Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.

CAPÍTULO 44. Caer o no caer.

A pesar de la prisa que les había metido Alex para bajar, una vez Pietro y Marie entraron en la cocina pudieron darse cuenta de que faltaban miembros, y de que Magneto no estaba allí.

Sin embargo, sí que había alguien al que Marie había echado en falta durante todo el día y no había tenido ocasión de ver hasta ese momento. Dominik se recostaba sobre un sillón que habían colocado en un rincón de la estancia, cercano a la mesa, con un aspecto muy poco salubre. Parecía cinco años mayor de lo que era. Y, no obstante, Marie no estaba segura de lo que sentía hacia su antiguo amigo. ¿Pena? ¿Rencor por no esperarse que fuera capaz de asesinar a personas y no haberse percatado hasta que ya era demasiado tarde? No podría decirlo, en verdad. Tal vez en el caso de que sintiera rencor hacia alguien, debería tenerlo hacia sí misma, pues nadie más que ella debería haber notado sin ayuda, que la Hermandad no era nada parecido a lo que la habían hecho creer en un principio.

En cualquier caso, Marie se sintió violenta. No tenía idea de qué decirle, pero sabía que no podía reprocharle nada. Él solo cumplía órdenes; obviamente siempre había tenido la suficiente inteligencia como para poder rebelarse si hubiera querido, pero no lo había hecho y aquella responsabilidad recaía únicamente sobre él. Aun así, Marie lo había llegado a echar de menos aquellos días que había pasado alejada de la Hermandad.

Cuando la vio, Dominik esbozó una mueca en un intento fallido de sonreír, y le tendió la mano. Ante aquel gesto, Marie no pudo hacer más que acercarse y tras ponerse los guantes, darle la suya.

-Ha faltado poco para que no nos volviéramos a ver en esta vida, Pícara- dijo Avalancha, con una voz más ronca de lo normal.

-Nunca hubiera imaginado que el profesor querría secuestrarme- respondió Marie, incómoda- Si las cosas hubieran sido de otro modo, probablemente no hubierais tenido que ir a buscarme y ahora no estarías así.

-Íbamos a ir a buscarte de todas formas- repuso Dominik, pero no lo dijo con un tono de voz muy animado.

Marie lo achacó a que tenía malestar por las graves lesiones que le había ocasionado Daniels. Sin embargo, al hablar, Dominik había intercambiado una mirada significativa con Pietro, que enseguida desvió la vista hacia otra parte, como intentando borrar algún pensamiento desagradable que se le acababa de cruzar por la mente. Evidentemente, Marie no se dio cuenta de nada.

La muchacha sonrió levemente en respuesta. Mientras tanto, John entornaba los ojos; no acababa de comprender cómo Marie no se percataba de lo que estaba pasando, y cómo, suponiendo que conocía bien a su novio, no notaba que la estaba engañando. Tampoco es que John fuera a hacer algo al respecto, ya que él ahora también participaba en ese engaño.

Marie era demasiado ingenua, y al final terminaría sin escapatoria por haber estado más pendiente de otras cosas. John quizá había llegado a apreciarla durante el tiempo que había estado en la Mansión X; podría decirse que se había acostumbrado a ella. Sin embargo, había cosas mucho más grandes que todo aquello. John ni siquiera sabía si en verdad era aprecio lo que sentía por ella, porque jamás había sentido algo parecido. Lo que sí sabía era que no le importaba lo suficiente como para hacerlo plantearse siquiera la posibilidad de negarse a los planes de Magneto. La causa lo valía todo, y él no estaba dispuesto a renunciar a ella porque en algún momento de su vida Marie le hubiera inspirado confianza y alguna que otra sensación agradable producto de su compañía constante. Sí, lo veía claro.

John sabía ahora a lo que Magneto se había referido al decir que debía traicionar a los suyos para demostrarle su completa lealtad. No tenía a nadie más que a Marie. Inevitablemente tendría que traicionarla si quería ser alguien importante cuando la guerra terminara y la Hermandad triunfara.

Lejos de allí, aquella mañana, el despertador de Logan resonaba por toda la habitación, haciendo que despertara sobresaltado, con los músculos en tensión y sacando las garras. Una gotita de sudor le corría por la frente, cayéndole por el rostro y perdiéndose en su camiseta interior de tirantes, por la parte del tórax. Inspiraba y espiraba profundamente y con ansia; parecía que la prenda que le cubría la parte superior del cuerpo iba a romperse de un momento a otro.

Llevaba varios días con una jaqueca insoportable y no alcanzaba a comprender por qué. Vale, bebía mucho, pero eso nunca había supuesto un gran problema a la hora de las resacas; ya que su cuerpo toleraba bastante bien el alcohol y lo metabolizaba enseguida. Hacía mucho que no se emborrachaba, pero quitando ese hecho, el día anterior apenas sí se había bebido una cerveza. Tampoco podía estar poniéndose enfermo o incubando algo; Logan jamás enfermaba. Sin embargo, notaba que su cuerpo no estaba bien, que no estaba en las mismas condiciones de siempre. La cabeza le daba vueltas y notaba el corazón latiéndole, como si de un momento a otro fuera a escapársele del pecho. El sonido de un tambor incesante. Bum bum. Bum bum. Bum bum. La vista se le tornaba borrosa y no creía que siguiera teniendo los mismos reflejos que acostumbraba a tener.

Aun así, cuando se levantó a duras penas, y fue al baño a lavarse la cara, no se cayó. Después, se sintió mucho mejor.

Cuando salió del aseo, casi chocó con Cíclope, que había entrado en su habitación sin avisar. También estaba allí Tormenta. Llevaban puesto el traje que solían llevar cuando el profesor les encomendaba algún que otro cometido en el que hubiera probabilidades de enfrentamiento, pero Logan ni siquiera se dio cuenta de eso. Lo único que pensaba era que, debido a su estado enfermizo, no había podido olfatearlos antes de que se metieran en su cuarto.

Apoyó una mano en el marco de la puerta, tratando de mantener el equilibrio. Estrechó los ojos para ver mejor dónde estaban los recién llegados. Es más, no dejaba de preguntarse qué hacían allí.

-¿Vais a ir a buscar a Pícara?- inquirió, notando que le costaba un tanto hablar, y que notaba la saliva viscosa.

-Venimos a buscarte a ti, Logan- respondió Ororo, apesadumbrada.

Logan frunció el ceño, esperando a que continuase hablando para saber de qué iba todo aquello.

-¿Para qué?

Scott bufó, sin entender cómo podía existir gente tan estúpida en el mundo.

-¿Para qué crees tú?- le espetó Summers, llevándose el dedo índice a la sien, cerca de donde tenía las gafas- Míranos, no es como si viniéramos en plan amistoso.

-Scott…- lo llamó Ororo, con alarma.

Logan frunció el ceño, comprendiendo que el profesor había enviado a Cíclope y a Tormenta a pelear. A pelear contra él. Sentía que había algo de todo aquello que se le escapaba; era como si estuviera a punto de averiguarlo, pero sin llegar nunca a hacerlo. Al igual que sus movimientos, su mente trabajaba aquel día de un modo más ralentizado.

-Así que… el profesor cree que dos mocosos como vosotros pueden derrotarme. Me esperaba más por su parte.

Aunque aquel comentario debería haberla molestado, Tormenta dio un paso hacia él sin acercarse demasiado, alzando una mano en su dirección de forma tranquilizadora.

-Logan, no venimos a hacerte daño- le dijo ella, tratando de mantener la calma- Sólo a llevarte a un sitio donde no supongas una amenaza para otros; un sitio seguro para ti y para los demás- añadió, aunque no parecía que lo dijera con mucha convicción; más bien, pronunciaba aquellas palabras como si se las hubiera aprendido de memoria.

Logan tragó saliva, intentando asimilar lo que Ororo acababa de decir. No lo hizo a modo del típico gesto que se suele hacer cuando temes algo o no te sientes seguro, sino porque se le estaba amontonando en la boca; aquello era de lo más incómodo.

-De ti depende que lo hagamos por las buenas o por las malas.

La voz de Cíclope pareció despertar a Logan de su aparente ensimismamiento.

-¿Habéis venido esperando que me fuera con vosotros a voluntad?- replicó, casi con incredulidad.

Antes de que ninguno de los dos se hubiera planteado siquiera la posibilidad de que podía suceder algo así, Logan corrió hacia la ventana como le permitieron sus pesados pies y saltó al exterior, desde un cuarto piso.

-¡Maldita sea!- rugió Scott, lanzándole un haz de luz rojo que lo hirió en el brazo, sin hacer por eso que Logan se detuviera en su carrera desenfrenada hacia los exteriores del territorio perteneciente a la escuela- ¿No se suponía que con lo que le había dado el profesor le costaría más moverse y esas cosas?

-Y le costaba, pero Logan tiene un metabolismo diferente al nuestro- respondió Tormenta, aunque no parecía que el hecho de que Logan hubiera huido la hubiera enfurecido- El profesor ha calculado mal las dosis. Eso es todo.

-Lo dudo mucho- contestó Scott, desde la puerta, antes de echar a correr por los pasillos para ir tras Logan.

Ororo sacudió la cabeza, sus ojos tornándose completamente blancos mientras levitaba hacia el cielo abierto. Lobezno era ya casi una mancha borrosa en lo más cercano al bosque que rodeaba la Mansión X. No había caído en la cuenta de que los árboles atraen con mucha facilidad los rayos.

No obstante, Logan pensaba precipitadamente, y era precisamente eso lo que le daba ventaja sobre los alumnos del profesor. Se le daba demasiado bien improvisar; no por nada lo había estado haciendo toda su vida y había salido indemne de situaciones peores que aquella, pese a que no se acordara de la mayoría de ellas.

Situó su brazo alrededor del cuello de la primera chica que encontró. Creía recordar que la llamaban Júbilo, pero no estaba seguro. En cualquier caso, aquello ya daba igual. La chica no tenía escapatoria, y Logan no iba a soltarla hasta que no estuviera lo suficientemente lejos de allí.

Júbilo soltó un gritito de espanto, dejando caer los folios que tenía en la mano y aferrándose al enorme brazo de él con desesperación, sin ser capaz de reaccionar ante la amenaza que suponía que la tuviera agarrada de aquella forma. No había demasiados estudiantes por allí; a aquellas horas seguramente debían estar almorzando.

Enseguida, Cíclope, que estaba ya a unos cuantos metros de Logan, y Tormenta, que se hallaba aún en las alturas, se acercaron, aunque no en exceso.

Los ojos de Tormenta volvieron a ser de su color habitual paulatinamente y Scott apartó las manos de sus gafas, evitando hacer cualquier gesto que pudiera hacerle sospechar a Logan de un posible ataque en su contra por su parte.

-No eres tan ruin como para matar a una niña- le dijo Scott, recuperando el aliento.

Logan se notaba la frente empapada en sudor cuando contestó.

-Seré lo que tenga que ser con tal de que no me llevéis a ese sitio- repuso, con la voz un tanto débil.

-No le hagas daño, Logan- le rogó Tormenta, algo más apartada- Por favor. Ella no tiene la culpa de nada. No impliques a más personas en esto.

-Y no nos des más razones para pensar que el lugar más adecuado para ti es el que considera el profesor- agregó Scott, casi con malicia.

-No voy a entregaros la única posibilidad de alejarme de aquí ileso.

-Suéltala y no haremos nada contra ti- aseguró Scott.

Sin embargo, Logan no podía creer en sus palabras.

-No.

-Ten confianza en nosotros, Logan. Has estado viviendo aquí mucho tiempo y nunca hemos hecho nada que pudiera perjudicarte- corroboró Ororo, angustiada.

-Hasta ahora- suspiró Logan, con esfuerzo- Me dejaréis margen y me llevaré a la cría como seguro. Si intentáis algo, la mataré.

Scott avanzó un paso hacia él, con ira. No obstante, el brazo de Ororo lo detuvo.

-Déjalo- le dijo ella, desviando la mirada al suelo, entristecida.

Scott se volvió por un momento hacia ella, momento que Logan aprovechó para salir corriendo hacia el bosque, arrastrando a Júbilo tras de sí.

-¿Cómo puedes estar hablando en serio, Ororo?- le espetó Scott, enojado a más no poder- ¿Vas a dejar que se lleve a una alumna? ¿Qué pasa con lo que nos ha encargado el profesor?

-Si el profesor hubiera querido realmente que Logan fuera a ese lugar, hubiera hecho algo él mismo. Sabía que al menos, en mi caso, no pensaba arriesgar mi integridad ni la de nadie más por Logan- declaró Ororo, volviéndose para regresar a la escuela- No entiendes nada, Scott.

Scott creyó que con la última frase Tormenta hacía referencia a lo que había dicho justo anteriormente, pero muy probablemente no sería así.

Ororo conocía la naturaleza compasiva de Logan, sabía que no iba a hacerle daño a Júbilo. No se arrepentía de haberlo dejado marchar. Se merecía una oportunidad. No, Tormenta no pensaba que Logan estuviera hecho para el Asile. Y no pensaba que ella tuviera ningún derecho para privar a otros de su libertad. Seguramente, el profesor lo sabía, pero lo había dejado pasar por alto. Tal vez, en la mente retorcida de Charles hubiera planes de los que él dejaba ver al resto solamente una ínfima parte.

Tras enterarse de las intenciones del profesor para con otros mutantes en lo que respectaba a mandarlos a un sitio alejado de todo, Tormenta ya no sabía si quería seguir formando parte de esos planes.

No tuvo que pasar mucho hasta que Magneto irrumpiera en la cocina, acompañado por Mariposa Mental. En cuanto entraron en la estancia, Eric se percató del silencio tan tenso que había.

La mesa ya estaba puesta, y los cubiertos y platos estaban preparados. A un lado se encontraban Pietro, Avalancha y la chica y algo más apartados, John y Kaos.

-¿Ha ido bien el cambio de puestos?- inquirió John, servicial, mientras todos tomaban asiento frente a la comida.

-De maravilla- respondió Magneto, satisfecho- Es una suerte que los antiguos miembros hayan regresado- al escuchar aquello, Marie inclinó la cabeza; no tenía la más mínima hambre y tampoco llegaba a comprender por qué estaba allí- Alguien tiene que vigilar a nuestra judas mientras nos dedicamos a lo importante.

Marie alzó la vista de su plato vacío para fijarla en el hombre, que la escrutaba desde el otro lado de la mesa.

-¿Para eso querías que volviéramos?- le espetó ella, sin poder reprimirse- ¿Para que estuviéramos pendientes de Mística y siguiéramos haciendo el trabajo sucio?

Magneto la miró con fijeza, haciéndola arrepentirse de lo que acababa de decir. Sin embargo, Marie no se echó atrás.

-Bueno- suspiró Pietro, cortando la tensión que había en el ambiente- ¿Comemos ya o qué? Tengo hambre.

Eric entornó los ojos, pero se dispuso a coger los cubiertos como si Marie no le hubiera hablado de manera tan impertinente tan sólo hacía unos segundos.

-Estos jóvenes… pueden llegar a ser tan insolentes a veces- soltó Betsy, pinchando un trozo de carne con el tenedor- No se les tiene por qué escuchar más de lo necesario.

Marie le dirigió una mirada de soslayo, lejos de ser amistosa, mientras removía el cuchillo de un lado a otro de su plato, sin mucho entusiasmo.

-Sí, muchos deberían agradecer que soy de tu misma opinión, querida- respondió Eric, con una sonrisa un tanto cínica.

Enfrente, mientras comía, Pietro lo observaba, pero no de la misma forma que lo hacía siempre. Se trataba de una ojeada sombría, con una mezcla de enojo, ira, frustración y curiosidad. Nada más en su rostro dejaba entrever lo que pensaba, pero Dominik enseguida notó que le había sucedido algo y que muy probablemente estaba relacionado con Magneto.

-Hermanos, tengo una noticia para vosotros- anunció el líder de la Hermandad, entonces, ganándose la atención de todos sus miembros.

-¿Buena o mala?- preguntó Alex, desviando la mirada hacia su plato.

-Déjale hablar, imbécil- lo insultó John, que ocupaba asiento frente a él; Betsy le regaló una mirada severa y se ganó otra de desprecio por parte de Pietro.

Marie ni siquiera se molestó en levantar la cabeza del plato, y Dominik estaba demasiado ocupado tratando de llevarse la comida a la boca sin morirse de dolor en el intento.

-Está bien, John- repuso Magneto, alzando levemente la mano para aplacar los ánimos- Es una noticia excelente.

Pietro bufó, llevándose las manos a la nuca.

-Ese término es demasiado relativo- resopló en una voz más bien baja.

Nadie salvo Marie le hizo caso, aunque ella únicamente lo miró, un tanto desganada. Sólo quería irse a dormir.

-En una semana, abandonaremos la casa para instalarnos en otro sitio mucho mejor- prosiguió Magneto, quien estaba de buen humor, y por eso, nada parecía molestarle- Nos vamos a Nueva York.

-¿A Nueva York?- terció Dominik, ceñudo- ¿Por qué a Nueva York? Tenía entendido que…

Poco a poco su voz se fue extinguiendo, ya que se dio cuenta, quizá un poco tarde, de que tal vez estaba hablando demasiado.

-A Nueva York, Señor Petros- lo cortó Magneto, borrando la pequeña sonrisa que hacía unos momentos se había formado en sus labios- Allí es donde reside la mayor parte de la comunidad mutante en este condado, y allí es adonde podremos llegar… a más personas.

Pietro frunció el ceño, pensando en que los planes de volver a encontrarse con su hermana iban a irse al garete como no matara a Magneto antes de que se trasladaran. Si no estaba allí el próximo miércoles, Fuerza Libertad se olvidaría de su trato con él y quizá nunca volviera a ver a Wanda.

-Así que, id preparando vuestras pertenencias en estos días, en lo que algunos de vosotros me ayudáis a hacer los trámites pertinentes para conseguir un medio de transporte para todos.

Marie cerró los ojos, apesadumbrada. ¿La primera vez que viera Nueva York iba a ser de la mano de ese fanático? Definitivamente algo en su vida, aparte de su maldita mutación, iba muy mal. Logan tenía razón, aquel no era el sitio donde debía estar alguien como ella; con unos criminales. Pero, desde luego, tampoco podría regresar con el profesor, ya que había querido secuestrarla.

Y, no obstante, no se iría de allí hasta no convencer a Pietro de que se fuera con ella, y eso seguramente llevaría su tiempo.

Nadie añadió nada más durante lo que quedaba de comida, hasta que cuando estaban acabando, sucedió algo que ninguno de los que estaban en la cocina se esperaba.

Justo antes de que sonara un estruendo en la otra parte de la casa, Betsy se inclinaba sobre la mesa, sosteniéndose las sienes.

-Algo pasa- susurró, apoyándose sobre Alex, que fue rápidamente a darle apoyo para que no cayera- Algo no va bien.

-¿Qué…?- comenzaba a preguntar Magneto, cuando un enorme golpe resonó al otro lado de la casa, haciéndola retumbar.

Inmediatamente, todos los miembros de la Hermandad allí presentes se pusieron alerta.

-John, Alexander, Pietro, conmigo- les urgió Magneto, caminando diligentemente hacia la salida de la cocina, ladeando un momento el rostro para mirar a Betsy- Tú también.

-¿Y qué pasa con nosotros?- preguntó Marie, siendo deliberadamente ignorada por Magneto, que ya había desaparecido de la estancia, junto con sus acompañantes.

Solamente Pietro, que podía permitirse perder algo de tiempo ya que, si fuera andando incluso, podría llegar mucho antes que ellos al lugar de donde había procedido el ruido, se quedó un momento allí.

-Alguien tendrá que cuidar de Dominik- le dijo, guiñándole un ojo.

Marie lo miraba con desesperación cuando se esfumó, para irse con los demás.

-Estarás deseando ir con ellos- supuso Avalancha, acomodándose sobre la silla como pudo.

-En realidad, no- respondió Marie, de forma un poco cortante- No me gustan los enfrentamientos.

Dominik la miró, suspicaz.

-Has cambiado, Pícara.

Marie le devolvió la mirada; una mirada en la que no había nada agradable.

-No he cambiado; jamás me han gustado las peleas. No sé por qué habrían de gustarme ahora.

-¿Qué es lo que te pasa?- preguntó él, alzando el mentón- ¿Hubieras preferido que te hubiéramos dejado con el ruedas?

Marie se cruzó de brazos, sin verse muy por la labor de responder. Llevó los ojos hacia la ventana, dispuesta a mirar a cualquier parte menos hacia Avalancha.

-¿Es que ya no te gusta nuestra compañía?- insistió Avalancha- ¿Te han lavado el cerebro en la Mansión X?

Ella estiró los brazos apoyando las manos sobre la encimera y hundiendo la cabeza entre los hombros, cansada.

-Lo que no me gusta es el hecho de estar conviviendo con unos asesinos- respondió finalmente, diciendo algo que nunca hubiera creído que diría en voz alta, y menos delante de Dominik- Antes no era consciente de ello.

Dominik clavó sus ojos en la espalda de la chica, impertérrito.

-¿No eras consciente…?

Antes de que acabara de hablar, Pietro apareció en la cocina, junto a Marie, sosteniéndola por los hombros.

-¿Qué es lo que ocurre?- murmuró ella, un tanto preocupada al ver el semblante decaído del chico.

-Tu amigo, la palomita, al que tanto adoras ha abandonado la Hermandad. Ha noqueado a Blob y se ha llevado a Mística.

Marie no pudo evitar mirarlo, con los ojos abiertos como platos.

-¿Warren se ha ido?

-Apuesto a que lo ha hecho sin avisarte- bufó Pietro, apático- Tendrás que aprender a valorar mejor a tus amistades. Luego ocurren cosas como esta, y eres tú la que se lleva el chasco.