Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.

CAPÍTULO 15. Dilación de lo inevitable.

Logan apagó la televisión de la cocina y se dispuso a ir al frigorífico a por una cerveza. De pronto, olía diferente. Resopló, algo molesto y se giró hacia la puerta.

-¿No tenéis algo mejor que hacer que espiarme o qué?- les gruñó al trío más travieso de la escuela de Charles Xavier.

-La verdad es que no- contestó John, dejándose caer sobre una de las sillas y cruzando las piernas sobre la mesa- ¿Te dolió mucho en tu orgullo que consiguieran llevarse a la chica?

Logan lo miró con fijeza.

-Habría podido escapar de allí si hubiese querido- dijo, dándole un trago a su cerveza fría.

-Ya, claro- contestó el chico, entornando los ojos- ¿Y por qué no lo hiciste?

-Seguir peleando no iba a solucionar nada- terció Kurt, tomando asiento al lado de Logan.

-Kurt está en lo cierto- convino Bobby, manteniéndose de pie, junto a John- Ya habéis visto las noticias.

-Nos odian- dijo John, borrando de su rostro la sonrisa descarada que lo caracterizaba- Nos quieren a todos muertos, por eso van a aprobar esa mierda de ley...

-Eh, cuidado, chico- lo cortó Logan, señalándolo con la mano que sostenía la botella de cerveza- Estás hablando como Magneto.

-¿Ah, sí? No me había dado cuenta- replicó el muchacho, retirando los pies de la mesa y cruzándose de brazos- Quizá tenga razón. Cuando sepan quiénes somos y puedan distinguirnos de ellos, nos señalarán con el dedo y terminarán con nosotros. Tiempo al tiempo.

-No lo creo. Solo están asustados- objetó Bobby.

-El miedo nos hace comportarnos como animales- intervino Kurt- Solo hay que calmar los ánimos.

-Por como estáis hablando, parece que estáis de acuerdo con esa ley- les espetó John, con fastidio- Parece que vais a ir al registro para que figuren vuestros nombres en su lista negra.

-¿Tú no?- cuestionó Logan, alzando una ceja.

John imitó el gesto, inclinándose sobre la mesa y clavando sus ojos verdes en los de Logan.

-¿Acaso tengo pinta de estúpido como estos pobres idiotas?- dijo con lentitud, refiriéndose a Bobby y a Kurt, quienes ya estaban acostumbrados al carácter tan voluble de Pyros. Tan voluble como el fuego mismo.

-No, qué va- contestó Logan, dejando la cerveza de lado- Pareces aun más estúpido que esos pobres idiotas, como llamas a tus supuestos amigos. ¿Crees que si no te registras, tendrás menos problemas? Te perseguirán por no hacerlo.

John bufó, molesto.

-Oh, sí, claro. ¿Cómo van a ir tras de mí si no tienen modo de saber si soy o no un mutante?

-El gobierno tiene muchos medios a su disposición para investigar a ciertos sujetos- respondió Lobezno, bebiendo nuevamente de la pequeña botella- Aparte está el hecho de que estás inscrito en esta escuela.

-¿Por qué iba a ser eso un problema?- preguntó Bobby, tímidamente.

-Porque es una tapadera del profesor para esconder a los mutantes desamparados del país- dijo Logan, entornando los ojos- Esa tapadera no durará mucho.

-¿Estás diciendo que es mejor que dejemos la escuela llegado el momento?- cuestionó Kurt, un tanto asustado.

-No, ¿cómo voy a decir yo eso, hombre?- replicó Logan, levantándose y yendo hacia la puerta tras dejar la botella vacía en la mesa de la cocina- El profesor me mataría si yo fuera diciendo esas cosas por ahí- agregó, antes de marcharse.

Kurt, John y Bobby se miraron entre ellos, desconcertados.

Ángel se sentó cerca de Marie, sin saber muy bien qué debía decirle para consolarla. Nunca se había visto en aquella situación. Sí que había llorado muchas veces sin que hubiese nadie que estuviera a su lado, pero nunca había sido ese alguien. Por tanto, le era muy difícil decir algo sin que le pareciera inadecuado.

-¿Qué ocurre, Marie?- le preguntó con suavidad, como si le estuviera hablando a un animalillo asustado. Decidió que era mejor si la llamaba por su nombre humano, así quizá ella se sentiría más cómoda.

Marie soltó un sollozo, cubriéndose la cara con las manos. Su cuerpo se convulsionaba ligeramente por el llanto.

Warren carraspeó, situando una mano en la zona de la espalda de Marie que se hallaba cubierta con el camisón.

-Puedes contármelo- le susurró él- Si Sapo te ha hecho algo...

Marie volvió la cabeza hacia el ángel; sus ojos inyectados en sangre y sus mejillas ruborizadas que contrastaban con su lividez extrema dejaban claro que había estado llorando.

-Sapo no ha hecho nada- dijo en voz baja- No es por él, ni por nadie en realidad. Es por mí... No deberías acercarte tanto, podría hacerte daño.

-Tú no serías capaz de hacerle daño a propósito ni siquiera a una mosca, Pícara- respondió Warren, sonriendo amargamente- Y aunque así fuera, ya sabes que a mí no me importaría. Tengo tendencias suicidas...

Marie sonrió levemente al escucharlo.

-¿Qué es lo que ha pasado?- le preguntó Warren, intentándolo de nuevo- ¿Qué ha pasado para que vuelvas a estar tan asustada? Pareces la chiquilla perdida que encontramos en el bosque hace unas semanas, o tal vez, en peor estado.

Ella desvió la mirada con tristeza.

-¿Y ya no soy una chiquilla?

-Eres toda una mujer hecha y derecha- contrarió Warren, apartando la mano de su espalda y abrazando sus rodillas- Te he visto madurar y adaptarte a una velocidad sorprendente. He visto cómo tu miedo desaparecía poco a poco y cómo empezabas a considerarnos familia. Así que, dime, ¿qué ha cambiado?

Marie volvió a mirarlo, callando por un momento para reprimir las lágrimas, ya que sentía el nudo en la garganta que las solía preceder.

-Todo- dijo, finalmente- Todo ha cambiado, Warren. Puede que ya no sea la misma persona que encontrasteis aquella noche en el bosque, pero puede que ya ni siquiera sea la persona en la que me he convertido según tu parecer.

-¿Quién eres entonces?- inquirió él, sus ojos claros clavados en ella- ¿Todo esto tiene que ver con lo que sea que haya pasado con Sapo?

Marie no pudo aguantar mirarlo por más tiempo, por lo que se levantó tambaleándose un tanto. Warren la imitó, colocando las manos en la cintura de ella para que no cayera.

-No tiene que ver solo con eso- lloró ella-, sino también con lo que ha ocurrido con Pietro.

Warren la miró, con una expresión pétrea.

-¿Qué ha ocurrido con Pietro?

Marie trató de sosegarse y detener las lágrimas que recorrían sus mejillas, haciendo un esfuerzo colosal para conseguir hablar de forma inteligible.

-He estado a punto de matarlo.

Warren calló un momento, asimilando lo que ella acababa de decir.

-Marie, ya deberías saber lo impetuoso que es Pietro- murmuró él, serio- A veces no puede contenerse, por lo que uno de los dos tendría que controlarse por los dos...

-¡No ha sido nada de eso!- negó Marie, indignada, sacudiendo la cabeza al tiempo que hablaba- Yo hubiera podido hacerlo, pero... no era yo...

-¿No eras tú?- reiteró él, confuso- ¿Qué quieres decir con eso?

-Creo que hay algo oscuro dentro de mí, Warren- respondió ella, fijando los ojos en los suyos- Siempre lo ha habido, pero no me refiero a lo que sucede cuando toco a alguien. Es... como si por un momento dejara de ser yo. Como si... otra persona tomase el control. Creo que me estoy volviendo loca.

Por un momento a Marie se le pasó por la cabeza que él se reiría de ella, que no la tomaría en serio. Sin embargo, debió haber caído en la cuenta de que Warren no era así, pero estaba demasiado ofuscada por todo lo que había pasado.

-¿Desde cuándo te pasa?- fue lo único que dijo el ángel.

-Esta noche- contestó Marie, recordando la terrible sensación que la había embargado cuando sus articulaciones habían dejado de obedecerla para seguir las órdenes de aquella otra presencia que había en su interior- Dos veces. Fue por esa mujer... Grey.

-Cierto, la tocaste- recordó él, con cara de circunstancias- No te estás volviendo loca entonces, Marie. Poco a poco él fénix se irá disipando y te dejará tranquila.

-¿Y si no es así?

-Si no es así, no tienes por qué estar atormentándote todo el tiempo- le respondió Warren, soltándola con delicadeza.

-Mira quién fue a hablar, el ángel atormentado- replicó Marie, con una sonrisa triste.

-Juntarte tanto con Pietro te está haciendo mal- contestó Warren con simpleza. No obstante, no lo dijo como si le hubiera molestado el comentario de ella, ya que sonreía (lo máximo que Warren podía sonreír, claro; sus labios apenas curvados)- Descansa, mañana verás las cosas de forma distinta.

A continuación, echó a volar hacia el desván, dejando a Marie sola. La chica sonrió levemente antes de entrar en la casa y cerrar la puerta principal tras de sí. Subió las escaleras. Todo estaba silencioso y tranquilo, a excepción de los ruidos provenientes del cuarto de Wanda.

Aunque sabía que corría el riesgo de perder las riendas de sí misma otra vez, decidió pasarse por la habitación de Pietro. Necesitaba saber si estaba bien. Abrió con sigilo la puerta del cuarto, asomando la cabeza en dirección hacia la cama, donde él se encontraba arropado de la misma forma en que ella lo dejó y con una expresión relajada.

Iba a cerrar la puerta e irse a su propia habitación, cuando Pietro abrió los ojos y los alzó, clavándolos donde estaba ella.

-Ya te he visto- le dijo en voz baja, aunque lo suficientemente alto como para que ella lo escuchara- No finjas que no me has oído y entra.

-No debería- susurró Marie, arrepintiéndose de haber hecho caso de aquella vocecita suya que la llevaba a cometer estupideces como aquella.

Antes de que se dispusiera a cerrar la puerta de nuevo, Pietro estaba frente a ella y cerraba la puerta pero dejando a Marie dentro del cuarto.

Marie tragó saliva. Iba a subir las manos para apartarlo, sin embargo, se detuvo a tiempo cerrándolas en un puño, al darse cuenta de que él seguía llevando solamente una toalla alrededor de la cintura. Desvió la mirada, sin ser capaz de fijar los ojos en su rostro. Aunque no sabía si eso era mejor que ver sus clavículas marcadas y la yugular que se destacaba en su cuello, todo él de una palidez extrema.

Al notar la turbación de Marie, Pietro elevó una comisura dibujando su característica sonrisa mientras dejaba ambas manos contra la puerta, formando una jaula a su alrededor.

-He estado a punto de matarte- murmuró ella, las lágrimas regresándole a los ojos por la desesperación- ¿Por qué te acercas tanto?

-Has estado a punto de matarme otras veces- respondió Pietro, encogiéndose de hombros- No te preocupes tanto.

-Esta vez casi lo consigo- hipó Marie, limpiándose la humedad de la cara.

-No eras tú- susurró él, tratando de tranquilizarla- Eran los demonios de la pelirroja.

-Pero puede pasarme en cualquier momento, no puedo controlarlo- Marie tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para decir lo que dijo a continuación- ¿Por qué no puedes alejarte durante el tiempo que esté así?

Al siguiente parpadeo, Pietro estaba vestido, con vaqueros y un suéter de manga larga, y la abrazaba, acariciándole el cabello. Marie hundió el rostro en su hombro y lo rodeó fuertemente con los brazos.

-Puedo hacer casi de todo, pero no lo que me pides- le dijo él al oído, con cuidado de no rozarla- Me importas, Marie. ¿Por qué no puedes aceptarlo?

Marie despegó la cara de su hombro para mirarlo con fijeza.

-¿No te estarás riendo de mí haciendo esa confesión que bien podría ser falsa?- cuestionó ella- No es el mejor momento.

Pietro pareció ofendido.

-¿Te parece que esté de broma?- replicó él, ceñudo- Fíjate si me importas, que hasta me acerco a ti sabiendo que puedes hacerme daño, o que alguien en tu lugar ha estado a punto de matarme.

Marie calló, sintiéndose culpable.

-Tú necesitas que yo te diga que me importas cuando es evidente- prosiguió Pietro, sin separarse de ella todavía-, pero descuida, yo no necesito que me digas que me correspondes, porque es obvio.

-No quiero que te enfades conmigo- murmuró ella, al cabo- Solo quiero que estés bien.

-No estoy cabreado contigo, lo estoy con la situación- repuso el chico, aproximando su rostro al de ella- Maldigo el momento en que se me ocurrió llevarte a esa puñetera cafetería.

-No hay vuelta atrás, Pietro- le dijo Marie, situando las manos en sus hombros- Y por favor, mantén las distancias. No quiero que...

-Es que resulta que yo sí que quiero- la cortó él, con una sonrisa desvergonzada- Déjame besarte una vez más...

-Ni hablar. Eres un maldito masoquista y yo no estoy dispuesta a ayudarte con tus instintos tendentes al sufrimiento...

Antes de que acabara la frase, Pietro ya la estaba besando. Cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, Marie ya tenía los brazos alrededor del cuello del chico y respondía al beso con igual o incluso mayor entusiasmo que Pietro. Solamente se oían las manecillas del reloj, la lluvia que había empezado a caer y los corazones desbocados de los chicos.

Sin darle tiempo a ver ningún recuerdo suyo, Pietro dio un último jadeo contra la boca de Marie y se apartó de ella, manteniéndose a una distancia prudencial. Esbozaba una sonrisa descarada que desquició a Marie.

-Ya sabes lo que pienso- dijo- Mejor pedir perdón que permiso.

-Eres incorregible- suspiró Marie, girándose para marcharse.

-Lo sé, pero te gusto así- sonrió Pietro, a su espalda.

-Como no dejes de ser tan temerario, dejarás de gustarme- contestó Marie, cansada.

-No creo que eso ocurra nunca- dijo él, cambiando su tono de voz a uno más serio.

Marie se giró hacia Pietro.

-¿Cuál de las dos cosas? ¿Lo de ser temerario o lo de dejar de gustarme?

-Ninguna.

Marie no pudo evitar esbozar una leve sonrisa antes de cerrar la puerta para marcharse directa a su cuarto.

No era muy dada a rezar pero aquella noche lo haría por que no pasase de nuevo, por que nadie tomase el control de su cuerpo por ella. Al menos, no hasta que Magneto y Mística tomasen medidas para evitarlo o remediarlo.

Cuando al día siguiente Marie abrió los ojos, debía ser más tarde de la una de la mañana. Teniendo en cuenta que no había podido dormir casi nada aquella noche, era una hora más que razonable para levantarse. Sin embargo, no se levantó porque creyera que ya debía hacerlo, sino porque unas voces la despertaron. No eran voces en su cabeza, eran gritos que llegaban a sus oídos. Reconocer que no estaban en su mente fue un alivio. Aun faltaba tiempo para que se volviera loca del todo.

Mientras se frotaba los ojos y se lavaba la cara para eliminar cualquier rastro que el sueño hubiese podido dejar en ella, trató de identificar aquellas voces. Se puso la ropa con la mayor rapidez que le fue posible y dejó la cama sin hacer.

Cuando abrió la puerta de su habitación, Marie se encontró con Pietro, Dominik y Raven en la del cuarto de enfrente. El cuarto de Wanda. Estaban discutiendo y la puerta de la habitación se hallaba abierta. Los tres guardaron silencio cuando vieron que Marie estaba allí.

-¿Ocurre algo malo?- preguntó la chica, preocupada.

Dominik metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, al mismo tiempo que Pietro desaparecía velozmente. Marie no podría asegurarlo, pero le había parecido verlo angustiado antes de que se esfumara.

Por su parte, Raven se acercó a ella, inexpresiva.

-Wanda se ha ido- dijo, con lentitud- No sabemos adónde.

N/A: Antes que nada agradecer de nuevo a Karla y a Sakura Gonzakez por sus comentarios, que me animan mucho y me instan a que vuelva a subir más caps.

Karla: Me parecía mal no volver a actualizar después de tanto tiempo si al menos había tres personas que me habían demostrado que se interesaban por la historia, y más teniendo los capítulos ya escritos desde hacía tiempo en el ordenador. Ya te aviso; es una historia bastante larga jajaj- aunque aún no la he acabado. Me alegra saber que he acertado con los personajes, y que hay más gente que los quiere tanto como yo. Besos!

Sakura Gonzakez: Mmmm en cuanto a lo del fénix, va para rato jeje No es algo de lo que Marie vaya a poder desprenderse fácilmente. Y Magneto, ya lo irás conociendo a lo largo de la historia. La verdad es que creo que lo he pintado como alguien que está más loco que cuerdo; ya lo verás en los siguientes capítulos. Pero bueh, voy a callarme, que si no, es como si hiciera spoiler;) Y gracias por la parte que me toca! Besos para ti también!

Debido a que tengo muchos más capítulos en la guantera, probablemente subiré mucho más seguido de lo que lo he hecho en este tiempo (quizá dos veces por semana o algo así, dependiendo de cómo veáis vosotros/ as también). Aunque debo aclarar que al estar en temporada de exámenes, en enero quizá me demore más. Aun así, lo intentaré!

Un saludo