Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.
CAPÍTULO 34. Revelaciones.
Cuando a la mañana siguiente Logan despertaba de su letargo, se encontró con unos grandes ojos verdes preocupados pertenecientes a un rostro femenino. Su primer impulso fue llamarla Jean, pero se contuvo a tiempo. Poco a poco todo su alrededor fue cobrando forma y descubrió el rostro cercano de Marie. Le hubiera gustado más que Jean estuviera allí con él, haberse topado con el verde de sus ojos, tan parecido al de Marie. Sin embargo, a Jean no le importaba Logan, y a Marie sí. Marie estaba junto a él cuando nadie lo había estado en mucho tiempo. Detrás de ella, se hallaba Ángel y no parecía haber nadie más aparte de ellos en la habitación.
Logan pensó que era extraño e irónico que tras el año que había pasado con los X-men ninguno de sus convivientes se hubiera preocupado por él, y que tuvieran que venir dos desconocidos, que para colmo habían pertenecido a la Hermandad de Magneto, para que eso cambiara. Ese último hecho no disminuía su alegría.
-Oh, Logan, espero que puedas perdonarme- susurraba Marie, aferrado una de sus manos con las suyas enguantadas.
Logan frunció el ceño como pudo.
-¿Perdonarte?- preguntó, desconcertado- ¿Por qué?
-Por dejarte allí, a merced de ese energúmeno- respondió ella, entristecida.
-Me obedeciste y te fuiste; no tengo nada que perdonarte, nena- sonrió él, en un gesto tranquilizador- Me alegra que me hicieras caso. Lo único que hubieras logrado quedándote allí sería que te hubiera matado Víctor.
-Eso mismo le dije yo- terció Warren, acercándose y sentándose en una de las esquinas de la cama sobre la que estaba recostado Logan-, pero siempre supe que hasta que no se lo dijeras tú, no atendería a razones.
Logan asintió, acariciando la cabellera de la chica y dejando la mano después a un lado, con cansancio.
-Lo importante es que estamos bien- dijo, mirándola- ¿Qué tal va la herida de tu pierna?
Marie alzó la cabeza, devolviéndole la mirada con ojos humedecidos.
-Se curó en cuanto te toqué, justo antes de que ese monstruo se lanzara contra ti.
-Es un alivio saber que pudieras salir huyendo sin problema- contestó Logan, satisfecho.
Su expresión cambió cuando vio el cambio en el semblante de Marie.
-¿Qué pasa?
-Tengo que contaros algo- susurró Marie, con vacilación.
Warren alzó una ceja al escucharla.
-¿Hay algo sobre ayer que no me hayas contado todavía?
Marie se volvió hacia él, inclinando la cabeza en señal de afirmación y desviando los ojos, compungida.
-No os lo iba a decir a ninguno- confesó ella-, a nadie, en realidad. Pero creo que es importante; sobre todo, por ti, Warren- añadió, fijando los ojos en los de Ángel- Puede que haya una solución para tu ala inutilizada.
Warren se cruzó de brazos y la miró con una expresión lejos de ser amistosa.
-No bromees con eso- masculló, apartando la mirada.
-Ya me conoces, no suelo bromear con nada- contestó Marie, sin darse por vencida- En eso nos parecemos.
-¿Qué es lo que nos querías decir, nena?- preguntó Logan, con hastío.
-Cuando Víctor nos empujó y rompió la ventana, yo terminé en medio de la carretera- comenzó Marie, sin ser capaz de mirar a ninguno de sus amigos a los ojos- No salí corriendo de allí como te dije, Warren.
Ángel no dijo nada al respecto, esperando a que continuara hablando. Marie tragó saliva y fijó la mirada en un punto concreto de la pared opuesta de la habitación.
-Estuvieron a punto de atropellarme; de hecho, lo hubieran hecho de no ser porque Pietro me salvó- dijo Marie, de un tirón.
Hubo un breve silencio antes de que Warren lo rompiera.
-¿Pietro?- repitió, alzando una delgada ceja rubia- ¿Qué hacía allí?
-No lo sé, no me dijo nada- respondió ella, aguantando las lágrimas que amenazaban con verterse de sus ojos.
-¿Qué tiene que ver con el ala del angelito?- cuestionó entonces, Logan.
Marie trató de sosegarse antes de contestarle.
-Él tenía una herida en la mano- explicó con voz débil-, una herida que se curó cuando yo lo toqué, sin guantes.
-Y antes me habías tocado a mí- razonó Logan- Así que, ¿crees que…?
Marie asintió, volviendo el rostro hacia Warren, que tenía la mirada ausente.
-Creo que podría canalizar tus poderes y entregárselos a Warren por un rato, hasta que se le regenere el ala.
-Estaría dispuesto- convino Lobezno, inclinando la cabeza.
-Yo no- replicó Ángel, con voz ahogada, para sorpresa de Logan y de Marie.
Dicho eso, se levantó y caminó lo más deprisa que pudo hasta la puerta, con ayuda del bastón.
-¡Warren, espera!- lo llamó Marie, poniéndose en pie. En ese momento acababa de cerrar la puerta tras de sí.
-No parece que le guste mucho la idea- opinó Logan, apoyándose de nuevo sobre la almohada.
-Lo convenceré- aseguró Marie, con los puños cerrados y determinación.
-Estoy seguro de que lo harás- sonrió él, observando cómo Marie se inclinaba levemente de nuevo y volvía a cogerle la mano derecha, depositando un breve beso en ella.
-Gracias por todo, Logan- le respondió ella, con una sonrisa resplandeciente- Ojalá en este mundo hubiera más gente como tú- añadió, antes de marcharse con ligereza para buscar a Warren
Logan cerró los ojos, sintiéndose más tranquilo de lo que lo había hecho en mucho tiempo.
Cuando Pietro llegó a la casa que compartía con el resto de miembros de la Hermandad, lo hizo como un vendaval. A la velocidad que llevaba, la puerta se cerró tras el chico con tal violencia que hizo retumbar las paredes.
Se detuvo con un trompicón frente a las escaleras, donde Alex lo esperaba sentado en el cuarto escalón.
-Menos mal que me has visto, tío- le dijo a modo de saludo, poniéndose en pie y avanzando hacia él- Pensé que me arrollabas.
Pietro gruñó en respuesta, dispuesto a pasar de largo y hacer como si Alex no estuviera allí. Sin embargo, Alex no lo iba a dejar ir tan fácilmente y se interpuso en su camino, de brazos cruzados.
Malhumorado, Pietro frunció el ceño, alzando los ojos azules para mirarlo, ya que era algo más alto que él. Estaba tan cerca que podía ver los dos lunares de su cuello, uno junto a la clavícula izquierda y el otro en la barbilla en el lado derecho.
-No sé qué te habrá puesto de tan mala leche ahí fuera, pero te recuerdo que habíamos quedado en algo- dijo Alex directamente-, y debemos hablar de eso antes de que llegue tu mentora.
A pesar de que no le apetecía en absoluto hablar con nadie de nada en aquellos momentos, Pietro asintió de mala gana.
-Mejor vayamos a algún lugar que no esté en medio de todo- lo instó Alex, al cabo, comenzando a subir los escalones hacia su habitación- Hay muchos cotillas en esta casa.
-Nosotros lo somos, si no, no tendríamos nada de qué hablar- replicó Pietro, yendo tras él.
Alex hizo caso omiso de sus malos modos, y tras un par de minutos, lo invitó a entrar en su cuarto, tras comprobar varias veces que el pasillo estaba vacío y que en las estancias circundantes no había nadie. Magneto seguramente estaría en sus aposentos y Betsy se encontraba con Dominik haciendo la cena. En cuanto a Mística y a Dientes de Sable, nadie sabía dónde se habían metido, a excepción de Pietro, quien los había seguido aquella tarde, encontrándose con una sorpresa no muy agradable.
-¿Y bien?- le preguntó Alex, recostándose sobre el suelo, entre la cama y la ventana. Si alguien hubiera entrado en la habitación en ese instante, no lo habría visto- ¿Adónde iba nuestro escuerzo impostor?
Pietro se cruzó de brazos, apoyándose contra la pared que Alex tenía enfrente, y se tomó su tiempo para contestar. Aquel cuarto solo tenía lo necesario: una cama, una mesilla, una silla, una mesa destartalada y una puerta que daba al cuarto de baño. Las paredes apenas estaban pintadas, hasta tal punto, que pareciera que el ocupante vivía en la indigencia.
-Primero se disfrazó de mí; una triste imitación, por supuesto- respondió al cabo, entornando los ojos- Era mucho más lenta. Tiene una furgoneta blanca escondida en un claro del bosque- añadió, recordando con tristeza, que Mística había utilizado aquel mismo vehículo para llevarse a Wanda- Ha viajado a Bedford.
-Supongo que ha debido de suponer un esfuerzo soberano para ti seguirla hasta allí- le dijo Alex, con ironía.
Pietro le dedicó una media sonrisa antes de seguir hablando. Quizá en otras circunstancias se hubiera molestado en replicarle, pero no estaba de humor. Se encontraba agotado emocionalmente y lo único que quería era irse a dormir.
-En el pueblo, se hizo pasar por un cartero gordo para sacar una carta de un buzón- prosiguió- No sé qué ponía, pero creo que era de… Bueno, una chica que tú no conoces y que estuvo aquí hace poco pero que ahora está con los frikis X.
-Ah, ¿te refieres a tu novia?- bromeó Alex, quien al ver la expresión pálida y sorprendida de Pietro, agregó- No te sorprendas tanto. Desde que estoy aquí, me he enterado de un montón de cosas- Alex se inclinó un poco hacia delante, rodeándose la boca con las dos manos y bajando la voz- Blob es bastante elocuente- calló por un momento, antes de añadir- Ahora sé el porqué de tu humor de perros.
-No te atrevas a hacer ningún comentario al respecto- le espetó Pietro, dejándose caer sobre la cama y dirigiendo la mirada al techo.
-Siento haber sacado el tema- dijo Alex, aunque no parecía que lo sintiera mucho- Sigue. ¿Pasó algo más?
-Mística no iba sola. Creo que no lo sabía, pero Dientes de Sable la estaba rastreando.
-Wow, como nosotros- sonrió Alex, situando las manos tras la nuca- Magneto manda sus fuerzas…
-Sí, no creo que haya sido un movimiento muy inteligente enviar a ese orco para ver qué hace Mística y qué deja de hacer- opinó Pietro, encogiéndose de hombros- Lo primero que hizo al llegar al pueblo fue ponerse a aterrorizar a sus habitantes y enzarzarse en una pelea con Lobezno.
-Interesante- musitó Alex, frotándose la barbilla- Me hubiera gustado estar allí para verlo.
-Será difícil que Mística se deje seguir tan fácilmente de nuevo después de esto.
-Tenemos que saber qué pone en esa carta- advirtió Alex, levantándose.
-Yo no pienso ir a averiguarlo- repuso Pietro, reacio a la idea de ver un papel en el que Marie le escribía a Mística, cuando ni siquiera se había dignado a contestar a sus cartas.
Alex se lo quedó mirando, de forma lejos de ser amistosa.
-Que la haya metido tu novia en el buzón no significa que sea de ella- replicó el rubio, acercándose y extrayendo unas fotos en blanco y negro del bolsillo de su chaqueta de tela azul celeste- Para que lo sepas, si aún lo dudas, tu novia está mejor con los pelotilleros de Xavier.
Pietro fijó sus ojos en él inquisitivamente, irguiéndose y sentándose con las piernas cruzadas sobre la cama.
-Deberías ver esto- le dijo Alex, tendiéndole las fotos- Estaban en su habitación, bajo la cama y en el cajón de la mesilla.
Pietro las cogió, mirándolas detenidamente. Eran de documentos y papeles que, en un principio, no le dijeron gran cosa. En casi todos ellos aparecía un nombre: Fuerza Libertad.
-¿Qué es?- preguntó Pietro, señalando las fotos y dejándolas a un lado.
-Por lo que sé, se trata de una institución secreta gubernamental- aclaró Alex, rascándose una ceja- Bueno, ya no tan secreta.
-¿Mística colabora con ellos?- cuestionó Pietro, casi con escepticismo- Me pregunto qué diría Magneto al respecto.
-Nada bueno- respondió Alex, con una sonrisa torcida- Esta institución representa todo lo opuesto a sus propósitos.
-¿Qué quieres decir con "todo lo opuesto"?
-Quiero decir que Fuerza Libertad está asociada al gobierno o forma parte de él, y el gobierno está compuesto por humanos en su mayoría- explicó Alex, con impaciencia- ¿Cuáles son los objetivos del gobierno en este momento en cuanto a la causa mutante?
-¿Poner fin a la guerra?
Alex entornó los ojos, casi con exasperación.
-¿Una guerra que no ha empezado aún?- se burló- No, Quicksilver. Te creía más listo. Lo que quieren es mantenernos a todos bajo control, para terminar con los que consideren más peligrosos.
-Apuesto por que tú serías uno de los que serían enviados de inmediato a la hoguera- replicó Pietro, cruzándose de brazos.
-Probablemente ahora mismo Avalancha y yo encabecemos su lista- convino Alex, apoyándose contra la pared- Todo eso lo he podido deducir de los documentos que había esparcidos por la habitación.
-No creí que Mística fuera tan poco cuidadosa- masculló Pietro, recostándose sobre el cabecero de la cama.
-No ha tenido tiempo de serlo- repuso Alex, con una expresión de repugnancia en el rostro- Había marcas de sangre en el suelo y bajo la cama olía a muerto. Supongo que es donde ha estado escondiendo al escuerzo mientras buscaba una forma de librarse del cuerpo.
-Nunca hubiera dicho que Mística fuera una guarra en ese sentido- dijo Pietro, con sequedad- Al final tenía yo razón, como siempre, y ella lo mató. Quizá Sapo había descubierto su traición a la Hermandad. No entiendo cómo ha podido dormir en su cuarto todos estos días cuando tenía un cadáver bajo la cama.
Alex lo miró como si fuera corto de entendederas.
-No creo que haya dormido mucho ahí. Hace tiempo que la oigo andar por los pasillos a altas horas de la noche; va a visitar el cuarto de Magneto.
-Entonces no creo que duerma mucho- rió Pietro.
-Eso no es lo más importante que he descubierto entre todos sus papeles. Hace unas semanas Fuerza Libertad envió una carta a tu mentora donde hacían referencia a la Bruja Escarlata.
Todo rastro de sonrisa desapareció del rostro de Pietro, que tardó en comprender que Alex se estaba refiriendo a su hermana.
-¿Qué referencia?- pudo decir. Sentía la garganta seca.
-Decía algo así como que era el momento de que Wanda Maximoff estuviera donde le correspondía- respondió el chico, apoyando las manos sobre una de las esquinas de la cama-, que no podía estar fuera del Asile durante más tiempo. Supongo que se referirá a una especie de refugio o…
-Puede ser cualquier cosa menos un refugio- lo cortó Pietro, abatido- Si esa institución es gubernamental y lo que pretenden es tenernos bajo su control, la tendrán encerrada en algún sitio. ¿Ponía alguna dirección?
Alex negó con la cabeza para desesperación de Pietro.
-Podríamos revisar su correspondencia- sugirió entonces-, aunque es arriesgado. No tengo idea de donde puede tenerla guardada. Quizá se deshaga de ella para no ser descubierta.
-Voy a delatarla- decidió Pietro; emanando chispas de ira de sus ojos acerados- Y después de averiguar adónde se ha llevado a mi hermana, la mataré.
-Yo de ti no le diría nada a Magneto; al menos, no por ahora. Tu mentora puede llegar a ser muy peligrosa.
Pietro entornó los ojos.
-Podré con ella- fue lo único que dijo, entre dientes.
-Cálmate y no te precipites- le aconsejó Alex, irguiéndose- No eres el único que tiene ganas de acabar con ella. Cuando llegue el momento, te ayudaré si es preciso.
-¿Por qué ibas a hacerlo?- replicó Pietro, con enojo.
-Porque de todas las fotos que has visto, se te ha olvidado ver la más importante- bufó Alex, cogiendo una imagen impresa del montón que Pietro había dejado sobre la cama y situándola en su mano para que pudiera verla. Se trataba de una partida de nacimiento. Antes de que Pietro pudiera vislumbrar lo que ponía en el documento que aparecía en la fotografía, Alex se la arrebató y le dijo:
-¿Te suena de algo el apellido Summers?
-¡Espera!- exclamaba Marie, corriendo tras Warren- ¡Espérame, Warren!
Cualquiera hubiera pensado lo contrario, pero Warren si lo deseaba podía moverse velozmente a grandes zancadas con ayuda de su bastón; tenía la suerte de ser fuerte.
-¡Ángel, para!
Al oír su nombre mutante, él se detuvo en mitad de un pasillo desierto, de espaldas a ella.
-¿Por qué huyes?- cuestionó Marie, recuperando el aliento unos pasos más atrás- ¿Tienes miedo de enfrentarte a la realidad?
-Dudo que exista esa realidad de la que hablas- repuso él, volviéndose hacia ella con lentitud. En su rostro habitualmente inexpresivo se hacía evidente la angustia.
Marie se acercó a Warren, hasta que solo dos palmos los separaron.
-¿Dudas de mí, entonces?- susurró ella, dolida.
-No he dicho eso- farfulló Warren, mirando al suelo.
-¿No quieres recuperar tu ala rota?- insistió Marie, bajando la voz.
-No necesito ser salvado, Marie- respondió él, dándose la vuelta y dispuesto a marcharse de nuevo, dejándola con la palabra en la boca.
Sin embargo, Marie no se lo permitió.
-¿Qué quieres decir con eso, Warren?
Él ladeó el rostro, aun sin mirarla.
-Tú misma lo dijiste; te gusta arreglar lo que está roto- murmuró- Por eso te preocupas tanto, por eso te acercas tanto a mí. A partir de ahora, puedes estar tranquila. Hazme caso cuando te digo que te libero de la culpa.
-Pues, ¿sabes qué?- replicó Marie, ceñuda- Yo tampoco quiero ser liberada. Me preocupo tanto porque eres mi mejor amigo y te aprecio. Déjame intentarlo.
-No- respondió Warren, al cabo.
Marie no podía ver su cara porque todavía le estaba dando la espalda.
-¿Qué pierdes con ello?
-Será doloroso- dijo Warren, en un susurro.
-Será muy doloroso- convino Marie-, pero ¿desde cuándo te ha importado a ti el dolor o sus consecuencias relacionadas con la muerte?
-Si voy a sufrir, prefiero que sea para morir y que se acabe toda esta mierda de una maldita vez.
Marie se estremeció al oírlo hablar de esa manera. Warren no solía decir tacos ni emplear ese tono con ella.
-Haremos que el sufrimiento merezca la pena; te lo prometo.
-Eres muy dada a prometer- repuso él, girándose para mirarla por fin-, cuando ni siquiera sabes cómo hacerlo.
-Es cierto- admitió ella, sintiéndose derrotada- No puedo controlarlo, pero algún día lo conseguiré. Cuando lo haga, quiero que estés ahí para verlo.
Warren inclinó la cabeza, haciendo que varios mechones de cabello rubio le cubrieran gran parte del rostro; con lo cual, Marie seguía sin poder ver por completo su expresión.
Ella no pudo reprimir el impulso de alzar una mano temblorosa para apartárselo, descubriendo sus rasgos, que parecían tallados en piedra con una precisión exquisita. Sus ojos claros estaban vacíos. Marie sabía que Warren hubiera llorado en aquel momento, si fuera un chico como otro cualquiera. Pero no lo era; se tragaba su tristeza y hacía que la bola de desengaños, decepciones y odio que habitaba en su interior se hiciera cada vez más y más grande.
-No dejaré que me hagas a un lado- aseguró Marie, en un susurro- Estaré contigo en esto hasta el final. No pienso permitir que te hundas en la miseria por mi culpa cuando puedo hacer de tu vida algo mucho mejor.
-¿Mejor?- repitió él, ronco, con incredulidad- No lo creo.
-Si recuperas tu ala, podrás volver conmigo a la Hermandad, con Wanda.
Warren alzó la mirada, clavándola en ella por primera vez desde que salió atropelladamente de la habitación de Logan. Sus ojos la penetraron como puñales de hielo.
-Quitando el hecho de que sea casi imposible que puedas hacer algo por mejorar mis posibilidades de vuelo- comenzó, con una leve sonrisa en la que se entreveía sarcasmo-, creo recordar que no querías volver a la Hermandad.
-Y no quiero. Lo que quiero es volver a estar con Pietro- sonrió ella, con tristeza- Quiero hacer lo mismo que tú quieres hacer con Wanda.
-Suena tentador, pero si regresamos allí, ¿crees que nos permitirán irnos después?- cuestionó Warren, afligido- Magneto no dejará que nos vayamos y dejemos de luchar por la causa.
-Buscaremos una manera- le dijo Marie, esperanzada- Pietro nos apoyará.
-¿Por qué estás tan segura?- replicó Warren, con escepticismo.
-Porque solo permanece en la Hermandad por agradecimiento a Magneto por haberlos salvado a él y a su hermana de una muchedumbre furiosa- respondió Marie, convencida- Creo que con dos años es más que suficiente para saldar su deuda.
-Ojalá las cosas fueran tan fáciles como las pintas- se lamentó él, hablándole como si fuera una niña ingenua.
-Pueden serlo, si pones de tu parte.
Warren desvió la mirada al escucharla. Sin embargo, Marie no se rindió y le tendió una mano desnuda.
-Ayúdame a arreglarte.
