Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.
CAPÍTULO 17. Ten cerca a tus amigos, más aun a tus enemigos.
Tras haber bajado del coche y después de un gran rato caminando entre el ramaje y casas abandonadas, solamente se oía el chasqueo de la lengua de Sapo en medio del inquietante silencio y el ruido que hacía la madera al desquebrajarse cuando sus pegajosos pies verdosos aterrizaban con fuerza sobre ella y la rompían.
-Esto es una ciénaga- gruñó Sapo, cazando una mosca con su larga lengua rosada.
-El lugar idóneo para ti, entonces- le dijo Dominik, entornando los ojos.
Sapo no le prestó atención, mientras se internaba más en el poblado fantasma.
-¿Y bien? ¿Cuál es el plan?- preguntó Avalancha, caminando junto a Marie.
Pietro le contestó, unos pasos más adelante.
-El plan es llevarme hasta mi hermana y estar atentos por si tenemos compañía. Yo haré el resto.
-¿Qué compañía podríamos tener?- inquirió Marie, confusa. Aunque en el fondo, ya sabía la respuesta.
-Los frikis X, por supuesto- respondió Dominik, caminando más deprisa tratando de evitar pisar los charcos- Al ruedas le gusta meter las narices donde no le llaman.
-Yo diría que le gusta demasiado- refunfuñó Blob, haciendo que el agua estancada salpicara a cada paso que daba.
-¿Por qué iban a interesarse ellos por Wanda?- cuestionó Marie, preocupándose por primera vez en mucho tiempo por hacer preguntas de ese tipo.
-Podrías preguntárselo en persona- contestó Pietro señalando un rastro de humo blanco en el cielo- Esa es la estela de su jet.
-¿Qué os dije?- bufó Dominik- Hubiera sido un fenómeno extraño de la naturaleza que no se presentasen. Ten preparada tu espada, Pícara. Probablemente la necesitarás.
Marie tragó saliva mientras desenvainaba la pequeña espada que le había regalado Mística tiempo atrás, precisamente el día en el que había tenido contacto con los X-men por primera vez. Aquel día que había decidido abandonar la Hermandad y que muy poco tiempo después, había cambiado de opinión. Jamás había reflexionado demasiado sobre el tema después de ello, ya que poco a poco había ido cogiendo confianza en sus convivientes y nunca habría creído que en en verdad llegaría el momento de utilizar la espada como un arma. Ya lo había hecho en muchas ocasiones, pero en los entrenamientos a los que la había sometido Raven para ayudarla a desarrollar sus dotes. Nada serio, ya que se había enfrentado contra los que ella consideraba sus amigos.
En aquel momento, una gota de sudor frío viajó desde la raíz del cabello hasta llegar a su espalda. Debería considerar a los X-men sus enemigos, lo sabía. Sin embargo, no se conocía tanto a sí misma como para poder afirmar con seguridad hasta qué punto llegaría por proteger a sus acompañantes, y sobre todo, a los mellizos.
-¿Qué hacemos ahora?- susurró Marie, aterrada, imitando a los demás y agachándose tras Ángel, quien estaba en cuclillas tras unos arbustos.
Trató de ver por el hueco que había entre el hombro y el ala de Warren, descubriendo una figura esbelta inclinada de espaldas ante ellos. La silueta pertenecía a la de una mujer joven, de largos cabellos castaños. En cuanto la vio, Marie supo que era Wanda.
-Seguir con el plan- respondió Pietro, sus ojos fijos en su hermana- Me acercaré y hablaré con ella. Vosotros quedaos aquí, por si se acercan los frikis X y tenéis que ayudarme.
Pietro comenzó a colocarse las peculiares gafas que protegían la integridad de sus ojos cuando corría a velocidades de gran magnitud. Introdujo una mano en uno de los bolsillos de su chaqueta plateada, en busca de sus auriculares.
-Pietro, espera- lo llamó Marie, gateando hasta él, sin importarle que las rodillas de sus flexibles vaqueros oscuros se llenaran de lodo.
Pietro volvió la cabeza hacia ella levemente, dirigiéndole una mirada inquisitiva.
-Ten cuidado...
-Siempre lo tengo- la cortó él, regresando la vista al frente.
Parecía dispuesto a salir de allí pitando sin esperar a que Marie le dijera todo lo que quería decirle. Sin embargo, Marie no se dio por vencida y lo aferró por el antebrazo. Inmediatamente él regresó su atención a ella. No obstante, su expresión en esta ocasión no era afable.
-Ten cuidado con Wanda- insistió Marie, dirigiendo sus ojos hacia la chica- No hemos podido hablar antes, pero eso ya no importa. Warren y yo creemos que tu hermana... pretende suicidarse.
Pietro la miró un instante con recelo antes de desaparecer y reaparecer al lado de Wanda en la lejanía. Marie exhaló un suspiro, cansada. Durante el viaje hasta la aldea donde Magneto había encontrado a Wanda y a Pietro y los había salvado de una multitud furiosa, y donde estaba enterrada la madre de los mellizos, Marie había tratado de hablar con Pietro por todos los medios, sin lograrlo. Estaba preocupada por Wanda, sí; pero también lo estaba por Pietro. Wanda se había convertido en una persona impredecible, aunque a decir verdad nunca antes había sido demasiado predecible. Nadie sabía cómo podría reaccionar, y pese a que Pietro creyera que él sí lo sabía, se equivocaba. Podría estar en peligro acercándose tanto a Wanda, y sin embargo, Marie no podría hacer mucho por evitarlo.
El ruido de una rama al romperse la hizo darse la vuelta. Warren estaba arrodillado tras ella y sus ojos clavados en los mellizos.
-No has debido mencionarme- dijo, sin despegar la mirada de donde la tenía puesta- Su desprecio hacia mí es mutuo.
-No creo que este sea el mejor momento para enemistarnos entre nosotros- opinó Marie, inquieta.
Warren volvió sus ojos hacia ella, interrogante. Marie apuntó con el dedo un punto más allá de donde estaban Pietro y Wanda, en medio de la espesura del bosque que rodeaba la aldea. Apenas se veía, pero allí estaba. Un pequeño reflejo rojizo que resaltaba entre el verde frondoso debido a la luz del sol que incidía sobre el vidrio que conformaba unas lentes.
-Summers- susurró Ángel, apretando el hombro de Marie en un gesto sobreprotector y haciendo que retrocediera al mismo tiempo- Yo me encargaré de él, tú quédate aquí.
-Warren...
-Recuerda que no hay nada que me apetezca más que recibir la muerte con los brazos abiertos, por lo que no me importa que me hieran- la cortó él, poniéndose en pie detrás de un tronco.
-Pero a mí sí- respondió Marie, sonriendo con tristeza.
Warren la miró con fijeza. Le devolvió la sonrisa al cabo. Una sonrisa de verdad. Era una sorpresa cómo en el pétreo y habitualmente inexpresivo rostro de Ángel podía encajar perfectamente aquella curva que habían empezado a dibujar sus finos labios. Fue lo último que vio de él antes de que volara a cielo abierto, mostrándose por completo.
Inmediatamente después un haz de luz rojo surgió entre la vegetación con la intención de impactar contra el cuerpo del ángel. Sin embargo, las alturas eran sus aliadas; podía verse a la legua que Warren se movía mucho mejor por el aire que por el suelo, por donde solía caminar de forma casi patosa por culpa de las alas, que le eran un peso muerto en la espalda. Era por eso que a Warren no le costaba apenas esfuerzo evadir los ataques de Scott.
Marie quiso seguir mirando su recorrido a través del cielo, pero un ruido la alertó. Se dio la vuelta, alarmada; la espada en mano. Miró a su alrededor, con el corazón en un puño, en busca de sus compañeros.
Dominik y Blob estaban lejos, aunque no lo bastante como para que Marie los perdiera de vista. No obstante, si necesitaba su ayuda tardarían en ir a asistirla. Marie no veía a Sapo por ninguna parte, pero no era alguien que esperaba que la ayudara.
El ruido había sido similar al que haría el acero sobre la madera al rasgarla, causando en Marie una sensación sobrecogedora. Sin embargo, se mostraba firme cuando un hombre grande y fuerte emergió entre los árboles. Su cabello negro estaba peinado de tal forma que en cada extremo formaba dos elevaciones, nariz aguileña, ojos pequeños y marrones, mandíbula perfilada y dientes levemente puntiagudos que le daban cierto aspecto lobuno. Los músculos de los hombros se tensaban haciéndole parecer imponente y sus puños de las manos se hallaban cerrados de tal forma que los nudillos habían adquirido un tono blanquecino. Por alguna razón le parecía familiar a Marie.
Logan esbozaba una media sonrisa, que no le daba el aspecto tan temible que debiera darle su apariencia sin ella.
-¿Por qué te han dejado sola?- cuestionó él entonces, haciendo que Marie se estremeciera sin proponérselo. Su voz sonaba autoritaria y reconfortante al mismo tiempo. Marie no sabría describirlo, pero era como si supiera desde un principio que no tenía por qué tener miedo de aquel hombre.
-Estás con ellos- dijo la chica, sin más, alzando la espada hacia él, a pesar de aquella sensación de familiaridad tan extraña que le ocasionaba.
Logan alzó una ceja al observar aquel arma diminuta apuntándolo; casi le parecía ridícula. Sin embargo, solo respondió, ladeando la cabeza hacia los mellizos:
-Y tú con ellos.
Hubo un corto silencio entre ambos antes de que Marie hablara de nuevo.
-No creo que haya ningún sitio mejor en el que debiera estar.
Logan se sentó sobre una gran roca frente a ella, sin intenciones de atacarla o hacerle daño.
-¿Sabes?- dijo él, mirándola fijamente- Tal vez yo sí debería estar en cualquier lugar que no fuera este, pero las circunstancias me han traído hasta aquí.
-Las circunstancias- repitió Marie, resoplando- ¿Acaso me vas a dar otra charla como la que me dio tu amigo Scott antes de que descubriera que su amiga trataba de matar a la mía?
-En primer lugar, Scott no es mi amigo- replicó Logan, un tanto molesto- Segundo, no tengo ni puta idea de lo que él te dijo en esa especie de "charla", como tú la llamas. Y por último, dudo mucho que Scott tenga amigas que traten de matar a nadie.
Marie soltó una carcajada con ironía, volviéndose por un momento hacia Pietro y Wanda, que a pesar del desastre que los rodeaba, seguían hablando como si nada estuviera sucediendo. Regresó su atención a Logan con apatía.
-Mira, me da igual si el tal Scott y tú sois amigos o no, y lo que pienses acerca de sus amigas o lo que sea. Has venido a hablar conmigo porque quieres algo- afirmó Marie, con más valor del que nunca pensó que dispondría- Así que ve al grano de una vez.
Lobezno se levantó caminando hacia ella hasta que el extremo afilado de la espada de Marie rozó su pecho.
-No todo es lo que parece, Marie- le susurró él, su rostro a escasos centímetros del de la chica- Seguramente si viste a Jean atacar a la bruja, es porque ella lo hizo primero.
Marie entornó los ojos con impaciencia.
-Ya que fingimos que nos conocemos, puesto que soy tan famosa que hasta sabes mi nombre, podrías decirme el tuyo- dijo, sin que le temblara la voz ni un ápice, para su asombro y contento- Y dudo mucho que la bruja, como tú dices, atacase primero.
Logan sonrió al escuchar aquello.
-Logan, me llamo Logan. Y será mejor que no sigamos hablando de lo que pasó con tu amiga, ya que siempre será tu palabra contra la mía y se nota que tu confianza en ella es plena.
Marie tragó saliva; gesto del cual se percató Logan, para su satisfacción.
-Pero no olvidemos que no está bien de la cabeza- prosiguió él, consiguiendo que Marie vacilara y bajara la espada. A continuación, la hizo darse la vuelta para mirar lo que estaba pasando un poco más allá de donde ellos se encontraban en ese momento.
El rayo procedente de los ojos de Cíclope había ido trazando círculos tratando de golpear a Warren sin éxito, y por el camino había ido abrasando varias cabañas abandonadas y unos pocos árboles. Mientras tanto, Dominik y Tormenta habían comenzado a pelear, dando lugar a muchos rayos que habían ocasionado pequeños incendios y numerosas grietas en el suelo producto de los terremotos provocados por Avalancha.
-¿Ves todos los destrozos? Esto será lo que pasará en un futuro con los humanos si permaneces con Magneto.
A la mente de Marie vinieron las palabras lejanas de Magneto. Los humanos han dado un paso en falso. Nos han dado una excusa para que acabemos con todos ellos. Tú y yo juntos lideraremos la rebelión.
-¿Eso es lo que quieres? ¿Formar parte de la Hermandad de Mutantes Diabólicos y exterminar a hombres, mujeres y niños inocentes?- la increpó Logan, como si supiera exactamente lo que ella estaba pensando en esos instantes- ¿Crees que así le haces un favor a alguien? ¿Un favor a ti misma, quizás?
Al oír aquello último, Marie se revolvió entre sus brazos volviendo a situar la punta de la espada contra el esternón de él. Logan puso las manos en alto, aunque una sonrisa torcida se había trazado en su rostro lobuno.
-Deja de hablar como si me conocieras o como si te creyeras lo que estás diciendo- le espetó Marie, a pesar de que a Logan no le costó distinguir la inseguridad que comenzaba a impregnar sus palabras.
Logan bufó, pese a que aun sonreía. Ese hecho desconcertaba y desquiciaba a Marie a partes iguales.
-Nena, tú también te crees lo que digo, pero eres demasiado orgullosa como para admitirlo- le dijo él, y sin dejar que ella pudiera rebatirle, siguió hablando- No voy a decirte que estarás mejor con los X-men, porque probablemente me equivoque. Ni siquiera yo estoy a gusto del todo con ellos...
Marie entreabrió la boca para decir algo, pero Logan no había acabado.
-No pretendo que te unas al profesor, ni que nos acompañes si esa no es tu voluntad- prosiguió Logan, dejando las manos a ambos lados del cuerpo- Sólo quiero que te des cuenta de que los que crees que son tus amigos, no lo son. Dejarán de serlo si te da alguna vez por no obedecer a los propósitos de Magneto...
Antes de que Lobezno pudiera continuar hablando, un árbol cercano se balanceó para finalmente ser arrancado de raíz y caer hacia donde estaban Logan y Marie.
-¡Cuidado!- gritó él, empujando a la chica a un lado para esquivar el leñazo.
Al hacerlo había tocado la piel de ella sin darse cuenta y sus fuerzas empezaron a flaquear, haciéndolo caer de rodillas junto a Marie.
-Lo siento, Logan- le dijo, encogiéndose de hombros y dirigiéndole una mirada de agradecimiento, antes de correr hacia donde estaban los mellizos.
-¡No, Pícara! ¡No vayas ahí!- la advirtió Dominik desde el otro lado del claro del bosque. Sin embargo, ya era tarde.
Marie había salido a campo abierto donde los rayos, terremotos y haces de luz roja apenas sí dejaban una pequeña zona libre de impactos. Se defendía como podía desviando los obstáculos con su espada. Más árboles cayeron, más casas se incendiaron y trozos enormes de terreno se elevaron sobre el suelo, haciéndola perder el equilibrio. Cada vez venían más rayos y haces hacia ella, pese a que Tormenta y Cíclope no lo hacían a propósito; ellos sólo intentaban hacer que Ángel y Avalancha desistieran de seguir cubriendo el sitio que ocupaban Pietro y Wanda.
Entretanto, Blob y Sapo combatían a Jean. Blob se lanzaba contra ella, hasta tal punto, que Jean tenía que esforzarse al máximo para evitar sus embestidas, utilizando su poder de fuerza, pero muy controlado, lo suficientemente como para que el fénix no tomara las riendas. Aquello suponía un trabajo colosal para ella, y una oportunidad perfecta para Sapo, ya que los ataques de Blob en realidad solo eran una distracción. El verdadero peligro estaba en la lengua estranguladora de Sapo y en su sustancia similar al vómito con la que envenenaba a sus presuntas víctimas, en este caso Jean.
En cuanto a Marie, que había perdido el equilibrio, cayó cuan larga era sobre el fango. Una extensión del rayo de luz de Scott golpeó su muñeca, haciendo que perdiera toda la sensibilidad y la capacidad de movimiento en la mano que el haz había quemado. Marie profirió un grito de dolor en medio del caos, que solo duró el segundo antes de que se desvaneciera la percepción que la chica tenía más allá de la muñeca. Observó horrorizada la mano calcinada, aterrada cuando intentó mover los dedos pero no le obedecieron. No parecía que fueran a obedecerle nunca más.
Una media hora antes, Pietro se sentaba junto a su hermana, quien jugueteaba con los flecos de su vestido escarlata. Lo hizo sobre una piedra, que parecía ser lo único en aquel lugar que carecía de barro. Se rascó la nuca, sin saber muy bien qué decirle. Wanda sonreía, sin ser muy consciente de que había dejado de estar sola.
-Wanda, cariño...
Pietro calló cuando ella alzó sus ojos hacia él. Aunque su rostro permaneció tan pálido como en los últimos tiempos, Pietro se desmoronó interiormente al verla en aquel estado irreflexivo, sus ojos vacíos y sus labios resecos. Su cuerpo estaba allí, pero su mente se hallaba muy lejos, en un lugar donde tal vez Pietro jamás podría volver a alcanzarla. Entonces, Wanda habló con voz débil.
-¿No te parecen bonitos estos hilos? Todo se hace viejo y todo muere. ¿Para qué pasar tanto tiempo hasta ser viejo y después tener el mismo final?
Pietro no dijo nada, dejando pasar el tiempo hasta que se le ocurriera algo que responderle a aquella incoherencia.
-Pues no lo sé- susurró, abatido- Alguien quiso que fuera así, supongo.
Wanda cogió un puñado de arena lanzándolo lejos; no parecía que fuera a escuchar a su hermano. Pietro le aferró el antebrazo cautelosamente, haciendo que ella girara su cabeza con brusquedad y se lo quedase mirando fijamente.
-No me toques, no me toques...
A Pietro no le quedó más remedio que soltarla. No creía que fuera posible razonar con ella. Todas sus falsas esperanzas iban cayendo por su propio peso poco a poco.
-No te toco, tranquila. ¿Por qué te has ido, Wanda?
-Irme- murmuró ella- Irme con ellos, sí...
Pietro frunció el ceño, reprimiendo el impulso de agarrarla de nuevo. Se mordió el labio inferior, impotente.
-¿Con quiénes?- preguntó él, casi con desesperación- ¿Son las voces? ¿Son las voces que te decían que iban a llevarte con madre?
Wanda no respondió, balanceándose una y otra vez sobre sí misma con las rodillas abrazadas. Pietro resopló, con cansancio.
-Wanda, madre está muerta. Muerta. Lo que significa que ya no va a volver...
Ella se alteró, su cuerpo temblando de tal forma que parecía estar convulsionando.
-¡No está muerta! Está aquí- replicó Wanda, dando golpecitos en una roca que tenía al lado- ¿No la ves? ¡Está aquí!
-Sí, invítala a tomar un café, a ver qué se cuenta sobre la vida en el más allá- bufó Pietro, perdiendo la paciencia- Maldita sea, Wanda. Deja de decir sandeces y vuelve conmigo a casa.
-Eso no funcionará- contestó Wanda, sin hacer caso de lo último- Ellos dicen que la única forma es cortándome. Así se establece un vínculo que...
-¿Y con qué pretendes cortarte?- la cortó él, con hastío- Si puede saberse, claro.
Wanda volvió a hablar de nuevo sin la más mínima intención de escucharlo.
-Sólo tengo que apretar un poco más. Cuanta más sangre, más fuerte será el vínculo, y entonces volveré a verla, tan claramente como te veo a ti...
-¡No hay vínculo, Wanda!- vociferó Pietro, irritado- Lo rompió ella cuando estúpidamente se quitó la vida. Las voces te engañan. Madre está MUERTA, y ya no hay vuelta atrás.
Wanda se sostuvo la cabeza, apretándose las sienes con los dedos índice y corazón.
-No...
Pietro rodeó sus manos con las suyas, sin prestar atención a la pelea que estaba teniendo lugar a su alrededor.
-¡Sí! Ven conmigo, Wanda. Conmigo estarás a salvo. Te prometo que buscaré un médico que sepa curarte, que te trate mejor que el último que encontramos...
-¿Curarme? ¡Yo no estoy enferma, Pietro!
A pesar de la renuencia de su hermana a reconocer que tenía un problema, Pietro se sintió ligeramente aliviado al ver que ella sabía que estaba hablando con él, con su hermano. El alivio solamente duró unos segundos, los que Pietro tardó en oír un alarido varios metros más allá. Giró la cabeza rápidamente, dejando de hacer caso de lo que hacía o decía su hermana. Su corazón comenzó a bombear sangre mucho más deprisa, sin darle tiempo suficiente a sus músculos para acostumbrarse del todo a su nueva situación, una en la que se movía a velocidad supersónica alejándose de Wanda y llegando hasta Marie. Toda preocupación por Wanda desapareció para ser sustituida por la angustia que lo embargó al ver a Marie allí tirada, sobre el suelo, intentando mover su mano quemada sin conseguirlo.
-Marie...- pudo decir, irguiéndola un tanto y haciendo que apoyara la cabeza sobre su hombro izquierdo.
-No puedo- sollozó ella- Mi mano... yo...
Los ojos azules de Pietro adoptaron un tono acerado, la sangre acumulándosele en la vena de su frente, su visión enrojecida por la ira y sus puños cerrándose con impotencia.
-Voy a matar a ese cabrón- siseó, colocándose las gafas y reapareciéndose con ella al otro lado del claro, situándola en un lugar que consideró seguro.
-No...- le suplicó ella, aferrándolo por el cuello de la camiseta- Por favor, no me dejes sola... no dejes sola a tu hermana...
Pietro le guiñó un ojo antes de levantarse.
-Estaré aquí cuando vuelvas a parpadear, amor.
Dicho eso, se esfumó. No obstante, en esta ocasión no regresó tan velozmente como cabría esperar. Marie cerró los ojos y volvió a abrirlos, y Pietro no estaba allí para verlo. Respiró con dificultad, tratando de incorporarse sobre el codo del brazo que tenía sano, olvidándose por un instante de que no podía ayudarse con la otra mano y apoyándola sobre el suelo. Un dolor atroz se expandió desde las yemas de sus dedos repletas de quemaduras hasta su hombro, haciéndola caer de nuevo al suelo. Marie soltó un chillido estremecedor, sin poder evitarlo. Sin embargo, aquello era bueno; seguía teniendo sensibilidad en los dedos aunque estos no hicieran lo que ella quería. No tardó en empezar a hiperventilar, presa de un ataque de ansiedad. A su alrededor todo comenzó a dar vueltas. Intentó aferrarse a algo con la mano que no había sufrido las consecuencias del impacto del haz de luz de Cíclope, encontrando otra enorme que la cubrió por completo. Aquella mano era masculina y áspera al tacto; además, podría rodear las dos suyas por completo.
Marie trató de enfocar el rostro del hombre, pero solo logró ver sus ojos. Ojos pequeños y marrones rodeados por pestañas rizadas. Era Logan, que a pesar de saber que tocarla sin que hubiese nada de por medio le haría más mal que bien, le impedía alejar la mano. En condiciones óptimas, Marie no tenía la suficiente fuerza como para liberarse de su agarre; cuanto más en aquel momento.
-Nena, ¿puedes oírme?- jadeó Logan, abrazándola- Estarás bien.
-¿Por qué haces esto?- pudo decir ella, con un hilo de voz- Si no me sueltas pronto, el contacto te matará...
-Soy duro de pelar- sonrió él, débilmente.
Paulatinamente el remolino de imágenes distorsionadas que conformaba ahora el mundo de Marie fue tomando forma. Normalmente, aquello le solía pasar siempre poco después del roce con personas que no solía tocar. Las que solían tener más contacto físico con ella, como Pietro o Dominik, tardaban un poco más en revivir sus recuerdos y para entonces, Marie ya había tomado para sí sus poderes.
En el caso de Lobezno, las imágenes fueron amontonándose una tras otra, como si hicieran fila para presentarse ante ella formando un cortometraje sin orden aparente. Los sonidos tampoco se hicieron esperar.
-¿Qué quieres que te pongamos en la chapa, Logan?- preguntó un hombre con alopecia y gafas, mostrando unas placas de metal rectangulares que pendían de un hilo plateado.
-Lobezno, ponme Lobezno- pidió Logan, recostado sobre una camilla de hospital
Una mujer muy bella de cabellos castaños se sentaba a horcajadas sobre Logan acariciándole la mejilla.
-¿Te sabes la historia de por qué la luna está tan sola ahí arriba?- reía ella, acomodándose sobre el hombre.
-¿Tiene que haber una razón?- replicó Logan, alzando una ceja, expectante ante lo que ella fuera a contarle
-¡Te mataré por esto, Víctor!- vociferó Logan, con la chica de antes muerta entre sus brazos.
Sus ojos miraban con odio a un hombre rubio cuya estatura debía ser aproximadamente de unos dos metros.
-Estoy deseando ver cómo lo intentas, Jimmy- se mofó Víctor, dejando ver sus garras retráctiles.
Logan no se quedó atrás e hizo que las suyas emergieran a través de la piel. Sin embargo, eran de hueso y no de adamantium. Se lanzó contra Víctor y...
Ni Logan ni Marie pudieron ver más porque la conexión que mantenían se había cortado brusca y violentamente. Debido a un empujón por parte de Pietro, Logan cayó hacia atrás, desfallecido. Su cabeza dio contra una roca, dejándolo inconsciente por completo.
Por su parte, Marie llegó a parar a los brazos de Pietro, quien a diferencia de Logan, los tenía cubiertos por su chaqueta.
-¿Te ha hecho daño, Marie?- le preguntó el muchacho, en una actividad febril.
-Creo... que le preguntas a la persona equivocada- contestó ella, ladeando el rostro hacia el desmayado Logan, que yacía sobre el fango- No sé por qué lo ha hecho...
Marie calló al ver la mirada fija de Pietro en su mano, la que se le había calcinado. Dio un respingo, asustada, al ver que poco a poco iba sanando, como por arte de magia.
-Yo creo que sí sé por qué- murmuró el joven, mirando con nuevos ojos a Lobezno- Lo ha hecho para que lo absorbieras.
-¿Este era otro de sus poderes?- inquirió Marie, desconcertada.
Pietro asintió, sin añadir nada más.
-¿Qué has hecho con Scott?
Él la miró como si de un momento a otro fuera a abofetearla.
-Por poco te deja sin mano, ¿y tú te preocupas por qué diablos le he hecho?- le espetó.
-Sólo quería saberlo- susurró ella, desviando la mirada- No hace falta que te pongas así.
Pietro se mantuvo en silencio unos segundos, sosegándose.
-Lo he noqueado, que no es lo mismo que matado- respondió finalmente, para la tranquilidad de Marie.
Fue entonces cuando la chica alzó la cabeza y miró alrededor, percatándose de que la pelea estaba lejos de acabar con prontitud. Pero había algo que no seguía igual. Wanda no estaba por ninguna parte.
