Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia. Tampoco así la expresión que constituye el título de este capítulo, que para los que no sepan latín, significa algo así como: "Debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano".
CAPÍTULO 36. "Orandum est ut sit mens sana in corpore sano"
-Pietro, ven un segundo- lo llamó Dominik, cuando lo vio saliendo de un cuarto que no era el suyo.
Antes de que parpadeara, Pietro estaba frente a él.
-En menos de un segundo, si lo prefieres- sonrió, apáticamente, quitándose por fin las gafas de alrededor de la cabeza. El pelo plateado le cayó casi inmediatamente después a ambos lados de su rostro de facciones suaves, en aquel momento algo más tensas de lo habitual.
-¿Creías que no me enteraría de lo que hiciste el día que destruimos aquel centro comercial?- cuestionó Avalancha, ceñudo.
Pietro se encogió de hombros con impasibilidad.
-Se un poco más concreto- le dijo, con aquel tono suyo que desquiciaba a cualquiera- Hago muchas cosas a lo largo del día.
-Fuiste a ver a Pícara- lo acusó Dominik; su expresión ensombreciéndose-Te vi en los aparcamientos.
-Para qué lo voy a negar, entonces- replicó Pietro, entornando los ojos.
-No deberías haberlo hecho.
-No debería, pero lo hice- contestó el chico, mirándolo con fijeza- Hay tantas cosas que no deberíamos hacer y hacemos… En fin, no me voy a poner filosófico ahora.
-¿Sabes lo que podría pasar si Magneto se entera?- inquirió Dominik, con preocupación.
-Pues no, pero no se va a enterar. El único que lo sabe eres tú, ¿no? Entonces, no tengo de qué tener miedo.
-Por una vez en tu vida deberías dejar de ser tan temerario- le espetó Dominik, cruzándose de brazos.
Pietro frunció el ceño, mientras se volvía hacia él.
-Por una vez en tu vida tú podrías ahorrarte el decirme qué debería hacer y meterte en tus propios asuntos.
La expresión de Dominik no cambió cuando le respondió.
-Solo estoy tratando de evitar que firmes tu sentencia de muerte siendo tan joven.
-Te lo agradezco, pero aún falta para eso- replicó Pietro, hastiado de todo, dándose la vuelta para dirigirse a su habitación.
-¿No vas a contarme qué tal fue?- le preguntó Dominik, sin darse por vencido.
-Me arrepentí de haber ido- le dijo sin volverse mientras caminaba a su cuarto- Seguro que te alegras de oírlo.
-¿Por qué?- inquirió Dominik, interesado.
Pietro entró en su habitación sin mirar atrás y dio un portazo. Dominik suspiró, resignado; aquella era la forma que tenía Pietro de decirle que se conformara con su respuesta.
En menos de dos segundos, Pietro se había quitado la ropa y situado bajo la ducha. El agua caliente no tardó en relajar sus músculos atenazados por la tensión por la que había tenido que pasar todo el día. Apoyó las manos contra la pared, hundiendo la cabeza entre los hombros.
Los ojos le latían con el familiar escozor de la tristeza. No recordaba cuál era la última vez que había llorado, pero no había echado de menos esa sensación en el pecho en la que parecía que un férreo puño estrujaba su corazón. Aunque se empeñaba en creer lo contrario, seguía siendo ese niño que había crecido sin padres, huyendo de un lado hacia otro sin saber adónde ir y teniendo que fingir que era más adulto de lo que lo era para cuidar de una hermana enferma. Una hermana en cuyo cuidado había fracasado.
Entretanto, Mística se internaba en su cuarto a oscuras, adquiriendo su forma natural y disponiéndose a bajar las persianas. Tenía un sobre en la mano, el mismo que Marie había dejado en el buzón sin conocer su contenido. Ya le preguntaría a Charles a qué se debía ese cambio de planes tan arriesgado. Marie habría podido perfectamente abrir el sobre y marcharse del lado del profesor, cosa que no les convenía en absoluto.
Se sentó sobre la cama, colocando una pierna sobre la otra y abriendo la carta de Charles. Sabía que no iba dirigida a ella, pero al destinatario no le importaría que la leyera.
Hay progresos con la sujeto AM. Está a punto de ser liberada de su locura intermitente; aunque cabe decir que esta reaparecerá si la sujeto AM se somete a estrés o interacciona con sus antiguas amistades, lo que la someterá igualmente a un estrés que no le vendrá nada bien. Pronto, la sujeto AM estará preparada para que se le haga el mismo procedimiento empleado para la sujeto M. Lo mejor será administrarle dosis moderadas de carbamacepina y cuando llegue el momento, la enviaré al Asile, donde debe estar. Propongo la noche del 31 de mayo para hacer el traslado pertinente.
Saludos, PX.
Orandum est ut sit mens sana in corpore sano.
Raven dobló el papel por la mitad y lo volvió a meter en el sobre, cuidadosamente. Lo dejó sobre la mesilla y tras darse una ducha, salió de su cuarto y se dirigió al de Eric, escaleras arriba.
El Asile era el mejor sitio donde podría estar Marie. La alternativa era que Magneto la obligara a utilizar su máquina contra los humanos y la matara por el esfuerzo. Como bien había dicho hacía tiempo Magneto, serían necesarios sacrificios para contribuir a que la causa tuviera éxito. Pero Raven no estaba dispuesta a hacer dichos sacrificios.
Una vez hubo desaparecido tras torcer un recodo que había en las escaleras que conducían a los aposentos de Magneto, Alex entró en el cuarto de Raven con su cámara instantánea. No le costó encontrar el sobre del que tanto deseaba saber su contenido. Hizo una foto de lo que ponía en la nota y lo dejó en el mismo sitio en que lo había dejado Mística. Cuando se dio la vuelta para marcharse, dio un respingo al ver a Pietro frente a él en la penumbra.
-Creía que dudabas sobre si querías saber lo que había en el sobre- le susurró Alex, recomponiéndose del susto.
-Pues ya me he decidido- contestó Pietro, abriendo la puerta de nuevo para ver si había alguien en el corredor- ¿Me vas a enseñar la foto que has hecho o no?
-Estaba esperando que me lo pidieras- respondió Alex, acompañándolo hasta su cuarto- Aquí tienes.
Pietro no tardó mucho en leer la nota, sin poder reprimir el impulso de cerrar el puño y estrujar la fotografía. Alex se la arrebató, escandalizado.
-¿Eres idiota?- le espetó el rubio- Bueno, no hace falta que contestes. Era una pregunta retórica, está claro que lo eres. Podrías controlarte un poquito, porque quizá necesitemos leer de nuevo lo que le mandaron a tu mentora, y no podamos porque lo has estropeado.
Pietro hizo caso omiso.
-¿Se supone que el sujeto AM es Marie?- preguntó, casi con desesperación- ¿Mi Marie?
Alex lo miró con fijeza antes de responder.
-Eso parece. No creo que Xavier tenga bajo su custodia a nadie más del que Mística quiera saber, aparte de tu novia- Alex se guardó la fotografía arrugada en el bolsillo de los vaqueros y avanzó hacia la puerta para abrírsela a Pietro, en un gesto mudo para que se fuera- Me gustaría saber quién es el otro sujeto, al que le aplicaron un procedimiento similar al que le tienen planeado a tu novia.
-Me da lo mismo- replicó Pietro, caminando hacia la salida de la estancia.
-Pues no debería. Lo que le hayan hecho al otro sujeto, se lo harán a tu novia.
Pietro se detuvo, dándole la espalda.
-¿Cuándo dice que la llevan al Asile ese?- preguntó, en voz baja.
-El 31 de mayo por la noche- contestó Alex, frunciendo el ceño.
-Bien- masculló Pietro, antes de irse y cerrar la puerta tras de sí.
La mañana del 31 de mayo, recostada sobre el mullido lecho de Eric, Raven abría sus ojos ámbar, esperando encontrarlo a su lado. La luz del sol que entraba por la ventana entreabierta la cegó durante un instante, antes de que se cubriera la parte superior del rostro con una mano y volviera la cabeza hacia el lado opuesto a la ventana. Fue entonces, cuando descubrió que Magneto no se había ido, que estaba allí, y que, además, no estaban solos. Dominik y Betsy se encontraban a su lado, Pietro y Alex algo más atrás, y Blob bloqueaba la puerta.
Aquello no podía ser nada bueno. Miró alrededor, sabiendo de antemano que no había salida. Dejó de haberla cuando Eric chasqueó los dedos y una placa metálica taponó la ventana con un sonido parecido al de una campana.
-Extraño es que nos encontremos todos aquí, menos Mortimer y Víctor, ¿no crees, querida?- le dijo él, con una peligrosa suavidad.
Pese a que debería estar alarmada y aterrorizada, Mística se encogió de hombros con sencillez, dejando que la sábana que tapaba la mitad de su cuerpo se deslizara sobre él y poniéndose en pie, con la misma gracia de un felino.
-No sé dónde podrían estar- respondió ella, sin que la voz le temblara un ápice.
-No tiene sentido que mientas- terció Alex, acusadoramente- Hay manchas de sangre bajo tu cama.
Raven fijó sus ojos en los de Magneto.
-¿No era una de las reglas para la convivencia respetar la intimidad de otros? Kaos no ha respetado la mía; ha entrado en mi habitación.
-Oh, por favor- suspiró Betsy, burlona- Si parece que tu habitación es más esta que la otra.
Raven no la escuchó, su mirada clavada en la de Magneto.
-Eric…
-Es cierto que Alexander se ha saltado las reglas, pero lo ha hecho de manera justificada- señaló Magneto, como si el asunto careciera de importancia- Ya sospechaba de tu traición, pero gracias a Pietro, ahora estoy seguro de que no eres de fiar.
Mística ladeó el rostro hacia Pietro, mirándolo fijamente. Él la observaba, la fiereza reflejada en su postura corporal y el odio latiendo en sus ojos acerados, a pesar de que su rostro era inexpresivo.
-Después de hallar los restos de Mortimer bajo el único árbol digno de llamarse así que hay en el jardín, y después de tu relación directa con la desaparición del señor Creed- prosiguió Magneto, con una sonrisa torcida-, comprenderás que mis sospechas están ahora más que confirmadas.
-No sabía que Dientes de Sable había desaparecido…
-¡Ni lo niegues!- rugió Pietro, sorprendiendo a algunos de los que estaban allí- Si no ha vuelto es porque los preferidos del ruedas se lo llevaron al Asile. ¿Te suena de algo?
Mística mantuvo el rostro inalterable cuando le respondió, sin pestañear:
-No tengo idea de qué me estás hablando.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Tan impetuoso como era Pietro, la paciencia no era una de sus virtudes. Antes de que ninguno de los presentes pudiera percatarse, ya se había abalanzado sobre Raven. Estrechó su cuello con las manos, lanzándola contra el suelo y golpeándola en la cabeza, sin darle tiempo a reaccionar.
-¡Dime dónde coño tienes a mi hermana!- gritó, rompiéndole la muñeca derecha con un veloz movimiento; un terrible chasquido resonó en la estancia, pero Raven solo hizo una mueca de dolor.
Iba a golpearla de nuevo cuando una fuerza invisible lo separó de ella; un pequeño campo magnético. La placa de metal que había estado bloqueando la ventana se transformó en unos grilletes que se enroscaron alrededor de los tobillos y las muñecas de Raven, alzándola en el aire.
-¡Ya basta!- vociferó Magneto, haciendo que el silencio volviera a la estancia- Te lo advertí, querida. No doy segundas oportunidades.
No hubo acabado la frase cuando hizo que las cadenas que apresaban a Mística se hundieran profundamente en la pared, impidiéndole a la mujer cualquier movimiento.
Entonces, Eric volvió la cabeza hacia Pietro, que trataba inútilmente de liberarse de su prisión apenas visible.
-Ya le arrancaremos dónde está tu hermana en el momento adecuado- le dijo, con tranquilidad- Un intento más por matarla y el muerto serás tú. Ahora nos urge más ir por la chica, antes de que Charles cometa una estupidez entregándola al gobierno. ¿Puedo confiar en que no tratarás de desafiar mi voluntad, Pietro?
Pietro inclinó la cabeza, cerrando los ojos con cansancio. Cuando los volvió a abrir, el campo magnético que lo mantenía encerrado había desaparecido.
-Me alegra que seas sensato- murmuró, satisfecho- Frederick- añadió, llamando a Blob-, tú te quedarás aquí, con nuestra judas. Ahora, hermanos míos, preparaos para el primer enfrentamiento de la guerra por la causa.
-¿Sabes por qué no está interesado en saber nada acerca de dónde está tu hermana?- cuestionó entonces Raven, en voz baja y dirigiéndose a Pietro, a pesar de que tenía los ojos fijos en el suelo- Porque Wanda no le importa lo más mínimo; era una carga y estaba deseando deshacerse de ella.
Pietro le lanzó una mirada airada a Magneto. Pese a que se sentía reacio a confiar en las palabras de Raven, lo que decía tenía sentido. Cuando Ángel perdió un ala, ya no le interesó saber más acerca de él y le cerró las puertas de su casa porque le suponía un estorbo. Wanda estaba enferma cuando Mística se la llevó, y dada la forma de ser de Magneto, cabría esperar que le hubiera ordenado internarla. Mística solo había aprovechado la oportunidad para meterla en el Asile, ya que seguramente a Magneto le daría lo mismo lo que hiciera con ella, mientras lo librara de la chica.
-¿Acaso vas a confiar en ella, en las palabras de una traidora a su especie?- inquirió Magneto, cogiéndolo del brazo con cautela y avanzando con él unos pasos hacia la puerta- Solo busca confundirte.
En su mente, una vocecilla le decía a Pietro que Mística tenía razón. Sin embargo, en aquel momento no estaba muy por la labor de escucharla.
-Ven conmigo, Pietro- lo instó Magneto, con una suavidad embriagadora- Tú y yo juntos doblegaremos a Charles y a sus discípulos, con la ayuda de nuestros hermanos. Te prometo que después de que acabe todo esto, encontraremos a tu adorada hermana. Entretanto, sólo puedo devolverte a Pícara. ¿No era eso lo que querías?
Los ojos de Pietro destellaron con despecho y quizá algo más que no se pareciera tanto al resentimiento.
-Más que nada- respondió, con voz ronca, acompañándolo a la salida.
-¡Si aprecias tu vida, no vayas con él, Pietro….!
La puerta se cerró tras la mayoría de los miembros de la Hermandad, tragándose las palabras de Mística, que se había quedado sola con Blob en el cuarto.
