Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.

CAPÍTULO 30. Alevosía.

Cinco adolescentes aterrizaron entre chispas oscuras frente a la Mansión X. Para ese entonces, había varias personas esperándolos en la entrada de la escuela, entre ellas, el profesor.

Ante su mirada severa, Bobby inclinó la cabeza, sumiso. Kitty se detuvo a su lado, mientras Kurt, que cargaba a Marie en brazos, hacía lo mismo. John se mantenía junto a ellos con los brazos cruzados y con un semblante abstraído.

Uno de los que estaban en la entrada era Scott Summers, cuya expresión era colérica.

-¿Vosotros… no sabréis dónde está mi coche?- les soltó, apretando la mandíbula.

-Muerto- respondió John, encogiéndose de hombros- Usted puede aclarárselo, ¿no es cierto?- añadió, dirigiéndose a Charles, que frunció el ceño hasta que le salió una arruga bien marcada en la frente.

-¿Qué habéis hecho con Pícara?- cuestionó Logan, tendiendo los brazos hacia Kurt para llevársela consigo. Evidentemente no parecía que le costara mucho cargar con ella, a diferencia de Kurt, que ya tenía entumecidas sus extremidades superiores.

-Hubo un accidente y…- trató de decir Kitty, trabándose con las palabras. Estaba muy nerviosa y se frotaba compulsivamente las uñas del índice y del corazón de la mano derecha contra el pulgar.

-Ya sabemos que ha habido un accidente- la cortó el profesor- En breve, saldrá en las noticias. Lo que no alcanzamos a comprender es qué hacíais en el lugar donde ha tenido lugar dicho accidente.

Ninguno de los muchachos respondió en un principio, hasta que Bobby se adelantó un paso con la cabeza gacha. Su rostro estaba contraído en una fea mueca de culpabilidad.

-John nos convenció para que fuéramos a ver una película hoy. Ni Anna ni él pudieron acompañarnos el otro día a la excursión a Yonkers porque estaban castigados- comenzó, sin mirar en ningún momento a los ojos al profesor- Kitty, Kurt y yo aceptamos la proposición porque llevábamos ya tiempo queriendo ver esa película en concreto, y el otro día no pudimos hacerlo. Anna también quiso ir, supongo que porque querría salir un rato de aquí…

-No- terció John, carraspeando- Eso último no es exactamente así.

-¿Cómo es, entonces?- preguntó Jean, avanzando unos pasos hacia él, con un rictus amargo.

-Si Anna quiso ir, fue porque yo la convencí para hacerlo- respondió, callándose el trato absurdo que había hecho con ella por el cual él cumplía con su castigo y ella iba con ellos al cine. Aquello obviamente solo había sido una excusa para invitarla a salir con él y con sus amigos porque no había querido pedírselo directamente- Nunca había estado en el cine.

-¿Nunca?- reiteró Scott, incrédulo- Eso no es creíble, Allerdyce.

-Dice la verdad- intervino Charles, haciéndoles un gesto para que entraran con él en el colegio- En donde ella vivía antes de que la encontrara Eric, no había cine, y tampoco salió nunca de allí, así que no tuvo oportunidad.

Scott calló, sin contestar a eso.

-De todas formas, se merecen un castigo- dijo entonces Jean, con malicia- ¿no cree, profesor? Han quedado a Scott sin coche.

-¡Pero la idea de ir fue de John!- protestó Bobby, con indignación.

-Tú has venido igualmente, ¿no?- replicó John, con mordacidad.

En aquel instante, Marie abría los ojos, recuperando la consciencia. Parpadeó varias veces antes de enfocar el rostro de Logan, que la miraba con su sonrisa lobuna.

Sin mover demasiado la cabeza, ya que sabía que podía marearse si lo hacía con brusquedad, observó su alrededor, con desconcierto.

-Ya estás en casa- le indicó Logan, sin soltarla- Estás a salvo, nena.

-A salvo- repitió ella en voz baja, como si estuviera saboreando lo que acababa de decir- ¿Adónde van?- inquirió, refiriéndose al resto; el profesor, Jean, Scott, y sus amigos iban por delante, acompañados por otros estudiantes que Marie no conocía.

-A ver las noticias. Ahora deben estar echando en televisión lo que ha pasado en Yonkers.

-Llévame con ellos- le pidió ella- Quiero verlas también.

-No sé si…- vaciló Logan, aunque sabía que acabaría por ceder.

-Por favor.

-Bien, pero después directa a la cama. Tengo que procurar el bien de la muchachita que salvó mi vida- agregó él, con una sonrisa.

Marie soltó una risita, acomodándose en sus brazos.

-¿Cómo está Warren?- preguntó entonces.

Recordar que le había parecido ver a los miembros de la Hermandad en el centro comercial, le había hecho acordarse de él y de su inestabilidad emocional.

-¿Tu amigo, el angelito?- cuestionó Logan, alzando una ceja, mientras se internaba con ella en la gran sala de estar- Ahí está, en un rincón. Es bueno agenciándose de los mejores sitios desde los que ver la televisión.

-Déjame en el suelo, con él- solicitó Marie-, si no es mucha molestia.

Logan rió brevemente entre dientes, haciendo caso de lo que le había pedido y permaneciendo de pie a su espalda por si en algún momento se caía hacia atrás por debilidad y necesitaba un apoyo.

-Me alegro de que hayas llegado completa- le dijo Ángel en un susurro, sus ojos claros fijos en la televisión- Después de la última vez que estuviste en un centro comercial sin avisar de que ibas allí, todavía te atreves a hacer lo mismo. Eres un tanto temeraria.

Marie sonrió, mirando también a la televisión, mientras le acariciaba el antebrazo levemente con su mano enguantada. Sabía que aquel era el modo que tenía Warren de expresarle su preocupación por ella.

"…nuevamente, señores. Parece que la ciudad de Yonkers es el punto de mira de la banda terrorista mutante más importante conocida hasta el momento, la Hermandad de Mutantes Diabólicos de Magneto. Ya no hay duda, con un acto tan vil como este por su parte, el gobierno ha declarado el inicio de la guerra contra la llamada causa mutante por la que el criminal Eric Lehnsherr ha causado tantos estragos. Veinte muertos y ochenta heridos. Esta vez han sobrepasado los límites…"

Marie intercambió una mirada significativa con Warren, antes de regresar toda su atención a la pantalla.

"…se sospechaba que fue la Hermandad de Mutantes la que ocasionó aquel incendio en otro centro comercial hace aproximadamente unas dos semanas, pero ahora, obtenidas con nitidez varias imágenes que sitúan a algunos de sus integrantes en la escena del crimen, queda demostrado que son los responsables de las muertes y de la cifra tan elevada de heridos…"

La periodista rubia que había estado relatando los hechos acontecidos dio paso a una serie de fotografías, que seguían siendo en blanco y negro, la primera de las cuales, conmocionó a más de uno en la estancia. Era un retrato similar a una foto de carné, en la que aparecía un hombre joven de pelo oscuro y lacio, y unos peculiares ojos marrones rojizos, de mandíbula firme y pómulos elevados, además de cejas levemente alzadas en los extremos.

"Este hombre que ustedes ven en la imagen, es el famoso delincuente Dominik Ioannis Petros, identificado gracias a confirmaciones por parte del gobierno de Grecia. Según datos e informes, Petros ha amenazado en varias ocasiones al banco BBVA con provocar terremotos que destruyeran la zona en la que estaban construidas sus oficinas, a cambio de altas sumas de dinero. Además, se sabe que a su corta edad de veintidós años ha participado en varios atentados, entre los que se encuentra el que tuvo lugar el pasado dos de diciembre contra el senador Kelly…"

-No puede ser…- se le escapó a Kitty, lo suficientemente alto como para que el resto de los presentes en la estancia se enterara y girara la cabeza para mirarla brevemente antes de volverla hacia la televisión.

Otra fotografía fue mostrada en la pantalla, en la que salía el otro hombre joven que John había visto hacía una hora junto con Magneto. Tenía el cabello claro, por lo que podía diferenciarse en la imagen. Una imagen en la que lo abrasaba todo a su paso con un halo de luz, provocando que las paredes del edificio cayeran por su propio peso.

Warren frunció el ceño, tratando de vislumbrar la forma del rayo emitido por el chico de la fotografía. Como si supiera lo que estaba pensando, Charles ladeó levemente el rostro hacia él por un momento; gesto que no le pasó desapercibido a Warren.

"… Al contrario que Petros, a este joven nunca se le ha relacionado con la Hermandad de Mutantes Diabólicos de Magneto, pero está implicado en el ataque que ha tenido lugar esta noche en Yonkers. Esto significa que Magneto está reclutando a otros mutantes para su causa y que, de ahora en adelante, deben tener mucho cuidado a la hora de ir a lugares demasiado concurridos, por otros posibles ataques terroristas de esta índole. En cuanto a los civiles que carguen con mutaciones determinantes, les rogamos que se conciencien en lo que respecta a la situación que estamos viviendo en estos días de tragedia, y recordarles por el bien de todos que deben registrarse en la comisaría más cercana antes de la fecha límite que se establecerá el próximo mes de junio…"

Cuando Scott apagó la televisión y los estudiantes que Marie no conocía disgregaron su comitiva, Marie seguía con los ojos fijos en el televisor y la mirada perdida.

Antes de que nadie se percatara, ya había salido de la sala de estar a paso ligero, en dirección a su cuarto. Ni Logan ni Ángel ni el profesor hicieron nada por detenerla, pero tampoco se percató de ello.

No le importaba nada. No le importaba si les volvían a imponer un ridículo castigo por haber escapado de la escuela, poniendo en riesgo sus vidas, y haberse deshecho del coche de Scott. No le importaba el veredicto de Charles, ni le importaba si la culpaban a ella de haber instado a los otros a salir sin permiso. No le importaba lo que dijeran de ella por haber pertenecido a la Hermandad. Solo le importaba una cosa: los que había creído sus amigos eran unos asesinos.

Abrió la puerta de su habitación, dándole al interruptor de la luz con violencia y se dirigió hacia el gran ventanal, apoyando las manos sobre el alféizar. Era poco consciente de las lágrimas que humedecían ahora sus mejillas.

Se sentía engañada y ultrajada, aunque los miembros de la Hermandad nunca le hubieran negado ni afirmado que mataban a humanos y a personas inocentes. Ella siempre había querido negárselo a sí misma, a pesar de que lo sabía. Lo supo desde el primer momento, cuando tocó a Sapo por primera vez y lo vio matando a un hombre de un salto. Pero no había querido creerlo, a pesar de todas las veces que había desconfiado de los miembros de la Hermandad.

Ángel odiaba a los humanos, pero ¿los odiaba lo suficiente como para matarlos él mismo? En cuanto a Pietro… Pietro era diferente, porque lo era ¿verdad? Podía aceptar que robase, pero no podría aceptar que matara a inocentes. No, estaba totalmente segura de que él no haría eso, de que era bueno. Sin embargo, en ese momento en el que la duda la corroía por dentro, deseaba tanto preguntárselo y no lo tenía al lado…

Si solo supiera que él estaba unos metros por debajo, escondido en la penumbra tras un árbol, observando su figura que contrastaba contra la luz procedente de su cuarto. Cuando decidió que era el momento de mostrarse ante ella, Marie se apartó del ventanal. Alguien había irrumpido en la estancia.

-¿Por qué te has ido así?- cuestionó John, cerrando la puerta tras de sí.

Marie se limpió las lágrimas con tanta furia, que se hizo daño.

-Estoy harta- dijo, a duras penas- Harta de todo esto. Me siento rota por dentro. Las únicas personas a las que he llegado a apreciar son unos asesinos.

-¿No lo sabías?- le preguntó él, acercándose- Estuviste viviendo con ellos.

-Me estuve mintiendo a mí misma todo el tiempo- susurró Marie, ahogando un sollozo- Quería creer que no era así, pero me equivoqué. Me he empeñado siempre en defenderlos, en intentar hacer recapacitar a los que los calificaban como criminales. Soy una estúpida. Ha tenido que salir en la tele un número de muertos y la cara de Dominik para darme cuenta.

-No seas tan dura contigo misma- respondió John, sosteniéndola por los hombros- Podrán ser asesinos, pero lo hacen por una buena causa- al ver que ella fruncía el ceño, añadió lo que Charles y su séquito solían decir-, quizá no lo hagan de la forma que la mayoría creemos la adecuada, pero pelean por nuestra supervivencia.

Marie sonrió levemente.

-Sé que no lo piensas de verdad- le dijo, para su sorpresa- Pero agradezco que te hayas preocupado por mí.

John adoptó un semblante serio y Marie notó su cuerpo en tensión cuando lo abrazó, con cuidado de no rozar su piel desnuda. Él levantó sus manos lenta y torpemente, devolviéndoselo.

Para John, los abrazos eran una experiencia nueva y desconocida. Dado que era huérfano y siempre se había empecinado en apartar de sí a los demás, nunca había recibido uno, aunque sí había visto a otros darlos y conocía el procedimiento. Le producía una sensación cálida y excitante, que lo inquietó hasta tal punto que lo hizo apartar a Marie de sí con cautela, devolviéndole la mirada, incómodo.

El abrazo fue corto, pero duró lo suficiente para que Pietro, que había escalado hasta una rama del árbol que le permitía seguir estando oculto, lo viera. Su rostro permaneció inalterable; sin embargo, sus ojos adquirieron la tonalidad grisácea similar al acero que los caracterizaba cuando la ira se apoderaba de él.

Pietro preocupándose por ella, por su bienestar, cuando a Marie ni siquiera se le había pasado por la cabeza tras haber visto las noticias, que él también podía haber estado en el ataque al centro comercial. Evidentemente, Pietro no había escuchado la breve conversación que se había establecido entre Marie y John, pero no le hacía falta. Había visto la familiaridad que había entre ellos, cómo Marie había dado el paso y lo había abrazado. El interior de Pietro bullía como si un caldo ardiendo que estaba a punto de derramarse de una olla ocupara su interior y arrasara con todo. No lograba recordar que Marie hubiera tenido el mismo gesto con él; siempre había sido él el que se había acercado a ella.

Siempre había tenido razones para dudar de Marie y hasta ahora no se había percatado de ello. Nunca había sido Warren ni ningún otro… Él mismo era el problema. Había estado obcecado, creyendo que ella le tenía al menos un mínimo de cariño, pero ni siquiera eso. Sólo le había interesado Marie, sin preocuparse si lo que sentía hacia ella era o no correspondido, por su propia vanidad. Ororo había tenido razón aquel día en la tienda de deportes al decir que estaba demasiado pagado de sí mismo, aunque quizá no en el sentido sobre el que ahora reflexionaba Pietro.

Se dio la vuelta, dispuesto a marcharse de allí. Cegado por la rabia y por el sentimiento de traición que lo embargaba, pensó que no quería volver a ver a Marie nunca más.

Saltó del árbol en el instante en que percibió la presencia próxima de Lobezno, que husmeaba el aire unos metros más allá, sin haberlo visto todavía. Justo en el momento en el que Logan giraba la cabeza en su dirección, desapareció tan rápido, que levantó una fuerte ráfaga de viento.

Logan exhaló un suspiro, inclinando un tanto la cabeza. Por un segundo le había parecido detectar el aroma conocido de Quicksilver, pero debía habérselo imaginado. No lo veía por ninguna parte y si Quicksilver estuviera allí, oiría su respiración.

En la morada de la Hermandad, Raven hablaba en voz baja por teléfono con una mano cercana a la boca para que hubiera menos posibilidades de que cualquiera que anduviera por allí la escuchara. Sin embargo, fingía no darse cuenta de que ya alguien aparte de su interlocutora se interesaba por su conversación a escondidas, oculto en las sombras de su habitación.

-Estaba allí también- susurró Mística, caminando hacia la ventana, cuyas persianas estaban casi cerradas-… Sí, me encuentro perfectamente, no te preocupes.

La otra persona presente en el cuarto que se creía desapercibida, entornó sus ojos, negros como la noche.

-…¿Qué querías que hiciera? No podía dejar que estuviera allí; iban a provocar algo con repercusiones muy similares a las de una bomba…

Raven calló, escuchando lo que le decían al otro lado de la línea telefónica.

-…Sí, sé que está bien… Sí, sí sé que no tenía por qué arriesgarme a ser descubierta, pero me siento responsable de la chica… Yo también debería colgar.

Dicho eso, Mística puso fin a la conexión colgando el teléfono, sin tardar en volverse hacia Sapo, que estaba agazapado en la penumbra.

-¿No tienes otras cosas que hacer aparte de entrometerte en los asuntos ajenos?- le espetó ella, mientras lo observaba levantarse.

A pesar de que estaba de pie, Sapo se mantenía encorvado y la miraba con una mezcla de diversión y aversión.

-No son asuntos ajenos de mi señor cuando su ramera lo traiciona, no solo hablando con su "amiguita", sino también ocultándole cosas- siseó él, aproximándose a Mística.

Raven no movió un músculo mientras lo veía acercarse, en tensión.

-¿Cosas?- repitió ella, con suavidad peligrosa- ¿Qué cosas habría de ocultarle una "ramera" a tu señor?

-Estuvo en el ataque de esta noche sin que se le ordenara hacerlo, protegiendo a una chica, a la chiquilla malcriada que se fue, cuando lo que debería haber hecho era traerla ante mi señor, como él desea.

Mística inspiró aire casi imperceptiblemente.

-Como siervo fiel que soy, me veo obligado a informar a mi señor…

Sucedió muy rápido. Antes de que acabara la frase, ya estaba siendo aporreado en la cabeza con el pico de un cuadro que Mística se había molestado en colgar de la pared del cuarto en el que ahora dormía. "Extrañamente" alguien se había encargado de afilar las esquinas del marco.

Con dos golpes, Sapo terminó en el suelo, inerte, y la sangre salpicó el piso. Sin embargo, Raven no se detuvo y le siguió golpeando. No era propio de ella ensañarse, pero odiaba a Sapo mucho más de lo que había odiado a nadie en los últimos años.

-Te lo advertí- susurró la mujer, pasándose la lengua por los labios.

Los que se interponían en su camino eran un estorbo, más tratándose de Eric. Nunca había sido alguien que soportara bien tener estorbos constantemente en su camino.

No había sido ningún impulso lo que la había llevado a terminar con Sapo; ya lo tenía premeditado. El problema sería deshacerse del cuerpo, pero ya encontraría una forma. Mientras tanto, podría hacerse pasar por él y casi podría afirmar con seguridad que nadie se percataría de que no era Sapo, ya que lo conocía lo bastante como para saber cómo actuaría en casi cualquier situación.