Esta es una adaptación a la novela Heart on a Chain de la escritora Cindi C. Bennett.

Los personajes mencionados pertenecen a la franquicia de Naruto, creado por Masashi kishimoto.

Favor de leer la novela antes de criticar y denunciar esta publicación.

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CAPITULO DOS

¡Wham!

El golpe con su puño me hace caer al suelo. Levanto la mirada hacia ella, determinando en un instante si debo permanecer abajo o ponerme de pie. Peleo con mis piernas, preparándome ligeramente en anticipación al siguiente ataque, garantizado a venir si no la interpreto equivocadamente.

No lo hago. Ella se aleja de mí con disgusto.

―Limpia este desastre, Sasuke ―refunfuña, pateando el plato con los restos de su almuerzo que se había caído al suelo desde su lado de la mesa cuando tropecé.

―Está bien, madre.

Ella se da la vuelta, con amenaza en su pose.

― ¿Me estas respondiendo?

―No madre, lo siento ―Me detesto por el tono de mi voz, pero soy impotente contra eso, como lo soy en el cambio de la marea de mi vida.

Recojo los restos de comida con mis manos, juntándola de nuevo en el plato y lo hago a un lado. Limpio un par de botellas de prescripción, que se han caído en el lío, con la parte delantera de mi playera. Pongo cada botella en su lugar, asegurándome de que queden exactamente donde deben ir, junto al resto de las botellas sobre la mesa. Ella sabe con precisión lo que está en cada una de ellas por su ubicación.

De la nada, la fotografía que he estado ocultando debajo de mi colchón aparece en mi mente. En ella, Mikoto se encuentra en el patio con mi padre y yo, riendo y amando, luciendo joven, muy bella y embarazada.

Yo tenía nueve años en esa foto, a punto de comenzar el cuarto grado, lo que era emocionante, porque significaba que estaba por deslizarme a ser lo que creía que era lo más genial del mundo, ser de los chicos más grandes de la escuela.

El día en que la foto fue tomada, mi padre había traído a casa una sorpresa de cumpleaños adelantada para mí. Mi cumpleaños no es hasta febrero, pero papá no podía esperar para dármelo, quería que la tuviera antes, así no esperara a que la nieve se derritiera.

Mientras llevo el plato sucio de mi madre hacia la cocina, miro por la ventana hacia la sorpresa de cumpleaños. Es una casa en un árbol, lo bastante grande como para que aun con mi gran estatura, pueda estar parado sin problema alguno. La madera es de buena calidad, resistente para todos los climas. Y el paso de los años puede darle la razón, excepto porque no brilla como cuando lo colocaron. El pegamento y los tornillos, ambos industriales, fueron colocados para que fuera firme sin temor a que alguna pieza de desprendiera. Me dijeron que tenía que esperar al menos un par de días antes de poder subir, para darle tiempo a que se asentaran en el árbol.

Un par días es una eternidad para un niño de nueve años.

En un par de días, aprendí, que es una eternidad de cambios que pueden ocurrir.

Rápido y tan silencioso cómo es posible lavo el plato, el lavavajillas hace mucho tiempo dejo de funcionar y la solo idea de pagar para que sea reparado o el milagro de comprar uno nuevo, es tan fabuloso como un viaje al país de las aguas termales. Tan pronto como termino, me deslizo en silencio por la puerta trasera.

Soy muy consiente de cuán patético es que tu única vía de escape, tu mejor amigo, sea un objeto inanimado, y el lugar de un juego de niños, para un chico de diecisiete años y se prepara para empezar su último año de la escuela preparatoria. Pero es todo lo que tengo, así que sigo caminando más rápido, ignorando la leve lluvia que recién empieza a bajar de intensidad mientras subo los peldaños desgastados y trepo tan rápido como puedo. El viento sopla y mueve los pequeños banderines en las ventanas. Enfría en carne al rojo vivo un lugar en mi mandíbula, que me dejara marca para iniciar el año escolar mañana.

No es que importe. Un pre-molido saco de boxeo no hace la diferencia para lo que me espera.

Mientras el viento sopla, siento la tensión liberarse, el mundo flotando. Estoy aliviado por la corriente que viene mientras me estremezco por la temperatura y cada vez me relajo más. La única interrupción llega cuando Fugaku llega con su poca coordinación debido a la bebida, temprano esta noche, y empieza a gritar. Incluso eso puedo apartarlo con un poco de esfuerzo, no es nada nuevo.

Por suerte, no hay ningún sonido de carne siendo golpeada cuando los gritos cesan. Mi mente registra esto como un problema menos pues significa que hay poca probabilidad de descargue su furia conmigo.

Algún tiempo después, noto que las luces han sido apagadas dentro de casa. No se les ocurre a alguien preguntarse si ya estoy en mi cama, o si quiera estoy en casa. No tengo problema con eso, la falta de interés y atención dejo de tener peso hace tiempo, y se convirtió en un alivio eso de ser invisible.

Continúo respirando el aire fresco de la noche, con el cabello ondeando por la frisa. Espero a que la paz invada por completo antes de bajar de la casa del árbol.

Una respiración profunda, que me llena de valor, entonces decido entrar a la casa tan silenciosamente como es humanamente posible para no llamar la atención y que les la oportunidad de que recuerden que existo.

Abro el armario de mi dormitorio, y doy un suspiro resignado por la falta de opciones ante mí. Mañana voy a ser un estudiante de último año, parece que para eso debería calificar tal vez un atuendo nuevo, algo que no sea de una tienda de segunda mano, que no esté gastado. Me permito una fiesta de lástima de dos minutos, entonces saco los objetos menos gastados para ponerme en la mañana.

Último año.

Gracias a dios.

Odio el primer día de escuela.

En realidad, odio todos los días de escuela, pero como este es el primer día del último año de preparatoria, de alguna manera parece peor que todos los demás. Hay un entusiasmo palpable en el aire del resto de los de último año, sabiendo que después de esto será solo el inicio de su vida. Yo no tengo una vida por lo que este año es más temible que todos los demás, y eso es decir mucho, considerando como cada año escolar ha sido para mí.

―Cuidado, emo.

Me tropiezo, pero no caigo mientras soy empujado a un lado por uno de los de primer año. Alcanzo a ver a un par de estudiantes de segundo año mirando con interés. El tiempo dirá si estos novatos unirán al juego, o si van a hacer de la vista gorda y tendré un poco de paz.

Me aparto de ellos y veo a Naruto Namikaze caminando por el pasillo, rodeado de sus seguidores y sus admiradoras. Es una buena razón para darme la vuelta e ir en la dirección opuesta. No me ha notado, así que hago una rápida retirada por las escaleras cercanas, a pesar de que tendré que ir más rápido para no llegar tarde a mi clase. Los retardos son algo que puedo controlar, no quiero llamar la atención a menos que sea absolutamente necesario.

Naruto es mi principal… enemigo, supongo, aunque hubo un tiempo en que fuimos amigos. El verano antes de la escuela secundaria, en el que crecí. Mi cuerpo empezó a desarrollarse, crecí varios centímetros y de pronto nada me quedaba. Las camisas y los pantalones eran muy cortos. Mis padres no podían molestarse por algo tan trivial como un hijo creciendo, así que tuve que ponerlo en mis manos.

Durante la, antes de que alguno de los dos hubiese recobrado el sentido, entraba a hurtadillas y robaba uno o dos billetes de sus bolsillos. Así fue como pude pagar un guardarropa que pudiera quedarme. Lo que he tenido al final tuve que repetir, ya que seguí creciendo, compre ropa más grande de mi talla, así no tendría que repetirlo pronto. Al fin me queda como debe, pero tal vez tenga que comprar algo pronto.

Mi "amplio" guardarropa consiste en dos camisas, tres playeras, una sudadera, un par de pantalones y otro par de bóxer, y unas botas desgastadas de la tienda local de ahorro. Por suerte no ha costado tanto como suena, en la tienda intercambian ropa si aún sigue en buen estado.

En ese entonces la ropa me quedaba mejor que cualquier otra opción, pero no cambio nada. Mientras en la escuela primaria había sido capaz de pasar desapercibo, sin llamar la atención. En la escuela secundaria pase a ser un objetivo.

Fue Naruto Namikaze quien realmente lo empezó, marcó la pauta de en lo que era mi vida actual, por lo menos dentro de la escuela. Por alguna razón había empezado a detestarme con el pasar de los años. Empezando a decir rumores por todas parte, a todo el mundo. Aun los estudiantes mayores prestaban cada vez más atención a todas esas habladurías. Y así, con una nueva confianza en su juego, vino una racha de crueldad y un blanco perfecto para desarrollar sus habilidades… yo.

El primer día de la escuela secundaria, entre usando mis ropas de segunda mano, y busque a personas conocidas en la primaria, incluido Naruto. Con algo de confianza me acerque cuando pude localizarlos. Al llegar a ellos no paso lo que imagine.

― ¿Qué estás haciendo aquí? No estás a nuestra altura ―se burló de mí. Mire a los demás, esperando a… ¿qué? ¿De verdad esperaba que hicieran algo? Al contrario, todos rieron por la situación, me di la vuelta sintiéndome traicionado.

De alguna forma se había enterado de la situación en casa, y así difundió todo sobre mi padre alcohólico y mi madre drogadicta. No pude negarlo, pues nadie sabía también cómo ello lo cierto que era eso. Aunque no era la historia completa, pero no iba a facilitarles la información. Ya suficiente habían tenido con la ropa de segunda mano que vestía.

Con su desprecio, cualquier parte de autoestima que aun conservara se fue y no me preocupe por retenerlo.

Fue sorprendente como los otros estudiantes rápidamente se unieron a los maltratos, insultos, libros en el suelo por un manotazo, o mi comida perdida por caídas. Aquellos que no querían participar, se alejaron aún más rápido, nadie quería recibir cualquier ataque que fuera para mí.

Tenía la esperanza de que en la preparatoria las cosas cambiaran, quiero decir. Los chicos se preparan para independizarse, eso debería volverlos más maduros ¿no? Después de todo algo si cambio, la intensidad bajo a diferencia de la secundaria. Nunca se detenía.

Mi cabello negro ha crecido con los años, lo corto para evitar que puedan jalar de él o pegarle goma de mascar. Pero no lo suficiente, cubrir un poco mi cara me da una mísera pizca de seguridad, que es mejor a nada.

Soñar no cuesta. Así que sueño que este año pueda ser diferente

Es cuando me apresuro a la segunda clase del día, caminando con la cabeza baja; pero también observando a lo que pasan junto a mí, siempre alerta de alguna señal de peligro. Hasta que la veo.

Sakura Haruno.

Me detengo donde estoy, siendo chocado por detrás, pero no golpeado. Creo haber escuchado un ―Perdona. ―Probablemente no vio a quien ha empujado.

Estoy congelado mientras la miro fijamente con la boca abierta. La vista de ella me trae de vuelta una corriente de recuerdos que había olvidado.

Ella había asistido a la misma escuela primaria, la he conocido desde el primer día de jardín de niños. Me había gustado de una manera infantil e inocente porque era buena con todos. Era la clase de chica al que otros se dirigían naturalmente, popular sin tratar de serlo o incluso importándole si lo era. Creías que podías ser su mejor amigo. Había admirado eso de ella. Sobre todo durante los años que las cosas se fueron al caño, y ella seguía siendo amable conmigo.

Se sentaba conmigo durante el almuerzo cuando estaba solo, lo que obviamente traía más niños a la mesa. Siempre me invitaba a jugar a lo que fuera cuando me veía sentado solo, a pesar de que sabía que nunca aceptaba. Cuando las niñas ya no se veían tan molestas, pensé que ella sería la chica con la que me gustaría ser más que su amigo.

Al final de ese año, cuando me dio la tarjeta de San Valentín, ese especial obsequio que ella había elaborado. No como las demás cosas falsas e iguales.

El recordar eso remueve el recuerdo de mi primer beso, mi único beso, en aquel armario de abrigos. Que atrevido fui esa ocasión. Que bien se había sentido tener sus labios sobre los míos. Aun me parecía increíble la esperanza que me había dado ese pequeño momento.

Mis mejillas se tornan ligeramente rojas mientras pienso en ella, sosteniendo su mano en el receso, lo que sucedió después de ese beso. No paso de nuevo, aunque lo deseara. Ambos fuimos demasiados tímidos e inseguros para volver a hacerlo.

Se mudó ese verano. No me entere hasta que empezaron las clases el siguiente año escolar.

Y ahora está aquí de nuevo.

Ha crecido, se ha desarrollado, pero no hay duda de que es ella. Es algo alta, pero le saco al menos veinte centímetros, con mi metro ochenta y tres, ya que ella usa botines altos. Su cabello rosa corto hasta el cuello, enmarcando su cara. Sacudiéndolo al reír. Luciendo suave y bien cuidado, a pesar de que no parece preocupada por el como el resto de las chicas. Su mandíbula ovalada, fina, muy femenina. La promesa de una chica linda se ha convertido en una joven increíblemente hermosa.

Se ríe de algo que alguien más dice y mi estómago se retuerce en reconocimiento. Su sonrisa es la misma que recuerdo, encantadora y hermosa.

Estoy de pie, mirándola fijamente, olvidando mantener mi usual perfil bajo entre la multitud, cuidándome del resto, así que cuando un codo viene no estoy preparado. Mis libros salen directo al piso, botando por todas partes haciendo bastante ruido, lo que llama su atención. Sus ojos se encuentran con los míos y veo un destello de reconocimiento en sus brillantes esmeraldas, con una sonrisa perpleja en las comisuras de sus labios. Furioso, me apresuro a recoger mis libros y escapar por las escaleras, humillado de que haya visto eso o incluso peor, que decida unirse al deporte oficial de la escuela.

Intentare subir dos o tres capítulos a las semana, ya que es una novela ligeramente larga (30 capítulos y el epilogo).

Si tiene algún comentario, sugerencia o queja, no duden en enviarla, para mejorar la adaptación.

Igualmente agradezco a las personas que le han dado Favorito y Seguir, espero les guste como va tomando forma.