Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.
CAPÍTULO 43. Amigos y no tan amigos.
Cuando Marie y Warren llegaron a la casa, él la hizo detenerse. Llevaban todo el trayecto caminando en silencio; no habían comentado nada desde que Ángel la había ayudado a recoger el contenido que se había vertido de la caja.
-Será mejor que tengamos esto a buen recaudo- señaló el joven, tendiéndole las manos para coger la caja- Nadie puede llegar a la parte de la casa en la que duermo salvo yo.
Marie asintió, alicaída, mientras le daba la caja y se volvía para entrar en casa.
-Marie- la llamó él- Intenta olvidar lo que he dicho antes.
Ella ladeó el rostro e inclinó la cabeza, avanzando por el camino de tierra. Entretanto, Warren lanzó sus alas hacia delante y voló hacia el tejado. Levantó una brisa que revolvió los cabellos de Marie, que estaba a dos pasos de la puerta principal.
En una de las plantas superiores, dos personas habían contemplado cómo Warren y Marie se habían separado tras un gesto no muy animado por parte de ella.
-¿Qué cree que traman esos dos?- cuestionó John, dejando caer la cortina de la ventana y dirigiéndose a Magneto, que esbozaba una sonrisa cínica.
-No nos deberá importar más de lo necesario, John- respondió el hombre, invitándolo a tomar asiento frente a él en la mesa de su despacho- Pronto, ninguno de los dos podrá pensar en nada más allá de lo que se avecina.
John frunció el ceño como pudo, ya que tenía una fea herida en la frente, producto del golpe que se había dado cuando Ángel lo había apartado de Kaos.
-No nos deberá importar siempre y cuando no estropeen los planes- repuso el muchacho, con mordacidad- ¿Quién le dice a usted que esa caja tan rara que se ha llevado el imbécil ese no tiene nada que ver con el artefacto?
Magneto le lanzó una mirada severa, entrelazando sus manos sobre la mesa.
-Ten más cuidado al hablar- lo recriminó- Nunca se sabe quién puede estar escuchando.
John entornó los ojos, pero obedeció.
-¿Quién más sabía sobre esa… cosa, y sus planes?- preguntó el muchacho, interesado.
-Oh, todos aquí lo saben; tú no ibas a ser el único.
-¿Cómo puede estar tan seguro de que no le vayan a contar nada a Anna?- inquirió John, escéptico.
-Porque a ellos les conviene si no quieren dejar de tener protección, y la mayoría sigue nuestros ideales- aclaró Magneto, satisfecho.
Sin embargo, John no parecía tan convencido como él.
-¿El idiota que anda tras ella también lo sabe?- insistió, refiriéndose a Pietro.
Magneto asintió; parecía que no le daba mucha importancia a ese hecho.
-Ahí es donde entras tú, John- respondió Eric, con una leve sonrisa que no se correspondía con lo que expresaban sus ojos grises.
-¿Yo? ¿Qué quiere que haga?- preguntó el chico, desconcertado.
-En cuanto sospeches que puede tener alguna intención de entrometerse, hazlo rehusar. Si lo haces sin deshacerte de él, te daré lo que te prometí- aseguró Magneto, poniéndose en pie y dando por finalizada la conversación- Un puesto junto a mí como mi mano derecha.
-Creía que con lo que había hecho hoy, ya lo había conseguido- replicó John, levantándose también, con cara de pocos amigos.
-Oh, no, mi inocente John. Necesito una muestra de lealtad mucho más importante que lo que has hecho hoy- sonrió Eric, acompañándolo a la puerta- Demuéstrame que podrías traicionar a los tuyos por mí y te lo daré todo. Mientras tanto, Pietro seguirá siendo el segundo bajo mi mando.
Entretanto, Marie se adentraba en el vestíbulo, en dirección a las escaleras que llevaban a su cuarto. Algo más allá pudo divisar la gran panza de Blob, que hacía guardia por delante de la puerta que llevaba al sótano. Marie supuso que se hallaba vigilando a Mística, para que no escapara. Probablemente la puerta del sótano que llevaba al exterior, también estaría bajo vigilancia.
No pensó mucho más en ello, puesto que tenía unas ganas urgentes de irse a la cama sin siquiera cenar. Sólo quería dormir y olvidarse de las cosas horribles que había visto y oído en el bosque. Warren se había disculpado, pero había dicho lo que pensaba. Marie no podía culparlo por ello, como tampoco había podido dejar de culparse a sí misma por ser la razón de que nadie detuviera a Wanda en su escapada a la aldea abandonada.
Al menos, ahora sabía que la mayoría de la responsabilidad recaía sobre Mística, quien había sido la causante de que Wanda cada día empeorara más y más hasta perder la consciencia de quien era o de lo que hacía. Sentía que debía contárselo todo a Pietro, pero, por otra parte, no creía que reaccionara muy bien cuando lo hiciera. En muchas ocasiones, Pietro era impredecible y había llegado incluso a inspirarle miedo a Marie, que no sabía muy bien cómo hablarle en esos momentos.
Y, no obstante, lo tenía frente a ella, sentado en lo alto de las escaleras, con la espalda apoyada contra la pared y abrazándose las rodillas semiflexionadas. Estaba escuchando música y el cabello le caía a un lado del rostro, con la mirada perdida. Marie hubiera querido acercarse y abrazarlo, pero no creyó que fuese lo más adecuado. Entre otras cosas, porque aún tenía miedo de sí misma y porque tenía los vaqueros llenos de tierra y porquería.
De todas formas, pensó que era extraño encontrarlo allí y no en su cuarto. Quizá la hubiera estado esperando.
En efecto, al verla, él alzó la cabeza y le lanzó una mirada penetrante. Marie no pudo evitar ruborizarse, a pesar de que él no la miraba muy bien. Parecía enojado por algo. Se sentó a su izquierda, de tal forma que quedaba más alejada de los escalones.
-¿Qué te ha pasado?- le susurró, observando cómo él se quitaba los cascos y los guardaba en uno de los bolsillos de los pantalones.
Pietro la miró, como si ella tuviera que saber obligatoriamente qué era lo que le había pasado, como si la acusara. No obstante, Marie no desvió la mirada.
-¿Qué me ha pasado?- reiteró él, molesto- ¿Por qué tendría que haberme pasado algo?
-Mira cómo estás- respondió Marie, sin alterarse- ¿Te ha ocurrido algo con Johnny mientras yo no estaba?
Pietro clavó sus ojos en ella, irritado.
-Eso lo dices para despistar, ¿verdad?- bufó él, aun sin apartarse de su lado.
-¿Cómo?- preguntó Marie, con desconcierto.
-No te hagas la tonta. Te he visto en el bosque. Con Warren. Muy acaramelados los dos.
Marie suspiró, con resignación. Debía haberse imaginado que Pietro la seguiría al bosque.
-¿Me has espiado?- cuestionó ella, tratando de mantener la calma.
-¿No es obvio?- replicó Pietro, entornando los ojos.
-¿Es que nunca vas a confiar en mí? Jamás te he dado motivos para que creas que me gusta o que siento algún interés en alguien más que no seas tú.
-Yo os vi. Le vi abrazándote- alegó el muchacho, levantándose a la velocidad que lo caracterizaba y reapareciendo frente a ella- A la palomita no le gusta abrazar a la gente. Avalancha dice que está enamorado de mi hermana, pero nunca lo he visto abrazándola como te abrazaba a ti hace un rato.
-No creo que lo hayas visto abrazando a nadie en absoluto- repuso Marie, irguiéndose como pudo- ¿Acaso oíste lo que estábamos hablando?
-¿Acaso eso es importante?- resopló Pietro, dándole la espalda y caminando por el pasillo.
Marie no se dio por vencida y fue tras él. Si Pietro no quisiera seguir hablando con ella, se habría ido velozmente y la habría dejado con la palabra en la boca.
-Me estaba pidiendo perdón.
-Perdón- bufó Pietro, sin mirarla- Claro. ¿Y por qué si puede saberse?
-Me había enfadado con él, cosa que, por supuesto estarás contento de oír, ¿no es así?
Pietro la miró de soslayo, con una media sonrisa.
-Respuesta acertada. Continúa.
-¡Te estaba culpando de todo lo que le ha pasado a Wanda!- le dijo ella, casi con desesperación- Y no es justo. Que seas su hermano no significa que tengas que ser responsable de todo lo que haga o deje de hacer.
Pietro se detuvo, esperando a que Marie se situara frente a él, algo falta de aliento.
-¿Por qué salió el tema?- preguntó el chico, frunciendo el ceño.
Marie tragó saliva. Aún no estaba segura de si debía contarle lo que Raven había hecho con la medicación de su hermana.
-Mira, ¿sabes qué? Me importa un comino- dijo Pietro, para sorpresa de ella- No está aquí y no tiene sentido darle más vueltas. Tampoco voy a ser tan estúpido como para enfadarme contigo cuando lo que más me apetece en este momento es besarte.
Marie se sonrojó visiblemente, pero no se separó de él cuando le hundió los dedos en los cabellos, despeinándola, y la atrajo hacia sí. Marie conocía bien la naturaleza impetuosa de Pietro, pero sabía que algo no marchaba como debía. Pareciera que trataba de ocultar algo a todas luces, o de olvidarlo; Marie no estaba segura.
No obstante, todo aquello dejó de ser relevante cuando Pietro comenzó a juguetear con sus labios, introduciendo la otra mano bajo su camiseta y acariciándole la espalda de forma posesiva.
-Pietro- suspiró Marie, extasiada, contra su boca. Casi había olvidado el tacto increíblemente suave de su barbilla bajo sus manos- ¿Estás… bien?
Pietro ni siquiera se molestó en apartarse.
-Estupendamente- respondió, haciendo que sus labios rozaran los de ella al hablar- Nunca habría podido estar mejor- añadió en voz baja- Y ahora que puedo tocarte y besarte sin que me electrocutes, hay un par de cosas más que se me ocurren que podemos hacer.
Entre sus brazos, Marie se puso rígida. La palidez había sustituido al rojo que había estado cubriendo sus mejillas. Enseguida, Pietro lo notó, y se separó solamente lo suficiente como para mirarla, su rostro a centímetros escasos del suyo.
-Supongo que ahora es cuando me toca a mí preguntar si estás bien- imaginó él, en voz alta.
-Pietro- lo llamó Marie, colocando una de sus manos suavemente contra la piel delicada del cuello del chico- No quiero que creas que estoy rechazándote, pero… tengo miedo.
Pietro la miró, ceñudo.
-¿Miedo de qué?- le espetó, con más brusquedad de la que pretendía.
-De hacerte daño- respondió ella, como si fuera evidente- Si hubiéramos seguido… abrazándonos, no dentro de mucho te hubieras empezado a retorcer de dolor. Aún no lo controlo muy bien.
-¿Y va a llegar ese día?- repuso él, sin soltarla- ¿El día en que dejes de tener miedo?
Marie le sonrió, tiernamente.
-Siendo tú el que está en peligro, lo dudo mucho.
Pietro esbozó una sonrisa, aparentemente complacido.
-Algún día- prometió él, abrazándola por la cintura-, por mucho miedo que tengas, no podrás librarte de mí, amor.
Marie se lo quedó mirando, con una mezcla de perplejidad y de fascinación. Teniendo a Pietro a esa distancia, en la que podía ver los pequeños aros de plata de sus iris sobre un azul celeste, podía decir que era absolutamente perfecto. Sin embargo, antes de que pudiera responderle, alguien apareció al final de las escaleras, exactamente en el sitio donde había estado sentado Pietro instantes antes.
Marie se separó del muchacho precipitadamente, algo avergonzada. Se trataba de Alex, cuyo aspecto- producto de la pelea que había tenido con John unas horas antes- seguía siendo pésimo. Pero al menos, se tenía en pie.
-Siento mucho lo que sucedió antes- le dijo Marie, aproximándose a él- John no tenía por qué comportarse así.
Alex la miró con una expresión lejos de ser amistosa.
-Agradezco tus disculpas, pero no me interesan- contestó el rubio, lanzándole una mirada airada a Pietro- ¿Venís a cenar o qué?
Pietro se encogió de hombros, caminando hacia donde estaban y yendo tras ellos, que ahora bajaban las escaleras.
-Creía que daba un poco igual si comíamos juntos o no- farfulló Marie, frunciendo el ceño.
-Eso era antes- respondió Pietro, con una mirada extraña- Antes de que a Magneto se le ocurriera la brillante idea de reunirnos a todos en la misma mesa para compartir planes y sueños- añadió, con ironía.
Marie lo miró de reojo. Si no lo conociera bien, diría que sus palabras rezumaban algo parecido al resentimiento, pero ¿por qué iba a estar Pietro resentido con Magneto? Hasta ahora siempre le había sido indiferente.
-Entonces, ¿vamos… a comer con él?- preguntó Marie. Pronunciar aquello le había dejado un sabor amargo en la boca.
-Dirás que él, en su esplendorosa generosidad y degradándose hasta ese punto, se va a dignar a bajar a comer con nosotros- contestó Alex, sarcástico.
-¿Por qué te cae tan mal?- inquirió ella, con curiosidad.
-Se me antoja una persona un tanto hipócrita, que nos quiere obligar a luchar por sus fantasías utópicas, en las que hay una muy dudosa y cuestionable probabilidad de éxito- aclaró el muchacho, con firmeza.
Marie se lo quedó mirando, con los ojos abiertos como platos.
-¿Y por qué estás aquí, entonces, si piensas eso?- cuestionó la chica, mientras se dirigían a la cocina.
-No sé si te lo habrá contado este paleto que tienes por novio; sin ánimo de ofender, claro está- dijo Alex, mirando a Pietro de soslayo, y recibiendo un leve golpe por su parte en el brazo-, pero tengo una madre adoptiva. Ella también tiene intereses, como todo el mundo. Yo solo la sigo.
Marie asintió, algo desconcertada.
-Noto cierto rencor hacia mi persona- terció Pietro, con una sonrisa torcida.
Alex se volvió hacia él con enojo.
-Evidentemente- respondió- Creía que podía considerarte algo parecido a eso que buscas en el diccionario bajo el término de "amigo", pero está claro que me equivocaba.
-¿Se puede saber por qué estás cabreado ahora?- bufó Pietro, molesto.
-Ese tío casi me mata y tú te quedaste ahí parado como un pasmarote, sin mover un mísero músculo- le reprochó el muchacho, deteniéndose a dos pasos de la cocina.
Tanto Marie como Pietro, hicieron lo mismo. A Marie no se le pasó por alto que, pese a la expresión calmada de Pietro, tenía las manos cerradas en puños. Decidió intervenir.
-Hizo bien en quedarse apartado- dijo ella, sorprendiendo a Pietro- No debía meterse en esa pelea, y tú tampoco deberías haber caído en las provocaciones de Johnny.
-Ese Allerdyce es un idiota; alguien tenía que ponerlo en su sitio- repuso Alex, cruzándose de brazos.
Desde la cocina, se oyó un "¡Ese Allerdyce está aquí!".
-Además, ¿no crees que estás siendo un poco hipócrita?- continuó Alex- Tú misma le estabas diciendo que teníais que hacer algo pero a Quicksilver no le daba la gana de meterse en medio, no porque fuera peligroso, sino porque le divertía, ¿no es cierto?
-Sí, tienes razón, me divertía; no voy a negarlo- respondió Pietro, haciendo un mohín- ¿Te sentirás mejor si te digo que dejó de divertirme cuando comenzó a darte una paliza?
-Pasa de mí, Quicksilver- contestó Alex, avanzando hacia la cocina- Aparte de la chica, en esta casa solo te queda Avalancha.
Pietro clavaba los ojos en su espalda, cuando notó que Marie le rodeaba el antebrazo con una mano.
-No le hagas caso, Pietro- susurró ella, aunque sabía que muy probablemente Alex tenía razón.
Y Pietro también lo sabía.
