Mística se inclinó al lado del ángel y le tomó el pulso. Seguidamente, asintió.
-Su corazón no late muy fuerte, pero se recuperará- le aseguró- Está solo inconsciente. No creo que permanezca en coma como tu amigo.
-¿Por qué me han salido estas cosas en la espalda?- inquirió Marie, abrumada.
Raven se quedó un momento callada, pensando.
-Puede que ese sea tu poder- sonrió- Absorber las mutaciones de otros mutantes.
-¿Entonces me quedaré así de por vida?- pudo decir Marie, con un hilo de voz.
Aquello que tenía en la espalda no eran alas. Eran dos huesos repletos de sangre.
-No lo creo, querida- respondió Raven, contenta pero sin mostrarlo- Probablemente desaparezca cuando él despierte.
-¿Y si no despierta?- cuestionó Marie, desesperada- ¿Y si entra en coma, como Cody? Sería mi culpa...
Raven resopló.
-No pasaría nada- dijo, encogiéndose de hombros- Él te ha dado permiso para hacerlo y ya te ha dicho que no quería vivir.
Marie inclinó la cabeza, con tristeza. Pensaba en lo mal que lo tenía que haber pasado Warren durante toda su vida como para querer que lo mataran. Mientras lo tocaba, había visto uno de sus recuerdos. Sus compañeros de clase maltratándolo hasta el punto de querer hacerlo saltar del tejado, para ver si volaba o no, como si fuera un experimento de laboratorio. No pudo seguir pensando mucho en ello, porque el mismo dolor que antes le abrasó la espalda.
-Están desapareciendo, Pícara- murmuró Raven, mientras trataba de despertar al muchacho- Quizá si lo hubieras tocado durante más tiempo, hubieras desarrollado las alas completas.
Marie la miró, con fiereza.
-No pienso volver a hacerlo- dijo- Al menos, no con él.
Mística apretó los labios, pero no añadió nada más.
Warren estaba abriendo los ojos, aturdido. Marie se volvió a poner los guantes y se acercó a él, preocupada.
-¿Estás bien?- le preguntó.
El ángel la miró fijamente, sin pestañear. Marie tragó saliva, ante la intensidad de su mirada.
En esas, sonó el móvil de Raven y tuvo que salir de la sala de estar para atenderlo.
Warren se mantuvo en el suelo, demasiado débil para moverse.
-¿Qué has visto?- susurró él.
-¿Qué he visto?- reiteró Marie, confusa.
¿Cómo sabía él que ella había visto algún recuerdo suyo mientras absorbía su fuerza? ¿Acaso él veía lo mismo que ella cuando empleaba sus poderes? Aquello no le había pasado con Cody. Tal vez fuera porque el beso no duró mucho.
-No tenía idea de que pudieras ver en mi mente- dijo Warren, parecía enfadado- De haberlo sabido, no me hubiera prestado a esto.
-Lo siento- murmuró Marie, sintiéndose aún peor- Yo tampoco sabía que podía hacerlo. Con Cody, no me pasó.
El ángel apretó la mandíbula.
-Como se lo cuentes a alguien...
-Descuida. No se lo diré a nadie- prometió Marie- De todas formas, no tengo a quien contárselo.
Warren cerró los ojos, asintiendo.
-¿Qué ha pasado aquí?- preguntó un hombre que acababa de entrar en la sala de estar- ¿Han venido los X-men y no me he enterado?
Era alto y de complexión fuerte. Sus cabellos negros y sus ojos rojizos le hacían parecer mayor de lo que era.
-Dominik- suspiró Warren- La nueva...
El llamado Dominik fijó su atención en Marie, que se levantó, ruborizándose.
-Tú debes ser Pícara- dijo él, sonriendo levemente- Yo soy Avalancha.
-Hola- saludó ella, tímidamente.
Avalancha se volvió hacia Warren.
-¿Y a ti qué te pasa? ¿Estás tomando el sol o qué?
-El sol...- bufó el ángel, aun con los ojos cerrados.
-Ha sido culpa mía- murmuró Marie, inquieta.
Dominik miró a su alrededor y dio un silbido de admiración.
-Vaya. ¿Todo este desastre lo has hecho tú?
Varias sillas se hallaban en el suelo y el sofá había volcado.
-Eh... creo que sí- farfulló la muchacha, dándose cuenta de lo que había provocado.
-Empujó a Mística con mi fuerza cuando me estaba absorbiendo- explicó Warren- Ya te puedes imaginar por qué está toda la sala como está.
-Me deslumbras con tu talento- la halagó Avalancha- Mi más sincera enhorabuena.
-Gracias- murmuró ella, sin saber si aquel hombre se estaba riendo de ella.
-Así que te has unido a la Hermandad- afirmó Dominik, colocando el sofá para poder sentarse en él- ¿Ya nos conoces a todos?
-Mística me dijo que eráis ocho- respondió Marie, tendiéndole su mano a Warren para ayudarlo a levantarse- Os he visto a casi todos. Solo me falta una persona.
A pesar de que tenía puestos los guantes, el ángel rechazó su ayuda y se puso de pie como pudo.
-Entonces, te refieres a Magneto- suspiró Avalancha, con un tono cansado- No solemos verlo. La mayor parte del tiempo se encuentra en la última planta de la casa, pero prefiere que no lo molestemos.
-¿Quién es?- preguntó Marie, con curiosidad, mientras se sentaba en una silla- Me parece haber escuchado ese nombre en las noticias alguna vez.
Warren rió disimuladamente, colocándose frente a la chimenea para entrar en calor.
-¿Alguna vez solo?- cuestionó Dominik, divertido- Entonces, no ves mucho la televisión. Es uno de los mutantes más poderosos que existe sobre la Tierra.
-¿Y vive aquí?- dijo Marie, asombrada- ¿En la última planta?
-Esa es zona prohibida para todos nosotros- respondió Avalancha, con seriedad- Es el dueño de la casa. Supuestamente vive aquí, pero apenas lo vemos.
-La única que tiene más relación con él es Mística- comentó Warren, sus ojos fijos en el fuego- Así que lo que Mística ordena, es como si lo ordenara Magneto, ¿entiendes?
-¿Y le obedecéis en todo?- cuestionó Marie, ceñuda.
-No suele darnos muchas órdenes- contestó Avalancha, encogiéndose de hombros- Además nos da comida y techo, y sobre todo algo en lo que entretenernos.
-¿Entreteneros?- repitió Marie.
-Sí. De vez en cuando nos enfrentamos contra los frikis X- dijo Avalancha, sin darle mucha importancia.
Por el contrario, Warren se giró hacia él, lanzándole una mirada severa.
-Dominik...
-¿Qué?- replicó Avalancha, resoplando- Es nueva, pero alguna vez tendrá que saberlo, ¿no?
-¿Saber qué, Avalancha?- inquirió una voz femenina tras ellos.
Se trataba de Raven, que acababa de llegar. Ya habría acabado de atender el teléfono.
-Uy, he recordado que tenía que ir a hacer una cosa- se inventó Dominik, yéndose tan rápido como había llegado.
Mística miró fijamente a Warren y a Marie, con una expresión inquisitiva.
-Estábamos hablando sobre el entrenamiento- mintió Warren, sin pestañear- Decíamos que nos gustaría saber lo que pasaría si te absorbiera a ti en vez de a mí, ¿verdad, Pícara?
-Sí, sí- lo apoyó ella, vacilando- De eso estábamos hablando.
Mística se puso rígida, pero se recompuso enseguida.
-Ya veremos- fue lo único que dijo- Por la tarde, seguiremos con el entrenamiento, pero probaremos con alguien que no seas tú.
Warren y Marie asintieron, observando como se iba la mujer. Cuando el ángel creyó que Raven estaba lo suficientemente lejos, fijó su atención en Marie. Antes de que le preguntara sobre los X-men, decidió hablarle de otra cosa, aunque le resultara desagradable.
-Lo que viste...
-Tranquilo, no lo diré- dijo ella, mirando hacia abajo- Esos chicos... fueron muy crueles contigo.
-Por eso odio a los humanos. Los odio a todos.
Marie levantó la vista al escuchar aquello.
-Pero eso solo lo hicieron esos niños- replicó ella- No puedes odiar a todos los humanos por eso.
Warren la miró con enojo.
-No sabes nada de mí- siseó, en sus ojos un brillo de furia- Eso que has visto solo es una ínfima parte. Nadie de aquí sabe que fui humillado de esa manera.
-Ya te he dicho que no pienso contarlo.
-No se trata de eso. ¿Podrías...? ¿Podrías no decirle a Mística que ves los recuerdos de otros cuando los tocas?- le pidió él, en voz baja.
Marie se mordió el labio.
-Sabrá que miento si alguna vez entreno con ella y me pasa lo mismo que contigo.
-Siempre puedes decir que lo descubriste en ese momento.
-Está bien- accedió Marie- Está bien, no lo haré.
-Gracias- dijo él, levantándose.
Antes de que se fuera, Marie lo detuvo.
-¿Dónde está la cocina?- le preguntó, avergonzada- Tengo mucha hambre. No he desayunado.
-Es esa puerta de ahí- señaló él, marchándose poco después.
Marie entró en la cocina, que se encontraba vacía. Miró en la despensa, descubriendo unos apetitosos bollos de leche. Tomó uno entre sus manos pero cuando lo iba a morder, se le escurrió entre los dedos.
Enfadada, alzó la vista, descubriendo a Sapo en la pared. Se estaba relamiendo los labios y tenía la boca llena de migas del bollo que le había robado a Marie.
-¿Tú otra vez?- gruñó ella, cogiendo otro bollo.
-Esos bollos son de Blob- replicó Sapo, distraído- A Blob no le gusta que le toquen los bollos.
-¿Y entonces por qué tú te lo has comido?
-Yo soy su amigo- dijo, encogiéndose de hombros y alargando la lengua para quitarle los restos del bollo que tenía en la mano.
Marie resopló, furibunda.
-La próxima vez que me quites la comida de las manos, te juro que...- amenazó, quitándose uno de los guantes.
-No te atreverías- rió Sapo, saltando sobre ella y haciendo que cayera al suelo- Antes te he oído hablando con Mística. Sólo eres una tonta chiquilla asustadiza. No serías capaz de matar a una mosca.
Sapo lanzó su lengua contra la cara de Marie, pero en un acto reflejo ella la aferró con la mano desnuda, antes de que pudiera rozarla.
El dolor regresó, mientras la piel de Sapo adoptaba un tono pálido y dejaba ver las venas. De nuevo, las voces y las imágenes irrumpieron en su cabeza.
-¡Suelta eso ahora mismo!- exclamó un policía, apuntando a Sapo con la pistola- ¡Suéltalo ya!
Sapo tenía entre sus manos una bolsa de la cual sobresalían billetes. Estaba robando.
Entonces, el mutante utilizó su lengua para arrebatarle la pistola al policía. Después, dio un enorme salto, aterrizando sobre el agente y matándolo en el acto
Marie soltó la lengua de Sapo, asqueada y asustada a partes iguales. La piel de ella se había vuelto verdosa.
Él cayó hacia atrás, tratando de respirar. Marie retrocedió, arrastrándose por el suelo, con miedo de que tomara represalias.
-Me las vas a pagar- la advirtió Sapo, tosiendo.
-Yo no quería...- pudo decir Marie, observando alarmada cómo él saltaba sobre la encimera de la cocina- Además, tú... tú... ¡Tú eres un asesino!
Sapo rió, de forma burlona. Sin embargo, paró bruscamente, acordándose de que iba a vengarse.
-A ver si te libras de esto- se mofó él, lanzándole un líquido viscoso de color verdoso.
Marie cerró los ojos, sabiendo que no podría evitar el impacto.
No obstante, antes de que se diera cuenta, estaba al otro lado de la cocina, con el estómago revuelto. Abrió los ojos, descubriéndose en los brazos de Pietro y viendo la sustancia con la que pretendía atacarla Sapo suspendida en el aire. En la puerta estaba Wanda, con la mano alzada.
Marie se apartó de Pietro, colocándose el guante derecho. Él esbozó una sonrisa traviesa.
-¿Se puede saber qué demonios te pasa con la nueva, Sapo?- inquirió Wanda, ceñuda.
Sapo la miró, irritado.
-Me ha atacado, yo sólo me defendía- masculló, sacándole la lengua a Marie.
-¡No!- negó Pietro, incrédulo- ¿Cómo te va a atacar? ¿Tú la estás viendo? Solo es una niña asustada.
Marie le dirigió una mirada recriminadora, pero no dijo nada. A fin de cuentas, la había salvado de recibir aquella cosa tan asquerosa procedente de la boca de Sapo.
-Además, ¿qué es eso de entrar en su cuarto de baño cuando se está duchando?- apoyó Wanda.
Pietro dio un silbido.
-¿La has visto desnuda?- preguntó, como si quisiera que Sapo le contara todos los detalles.
Marie le golpeó el hombro suavemente.
-Estoy aquí todavía- le recordó.
-Es verdad, es verdad- sonrió Pietro- ¿Estaba dentro o fuera del plato de la ducha?
-En un punto medio- rió Sapo.
-¡No tiene gracia!- espetó Wanda, quitándose la rebeca y poniéndosela a Marie, quien aún tenía la espalda desnuda y con costras.
Por suerte, Pietro llevaba una camiseta de manga larga, por lo que no la había tocado directamente.
-Pues no, no la tiene- dijo Sapo, parándose de reír- ¡Me has atacado y esto no quedará así!
-¿Eso es una amenaza?- intervino Pietro, frunciendo el ceño.
-No, es una afirmación- replicó el hombre, saliendo de la cocina.
-¡Ya veremos si lo es cuando se lo diga a Mística!- exclamó Wanda a sus espaldas.
Pietro volvió a prestarle atención a Marie, quien temblaba. No sabía si era por frío, por tristeza (aunque no lloraba) o por miedo.
-¿Estás bien?- le preguntó Wanda, acercándose a ella.
-Creo que sí- respondió Marie, sus ojos fijos en el suelo- Gracias por ayudarme.
-Te lo dije- le recordó la chica- Sapo está loco. Es mejor dejar que haga lo que quiera. No dejes que se obsesione contigo.
-Lo tendré en cuenta- suspiró Marie- Creo que es hora de que regrese a mi cuarto. Desde que salí de él, no he hecho nada bien.
-Pícara...- murmuró Wanda, tratando de ir tras ella.
Pietro la detuvo,
-Déjala, es mejor darle tiempo- opinó él, una vez que Marie desapareció de su vista.
-Pero ¿tú has visto cómo tenía la espalda?- susurró su hermana, preocupada- ¿Y si se lo ha hecho Sapo?
Pietro negó con la cabeza.
-No creo. Lo que tenía parecían agujeros- dijo él, ceñudo.
-Entonces, será del entrenamiento con Mística- dedujo Wanda.
-¿Ya ha empezado?- preguntó Pietro, sorprendido- Me pregunto en qué consistirá ese entrenamiento.
-Teniendo en cuenta sus poderes, yo creo que no debe ser algo muy agradable- supuso ella- ni para Pícara ni para la persona con la que entrene.
-De todas formas, creo que es mejor vigilarla- dijo Pietro, cambiando de tema- Sapo es un psicópata. Puede hacerle cualquier cosa.
-Claro, por Sapo- rió Wanda, sentándose en el sofá de la sala de estar.
Pietro se cruzó de brazos.
-¿Qué has dicho?- preguntó.
-Nada importante- sonrió Wanda.
Él se encogió de hombros, frunciendo el ceño.
-¿A quién le toca cocinar hoy?- preguntó Pietro, rascándose la nuca.
Su hermana rió disimuladamente, ante el cambio de tema.
-A nosotros, por eso habíamos ido a la cocina, ¿ya no te acuerdas?
-Cierto- masculló él, volviendo a la cocina.
Wanda había dejado de prestarle atención a la sustancia viscosa de Sapo, y ésta había caído al suelo, poniéndolo todo perdido.
Pietro observó el líquido verde, con repulsión.
-No pienso limpiar eso- anunció- Es del idiota de Sapo, que lo limpie él.
-No lo va a hacer- replicó Wanda, resignada- Lo haré yo.
-Sabes que te quiero, ¿verdad?
-Lo sé- sonrió ella cansada, aceptando el beso en la coronilla que le había dado su hermano- Pero te toca a ti hacer la mayor parte de la comida.
Pietro resopló, asintiendo. Odiaba cocinar, porque era una de las pocas cosas que no podía hacer rápido.
En ese momento, dieron unos toquecitos en la puerta de la cocina. Era Mística.
-¿Por qué hay varios platos rotos en el suelo?- preguntó, ceñuda. Miró a Pietro significativamente.
-Yo no he sido- dijo él, indignado- Fue Sapo. Últimamente está como una cabra, quiero decir, más de lo que lo está normalmente.
Mística elevó una ceja. Que Pietro dijera aquello de otra persona era muy irónico. Sin embargo, no dijo nada al respecto. Por el contrario, le ordenó:
-Ven conmigo, Pietro.
Al ver que hablaba demasiado seria, se acercó con curiosidad.
-¿Pasa algo?- preguntó, sonriente- ¿He hecho algo mal y no me he dado cuenta?
Mística entornó los ojos.
-En esta ocasión no se trata de ti.
-¿Y entonces?
-Deja de preguntar y acompáñame de una vez- dijo ella, exasperada.
Pietro intercambió una mirada significativa con su hermana.
-¿Wanda no puede venir?
-Si quisiera que viniese tu hermana, se lo habría dicho a ella también- replicó Mística, cansada.
Pietro subió las escaleras con Raven, parándose en un rellano cuando ella se lo dijo.
-Hoy, Pícara ha empezado con sus entrenamientos- empezó ella, bajando la voz- Lo hemos intentado con Warren pero no ha ido muy bien.
-¿Por?
-Eric y yo no sabíamos que sus poderes pudieran llegar a esos extremos- le dijo, sus ojos en un punto fijo- Cuando la trajimos aquí, creíamos que solamente podía dejar inconsciente a otros, pero puede hacer mucho más tratándose de mutantes.
La sonrisa se borró del rostro de Pietro.
-¿Eso qué significa?- cuestionó él- ¿La vais a dejar quedarse?
Raven lo miró como si estuviera diciendo algo absurdo.
-Claro que sí. No podemos permitir que los X-men la encuentren. Ya te he dicho que puede hacer mucho cuando hablamos de mutantes.
-¿Y qué es eso exactamente que puede hacer?- preguntó él, imaginándose para lo que lo había llamado Mística.
-Absorbe los poderes de otros mutantes. Con la disciplina suficiente, podría emplearlos a su favor durante el tiempo necesario para destruir a nuestros enemigos.
Pietro esbozó una sonrisa traviesa.
-¿A qué adivino para qué me has llamado?- cerró los ojos y cruzó los dedos, simulando estar en trace- Quieres que entrene conmigo.
-Exacto- respondió ella- Ya te puedes hacer una idea de cómo ha acabado tras haber absorbido a Warren.
-¿Le han nacido alas?- se burló él. Entonces, recordó que antes le había visto aquellos agujeros en la espalda- ¡Le han salido alas! Vaya, imagina lo que pasaría si me absorbiera a mí.
-Eso es lo que quiero ver esta tarde- dijo Mística- Después de que coma, dejaremos que descanse. Lo ha pasado bastante mal antes.
-¿Con Ángel?- preguntó él.
-Claro, ¿con quién iba a ser?- bufó ella, fastidiada- Sufre mucho cuando toca a otros. Espero solucionar eso con el tiempo.
-Creía que te referías a Sapo- murmuró él, maliciosamente.
Mística frunció el ceño, prestándole atención.
-¿Sapo?- repitió, lentamente- ¿Qué ha ocurrido con ese tarugo?
Pietro esbozó su sonrisa característica.
-Para decirle que querías verla, se metió en la ducha cuando ella estaba aseándose- dijo, un brillo de picardía en sus ojos- Cuando Wanda y yo íbamos a la cocina, escuchamos gritos.
-Gritos de Pícara y Sapo- supuso Mística, mordazmente.
Pietro asintió.
-La atacó con el veneno que luego se compacta, sin dejar respirar a la víctima- relató él- Menos mal que estábamos mi hermana y yo cerca y pudimos evitarlo.
-Maldito Sapo- refunfuñó Raven- Quiero que averigües por qué discutían.
El chico situó una mano en su frente, como si fuera militar.
-A sus órdenes, mi ama- se puso serio- Tenía pensado hacerlo de todas formas. Ya sabes que no me pierdo ningún cotilleo. Esta casa es un muermo.
Mística le dio varias palmaditas en el hombro.
-A las cinco quiero veros a los dos en la sala de estar.
-Allí estaremos- sonrió Pietro. Aquella tarde iba a ser interesante.
N/A: Gracias a estrellitapolar por enviar un review. Aunque sé que hay más gente que lee el fic, recibir reviews es un incentivo que me anima a seguir actualizando. Un saludo!
