Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.

CAPÍTULO 22. ¿Un cambio a mejor o a peor?

Bajó las escaleras, sin encontrarse con nadie por el camino. Se oían voces de adolescentes a través de las paredes. Debían estar en su tiempo de descanso o comiendo en alguna sala destinada a ello. En cualquier caso, Marie agradeció hallar el corredor vacío. No estaba de humor para encontrarse en la tesitura que le surgiría cuando dudara si saludar o no a personas que no conocía, y sobre todo, presentarse a aquellos extraños.

Pensando en eso, entró en las cocinas a paso ligero. Eran enormes, de techos altos y muy bien equipadas. A pesar de la cantidad de personas que vivirían en aquella casa, estaba impoluta. Caminó con lentitud, mirando a su alrededor y observando el sitio. Armarios aglutinados en un extremo, constituyendo numerosas despensas, y frigoríficos enormes en el otro. Había varios ventanales que iluminaban toda la estancia y en medio, varias mesas, que debían haber colocado allí por si a alguien le apetecía más comer en las cocinas que en otro sitio; al menos, eso fue lo que supuso Marie. También, varios fregaderos y vitrocerámicas. Marie no había visto en su vida una vitrocerámica, ya que aun no habían salido siquiera en el mercado. Sin embargo, Charles parecía un hombre adelantado a su tiempo, y con mucho dinero, por lo que podría permitirse el lujo de ser uno de los primeros en conseguir innovaciones para sí y su provecho.

Marie suspiró con alivio al ver más allá una chimenea; eso sí sabría utilizarlo si quería cocinarse algo caliente. No obstante, en aquel momento, no se encontraba muy hambrienta, por lo que se encaminó hacia una de las neveras. Había algunos tupperware en determinados estantes, con nombres como "Kitty", "Peter" o "Evan", que no significaban nada para Marie. Alicaída, buscó en los cajones del frigorífico, encontrando fruta. Tomó una manzana, que se escurrió entre sus dedos cuando sintió a través de la tela de la camiseta negra que llevaba, que le daban un golpecito en el hombro para llamar su atención.

Marie se dio la vuelta, con tanta violencia que cerró la puerta de la nevera con la espalda sin proponérselo. Frente a ella, estaba el chico de ojos verdes que había visto escondido la noche anterior, antes de que Logan la llevara a su cuarto. Frunció el ceño, descubriendo la sonrisa descarada que decoraba el rostro de él. Con todo, no se había percatado de que la manzana se había esfumado entre chispas azules antes de llegar al suelo, y que ahora se hallaba en las manos de otro muchacho, de piel azulada. Entre ambos adolescentes, había otro de tez pálida, corto cabello rubio y ojos azules; a Marie le pareció un chico un tanto asustadizo.

-Debes de ser la nueva- le dijo John, entonces, tendiéndole una mano.

Marie se quedó mirando la mano, reacia a dársela. John la retiró, sin borrar su sonrisa.

-Debes de ser el que estaba espiando anoche- replicó ella, de forma un poco hosca.

-Tú eres la chica que Scotty y su novia querían añadir a su armada de los súper perfectos- afirmó John, arrebatándole la manzana a Kurt y dándole un mordisco.

-Ya veo que los rumores corren deprisa- observó Marie, entornando los ojos y situando en la encimera la manzana mordida que John le había colocado en las manos, asqueada.

-No te imaginas cuánto- terció el chico de color azul, sentándose sobre la mesa de la cocina- Soy Kurt, Kurt Wagner.

Marie alzó la barbilla, señalando con ella a los otros dos adolescentes.

-¿Y vosotros?

-Bobby Drake- respondió el que estaba más rezagado, con un hilillo de voz.

-Señor John Allerdyce- contestó el de ojos verdes y cabello castaño claro- Estarás encantada de conocerme.

Marie bufó al escuchar aquello.

-Estoy tan encantada de conocerte como lo estoy de estar aquí- replicó ella, con hastío.

-¿No quieres estar aquí?- inquirió Bobby, acercándose algo más con indecisión.

-Obviamente no- dijo John, antes de que Marie pudiera abrir la boca para contestarle exactamente lo mismo- La pregunta que debemos hacernos es cómo ha llegado hasta aquí y por qué sigue estando aquí si no quiere- John se volvió entonces hacia ella, alzando una ceja- ¿Te tienen prisionera?

Marie no pudo evitar que sus labios se torcieran mostrando algo parecido a una pequeña sonrisa, para contento de John.

-Podría irme si quisiera- respondió ella, escuetamente.

-¿Y entonces por qué no lo haces si no quieres estar aquí?- cuestionó Kurt, abriendo la nevera y cogiendo otra manzana intacta, que le tendió a Marie. Ella la cogió, agradecida.

-Las circunstancias no me lo permiten.

-¿Qué circunstancias son esas?- se interesó John, apoyándose contra la encimera, junto a Marie.

-Unas que no te incumben- replicó Marie, comenzando a sentirse molesta- Siento ser antipática, pero ¿por qué eres tan cotilla?

-Es así desde siempre- declaró Bobby, rascándose la nuca.

-Así es- convino John, inclinándose levemente hacia ella-, pero tu caso me interesa especialmente.

-¿Y eso por qué?- cuestionó ella, apartándose un tanto.

-Puede que no nos recuerdes, pero ya nos hemos visto antes- afirmó John- En el centro comercial de Yonkers. Estabas con la Hermandad.

Marie le dio un bocado a su manzana, antes de responderle:

-Lo estaba.

-¿Cómo es?- preguntó entonces, John.

Marie alzó la vista para mirarlo, ceñuda.

-¿Cómo es qué?

-Magneto- aclaró él, encogiéndose de hombros- ¿Has tratado alguna vez con él?

Ella asintió, con aflicción, recordando la noche en que había perdido el control y había estado a punto de matar a Pietro. Los ojos casi llegaron a humedecérsele, pero llegó a contenerse a tiempo. No podía mostrarse tan débil delante de aquellos chicos. Y, sin embargo, ¿no era ella también una chiquilla perdida? ¿No seguía siéndolo? Sacudió la cabeza, alejándose de ellos.

-Perdonadme, tengo que irme- dijo, antes de dirigirse a zancadas hacia la puerta.

-¡Eh!- la llamó John, a su espalda- ¿Vas a ir a clase?

Sin embargo, Marie no pareció escucharlo y salió atropelladamente de las cocinas, corriendo a su habitación y deseando encontrar el camino antes de encontrarse con nadie más.

-No creo que ir a clases sea lo que más le importe en este momento- opinó Bobby, tomando asiento frente a John.

-No has debido hacerle tantas preguntas- lo recriminó Kurt, abriendo el frigorífico de nuevo para hacerse con un zumo de manzana.

-¿Qué sabréis vosotros?- les espetó John, malhumorado, caminando hacia la salida.

-Nada, lo mismo que tú- replicó Kurt, dejando el zumo a un lado- ¿Adónde vas?

-A hablar con ella.

-Deja de incordiarla, si no quieres que te haga daño- le aconsejó Bobby, girándose en su silla hacia él- Con el agobio que tenía encima, parecía ser bastante capaz de hacerlo.

-¿Se supone que eso que has dicho debería hacer que se me pasara por la cabeza el retractarme? Ni siquiera nos ha dicho cómo se llama.

Kurt negó en silencio, con desaprobación.

-Suerte encontrando su cuarto- le dijo, plenamente consciente de que John no daría su brazo a torcer.

El pirómano cerró la mano derecha en un puño y alzó el pulgar, antes de abandonar la estancia.

-Si no lo conociera, diría que le gusta- masculló Kurt, una vez John se hubo ido.

-No le gusta- contrarió Bobby- Está obsesionado con la Hermandad de Mutantes Diabólicos de Magneto, sólo eso. Y ella pertenece a la Hermandad.

Kurt asintió, pensativo, mientras le daba un primer sorbo a su zumo de manzana.

Entretanto, Marie subía los escalones que antes había bajado para ir a la cocina, deshaciendo el trayecto hasta el corredor donde había tenido la primera sesión de "desintoxicación" del fénix con el profesor. Se iba frotando las mejillas, distraídamente, limpiándose las lágrimas y maldiciéndose a sí misma por su debilidad, cuando chocó contra el pecho de alguien que le sacaba una cabeza de altura. Alzó los ojos, encontrándose con un grupo de dos chicos y dos chicas que tendrían más o menos su edad. Bastaba con que no deseara encontrarse con nadie para que se encontrara con el mayor número de personas posible. Abatida, se dijo que el camino hasta su cuarto tampoco era tan largo.

-Mira mejor por donde andas, idiota- le espetó el muchacho contra el cual había tropezado. Sus ojos eran negros y tenía el cabello blanco y de punta, lo que contrastaba con su tez morena.

Marie se apartó a un lado, sin responderle. Esperaba que siguieran bajando las escaleras, pero no lo hicieron.

Una de las chicas, de apariencia asiática, se adelantó y situó una mano en el hombro del chico que había insultado a Marie de esa manera tan gratuita.

-Evan, ¿esa no es la novia de Quicksilver?- dijo, señalando a Marie con el dedo.

El llamado Evan fijó su mirada en Marie, analizándola. Tras unos dos segundos, frunció el ceño.

-Júbilo tiene razón- apoyó el otro chico, musculoso y de mandíbula cuadrada.

Evan pareció enfurecerse.

-Si es así, ¿sabías que por culpa del capullo de tu novio y de tu amigo el pajarraco, mi tía estuvo varios días muy grave con una conmoción cerebral?- largó Evan, acercándose peligrosamente a Marie.

La pobre no hizo más que apretarse contra la pared, y llevar sus manos a la espalda. Lo máximo que consiguió apartarse de él fueron dos pasos. Ahora entendía por qué le parecía tan familiar su rostro. Debía ser el sobrino de Tormenta.

-¿No sería justo devolver la jugada?- cuestionó Evan, dejando ver su antebrazo, cuya piel comenzó a ondularse.

Marie se quedó muy quieta, sus ojos fijos en el clavo de hueso puntiagudo que emergió del interior de Evan. Como tenía las manos tras la espalda, consiguió quitarse un guante sin que nadie se percatara de ello.

-Tío, creo que deberías llevar esto con más calma- advirtió el otro chico, con preocupación- Tendrá sus razones para estar aquí si anda tan campante por los pasillos.

-Eso es cierto- convino la chica que no había dicho nada hasta entonces. El cabello liso, castaño y corto hacía que su cara pareciera más redonda de lo que era y largas pestañas rodeaban sus grandes ojos marrones- Los profesores la habrán dejado entrar.

Evan apretó la mandíbula. Parecía bastante dispuesto a hacer daño a Marie y le enfadaba el hecho de que sus amigos le pusieran trabas.

-¿Qué pasa, Daniels?- irrumpió una voz masculina tras ellos- ¿De nuevo causando problemas?

Evan, Júbilo, y los otros dos chicos se giraron al tiempo. Marie llevó la mirada más allá del hombro de Evan, descubriendo a John.

-¿De nuevo metiéndote en los problemas de los demás, Allerdyce?- replicó Evan, jugueteando con aquel fragmento de hueso punzante, pasándoselo de una mano a otra.

John esbozó una sonrisa torcida, abriendo el puño de su mano izquierda y dejando ver un mechero. Hizo lo mismo con la otra mano, pero en vez de un mechero, había una pequeña llamita de fuego.

-Es lo que hago en mi tiempo libre- declaró Pyros, encogiéndose de hombros.

-Ya- bufó Evan, con fastidio- Pues dedica tu preciado tiempo libre en otra cosa y sigue avanzando por el pasillo hasta que te pierda de vista.

-Te gustaría, ¿no? Pues resulta que no tengo la más mínima intención de irme. Haznos un favor a todos y vete tú- a continuación, John alzó el mentón, señalando con él a Marie- Deberías dejarla en paz.

-Hay tantas cosas que debería hacer...- suspiró Evan, con burla.

-Como irte, por ejemplo- indicó John, ufano.

La tensión era palpable en el ambiente. Era evidente que John no era santo de la devoción de Evan, y que era mutuo. El amigo de Daniels se puso a su lado y levantó una mano en un gesto apaciguador.

-Podríais tranquilizaros- dijo, tratando de calmar los ánimos- No hay motivos por los que tengáis que discutir en esta ocasión.

-¿Ah, no? Pues yo diría que sí- repuso John, divirtiéndose aunque sus rasgos no lo demostraran- Aléjate de mi prima, imbécil.

Marie abrió los ojos como platos, con sorpresa. Los otros se volvieron para mirarla con incredulidad. Mientras, John movió los labios silenciosamente, diciéndole que le siguiera el juego.

-¿Tu prima?- se carcajeó Evan- Venga ya, si seguro que ni siquiera se sabe tu nombre.

-John- dijo Marie, irguiéndose un tanto, cuando se recuperó de la impresión- Se llama John.

-¿Lo veis?- rió John a sus espaldas.

Evan se dio la vuelta, suspicaz.

-Eso no demuestra nada. Ha podido ser mera casualidad que acertara. Hay mucha gente que se llama así- replicó él, molesto- ¿Acaso te sabes tú su nombre?

-Claro- respondió John, adquiriendo un semblante más serio- Vaya pregunta más estúpida; es mi prima.

-Pues dínoslo- terció Júbilo, con interés.

Las neuronas de John hicieron sinapsis en una décima de segundo, buscando un nombre al rostro de Marie.

-Anna- contestó, nuevamente sorprendiendo a Marie.

-Por supuesto- resopló Evan- ¿Quién me prueba que ese es su nombre de verdad?

Marie se escabulló, situándose a la derecha de John.

-Si tanto interés tenías, podrías habérmelo preguntado a mí- contestó ella, alzando una ceja.

-Me importa un comino cómo te llames- masculló Evan, apretando los puños- Que Allerdyce y tú seáis primos no es algo que me vaya a quitar el sueño. Pienso hacerte pagar lo de mi tía.

-Inténtalo- lo instó John, con una sonrisa descarada, mientras hacía crecer la llama que yacía en su mano derecha-, a ver si tienes coj**es.

Evan caminó un paso hacia delante, haciendo que otra púa ósea sobresaliera de su antebrazo.

-Evan, detente- le pidió la chica de pelo corto y castaño- No caigas en su provocación...

El sobrino de Tormenta ladeó el rostro hacia ella por un momento.

-Kitty, agradezco tu fingida preocupación, pero aquí todos sabemos que lo que más te importa es tu propia seguridad- le espetó Evan- Vete si no quieres meterte en líos.

La muchacha apretó los labios y cerró los puños, antes de seguir su trayecto hacia abajo por las escaleras.

-Cálmate, Evan- intervino su amigo- Estás nervioso, todos lo estamos. Kitty tiene razón. Ya sabes como es Allerdyce...

-Sí, sí- cortó John- Allerdyce sigue aquí, ¿lo olvidáis?

Los hombros de Evan se tensaron un instante, antes de que se volviera y lanzara una de las púas hacia donde estaban John y Marie.

Marie no hizo más que agacharse y cubrirse el cuerpo con los brazos. Unos segundos después, separó los dedos del rostro, a tiempo de ver como John conseguía coger el hueso, con un reflejo sorprendente. Seguidamente, el fuego que había estado descansado en la palma de su mano derecha aumentó de tamaño hasta dar lugar a una gran llamarada que terminó abrasando el cabello de Evan. El sobrino de Ororo soltó un alarido, llevándose las manos a la cabeza tratando de apagar la llama. Mientras tanto, John reía sádicamente, como si estuviera disfrutando de lo lindo con la escena.

-¡Voy por un extintor!- avisó el amigo de Evan, corriendo escaleras abajo.

-Ya deberías saber que el fuego no se apagará a menos que yo quiera pararlo- se burló John, cruzándose de brazos.

Marie lo miró, escandalizada.

-¡Páralo, por favor!- le suplicó Júbilo, mientras se quitaba la chaqueta y la situaba sobre la cabeza de Evan, intentando hacer que el fuego se fuera- ¡Vas a matarlo!

-¿No es eso lo que él pretendía hacer con nosotros con su mala costumbre de lanzarnos pinchos sin motivo?- replicó John mordazmente.

-John, es suficiente- musitó Marie, incorporándose.

Viendo que el chico no parecía tener ninguna gana de acabar con todo aquello, ya que parecía todo un juego para él, Marie agarró su mano con la que tenía sin guante. La llama que había terminado con todo el cabello de Evan y que amenazaba con dejarle graves quemaduras en la cabeza, fue empequeñeciendo a medida que John perdía fuerzas. Marie alzó la mano que no sujetaba la de John, instintivamente, y pensó con todas sus fuerzas en su propósito: hacer que el fuego desapareciera. De ese modo, la llama se fue extinguiendo poco a poco, dejando ver la cabeza de Evan, ahora calva y amoratada.

John se tambaleó y Marie lo soltó, justo en el momento en que comenzaba a escuchar voces y sonidos, y la vista se le emborronaba. Tuvo que agarrarlo otra vez por debajo de las axilas, porque estuvo a punto de caer desvanecido al suelo.

-¡Ya estoy aquí!- anunció el chico que había ido a por el extintor, dejándolo a un lado para acercarse a su amigo, que se hallaba inconsciente en los brazos de Júbilo.

-¿Te sientes muy mal?- le preguntó Marie a John entretanto, tratando de apoyarlo contra la pared.

-Algo mareado- respondió él, en voz baja- ¿No vas a darme las gracias?

Marie clavó los ojos en su rostro lívido, en el que resaltaban sus iris verdes.

-Lo que acabas de hacer ahora mismo no ha estado bien- dijo, finalmente, volviendo a ponerse el guante en la mano que tenía descubierta.

-Tampoco lo que has hecho tú. Sólo trataba de defendernos- alegó John, irguiéndose hasta que su espalda entera terminó contra la pared.

-Puede que en un principio lo hicieras- susurró Marie-, pero te has pasado con el tal Evan.

-¿Y él no con nosotros?- replicó John, casi con enojo.

-Admite que querías lucirte- insistió ella- Admítelo y no volveré a decirte que haberle quemado la cabeza ha sido demasiado.

John la miró fijamente durante unos segundos.

-No es suficiente- concluyó. Antes de que Marie abriera la boca para contestarle, John la acalló con un gesto- Lo admitiré si me dices tu nombre.

-Anna- sonrió la chica- Has acertado.

-Mentirosa- la acusó él, devolviéndole la sonrisa- Sólo es un nombre, ¿qué te cuesta decírmelo? Yo te he dicho el mío.

-No te he mentido- replicó Marie, sentándose en el suelo a su lado- Mi nombre completo es Anna Marie.

-Apuesto por que suelen llamarte Marie.

-Solían...- respondió ella, apesadumbrada- En la Hermandad nos llamábamos por lo que Mística considera nombres reales.

-Nombres basados en la mutación, supongo- dedujo John, apartándose el pelo sudoroso de la frente, mientras observaba a los amigos de Evan, tratando de reanimarlo.

Marie asintió, volviendo la cabeza hacia el mismo sitio que John.

-El mío es Pícara- le dijo, tendiéndole una mano enguantada.

John se la dio, sonriente.

-Pyros.

-¿Qué demonios ha pasado aquí?- inquirió Scott, que acababa de aparecer tras rodear un recodo. Charles lo acompañaba.

-Ahora sí que estamos en problemas- refunfuñó John, frotándose la comisura del labio y borrando la sonrisa que éste dibujaba al mismo tiempo.

Marie tragó saliva cuando los ojos del profesor se fijaron en ella.

-Scott, acompaña a la señorita Lee. Llevaréis al señor Daniels a la enfermería- ordenó Charles, dándole la espalda a sus alumnos, y avanzando en la dirección por la que había venido- Rasputin- llamó al amigo de Evan-, Allerdyce, y Marie vendréis conmigo.

El recorrido por el pasillo siguiendo al profesor transcurrió silencioso, hasta que el chico al que Charles había llamado "Rasputin", - Marie supuso que ese debía ser su apellido-, rompió la calma.

-Así que... Evan tenía razón. No puedes ser su primo- le murmuró a John- Ni siquiera te sabes su nombre. Dijiste que se llamaba Anna, pero el profesor la ha llamado Marie.

Antes de que John pudiera decir algo, Marie se apresuró a responder en su lugar.

-Mi nombre es Anna Marie, pero Johnny es el único que me llama Anna.

Rasputin alzó una ceja, divertido.

-¿Johnny?- repitió, casi con sorna.

-No sé por qué te hace tanta gracia- replicó John, con fastidio- Es una broma entre nosotros, ¿verdad, Annie?

Marie lo aferró por el brazo, susurrándole amenazadoramente: "Por ahí sí que no paso". John se encogió de hombros, respondiéndole con un "Tú has empezado".

El amigo de Evan tuvo la sensación de que sobraba.

-¿Estáis seguros de que sois primos y no novios?

Marie se apartó de John como si le hubiera dado un calambre, enrojeciendo a más no poder. Por su parte, John sacudió la cabeza y se recolocó la chaqueta.

-Ya tengo novio, y no es John- aclaró Marie, desviando la mirada. Hubiera preferido la expresión "Ya tengo novio o algo parecido", pero no hubiera sonado tan firme. Además, Pietro era lo más similar a un novio que había tenido en su vida, porque con Cody no había llegado a sentir mucho más que un hormigueo en las manos al verlo y no se había pasado los días enteros pensando en él antes de que lo dejara en coma. Recordar a Pietro de nuevo, hizo que reapareciera la congoja que había sentido cuando salió apresuradamente de las cocinas unos minutos antes.

"Graciosa vuestra conversación" comentó el profesor en la mente de sus alumnos. Marie, John y Rasputin se miraron entre ellos, desconcertados. Charles iba varios metros por delante, no podía haber escuchado gran parte de lo que habían estado hablando.

-Siento el comportamiento de Evan- dijo entonces el chico fornido.

-Pues no le perdono- resopló John- ¿cómo te quedas?

-No te hablaba a ti, zopenco; me dirigía a ella.

Marie ladeó el rostro hacia él, prestando atención sin mucho interés.

-Cuando se altera, le es difícil controlarse. Te agradezco que lo hayas ayudado antes. No deberíamos prejuzgar a los demás con tanta rapidez- reconoció Rasputin, algo avergonzado, mientras se rascaba la nuca- Me llamo Peter.

Marie asintió, aceptando su disculpa.

-Todos cometemos errores, muchas veces sin darnos cuenta- musitó ella, sin saber muy bien qué más decir. Sin embargo, a Peter pareció bastarle con eso.

-¿Estás seguro de que esta muestra de consideración hacia mi prima Anna no es porque el profesor está ahí delante?- soltó John, entornando los ojos.

-Rasputin está siendo más honesto que tú, Allerdyce- terció Charles, abriendo la puerta de su despacho e invitándolos a pasar y tomar asiento, mientras él se situaba cerca de la ventana- Por cierto, que Anna Marie y tú seáis primos es una novedad- agregó, con una ligera sonrisa.

Tensa, Marie comenzó a mover el pie derecho de forma casi frenética, golpeando el parqué. Evidentemente el profesor sabía que no tenían ningún parentesco, pero no añadió nada más. Marie pensó que John había llevado la bromita demasiado lejos. Sin embargo, algo tan banal como que los alumnos de aquella escuela creyeran que era prima suya no le preocupaba mucho; lo que sí lo hacía, eran las razones por las cuales el profesor los había llevado hasta su estudio. Cuando les había dicho que lo acompañaran, parecía severo. De hecho, su semblante había cambiado nuevamente, y toda curva que trazaran sus labios había desaparecido, dando lugar a una expresión pétrea. Seguramente, todo aquello se debiera a lo acontecido con Evan. No se equivocó.

-¿Tenéis alguna idea de por qué ha comenzado la pelea?- preguntó entonces, Charles, colocando los antebrazos sobre la mesa y entrelazando los dedos de las manos. Marie se fijó en que eran largos y finos, y rápidamente se recriminó a sí misma por pensar en aquello en esos momentos.

-La ha comenzado Allerdyce- acusó Peter.

-Además de lelo, trolero- refunfuñó John, cruzándose de brazos- La comenzó Daniels, obviamente.

-Eso no es cierto- replicó el amigo de Evan- Él lo provocó.

El profesor calló por unos instantes, y luego miró a Marie con fijeza. Ella se ruborizó un tanto al darse cuenta de que todas las miradas se fijaban en su persona.

-Marie, tú estabas allí. ¿Qué fue lo que pasó?- inquirió Charles.

Marie entreabrió la boca, pero Rasputin habló primero.

-¡Eso no es justo! No le puede preguntar a ella, que es la prima de Allerdyce. ¡Se pondrá de su parte!

Charles alzó la ceja, pero no hizo ningún comentario sobre eso.

-Me interesa su opinión especialmente. Tiene tanto derecho a hablar como cualquiera de vosotros- el profesor se volvió hacia la chica, expectante- Adelante, Marie.

La muchacha guardó silencio por un momento, ya que tenía un dilema interno. Por un lado, Peter había tenido razón al decir que John había provocado a Evan, pero por otra parte, Evan había estado dispuesto a hacerle daño, mucho daño, y John la había defendido, a pesar de que no había sido muy amable con él cuando lo conoció en las cocinas. El problema era que sí bien era cierto lo que el profesor había dicho sobre enjaular al fénix que habitaba en su interior, Marie pasaría mucho tiempo en aquel colegio y tendría que relacionarse aunque no quisiera con John y con Rasputin. Si le echaba la culpa a uno de los dos por lo que había sucedido, ¿eso después no tendría repercusiones negativas hacia ella? Quizá lo mejor sería no ponerse de parte de nadie, no darle la razón ni a John ni a Peter. Lo peor de todo era que Marie tenía bien presente que Charles sabía todo lo que pasaba por su mente en aquel momento de silencio, y eso lo hacía todo más difícil.

Finalmente, Marie alzó la mirada, preparada para contestar.

N/A: Buenas! Siento no haber podido actualizar, pero como me considero una persona que cumple con lo que dice y llevo- si no me equivoco- tres semanas sin subir nuevos caps, ya que prometí que eran dos por semana, pienso subir hoy 6 de golpe:) Un saludo!