Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.

CAPÍTULO 19. Cada cual tiene lo que merece.

"No, no todo está bien. Pero lo estará cuando me mates", aquellas palabras no dejaban de resonar en la cabeza de Marie, mientras le devolvía la mirada a Warren. No podía creer que lo dijera en serio. Desde que lo conoció, siempre había sabido que no era feliz, que no le encontraba demasiado sentido a la vida. Según aseguraba él, no tenía nada que perder y si le pasaba algo malo o moría, no le importaría tanto si fuera de otro modo. Eso era lo que Warren solía afirmar, pero Marie sospechaba que no era exactamente de esa manera, ya que si realmente quisiera morir habría encontrado una forma de hacerlo. Sin embargo, en ese momento parecía que lo deseaba en verdad, pero no tenía la suficiente fuerza de voluntad para provocarse la muerte él mismo y le pedía que ella lo hiciera en su lugar. No tuvieron que pasar más de treinta segundos en los que Marie asimilara su ruego, para que después se negara de plano.

-No voy a hacerlo. No puedes estar pidiéndome eso.

Warren la miró con fijeza, sus ojos inyectados en sangre.

-Quiero morir con dignidad- susurró él, volviendo a cerrar los ojos.

-¿Y haciendo que yo te mate morirás con dignidad?- replicó Marie, un tanto alterada. Trató de sosegarse. Warren estaba muy débil, había perdido mucha sangre. No pensaba con claridad.

Ángel tosió varias veces antes de volver a hablar.

-¿Sabes lo que pasará si sigo vivo después de esto? No voy a poder volver a volar- dijo en voz baja, echándole un vistazo a su ala destrozada para después desviar la mirada, sin poder mantenerla por mucho tiempo en aquella enorme raja por la que se entreveía hueso lleno de sangre- ¿Sabes lo que eso significaría? Tendría que buscar otro lugar donde vivir y no sería aceptado en ningún sitio porque los humanos me ven con un monstruo y yo los veo a ellos como tales.

-¿Por qué no ibas a poder seguir con nosotros?- preguntó Marie con tristeza.

Warren apretó la mandíbula, intentando incorporarse un tanto sin éxito. Pensó que si hacía un movimiento más, el ala ya se le desprendería por completo de la espalda.

-Magneto... no me querrá en la Hermandad. Ahora soy como uno de ellos- masculló, cerrando los ojos- Como un humano. O aun peor, ya ni siquiera podré caminar sin cojear para poder estabilizarme con esta carga inútil a la espalda.

-No digas eso- musitó Marie al cabo- Algo podremos hacer.

Warren volvió a abrir los ojos para mirarla, conmovido.

-Sí, podemos hacer algo- dijo él, entonces- Quítate los guantes y tócame. Será doloroso, pero seguramente te quedarán unas bonitas alas de recuerdo. Si no son permanentes, al menos podrás probar la experiencia de volar durante un rato.

Cuando Marie iba a responderle, una furgoneta blanca se detuvo al lado del coche. La chica se puso en pie, cubriendo con su sombra al ángel, y desenvainó su espada diligentemente. Bajó el arma un tanto cuando vio a Raven con su verdadera apariencia en el asiento del copiloto. Mística la saludó con una mano antes de bajar del vehículo con un salto y dirigirse hacia ella.

-¿Mística?- Marie frunció el ceño- Creía que no vendrías.

-He venido, pero mis razones no están relacionadas con la hermana de Pietro- mintió Raven sin pestañear; aunque lo que decía era en parte verdad y en parte mentira-, sino contigo.

-¿Conmigo?- reiteró Marie, sorprendida.

-Eso es lo que he dicho, querida. Vengo a darte tiempo- anunció la mujer, alzando una ceja cuando vio una de las alas de Warren tras Marie.

-¿Tiempo para qué?

-Para que te vayas con Charles- respondió Mística, acercándose a ella dos pasos- Él te ayudará con tu pequeño problema de posesión.

-¿Con el profesor de los X-men?- inquirió Marie, asombrada- ¿Me estás diciendo que abandone la Hermandad? Magneto no quería que lo hiciera. ¿Está de acuerdo con eso?

-Solo pretendo tu bien, querida- corroboró Raven, situando una mano en el hombro cubierto de ella- Si hay alguien que puede hacer que el fénix que hay en ti desaparezca, es él. Lo hizo con Grey- Raven calló unos instantes, antes de proseguir- Eric no lo sabe, pero se alegrará cuando vea los resultados. Y si no es así, no te debe importar. Es de tu salud de lo que estamos hablando, Pícara.

-¿Cómo me voy a ir con los frikis X?- se lamentó Marie, cubriéndose la cara con las manos, casi con desesperación.

Raven sonrió, con la expresión que tendría alguien que supiera algo que los demás no.

-No niegues que se te haya pasado por la cabeza alguna vez. Lo único que te ata a la Hermandad es... Pietro. ¿Me equivoco?

Marie suspiró con desesperación. Sentía la humedad de las lágrimas en las mejillas pero no hizo nada por limpiárselas.

-Tranquilízate. Podrás regresar a la Hermandad cuando Charles se haya ocupado del fénix.

Marie clavó sus ojos verdes en los ámbar de Raven, muy confundida.

-¿Y si no quiero irme?

Raven esbozó una sonrisa con ironía.

-El fénix se hará contigo y le harás daño a alguien más- respondió la mujer con impasibilidad, mirando de soslayo a Ángel- Te volverás loca, eso si vuelves a recuperar el control.

Marie se volvió hacia Warren, inclinándose junto a él.

-¿Y qué pasa con Warren? ¿Podrá volver a casa?

Raven soltó una carcajada que resultó casi desdeñosa.

-A Eric no le gusta tener bajo su cuidado a tullidos- dijo sin tacto alguno-, o... a lo que sea eso en lo que se haya convertido Ángel.

-No hables así de él- le espetó Marie, con indignación.

-No estoy diciendo nada que sea mentira- replicó Raven, encogiéndose de hombros- Apuesto a que ya te ha suplicado que acabes con su vida. Hazle ese favor y librarás a los pocos que accedan a ocuparse de él de la molestia que eso supondrá para ellos.

Marie cerró los puños hasta que los nudillos se le tornaron blancos.

-Sólo estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado- dijo entre dientes.

-Por como hablas, diría que ha sido culpa tuya en parte que haya acabado así- repuso Raven, alzando una ceja.

Marie inclinó la cabeza conteniendo un sollozo. Sintió el débil agarre de Warren en la mano en la que no tenía la espada, lo que hizo que se sintiera peor.

-Si no quieres que se repita, lo mejor que puedes hacer es seguir mi consejo e irte con Charles- prosiguió Raven, dándose la vuelta y caminando de vuelta a la furgoneta.

Marie se frotó los párpados y alzó la mirada, tratando de enfocar a Mística entre las lágrimas.

-No me voy a ir a ningún sitio sin él- declaró la chica, aferrando la lánguida mano de su amigo con más fuerza.

-Prueba a ver si le inspiras compasión a Charles. A ti te aceptará encantado; a Ángel, no tanto.

Marie calló mientras Raven se montaba en la furgoneta.

-Mística- la llamó, haciendo que la mujer que estaba sentada en la plaza del conductor abriera la ventanilla. Raven asomó su rostro por encima del hombro de Irene, que no estableció ningún contacto visual con Marie- ¿Cómo llego hasta la escuela de ese señor?

Raven esbozó una sonrisa torcida.

-Oh, cálmate, querida. Él ya lo sabe- Raven miró más allá del coche, lo que hizo que Marie la imitase y descubriera a Logan y a Scott entre los árboles- Ahí están sus refuerzos. Ellos te llevarán con Charles. Te deseo suerte, Pícara.

La furgoneta se puso en marcha, dejando atrás rápidamente el coche donde yacía Warren, a Marie, a Scott y a Logan.

Marie se volvió hacia sus nuevos acompañantes, sin saber muy bien qué decir o qué hacer.

-Me alegra ver que ya estás bien, nena- sonrió Logan, acercándose a ella.

Marie asintió, sin atreverse a mirarle a los ojos.

-Gracias a ti- farfulló, colocándose un mechón tras la oreja.

-De nuevo te han dejado sola- observó Logan- Bueno, ya veo que no del todo sola- se corrigió, cuando vio a Ángel, que permanecía con los ojos cerrados.

-Vámonos ya si no queremos que lo que queda de la Hermandad nos sorprenda- urgió Scott, de malas formas.

Marie alzó la cabeza, mirando de soslayo a Scott, cuyo aspecto era lamentable. Para ser gráficos, tenía el rostro como si le hubiera pasado un camión por encima. Las gafas estaban llenas de grietas, la nariz un poco torcida (señal de que estaba rota), y el labio reventado. El resto de su cara había adquirido un un ligero tono morado no muy saludable.

-No me fío de vosotros- le dijo Marie sin tapujos- Tú me distrajiste aquella vez en la cafetería para que la tal Grey pudiera matar a Wanda. Alguien que es capaz de eso no merece la confianza de otros.

Logan se cruzó de brazos conteniendo una sonrisa. Marie era de armas tomar. Le caía bien por poner a Scott en su sitio. Tal era el rechazo que sentía hacia Summers; nada que no fuera correspondido, desde luego.

-Diga lo que diga, seguirás sin creerme, así que ¿para qué molestarme en responder a eso?- replicó Scott, caminando en la dirección por donde habían venido Logan y él- Yo no tengo por qué aguantar esto.

Logan dio un resoplido, divertido.

-¿Adónde crees que vas?- le dijo a Scott, sin ir tras él- No debería ser yo el que tendría que decirte que te quedaras. Todo sea por obedecer al gran profesor- añadió, con burla.

Scott ladeó levemente la cabeza hacia ellos, molesto.

-¿Vienes o no vienes con nosotros?- le preguntó a Marie, con enojo.

-Iré, pero no por voluntad.

-Eso ya lo teníamos claro- masculló Scott, malhumorado.

-Solo iré si ayudáis a Warren- se apresuró a aclarar Marie.

Ángel bufó, todavía en la misma posición que antes y con los ojos cerrados.

-¿Warren es el ángel?- cuestionó Logan, acercándose al muchacho y contemplando el panorama.

-Tiene lo que se merece. ¿Acaso sigue vivo?- se burló Scott.

Marie lo fulminó con la mirada.

-¿Lo vais a ayudar o no?

-Necesitará suerte para llegar vivo al jet- opinó Logan, situando las manos por debajo de las axilas de Warren y tirando hacia él.

Ángel gimió de dolor cuando el ala rota rozó una de las portezuelas del coche.

-Ten más cuidado- lo reprendió Marie, ayudándolo a sacar al chico de allí.

-Es un poco difícil cuando tu compañero se queda a un lado fingiendo que no está para escaquearse del trabajo sucio- replicó Logan, dirigiéndose a Scott en realidad.

-No creo que el profesor quiera que...- comenzó él. Sin embargo, antes de que siguiera hablando, Logan lo interrumpió.

-El profesor quiere a Marie, y Marie vendrá si llevamos al ángel con nosotros.

Scott los miró con indecisión.

-Oh, vamos, no es tan difícil. En el colegio hay decenas de habitaciones vacías; el ángel podría habitar una aislada sin problema alguno- expuso Logan.

-Por favor- agregó Marie-, ayúdale.

Scott sacudió la cabeza, llamándose estúpido interiormente cuando se pasó uno de los brazos de Warren alrededor del cuello. Comenzaron a caminar bosque a través en un silencio sepulcral, únicamente interrumpido por la respiración costosa y los quejidos de Warren cuando hacían algún movimiento demasiado brusco. Finalmente, Marie rompió el hielo.

-¿Tormenta está bien?- preguntó, para sorpresa de todos.

-Sí, ella ha tenido más suerte- respondió Logan, mirando al frente.

-Algunos moratones pero nada roto- añadió Scott, con apatía.

-¿Dónde está vuestra otra compañera?- se interesó Marie- La pelirroja.

-Te refieres a Jean. Está en el jet- contestó Logan, con una media sonrisa.

-¿No estaba peleando con Blob y Sapo?- se preocupó ella- ¿Los habéis...?

-Si podemos evitarlo, nosotros no asesinamos- aclaró Scott- La masa debe estar recomponiéndose en algún sitio. En cuanto al sapo... no ha acabado tan bien.

-Me da lo mismo- cortó Marie.

-Vaya, no todo es amor y paz en el paraíso de la Hermandad- dijo Logan, con ironía- ¿Te llevas mal con él, Marie?

Los ojos de la chica se cruzaron con los de Warren, quien los tenía entrecerrados.

-No me llames Marie- dijo finalmente, con aflicción. Aquel nombre... Pietro era la única persona que lo había utilizado desde el principio y ahora... No sabía si lo volvería a ver.

Aun no podía creer que fuera a hacerlo. Abandonar la que había sido su casa más de un mes, pero el único sitio que había sentido como hogar en su vida. Todo para irse con otros desconocidos, que bien podían no darle el mismo buen trato que había recibido en la casa de Magneto. Abandonar a Pietro, y a la Hermandad. Hacerlo cuando le había prometido que no se iría. Pero Pietro ya habría encontrado a su hermana, ¿no? No estaría tan solo, y además, ella pensaba volver con la Hermandad después de que el famoso profesor hiciera lo que tuviera que hacer con la otra presencia que había en su cabeza. Como bien había dicho Raven, era su salud lo que estaba en juego, y Marie quería seguir estando cuerda.

-¿Cómo te llamo entonces?- cuestionó Logan, alzando una ceja.

-Pícara, sólo Pícara.

-No sé si eso es un avance o un retroceso en la confianza- declaró Logan, sin recibir respuesta alguna por parte de Marie.

-Vamos, démonos prisa- los instó Scott- Ahí está el jet.

A Marie le empezaron a sudar mucho las manos. El corazón comenzó a latirle en el pecho agitadamente. Era como un martillo que marcara un ritmo. Un, dos. Un, dos. Un, dos. Parecía estar contando los segundos que faltaban para que Marie dejara de tener la posibilidad de dar marcha atrás. "Tienes que hacerlo", se decía repetidamente. "La existencia de tu yo interno pende de un hilo", o cosas como "Lo hago para seguir siendo yo", "Es lo que merezco por ser tan estúpida". Y en verdad, Marie se sentía estúpida. Nada de aquello estaría sucediendo si no hubiera dejado a Wanda ir sola al baño el día del altercado en el centro comercial de Yonkers. Debería haber insistido. Por mucho que temiera su reacción, no debería haberle hecho caso. Ahora una cosa había llevado a la otra y Warren estaba allí, muriéndose porque aquel fatídico día Marie había tocado a Jean Grey y había absorbido su fénix. Realmente, la causa de que Warren estuviera en aquellas condiciones, era Marie. Y Marie no estaba dispuesta a dejarlo a su suerte, si encima ella era la responsable de que pereciera en algún lugar desconocido por hipotermia o hemorragia. Si los X-men podían hacerle recuperar a Warren, Marie se iría con ellos; más por Warren, que por ella misma. Y todo porque se sentía responsable. La repugnancia que se tenía a sí misma no hacía más que crecer, día tras día, ensombreciendo su vida cada vez más. Pero como dicen, cada cual tiene lo que merece y Marie creía que se lo merecía. Si perdía su salud mental, se lo merecería porque había hecho que Warren perdiera lo único que le quedaba, sus alas. Y si para recuperar esa salud mental, Marie tenía que alejarse de Pietro y de Dominik, lo haría. Porque, ¿qué era ese pequeño sacrificio comparado con la desgracia en la que había sumido a Warren?