Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.
CAPÍTULO 40. Fuego y hielo.
Cuando Pietro, Marie y John entraron en la sala de estar, Magneto ya los esperaba. Aparte de él y de los chicos, sólo estaba Alex, que se hallaba sentado en un sillón con la espalda muy erguida.
Enseguida, John se colocó a la derecha de Magneto, como si ese fuera el lugar que le correspondiera por derecho de nacimiento. Marie se dio cuenta de que a pesar de que su ropa seguía siendo la de siempre, vaqueros grises desgastados y camiseta que en algunas partes estaba rota, su expresión era diferente. La expresión de alguien que supiera algo que los demás no; mentón un poco elevado, como si creyera que su rango en la Hermandad era superior al resto de los miembros que se hallaban allí. Quizá fuera así.
De todos modos, John parecía entusiasmado por algo; los ojos le brillaban de la misma forma en la que lo hacían los de Eric en aquel momento.
-Es un alivio tenerte al fin entre nosotros de nuevo, Marie- le dijo Magneto, desde el otro lado de la estancia.
La gélida mirada que el hombre le lanzó hizo que un escalofrío recorriera su espalda. Ante eso, Marie no pudo reprimir el impulso de buscar la mano de Pietro tras su espalda, que todavía se mantenía a su lado con los ojos fijos en Magneto y especialmente, en John.
A pesar de que Pietro rodeó su mano con la suya, siguió mirando a John con un semblante extraño. Marie supuso que era desconfianza lo que denotaban sus facciones.
-Antes me llamabas Pícara- respondió ella, finalmente.
Magneto esbozó su habitual sonrisa cínica.
-Meros formalismos- aclaró él- A Raven le gustaba emplear los nombres mutantes, pero, al fin y al cabo, son solo nombres. Y podría asegurar que tú nunca te has sentido demasiado identificada con "Pícara".
Los ojos de Magneto la miraban con fijeza. Sin embargo, Marie le mantuvo la mirada, tratando de parecer resuelta.
-¿Qué es eso que nos querías decir?- inquirió Alex, entonces, con hastío.
Así, distrajo la atención de todos los presentes, y Marie se sintió más tranquila.
Magneto lo miró con severidad, pero no se volvió a dirigir a Marie directamente.
-Sois los miembros más jóvenes de mi Hermandad- comenzó Eric, paseando la mirada por todos los presentes- Hoy quisiera probar vuestra lealtad.
-¿Nuestra lealtad o la suya?- espetó Pietro, alzando la barbilla en dirección a John, que ni siquiera se inmutó.
-Por más que me la hayas demostrado en numerosas ocasiones, nunca está de más que me la demuestres una vez más, Pietro- declaró Magneto, con acritud- Ha llegado a mis oídos que hoy Charles lleva a sus alumnos a registrarse a una comisaría.
Marie no pudo evitar mirar a John con recelo, que torció una de sus comisuras hacia abajo, dibujándose una pequeña sonrisa torcida en su rostro. Enseguida, Marie retiró los ojos de él, un tanto ruborizada. Apretó los dedos de la mano de Pietro para recordarse a sí misma que él estaba allí también, y que no tenía por qué reaccionar de esa forma ante cualquier gesto tonto que John le hiciera.
Pietro volvió sus ojos azules hacia ella, frunciendo el ceño. Marie aflojó el agarre y le regaló una sonrisa tranquilizadora.
Alex carraspeó, recordándoles donde estaban.
-Y quieres que vayamos a darles su merecido, ¿no?- supuso el chico Summers, dirigiéndose a Magneto y entornando los ojos.
-Quiero que destruyáis la comisaría- aclaró Magneto, situando una mano en el hombro de John- Mandémosles un mensaje a los humanos. No pueden tratarnos como reses y marcarnos para luego hacer con nosotros lo que les plazca.
-Hay que enseñarles que no tienen ningún poder sobre nosotros- añadió John, avanzando un paso-, que no pueden subestimarnos. Que no se atrevan.
-Así es, John- convino Magneto, complacido ante el interés del chico.
Marie, Pietro y Alex intercambiaron una mirada desconcertada.
Cuando se dirigían al coche, John se acercó adonde estaban Marie y Pietro (que no se había separado de ella desde que hicieron las paces bajo el árbol), tras haberse quedado un momento rezagado para hablar con Magneto.
-¿Qué te parece? Por fin vamos a poder meterle una paliza a Stormy.
-John- lo llamó ella, con seriedad- Todo esto ha sido idea tuya, ¿verdad?
John frunció el ceño al escuchar su tono acusador.
-¿Qué tiene de malo?- cuestionó el chico, cuyos ojos verdes refulgían con desdén.
Pietro observaba la escena sin intervenir, pero su mano estaba colocada sobre la espalda baja de Marie, de forma posesiva.
-En la comisaría hay gente- respondió Marie- Gente que morirá si destruimos el edificio.
John se encogió de hombros, como si no le importara en absoluto.
-Mala suerte- dijo- Momento y lugar equivocado.
Marie volvió la cabeza hacia él con irritación.
-Podríamos dejar que se registraran. ¿Qué hay de malo en que lo hagan? Si quieren hacerlo, dejémoslos.
-No puedes estar hablando en serio- le espetó John- No puedes ser tan estúpida como para decir eso, como para insinuarlo siquiera. Registrarse es darles la razón a los humanos.
-No le hables así a mi novia, imbécil- terció Pietro, cuya expresión no era en absoluto amistosa.
John lo miró, desde la derecha de Marie; una sonrisa torcida decorándole el rostro.
-Hace una hora tú tampoco le estabas hablando muy bien, que digamos- le echó en cara el muchacho.
Ante eso, Pietro se mantuvo imperturbable, pero en sus ojos había nacido un brillo acerado que Marie conocía muy bien.
-No pasa nada- dijo ella, tratando de calmar los ánimos- Ya está bien. Montémonos en el coche y acabemos con esto de una vez.
Pietro y John intercambiaron una mirada de desprecio, antes de que John se dispusiera a ocupar el asiento del conductor.
Cuando debería haberse visto sentado, se encontró tirado en la arena a varios metros del coche, debido al veloz empujón que le había dado Pietro.
-¿Qué coño crees que haces?- le gritó el chico, sacando un mechero de su bolsillo.
-Yo de ti, no lo intentaría- le dijo Alex, asomando su cabeza rubia por una de las ventanillas traseras- Antes de que pudieras encenderlo, el mechero ya estaría a muchos kilómetros de distancia.
Desde el suelo, John miró con odio a Pietro, que sacó la cabeza por la ventanilla, sonriente y con las cejas alzadas.
-Lo siento, pero mi coche lo conduzco yo siempre que pueda- declaró Pietro, encogiéndose de hombros- Para algo lo robé.
Mientras John se alisaba las arrugas de la camiseta y se sacudía la arena, furibundo, Marie se inclinó sobre el asiento del copiloto que ocupaba, para dirigirse a Pietro.
-Eso no ha estado bien.
Lejos de enfadarse, Pietro volvió la cabeza hacia ella, arrancando el coche en cuanto John se hubo metido dentro.
-Hay tantas cosas que hago y que a la gente no le parecen bien…- suspiró, acelerando.
Marie sacudió la cabeza, algo molesta.
-¿Alguien sabe dónde está esa comisaría, antes que nada?- cuestionó Alex, dándole al botón que hacía que bajara y subiera la ventanilla, varias veces.
-Johnny debe saberlo- respondió Marie, cruzándose de brazos y con la vista fija en el paisaje.
-¿Johnny?- bufó Pietro, airado.
John hizo caso omiso de Pietro y se giró hacia Alex, irritado.
-¿Por qué creéis que quería conducir? Para no tener que irle dando instrucciones a este idiota constantemente.
-Puedo darte una paliza antes de que muevas uno de tus desentrenados músculos- replicó Pietro, sin girarse-, así que mantente calladito si no quieres que pare el coche y te deje por ahí tirado.
-Inténtalo, a ver si tienes hu**os.
Pietro dio un volantazo, dispuesto a sacar el coche de la carretera.
-¡Basta ya, los dos!- gritó Marie, igual o más enfadada que los dos chicos- ¿Por qué no está aquí Dominik?- añadió, sin poder contenerse- Por lo menos, él podría poner un poco de orden.
Pietro siguió conduciendo, y le dirigió una mirada de soslayo a Marie.
-¿No lo sabes? Está malherido. Ayer estuvo a punto de palmarla.
-¿Dominik, el de las noticias?- terció John, situando la cabeza entre los asientos de Marie y Pietro, para fastidio del segundo- La mitad de los estudiantes de Xavier son unos cobardes. No conozco a nadie que se hubiera atrevido a enfrentarse a él.
-Yo sí- replicó Marie- Kitty lo hubiera hecho.
-Cuando fuimos a por Avalancha, lo habían apuñalado con lo que parecían ser huesos- dijo Alex, mientras jugueteaba con una pulsera que solía llevar puesta.
-Seguro que el palurdo de Daniels ha tenido algo que ver con eso- resopló John, volviendo a apoyar la espalda contra el respaldo del asiento.
-¿Cómo se encuentra ahora?- preguntó Marie, preocupada.
Dominik era un criminal, pero siempre la había tratado bien y ella lo había considerado su amigo. No, Marie no quería que muriera.
-Va tirando, como los viejos- contestó Alex, aunque Marie le había preguntado a Pietro- ¿Falta mucho?
-Bastante- respondió Pietro- Cállate.
-¿Y Wanda?- inquirió Marie, acordándose de la hermana de Pietro- ¿Dónde está? No la he visto.
Pietro dio un frenazo, haciendo que el coche diera un bandazo. Marie agradeció llevar puesto el cinturón.
-¿Para eso querías conducir tú?- le espetó John, malhumorado- ¿Quieres matarnos?
Nadie le hizo caso.
-¿Me estás diciendo que no sabes qué pasó con Wanda?- cuestionó Pietro, con lentitud.
Marie no sabría decir si estaba enfadado o desconcertado, pero se asustó por el tono que él utilizó.
-¿Se suicidó y no pudiste evitarlo?- preguntó ella, cubriéndose la boca con una mano.
-No, nada de eso- contestó Alex, mientras Pietro la miraba con fijeza- Tu mentora se la llevó al sitio al que Xavier y ella querían llevarte.
Marie supuso que con "mentora", se refería a Mística.
-¿Qué sitio es ese?
-No lo sabemos- respondió Alex- Magneto le ha prometido a Pietro que cuando la guerra contra los humanos acabe, iremos a buscarla.
John quiso decirle que esa guerra no iba a acabar nunca, pero se contuvo a tiempo. No era asunto suyo, y, de todas formas, le daba lo mismo lo que le sucediera a la tal Wanda.
Marie se volvió hacia Pietro, que había vuelto a poner en marcha el coche.
-¿Tú le crees?- le preguntó en voz baja.
Sin embargo, Pietro no contestó. El resto del viaje permaneció callado; incluso permitió que John pusiera la emisora que le gustaba.
Cuando bajaron del coche, ya en la ciudad, Marie se acercó a él, disgustada.
-¿Estás bien?
Pietro cambió su semblante serio por una pequeña sonrisa, que resultó ser un bálsamo para Marie.
-Lo estaré- respondió él, mientras avanzaban por una calle en la que había un recodo tras el que, según John, encontrarían la comisaría.
-Siento haber sacado el tema- musitó Marie, dejando que su brazo rozara suavemente con el suyo- No tenía ni idea.
-No podías saberlo- contestó Pietro, encogiéndose de hombros.
Marie se mordió el labio inferior, con tristeza.
-Lo habrás pasado terriblemente mal- supuso ella, situando una mano en su hombro- Podrías haberte venido conmigo- añadió, bajando la voz para que Alex y John, que iban más adelantados, no la escucharan.
Pietro volvió el rostro hacia Marie, divertido.
-¿Cómo iba a hacer eso?
La expresión le cambió al oír lo que ella dijo a continuación.
-Tú no eres como ellos, Pietro- susurró, haciendo que él se detuviera- Me lo dijiste, aquel día que nos quisiste llevar a una cafetería a Wanda y a mí.
-¿Qué fue lo que dije exactamente?
-Que seguías con Magneto porque te sentías en deuda con él- respondió Marie, cogiendo su mano derecha con las dos suyas- Han pasado dos años. Si había alguna deuda, ¿no crees que ya ha sido saldada?
Pietro frunció el ceño, soltándose de su débil agarre.
-¿Qué intentas decirme con eso?
Marie lo miró con fijeza, sin temer su reacción a lo que iba a decirle.
-Tú no eres un asesino como Dominik, o como ese chico de ahí- añadió, señalando con la barbilla a Alex- Tú eres simplemente Pietro. Puedes hacer lo que quieras, conseguir lo que quieras. Y no necesitas matar a nadie para eso.
-No tengo intenciones de matar a nadie.
-Puede que no- sonrió Marie, con tristeza-, pero la guerra que quiere Magneto está por llegar y si seguimos estando en su bando, tarde o temprano tendremos que matar. Tendrás que permanecer con él para que cumpla su promesa de buscar a tu hermana.
-Eso haré- anunció él, sin pestañear- Si es necesario que me vaya cargando gente para encontrarla, estoy dispuesto a hacerlo. ¿Me queda alternativa?
Marie alzó los ojos hacia Pietro, con aflicción.
-Hay alguna otra por ahí- aseguró ella- Ya te lo explicaré después.
-¡Eh, tortolitos!- los llamó Alex, unos metros más allá. Se había puesto una sudadera con capucha para que no lo reconocieran- Allí hay un montón de críos esperando para entrar. Parecen los alumnos de Xavier. Podríamos esperar y ver…
Pero mientras Marie y Pietro se acercaban, John ya había empezado a actuar por su cuenta. Ni siquiera le había hecho falta emplear su encendedor. Utilizó el fuego de las cocinas de un restaurante cercano para enviar una enorme llamarada hacia la comisaría. Las ventanas del edificio estallaron y las llamas comenzaron a consumir la comisaría. Las alarmas de incendio no dejaban de emitir un pitido estridente, y la gente salió corriendo en todas direcciones, creyendo que habían puesto una bomba y que todo aquello era obra de alguna banda terrorista normal y corriente.
-¡¿Qué demonios haces?!- lo reprendió Alex, antes de que Pietro saltara en su contra- Debíamos esperar.
-¿Esperar a qué?- replicó John- ¿A que no hubiera gente dentro?
-No, tarugo- respondió Alex, con enojo- A que no estuvieran los discípulos de Xavier; ahora tendremos que enfrentarnos a ellos.
John le dedicó una media sonrisa antes de volverse y seguir incendiando cosas.
Por su parte, Marie se golpeó la frente, cansada. La idea de atacar una comisaría precisamente aquel día, se la había dado John a Magneto. Y estaba claro que era porque lo que quería, era exactamente un enfrentamiento.
Por desgracia, Marie no tenía a mano la espada de plata que le había regalado Mística, ya que se había quedado junto con la mayor parte de sus cosas, en el cuarto que había ocupado en la Mansión X.
Entre la muchedumbre asustada, no tardaron en ver a Cíclope y a Tormenta, que se dirigían hacia ellos.
Rápidamente, Pietro apareció frente a Marie, abrazándola y de paso, cediéndole parte de su poder.
-No dejaré que te lleven a ti también, te lo prometo.
Marie asintió en silencio, con el rostro entre las dos manos de Pietro. El chico sonrió, complacido, y desapareció de su vista.
El primero en atacar fue Scott, que le lanzó un rayo rojo a Alex. Alex no tuvo tiempo de esquivarlo y se quedó en el sitio, alzando las manos y devolviendo el ataque, sorprendentemente, con un haz de luz del mismo color que el de Scott. Tuvieron que pasar unos minutos hasta que ambos cedieran y los rayos impactaran contra sus cuerpos. Los dos salieron disparados con la misma fuerza hacia atrás, pero sin mayores daños que los que les causó el asfalto al aterrizar sobre él. Por alguna razón que Scott no conocía, era inmune al rayo de Alex, tanto como lo era Alex al suyo.
Pietro y Marie se lanzaron contra Tormenta, a su velocidad sobrehumana, haciéndola caer al suelo y haciendo desaparecer el ciclón que se estaba formando sobre sus cabezas.
Entretanto, John no se detenía y seguía quemando coches, sin importarle que llevaran personas dentro. No paró hasta que una figura conocida apareció frente a él.
-John- lo llamó el chico de pelo rubio y muy corto. Fruncía el ceño como si estuviera haciendo un esfuerzo muy grande al ponerse allí, en su campo de tiro.
Pyros esbozó una sonrisa torcida al verlo; una bolita de fuego danzaba a su alrededor.
-Bobby Drake- bufó- ¿No te gustan las peleas en el colegio, pero fuera sí?
-Dejémoslo en que no me gustan y punto- respondió el chico, alzando las manos hacia su antiguo compañero.
-Es una lástima- se burló John, antes de lanzar el fuego contra él.
Una enorme cascada de hielo emanó de las manos de Bobby, chocando contra el fuego convenientemente.
El suelo que había bajo los pies de Bobby se estaba congelando, y de las manos de John saltaban chispas.
Poco a poco Bobby se iba acercando a John, gotas de sudor brillando en su frente. Al principio las fuerzas parecían muy igualadas, pero paulatinamente Bobby iba ganando terreno.
Unos metros más allá, junto con otras muchas personas que observaban la pelea, Marie suspiró, indecisa. John era muy belicoso y había cometido una imprudencia; ahora estaba en apuros.
Buscó a Pietro con la mirada, encontrándolo un poco más lejos, escondido para salir disparado hacia Scott y quitarle las gafas. Por otro lado, Alex estaba ocupado enfrentándose a Tormenta.
Como aún tenía el don de Pietro, corrió hacia la derecha de Bobby, mientras que John lo atacaba por la izquierda. Antes de atacarlo por ese flanco, le había robado los poderes a John sin que este se diera cuenta siquiera, por lo rápido que lo había hecho.
-Lo siento, Bobby- musitó, haciendo que una de las llamas del incendio atacara al muchacho.
El pobre Bobby tuvo que girar un poco el cuerpo para detener el fuego mediante un chorro gélido que emanó de su mano derecha.
John aprovechó la distracción para hacer que su fuego aumentase de tamaño y las llamas trataran de engullir a Bobby. Entonces, el chico de hielo cayó cuan largo era sobre el asfalto; ni Marie ni John entendían lo que había pasado. Hicieron que las llamas se extinguieran y observaron a Pietro, que tiraba una mochila sobre un montón de cenizas. Debía de haberle golpeado la cabeza a Bobby con ella.
-¡¿Por qué lo has hecho?!- le gritó John, mientras corrían al coche.
-¿Por qué no?- repuso Pietro, montándose de nuevo en el asiento de conductor- ¿Debía esperar a que acabaras con él? Ya habíamos dejado KO a la rayos y a gafas de verano. Si esperábamos más, se hubieran recuperado y no nos hubieran dado oportunidad para marcharnos.
-Podría haberlo matado- masculló John, cruzándose de brazos.
-Era tu amigo, Johnny- le recordó Marie, con tristeza.
-Hace mucho que no lo es.
-Es lo mismo- sentenció Alex- La misión era destruir la comisaría. Bien, ya lo has hecho. No incluía asesinar a otros como nosotros, y si podemos evitarlo, ¿por qué no hacerlo?
John fijó los ojos en los edificios que pasaban a toda prisa por la ventanilla, sin contestarle.
