Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.
CAPÍTULO 13. Malditos alardes de estupidez.
Sobre la cabeza de Pietro comenzó a tomar forma un halo de luz, entre nubes que daban vueltas unas alrededor de otras.
"Estoy... perdido", se dijo Pietro, sin poder creérselo.
Todo parecía indicar que Tormenta lo mataría con un rayo, como ya le había advertido ella. En lugar de rendirse o de cerrar los ojos a la espera de que su vida acabara, Pietro trató desesperadamente de librarse de aquella montaña de hielo que circundaba sus pies.
Fue entonces cuando varias cosas pasaron a la vez. En primer lugar, un golpe sordo que hizo que Pietro volviera el rostro hacia donde se hallaban atrapados Logan y Ororo contra la pared. Un balón de baloncesto había impactado contra la cabeza de Tormenta, con tanta fuerza que la había quedado inconsciente. El halo de luz que amenazaba con destruir a Pietro había desaparecido, y entre los restos de madera y astillas se dejó ver un hombre muy joven, de cabellos rubios y piel muy clara. Dos enormes alas blancas sobresalían de su espalda desnuda. Procedía del lugar desde el que habían lanzado el balón.
En la dirección opuesta, a la entrada de la tienda, permanecían Wanda y Marie. La segunda había alzado la mano y la gente que había estado observando lo que pasaba- adolescentes en su mayoría-, había sido apartada por una fuerza invisible, cayendo al suelo o chocando contra la pared.
Pietro, al igual que Logan y los demás, no cabía en sí de asombro.
-¿Palomita?- llamó al ángel, desconcertado- ¿Qué estás haciendo tú aquí?
Warren hizo caso omiso, dándole una patada al hielo que atrapaba los pies del chico. Rápidamente se resquebrajó, liberando a Pietro.
-Vámonos de una vez- lo instó Warren, con voz neutra.
En ese momento, Pietro se dio cuenta de la razón por la que los murmullos de los alumnos de Xavier habían cesado. Su hermana y Marie habían acudido a su encuentro y ahora se hallaban a unos pasos de ellos. Las rodeó por los hombros cariñosamente.
-¿Por qué habéis tardado tanto?- les preguntó, con una sonrisa torcida, sin prestar atención a los chicos de colegio que los miraban con la boca abierta.
-¿Por qué has tardado tanto tú?- replicó Marie, devolviéndole la sonrisa- Un poco más y ya no estabas aquí.
Pietro se la quedó mirando embobado cuando ella le acarició rápidamente la barbilla con dos dedos desnudos, sin darle tiempo a experimentar la sensación tan desagradable que solía embargarlo cuando tenían un roce más duradero. El corazón de él comenzó a latir desbocado.
-¡Esto no quedará así!- gritó Logan desde el fondo de la tienda, haciendo que Warren, Wanda, Pietro y Marie se giraran al tiempo.
Lobezno fijó sus ojos en Marie.
-Ya te darás cuenta de que tu lugar no está con ellos...
-Menos rollos, lobito- lo cortó Pietro, ceñudo- De todos los frikis X con los que nos hemos topado hoy, tú eres el menos indicado para decirle a mi chica dónde está su lugar, cuando tú mismo no tienes idea de cuál es el tuyo.
Logan apretó la mandíbula, furioso, mientras veía a los cuatro chicos marcharse.
-Definitivamente, no es tu mejor día- comentó John dirigiéndose hacia él.
Lobezno gruñó por toda respuesta.
-¿Marie es tu chica?- lo pinchó Warren, mientras corrían hacia la salida, tomando un camino que no incluía el pasillo donde Wanda y Marie habían dejado a Jean desmayada.
Pietro le dedicó a Marie una sonrisa torcida.
-¿Por qué no le preguntas a ella?
Marie enrojeció levemente, rodeando la mano que él le tendía.
-Quien calla otorga- añadió Pietro, guiñándole un ojo a la chica. Después se volvió hacia Warren, abriendo el coche desde la distancia- Y tú, deja de distraer la atención a otros asuntos, y cuéntanos de una vez qué hacías allí.
-Por suerte para ti que estaba allí- bufó Warren, entornando los ojos- Podrías agradecérmelo al menos.
-Sí, sí, ahora eres mi ángel guardián, bla, bla, bla. Habla- insistió Pietro, metiéndose en el coche. Las chicas se sentaron atrás.
-Ya lo sabréis- dijo Warren solamente, abriendo las alas y echando a volar.
Algunos transeúntes se pararon para verlo, atónitos.
-Como le gusta llamar la atención- se burló Pietro, poniendo la primera marcha.
-¿Por qué estaría Warren aquí?- se preguntó Marie, en voz alta- ¿Sabía él que íbamos a venir hoy a la ciudad?
-Lo sabía- respondió Wanda, distraídamente- Se lo conté yo.
-¿Desde cuándo hablas tú con Ángel?- cuestionó Pietro ceñudo, con los ojos fijos en la carretera.
La muchacha comenzó a tararear, sin responderle. Se miraba las puntas de los dedos haciendo el mismo movimiento con el que había estado jugando desde que habían salido de casa, con la diferencia de que ahora no tenía la cinta.
-Son amigos- susurró entonces Marie.
Pietro la miró de soslayo.
-¿Y cómo es que llevo dos años viviendo con los dos y no me he enterado?- repuso él, en voz baja- Yo siempre me entero de todo.
En el asiento trasero, Wanda rió bajito.
-Por lo visto, no siempre- replicó Marie, con una leve sonrisa.
-¿Quién te ha dicho que sean amigos?- soltó Pietro, ufano- No veo a la palomita haciendo ese tipo de confesiones.
Marie se encogió de hombros, desviando la mirada a la ventanilla.
-Hay muchas cosas que hacemos sin proponérnoslo- dijo ella en voz baja- Es lo que caracteriza a la vida. Si siempre sucediera lo que esperamos que suceda, no viviríamos.
Pietro volvió sus ojos hacia Marie, antes de regresarlos a la carretera.
-¿Por qué te pones tan filosófica?- inquirió él, entonces- Has estado hablando con gafas de verano, ¿no es verdad?
Marie dio un ligero respingo al escucharlo. No se hubiera imaginado que Pietro supiera aquello. Sin embargo, no parecía enfadado, sino... decepcionado.
-Ya veo- dijo el muchacho, haciendo que ella le prestara atención- ¿Qué te ha dicho?
Marie vaciló. Por una parte, no quería que Pietro se enfadara, pero por otra, quería saber. Quería que alguien le diera las respuestas a las preguntas que Scott le había metido en la cabeza, o que tal vez habían estado ahí toda su estancia con la Hermandad pero Marie las había estado ignorando.
-Me ha contado que vive en un colegio, con un profesor que es un mutante muy poderoso- murmuró la chica- También me ha dicho que debería irme con él, con ellos.
Pietro apretó levemente los labios, sus ojos fijos en el frente y sus manos tensas al volante.
-¿Vas a hacerlo?- le preguntó.
-¿Qué?
-Que si vas a irte- aclaró él, algo irritado- Seguramente gafas de verano te habrá dado una lista enorme muy bien ensayada con todas las razones por las que deberías ir a esa escuela de niños mimados.
-Ya te dije que no iba a irme- le recordó Marie, frunciendo el ceño y torciendo la comisura derecha hacia abajo cuando hablaba; Pietro la conocía lo suficiente como para saber que aquel gesto lo hacía cuando estaba o enfadada o triste, o ambas cosas- Y sí, me dijo algunas cosas, tratando de convencerme para que me fuera con él...
-¿Y lo consiguió?- la cortó Pietro, tratando de mantenerse sereno.
Marie lo miró con desconcierto.
-No, ya te dije que no voy a...
-Pero consiguió que dudaras por un instante- la interrumpió él- ¿Por qué?
Ella inspiró aire con fuerza. Para aumentar la tensión del momento, Wanda silbaba una nana.
-Porque hizo que me acordara de que hay muchas cosas que aun no sé de vosotros, aunque viva en vuestra casa- contestó Marie, suspirando.
-¿Qué fue lo que hizo que te decidieras por volver con nosotros?- cuestionó Pietro, moviendo el volante para avanzar por una curva.
-Son unos asesinos.
-¿Unos asesinos?- reiteró Pietro, incrédulo- ¿Cuál es la razón por la que...?
Marie titubeó.
-Scott solo me estaba distrayendo. Estaba hablando conmigo mientras una de sus compañeras intentaba matar a tu hermana- dijo finalmente, de sopetón- Lo siento. Lo siento mucho. Dije que la cuidaría y...
-Estás aquí, ¿no?- sonrió él, acallándola con un gesto- Y ella también. Eso significa que conseguiste liberarla y para eso tendrías que haberte librado antes de Summers y de... Grey, supongo. Era la única que quedaba para completar la ecuación- agregó, en un susurro- Pocos hubieran podido hacerlo sin saber manejar sus poderes del todo bien. Eres impresionante. Cada día me gustas más, Marie.
Marie sintió como la sangre le subía a las mejillas, tiñéndolas de rojo y casi llegando a la raíz del cabello.
-Con eso que has dicho... apenas puedo concentrarme en lo que estábamos hablando- pudo decir ella, azorada.
Pietro esbozó una sonrisa torcida.
-Esa era la intención- tras decir eso, se puso serio- Intentaron matar a Wanda- calló un instante, pensativo- No es propio de la pelirroja. ¿Cómo es que pudiste llegar a ella para tocarla? Y además, intacta.
-Estaba muy quieta- respondió Marie, abriendo un poco la ventanilla para que entrara el aire- Parecía en trance.
-A Mística le encantará saber que su entrenamiento ha hecho tales progresos, que ya eres capaz de doblegar incluso a los favoritos del ruedas.
-Dudo que a Mística le agrade saber que hemos salido de casa nosotros tres solos y sin avisar- replicó Marie, derrengada- ¿Y quién es el ruedas?
Pietro elevó la ceja derecha un tanto.
-Ese profesor tan listo al que tanto admiran los frikis X- respondió, ufano- Se cree inalcanzable, en la cima del mundo. Algo así como Magneto.
Marie lo miró, un poco confusa.
-Pero Magneto nos ha dado un sitio para vivir y os salvó a tu hermana y a ti de esa muchedumbre furiosa. ¿No deberías...? No sé, ¿hablar de él de otro modo?
Pietro bufó, cambiando de marcha.
-¿Por qué? ¿Acaso no hace lo mismo que el ruedas? Está ahí, a unos metros sobre nosotros, pero escondiéndose. Que nos haya acogido no lo hace mejor- aclaró él- El ruedas habría hecho lo mismo. Así que no seas tan considerada, amor- agregó, entornando los ojos.
-Si eso es lo que piensas, ¿por qué permaneces con la Hermandad?- cuestionó Marie, con interés.
-Se lo debo- dijo Pietro, simplemente- Es mi forma de saldar la deuda que tengo porque nos salvó la vida. Puede que tanto él como el ruedas, hubieran podido acogernos, pero Magneto nos encontró primero.
Marie guardó silencio, asimilando lo que acababa de decirle él. Así que esa era la razón por la que Pietro y Wanda seguían perteneciendo a la Hermandad. Si las cosas hubieran sido de otro modo, quizá ambos hubieran formado parte de los X-men contra los que ahora peleaban.
-Estás muy callada- observó Pietro, al cabo- ¿Qué piensas?
Marie lo miró, preguntándose si haría bien en contárselo.
-¿Es verdad que Magneto creó la Hermandad para exterminar a los humanos?- cuestionó finalmente.
Pietro le devolvió la mirada por un instante.
-Si la respuesta fuera afirmativa, te irías, ¿no es cierto?
Ella inclinó la cabeza, con tristeza. La verdad era que no tenía idea de qué haría si ese fuera el caso. Alzó los ojos, algo humedecidos. Tenía ganas de llorar y ni siquiera sabía por qué.
-Eso es que sí- susurró Marie, desviando la mirada- Si te pregunto algo, ¿me dirás la verdad?
-No me va eso de mentir- repuso él, encogiéndose de hombros- Cuesta demasiado trabajo inventarse una mentira que sea creíble.
-¿Tú compartes esos ideales?
Pietro paró el coche frente a la casa, cerca del camino de tierra. Se volvió hacia Marie, inexpresivo.
-No odio a los humanos, como Ángel o Sapo- contestó con lentitud, muy impropio de él-, pero tampoco lucharía por ellos, como los frikis X. ¿Te contenta mi respuesta?
Marie miró más allá de él, a través de la ventanilla del conductor. Wanda había salido del coche y corría hacia la casa dando saltitos. Volvió a fijar sus ojos en los claros de Pietro, que la miraba expectante.
-Solo si has sido sincero- dijo ella, al cabo- ¿Qué pasará si alguna vez Magneto tiene en sus manos el arma que acabaría con los humanos? ¿Lo apoyarías?
Pietro adelantó el labio superior sobre el inferior, apretándolos. Sin embargo, no contestó, ya que acababan de abrir la portezuela del coche. Se trataba de Dominik.
-Chicos- los llamó, instándolos a bajar- Os la vais a cargar.
Pietro y Marie se miraron entre ellos, Marie temerosa y Pietro con el rostro tenso. Entonces, él relajó sus rasgos y le guiñó un ojo a la chica, tranquilizándola un tanto sin necesidad de decirle nada.
-Me ha contado un pajarito que casi mueres hoy- le dijo Dominik a Pietro, dándole unas palmaditas en el hombro- La rayos casi te hace trizas.
-No ha sido un pajarito, ha sido un pajarraco enorme- bufó el muchacho- Y para tu información, no me he enfrentado solo a ella. También estaba el lobo, y han necesitado la ayuda de uno de sus alumnos para detenerme.
-¿En serio?- respondió Dominik, asombrado- Vaya, un crío casi hace que te machaquen. Eso ha debido de doler.
Pietro resopló, enojado. No añadió nada más, porque en la puerta había alguien más esperándolos. Raven, con su verdadera apariencia.
Un escalofrío recorrió la espalda de Marie al verla. Tenía una expresión inalterable, a pesar de que sus ojos ámbar refulgían con algo peor que la irritación; sus brazos cruzados y su espalda contra la puerta.
-Eres un maldito estúpido- casi le escupió a Pietro, agarrándolo por la chaqueta y haciéndole entrar en la casa con brusquedad- ¿Cómo demonios se te ocurre hacer algo así? ¡Ya no solo eres tú, sino tu hermana y Pícara!
Pietro calló, inclinando la cabeza. El cabello plateado le ocultaba los ojos.
-Un irresponsable, ingenuo, idiota, bobo. ¡Podrías haber hecho que la mataran! ¡Todo se habría ido al garete por tu culpa!
-¿Qué se habría ido al garete?- terció Marie, ceñuda.
Mística se volvió hacia ella, como movida por un resorte. Sus ojos relucieron antes de que la cogiera por el cuello de la camiseta y la estampara contra la pared. Marie abrió mucho los ojos, con una mezcla de miedo y sorpresa. Nunca había visto a Raven tan enfadada. Parecía que fuera a golpearla de un momento a otro.
-¿Y tú, Pícara?- vociferó, su rostro a unos centímetros del de Marie- ¿Por qué lo has hecho? Si solo dejamos que sean Blob, Avalancha o Sapo los únicos que puedan salir solos, es porque vosotros sois más vulnerables. ¡Sobre todo tú, estúpida!
-Eh, no la llames así- terció Pietro, su voz firme hizo que Mística se volviera hacia él, pero sin soltar todavía a Marie- Ella sola ha podido librarse de gafas de verano y Grey, y como puedes ver, está ilesa. Si tienes que echarle la bronca a alguien porque estás deprimida y cabreada, echámela a mí; al menos yo sí puede que me la merezca.
Raven cerró la boca y se giró hacia Marie, con lentitud. Sus ojos ya no brillaban con ira, sino con algo distinto. Si Marie no la conociera, pensaría que estaba preocupada.
-¿Has tocado a Grey?- cuestionó, como si cada palabra le resultara extraña.
Marie asintió, algo oprimiéndole el pecho. Raven hablara como si se temiera lo peor, pero Marie no sabía por qué debía tener miedo.
La mujer la aferró del brazo llevándola al sofá de la sala de estar y sentándose junto a ella, le pidió que le contase todos los detalles. Al finalizar, Raven se quedó mirando un punto fijo en el cristal de la ventana durante unos segundos.
-¿Qué es lo que ocurre?- preguntó entonces Dominik, que junto con Pietro había estado escuchándolo todo.
Raven alzó la cabeza, fijando los ojos en Marie.
-Jean Grey es un mutante diferente, Pícara- le dijo con esfuerzo; todo parecía indicar que hubiera preferido no contar nada acerca de ello- Ella no es igual que los demás, no es igual que nosotros. Tiene potencia ilimitada y dos personalidades...
-¿Está loca?- cortó Pietro, con curiosidad.
Mística lo miró, severa, haciendo que se refrenara antes de seguir hablando e interrumpiéndola.
-Una de las dos es como cualquiera, se comporta de forma usual- prosiguió, con tono afectado- La otra es muy diferente: deseo, furia, placer... Imparable. Podríamos considerar la segunda como la fuente principal de su poder. Charles la llamaba fénix.
-¿Quién es Charles?- preguntó Marie, desconcertada.
-El ruedas- contestaron Pietro y Dominik al mismo tiempo. El primero alzó una ceja, mientras que Avalancha carraspeaba, con una sonrisa escondida.
-Eso no es relevante ahora- declaró Raven- Pícara, presta atención. Si la has absorbido en su estado de fénix, no sabemos qué ha podido conllevar.
-Pero la toqué solo un instante, ni siquiera me dio tiempo a ver un recuerdo suyo- contrarió Marie, intranquila- Los poderes que robo, son durante un tiempo y después se esfuman.
-Te he dicho que me escucharas- replicó Raven, levantándose- Tiene potencia ilimitada. No es igual que ninguno de nosotros, Pícara- a continuación, se volvió hacia Pietro- Tened más cuidado de ahora en adelante. La próxima vez no habrá una segunda oportunidad.
Dicho eso, Mística abandonó la estancia, dejando a una Marie anonadada.
-Si me pasa algo por haberla tocado, será culpa mía- susurró, sus ojos fijos en el fuego de la chimenea.
Dominik se apoyó contra la repisa, cruzándose de brazos.
-Era para defender a Wanda- dijo él- No te quedaba más remedio.
-Igualmente fue culpa mía que Wanda estuviera allí- Marie se volvió hacia Pietro, que se mantenía al otro lado de la estancia, con las manos guardadas en los bolsillos- Perdóname. No quería que la acompañase al baño; tenía que haber ido con ella, tenía que haber...
Al siguiente parpadeo, Pietro estaba sentado con las piernas cruzadas a su lado, frente a la chimenea.
-Deja de echarte la culpa- la recriminó el chico- Por esa regla de tres, soy un estúpido por haberos dejado a las dos solas...
-Esto habría que grabarlo- lo cortó Dominik, burlándose- Pietro Maximoff admitiendo que es un estúpido. Tiene que ser una de estas cosas especiales que ocurren una vez cada un porrón de años, como los cometas...
-¡Cierra la bocaza!- le espetó Pietro, volviéndose un momento para después prestar atención a Marie- Escúchame, Marie. No es culpa de nadie. Ellos querían hablar contigo y de alguna forma supieron que estarías sola. La próxima vez que salgamos...
-No va a ver una próxima vez- dijo Dominik entre dientes.
-La próxima vez que salgamos, no nos separaremos- le prometió Pietro haciendo caso omiso de Avalancha- Si es necesario, voy con vosotras al baño...
Dominik rió con malicia.
-Ya te gustaría a ti, jovenzuelo...
Pietro se giró de nuevo con brusquedad. Parecía enfadado. Sin embargo, eso pronto dejó de importar porque en ese momento, la cabeza de Warren asomó por la ventana desde fuera.
-Deberíais ver las noticias- dijo solamente, antes de marcharse.
-¿Cómo?- cuestionó Marie, mirando a Dominik y a Pietro, ceñuda- Si aquí no hay ninguna televisión.
-Sí la hay, en la habitación de Blob- objetó Dominik, dándose la vuelta- No lo recordarás, pero la noche en que llegaste aquí seguramente la oirías, porque el cuarto de Blob está en esta misma planta; no es necesario subir ninguna escalera. Vamos, nos dejará ver lo que quiere Ángel que veamos.
-¿Y por qué Blob tiene televisión y yo no?- se quejó Marie, siguiéndolo.
-No es el único- respondió Pietro, yendo tras ella por un pasillo amplio y oscuro- Ángel tiene y seguramente Magneto también.
-¿No se te olvida decirle que tú tienes una televisión en el cuarto, al igual que ellos?- terció Dominik, con una sonrisa torcida.
-¿La tienes?- preguntó Marie.
Pietro se encogió de hombros.
-Lo sabrías si hubieras venido a mi habitación alguna vez.
-¡Tú nunca me has dejado entrar!- repuso Marie, poniendo los brazos en jarra.
-Eso es porque piensa que dejaría de gustarte- se mofó Dominik, girando el picaporte de una puerta al final del pasillo.
Marie se volvió hacia Pietro, sonriendo.
-¿Es cierto eso?
-Claro que no- contestó él, pasando por su lado y mirando al frente- Además, no existe la posibilidad de que yo dejara de gustarte.
-Qué creído te lo tienes- replicó Marie, golpeándole suavemente el brazo mientras entraban en una habitación enorme, que debía de ser la de Blob.
-Tú me das razones- respondió Pietro, despeinándola.
-Callaos- ordenó Blob con su vozarrón, quien estaba sentado en un sofá frente a una televisión, junto con Wanda- Esto es importante.
Warren también estaba allí, acurrucado en un rincón; sus alas ocultándolo en gran parte. Sólo se podía vislumbrar su cabello rubio en la oscuridad, y como Wanda y Blob, escuchaba atentamente la televisión.
Dominik, Pietro y Marie se dirigieron hacia donde estaban sentados Wanda y Blob.
"... en la ciudad de Yonkers, del condado de Westchester de Nueva York, ha tenido lugar un suceso terrible" decía una periodista de pelo claro. "Las cámaras de seguridad han grabado casi todo lo acontecido. Todo estaba tranquilo y era una mañana fantástica para disfrutar de unas compras en el centro de..."
-Qué teatrales son- bufó Pietro, entornando los ojos.
-Cállate- le espetó Warren- Ni siquiera cuando hablan de ti eres capaz de guardar silencio.
"... como ustedes oyen. Lo que nos estábamos temiendo. Los mutantes han causado destrozos enormes y varios heridos en las proximidades. Aunque aún no se conoce la identidad de los agresores, debido a que las lentes de las cámaras de seguridad se hallaban empañadas y no se puede ver bien sus rostros, se sospecha que el temible criminal Eric Lehnsherr, que se hace llamar a sí mismo Magneto, ha vuelto a las andadas..." En la televisión fueron saliendo imágenes en blanco y negro de la pelea que había tenido lugar aquella mañana, una tras otra. Jean Grey estrangulando a Wanda sin mover un solo dedo, Lobezno gritando desde la pared de la tienda de deportes con las garras fuera, el incendio provocado por Wanda, la pequeña tormenta en el interior de un establecimiento ocasionada por Ororo, Pietro pegado al suelo con hielo rodeando sus pies y un corto en el que aparecía Marie de espaldas haciendo caer a Jean de rodillas mientras la agarraba por los hombros, al tiempo que Wanda se liberaba del estrangulamiento.
Blob se giró un instante hacia Marie para cerrar su mano derecha y levantar el pulgar, antes de seguir prestando atención a la televisión.
"Ya lo ven ustedes. No sabemos a ciencia cierta si este ataque fue planificado con antelación y si en realidad estamos hablando de la Hermandad de Mutantes Diabólicos, dirigidos por Magneto. Sin embargo, ante la gravedad de lo sucedido, el Senado ha tomado la decisión irrevocable de firmar la ley de registro de mutantes. Si usted es uno de ellos, le aconsejamos que se acerque cuanto antes a la comisaría más cercana, donde se le colocará un tatuaje en la palma de la mano, a fin de ser reconocido por el resto. Todo sea por mantener la seguridad del ciudadano..."
-Después de esto, si Magneto te sigue permitiendo quedarte aquí, será un milagro, Pietro- sentenció Blob, apagando la televisión.
-No creo que Magneto vaya a echarte- dijo Warren, en cambio- Siempre le ha interesado tener en su bando a más mutantes, y no menos.
-Ángel tiene razón- apoyó Dominik- Si antes había la más mínima posibilidad de que Magneto decidiera que tu presencia ya era más fastidiosa que necesaria, ahora ya no la hay. Se aproxima una guerra y requerirá de más miembros.
N/A: Hola a todos los que aún me siguen después de tanto tiempo sin actualizar! Debo confesar que tengo muchos más capítulos escritos pero no me atrevía a subir más porque no veía que fueseis muchos/muchas los/las que leyerais el fic. Pero creo que no es justo que os deje sin saber el final de esta historia, y os aseguro que queda bastante. Muchas gracias a karla, a Sakura Gonzakez y a Nina Scherbatsky, por dejarme vuestros comentarios animándome a seguir subiendo capítulos. Como me siento culpable, pienso subir dos seguidos!:) Saludos!:D
