Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.
CAPÍTULO 41. Incierto.
-¡Bobby! ¡Bobby!- gritaba Kitty en medio de la calle, sosteniendo en su regazo la cabeza de su amigo- Despierta, vamos. Tú puedes hacerlo…
Poco a poco, Bobby iba recuperando la consciencia.
-No entiendo la costumbre que tienen de dar golpes en la cabeza- comentó Evan, algo más allá, cruzándose de brazos- ¿No se supone que son asesinos y quieren acabar con nosotros?
-Yo no creo que lo sean en realidad- replicó Kurt, con su peculiar acento, mientras Kitty trataba de poner en pie a Bobby con ayuda de Scott- Podrían habernos matado a todos si se lo hubieran propuesto.
-Entonces según tú, ¿cuál era su objetivo…? - le espetó Scott, viéndose interrumpido por los vómitos del pobre Bobby, que no tenía claro ni dónde estaba- ¿Atacarnos sin más?
Kurt negó con la cabeza, avanzando junto con los demás hacia donde habían estacionado el jet.
-Pienso que solo han planeado esto para asustar a los humanos, como siempre- respondió el chico, con tranquilidad- Ha sido una casualidad que estuviéramos allí nosotros también. Eso es todo.
-¿Una casualidad?- bufó Daniels, contemplando, asqueado, el deplorable estado de Bobby- Allerdyce iba con ellos, y su prima también, ¿no es cierto? Ellos sabían cuando íbamos a venir a registrarnos.
-Puede que haya sido precisamente la presencia de Anna lo que nos haya salvado- terció Kitty arrugando la nariz en una mueca de confusión.
-Pícara es una desagradecida, una ingrata- declaró Scott, en tono acusador- No te considero tan falta de juicio como para seguirla teniendo en alta estima. Te aconsejo que intentes olvidarte tan rápido como te sea posible, de que alguna vez tuviste amistad con ella- añadió, desdeñosamente.
Kitty frunció el ceño, desviando la mirada, mientras seguía haciendo de apoyo para un exhausto Bobby. Aquel día en el que habló con Marie sobre lo que le había sucedido con Dominik, ella parecía sincera. Le había parecido que hablaba con honestidad cuando había afirmado que no sabía que fuera un asesino. Pero Marie ahora no estaba con ellos; había regresado con la Hermandad, que eso sería probablemente lo que siempre había deseado desde que puso un pie en la Mansión X. Tal vez Kitty hubiera confiado en ella, en que de verdad la apreciaba, cuando solo la había utilizado como entretenimiento durante su estancia en la escuela.
Cuando se sentaron en los respectivos asientos y estaban esperando a que los demás alumnos subieran al pequeño avión- a los que habían herido y a los que no-, Kurt se volvió hacia ella, mirándola con intensidad. Kitty le devolvió la mirada, distraída, como si de repente no supiera qué estaba haciendo allí.
-No harás caso de lo que ha dicho Scott, ¿verdad? - cuestionó él, bajando la voz.
Los ojos de Kitty se dirigieron al frente, la chica tragando saliva discretamente.
-No sé qué pensar de todo esto Kurt- respondió ella, finalmente.
-Anna no querría hacernos daño- aseguró el muchacho, plenamente convencido de sus palabras.
-Ya no lo tengo tan claro, Kurt- susurró Kitty, volviéndose para mirarlo de nuevo- La he visto. Estaba de espaldas y era ella. Ayudaba a Allerdyce en su enfrentamiento contra Bobby.
-¿Qué iba a hacer, entonces?- respondió Kurt, para sorpresa de la chica- No podía oponerse a los suyos. Además, si quisiera matar a Bobby lo habría hecho, en lugar de hacerlo desmayar.
-Ella no fue quien hizo que Bobby cayera y perdiera el conocimiento- repuso Kitty, cruzándose de brazos con actitud hostil- Fue Quicksilver.
-¿Nunca te habló de él?- preguntó Kurt, con curiosidad.
Kitty negó con la cabeza, con tristeza.
-No tendría la suficiente confianza en mí para eso.
-O quizá era un tema doloroso- opinó Kurt, irguiéndose un momento sobre el asiento para ver si Scott o Tormenta estaban cerca. Seguidamente, se acomodó sobre el respaldo, sus ojos fijos en Kitty- No debemos renunciar tan pronto a Anna; deberíamos darle la oportunidad de explicarse.
Kitty suspiró, resignada.
-No lo sé, pero sí sé que ayer se fue del baile antes de que ninguno de nosotros se diera cuenta, y que después estábamos rodeados por miembros de la Hermandad, atentando contra nuestras vidas- dijo ella, sin que le temblara la voz ni un instante- También sé lo que he visto hoy- agregó, señalando a Bobby con un movimiento de cabeza.
Se hallaba con una venda ensangrentada en la nuca y cerraba los ojos porque le molestaba la luz. Tenía en la camiseta manchas, seguramente debidas al vómito.
Ante eso, Kurt no dijo nada para contradecirlo. Quizá, después de todo, estuviera equivocado y durante el tiempo que había estado con ellos, Marie había estado fingiendo ser otra persona.
En cuanto volvieron a la casa, sin darle tiempo a Pietro para que abriera la portezuela del coche, Alex explotó. Los ánimos se habían tensado durante el viaje, en el que la mayor parte del tiempo la habían pasado en silencio. Sin embargo, como era de esperar, ese silencio solo era la calma que precedía a la tormenta.
-Ya está bien- soltó el rubio, saltando del coche y dando un rodeo para llegar al lado opuesto del vehículo, para abrir la puerta del lado de John- ¿Quién te crees que eres para fastidiarlo todo?
Sin sentirse amilanado, John salió del coche y se situó frente a Alex, mirándolo a los ojos. Tanto Marie como Pietro se dispusieron a bajar también; se encontraban en el camino de tierra que conducía a la casa.
-Magneto no pensará lo mismo- repuso con firmeza, aunque no parecía que le importase mucho lo que Alex dijera al respecto- De todos los que estamos aquí, soy el único que ha cumplido el cometido.
-¿Y cuál era ese cometido?- le espetó Alex, su rostro a varios centímetros del de John, que ni siquiera hizo el amago de apartarse- Correr el absurdo riesgo de que los X-men nos hicieran pedacitos, habiendo muchas más comisarías en las que se estaba llevando a cabo la ley de registro. ¿Eso es lo que llamas "cumplir con el cometido"?
John dio un pequeño paso hacia delante, devolviéndole la mirada con fiereza.
-He destruido el maldito edificio, he matado a varios humanos incendiando sus coches y peleado contra un estudiante de Xavier- le dijo, impertérrito- Eso es mucho más de lo que has hecho tú enfrentándote al idiota de Summers. ¿Estabas asustado porque la policía corriera en tu busca, hijo de papá?
Alex inclinó tanto la cabeza que su nariz casi rozó la de John, aunque era más alto que él.
-Repite eso, tarugo.
-Pietro, haz algo- le susurró Marie al chico, que se mantenía junto a ella, observando la escena sin intervenir.
-¿Hijo de papá?- lo picó John, con una sonrisa torcida- ¿O se debería decir hijo de mamá en tu caso?
Alex le estampó un puño a John en la cara, haciendo que retrocediera, tambaleándose, y su espalda diera contra la portezuela a medio cerrar del coche. El muchacho se escurrió hasta acabar en el suelo, sonriendo de aquella forma tan desquiciante en la que solía hacerlo, a pesar de que la sangre de su labio inferior destrozado le caía por la barbilla.
Entonces, Pietro se volvió hacia Marie, alzando las cejas y esbozando una sonrisa divertida.
-¿Por qué iba a hacer algo?- cuestionó, sin molestarse en bajar la voz- Esto me divierte.
Antes de que Marie pudiera replicarle, molesta, John le propinó una patada a Alex en el hueco poplíteo, haciéndolo caer al suelo boca abajo. Al situar las manos por delante para amortiguar el golpe, Alex se rompió un dedo de la mano izquierda. John aprovechó para colocarse encima del muchacho y cogerlo por la cabellera, golpeándole el rostro contra el suelo. Sonó un "crack"; seguramente debido a que a Alex se le había fracturado la nariz con el impacto.
-¡John, para de una vez!- le gritó Marie, escandalizada, sin atreverse a acercarse por miedo a que le hicieran daño si intentaba separarlos.
Cuando por fin se decidió, pensando que, si no hacían algo pronto, la cosa iba a acabar muy mal; hizo el ademán de inclinarse sobre John para agarrarlo por el cuello de la camiseta desde atrás y apartarlo de Alex, pero Pietro la detuvo, cogiéndola por la tela de la camiseta.
-¿Estás loca? Puedes salir muy mal parada si te acercas.
-Tampoco podemos quedarnos aquí sin hacer nada- contestó ella, cruzándose de brazos con enojo.
Pietro se la quedó mirando con fijeza, frunciendo el ceño.
-Supongo que tendré que…
Sin embargo, se vio interrumpido por la visión de John saliendo disparado hacia el otro lado del camino de tierra, donde comenzaba la linde del bosque. Pietro y Marie se volvieron a la vez, descubriendo a Warren, con las grandes alas extendidas y ayudando a Alex a levantarse. Había adelgazado y tenía los huecos supraclaviculares y los espacios intercostales más marcados. A pesar de eso, su aspecto seguía siendo tan brillante e imponente como siempre.
Marie no tardó mucho en ir a su encuentro para abrazarlo. Warren la rodeó con sus fuertes brazos, brevemente, impasible ante la mirada huraña de Pietro.
Cuando se separó de él, Marie soltó un grito ahogado, al ver a Alex, que apenas se podía tener en pie. Apenas se le distinguía la nariz del rostro, que estaba lleno de sangre. Pietro corrió a su lado para impedir que cayera y llevarlo a la casa.
-Te llevaré con Betsy- le dijo- Ella es la que ha estado tratando a Dominik; sabrá qué hacer.
A continuación, se giró hacia Marie, ceñudo, cuando se dio cuenta de que estaba intercambiando una mirada significativa con John, que ahora regresaba a la casa, en un esfuerzo que resultaba ridículo por seguir caminando tan altivamente como solía.
-¿Te vienes o no?- inquirió, con brusquedad.
Marie volvió el rostro hacia él, algo distraída. Parpadeó varias veces, asimilando lo que le acababa de decir, antes de responderle.
-Voy dentro de un rato.
-¿Por qué en un rato y no ahora? - le espetó Pietro, tirando del brazo de Alex con menos cautela de la que debería.
Marie lo miró, perpleja. Sin embargo, antes de que pudiera contestarle, Warren lo hizo por ella.
-¿Acaso te molesta tanto que se quede a hablar conmigo?
Pietro clavó sus ojos en él, estrechándolos.
-No. Lo que me molesta es que se quede a hablar contigo y no me invite a participar en la conversación.
-¿Vas a privarla de hablar con otras personas que no sean tú? - cuestionó Warren, con su habitual actitud sosegada e imperturbable- Muy propio de ti.
-No eres quien para juzgarme, palomita…
Pietro se interrumpió cuando Marie situó una mano en su hombro. Un escalofrío casi imperceptible recorrió su espalda, pero Marie lo notó, y sonrió. Pietro desvió la mirada, incómodo.
-Todo está bien, Pietro- le susurró ella, un tanto nerviosa- Sé que no te gusta que hable con él, pero es mi amigo. No puedes prohibirme hacer cosas.
Él apretó la mandíbula, mascullando un "Ya lo veremos".
-¿Crees que voy a planear irme otra vez?- preguntó Marie, esperando ansiosa una respuesta por su parte- ¿Es eso?
Pietro ladeó el rostro hacia ella, mirándola de soslayo.
-Confía en mí. No voy a irme- le prometió, dándole un pequeño beso en el pómulo; Pietro adquirió una postura rígida- Al menos, no sin ti- se corrigió, pensando en que en cuanto tuviera oportunidad, cogería a Pietro y se largaría de la Hermandad.
El muchacho la miró de reojo, levantando la comisura derecha levemente en una sonrisa escondida, antes de desaparecer, llevándose a Alex con él.
Marie inclinó la cabeza, suspirando con resignación.
-No sé cómo puede gustarte Pietro- dijo Warren, cortando sus pensamientos- Es el ser más aniñado e inmaduro que he visto en mi vida, y te aseguro que he visto bastantes así.
Ella se dio la vuelta para mirarlo, con una sonrisa divertida.
-¿Insinúas que sería mejor que estuviera contigo?
Warren soltó una carcajada; la primera vez que Marie lo veía hacer eso. Por muy extraña que fuera la escena, le pareció que su risa era demasiado natural para ser alguien que la mayor parte del tiempo permanecía inexpresivo.
-Desde luego que no. Tú eres demasiado buena para mí.
-No sé si escucharte decir eso es algo bueno o malo- respondió Marie, mientras avanzaban entre los árboles del bosque circundante a la casa, dando un paseo.
-No seas estúpida. Mereces algo mucho mejor- le dijo, borrando la sonrisa que dibujaban sus labios- Mucho mejor que yo. No obstante, no creo que Pietro te pueda ofrecer mucho más.
Marie lo miró con desconcierto, sin saber qué pensar de todo aquello.
-¿Tú…?- Marie se mordió el labio inferior, sin tener muy claro cómo debía seguir la frase, sin que a Warren le pareciera más absurdo de lo que le parecía a ella- ¿Tú sientes algo por…?
Warren alzó una ceja, encogiendo las alas.
-¿Por ti?- la ayudó él, expectante.
Marie asintió, tragando saliva. Warren ni siquiera hizo el amago de reírse de ella porque se le hubiera pasado aquello por la cabeza. Aunque Marie tampoco se lo hubiera esperado nunca de él.
-Nada más allá de una amistad sin fisuras y un eterno agradecimiento- sonrió él, con tristeza- La persona a la que quiero de ese modo no está aquí, y no creo que vuelva a verla.
-Averiguaremos adónde se la han llevado.
-La única que podría hacerlo es Mística- respondió Warren con abatimiento- y no podemos preguntárselo sin levantar sospechas porque la tienen vigilada día y noche…
-Warren- lo llamó Marie bajando la voz y agarrándolo por un brazo, ocultándose tras unos arbustos.
Ángel la miró, inquisitivo.
-Mira.
Marie señaló con el dedo hacia delante, y Warren siguió su recorrido, descubriendo un claro en medio del bosque. Había una furgoneta blanca en el medio.
-Esa es la furgoneta en la que iba Mística el día que fuimos a buscar a Wanda a la aldea abandonada- aclaró Marie, en voz baja- ¿Crees que habrá alguien dentro?
-Lo dudo- contestó Warren, sin molestarse en hablar en el mismo tono que ella- Parece que ha estado a la intemperie mucho tiempo. Vayamos a ver.
-¿No será peligroso?- murmuró Marie, yendo tras él y procurando hacerlo con el mayor sigilo posible.
-No vengas si no te sientes segura.
-No voy a dejarte solo.
Warren asintió, conforme, antes de volverse hacia la furgoneta, que ahora se hallaba frente a ellos.
Marie tiró de la maneta de la puerta trasera, sin conseguir abrirla. Warren le hizo un gesto para que se apartara y le lanzó una patada a la portezuela, rompiéndola por la mitad.
-No sabía que pudieras hacer eso- pudo decir Marie, sorprendida.
-Algo bueno tenía que tener mi mutación.
Marie entornó los ojos ante su contestación y lo siguió al interior de la vieja furgoneta. Encontró una linterna en uno de los extremos más cercanos a la puerta que acababa de destrozar Warren y la encendió sin vacilar. Aunque iluminaba poco, iluminaba lo suficiente como para que les permitiera ver el fondo de la parte trasera en la que ahora estaban, la parte que los separaba de los asientos del conductor y del copiloto. El suelo estaba lleno de papeles desperdigados y en un rincón había una caja algo más grande de lo que sería en caso de que guardara zapatos.
Warren se inclinó sobre la caja, mientras Marie examinaba los papeles y su contenido. Tenía la esperanza de encontrar allí algo que les ayudara a saber dónde estaba Wanda.
Cogió uno, dándose luz con la linterna y comenzó a leer.
Un nuevo sujeto para la colección, el sujeto SK. Comenzaré administrándole pequeñas dosis de diazepam sin que se dé cuenta, y cuando el fármaco le surta efecto, aumentaré las cantidades. Será pan comido, pero antes tendré que deshacerme de unos cuantos. El objetivo 1 ya ha sido eliminado del mapa, así que solo me queda enfrentarme a la que puede ser una mayor amenaza. Necesitaré un inhibidor neuronal. El 4 de junio podríamos vernos y haces la entrega correspondiente.
Ya sabes lo que siento por ti, RD.
Orandum est ut sit mens sana in corpore sano.
Marie guardó la nota en el bolsillo de sus vaqueros y se volvió hacia Warren, que permanecía agachado frente a la caja, de espaldas a ella, por lo que Marie no podía ver su expresión.
-Warren, ¿cuál es el apellido de Raven? ¿Empieza por D?
Ángel no contestó, y Marie se percató en ese momento de que estaba muy quieto. Sobrecogedoramente quieto. Se preocupó al verlo tan inmóvil. Se aproximó, conteniendo la respiración.
-¿Warren?- susurró, con miedo, y sin saber de qué exactamente.
Entonces, Warren se apartó de la caja, poniéndose de pie. Estaba lívido, mucho más de lo que acostumbraba.
-Ya sabemos por qué mi amapola empeoró tan repentinamente- musitó, volviéndose para mirar el exterior que podía verse por el hueco de la puerta que él mismo se había encargado de hacer desaparecer minutos antes.
Inquieta, Marie observó el interior de la caja, comprendiendo la reacción de Warren. Estaba repleta de envases rectangulares de cartón, en los cuales estaba grabado "Haloperidol".
