N/A: De nuevo hizo mi día el leer los reviews que ustedes me dejan. Realmente me motivan a seguir escribiendo, así que se los agradezco desde el fondo de mi ser, en especial a MonoChronus.

Respecto a las monjas siendo crueles, sí, así son por motivos de la historia, pero nada extremo.

Así pues, aquí el nuevo capítulo. Espero les agrade.

Disclaimer: Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. El típico si fueran mios yo haría esto bla bla bla bla bla. Sólo los utilizo un rato para entretenimiento sin fines de lucro.

EDIT 8 Mayo 2017: Capitulo revisado, rescrito, editado y con un poco de nuevo contenido. Espero con toda la esperanza del mundo que ya por fin esté bien escrito, porque ya tengo demasiado sueño para darle una revisada más.


El sistema

Itachi sin duda quería salir a la brevedad posible. No tenía mucho residiendo en el orfanato como otros niños, tal vez unos dos o cuatro años (honestamente había perdido la cuenta), pero por obvias razones ya no quería seguir ahí. Lamentablemente no podía, sus padres estaban muertos y a pesar de que había indagado incesantemente, ellos ya no tenían algún otro familiar que pudiera hacerse cargo de ellos. Además, por más que le pesara, lo único que el orfanato hacía bien era no echar a ningún niño (aunque las ganas no les faltaran) porque entonces corrían el riesgo de ser descubiertos, perder el prestigio y las pocas donaciones que alguna que otra persona con dinero les daba (no por generosidad en sus corazones, siempre había un interés de por medio) y hasta podrían enfrentar cargos criminales. Incluso hubo una ocasión en que estuvo seguro que los iban a echar del lugar, pero pese a todo lo que hizo y pasó, los siguieron manteniendo, para bien o para mal.

El choque automovilístico había sido terrible según le informaron, y a pesar de que era un suceso bastante penoso, Itachi no se permitía lucir entristecido porque sabía que debía ser fuerte para sostenerse a sí mismo, pero más importante, para sostener a su pequeña hermana. Sin embargo, antes de que fueran recogidos por la organización y durante una que otra noche, siempre después de que Sakura se quedaba dormida, él lloraba en silencio, ahogando todas sus penas en su almohada, protegiendo a Sakura de estas.

De todos modos, aunque fuera algo cruel de su parte pensarlo, de una extraña manera le alegraba que ellos no hubieran acompañado a sus padres esa noche. Itachi sabiendo que Sakura prefería estar con él que sus mismos padres, y queriendo demostrarle a estos que ya era lo suficientemente grande y maduro para hacerse responsable de su hermana, había insistido en que ellos se quedaran en casa. En realidad él sólo quería estar jugando con Sakura a lo que sea que ella quisiera y se le antojara, pues sabía que ella prefería eso en vez de ir por las compras semanales. Había perdido a sus padres, y por más que le doliera era algo que podía soportar, sin embargo, jamás podría soportar el perderla a ella.

Así pues, sin padres ni otros familiares, las únicas opciones reales que les quedaban para salir del lugar eran que fueran adoptados o fueran mayores de edad. El problema es que a él aún le faltaban cinco años para la mayoría de edad y ni se diga de Sakura que le faltaban nueve. Además no permitiría dejar a su hermana cuatro años encerrada ahí sola sin él para cuidarla y protegerla. Jamás. Estarían siempre juntos, dentro o fuera de ese horrible lugar.

Sin embargo ser adoptados era más difícil de lo que había esperado. Las mayoría de las parejas que iban al orfanato eran adultos jóvenes, modernos, planificadores de familia que sólo buscan adoptar a un niño y no más, y para colmo cualquier niño que pasaba de los doce años prácticamente su oportunidad de ser adoptado se volvía cero; después de todo, era entendible que los padres quisieran un bebé a quien criar desde cero e imprimirse a sí mismos en ellos, su valores, sus tradiciones y demás, moldear a un pre púbero de doce o más ya era imposible. Como en todo, había sus excepciones y muchas veces parejas quisieron adoptar a Itachi o a Sakura, pero Itachi no permitía dejarse adoptar, ni dejaba que su hermana fuera adoptada. Le había jurado a su hermana que iban a estar siempre juntos, fuera o dentro del orfanato. Itachi siempre cumplía con su palabra y eso era lo que ella esperaba de él.

Estar ahí era difícil, e, Itachi sabía, dañino a largo plazo. El sistema era altamente deficiente. Los mantenían confinados en ese lugar, sin permitirles desarrollarse adecuadamente como seres humanos sociables y proactivos, y a los dieciocho los botaban al mundo exterior completamente inexpertos sólo para fracasar estrepitosamente intentando sobrevivir en un mundo del que no sabían absolutamente nada.

Despertar temprano, desayunar en el comedor, ir a clases, comer, hacer tarea, jugar en el patio, cenar, tomar un baño y dormir. No había nada más. Sumándole a eso el hecho de que no podían salir ni tampoco los sacaban a pasear. El lugar era amplio, suficiente para los pocos niños que el orfanato se permitía mantener, pero por más grande que fuera el patio, seguían encerrados dentro de esas mallas de metal. No había paseos al zoológico, no había excursiones a la ciudad, no habían visitas (aparte de las visitas de adopción) ni fiestas, nada. No habían ni siquiera televisores ni radios para que tuvieran aunque sea una idea de cómo era el mundo exterior.

La educación era otra de las cosas que tan mal le parecían a Itachi, enfocada solamente en aquello permitido por el dogma católico. Nada de evolución, Pangea, Mendel, Darwin, etc. Ah, pero les encargaban aprenderse pasajes de la biblia de memoria, "como buenos humildes servidores de Dios". Patrañas, pensó Itachi, él no creía siquiera en la existencia de un ser divino todopoderoso. Él había tenido suerte de haber leído cantidad de libros en la biblioteca del orfanato antes de que la inspeccionaran y se deshicieran de la mayoría de estos, pero dudaba que el resto de los niños habían tenido la misma avidez y oportunidad que él.

Probablemente lo peor de todo era el aspecto social y psicológico. Vivían confinados en ese espacio donde gobernaba la religión y donde solo conocían y convivían con los mismos adultos, durante años. No tenían ningún modelo a seguir, no había ningún tipo de buena influencia que pudieran obtener de esas monjas conformistas y mediocres, enajenadas, y si llegaban a convivir con ellos era solo por deber y de mala gana.

Así pues, las únicas relaciones que mantenían eran con sus propios compañeros, los demás niños en el orfanato. Sin embargo todas esas relaciones eran superficiales y poco estables, después de todo, nunca sabían cuando su mejor amigo podría ser adoptado y desaparecer para siempre. Y también estaba el tema de la competencia. De que había camaradería entre los niños, si había, e Itachi no dudaba que habían algunos niños que se sentían genuinamente felices de ver a sus amigos y compañeros dejar ese lugar y conseguir una mejor vida. Pero la envidia era algo aún más común entre los niños y la baja autoestima estaba presente en casi todos. Esta se debía no solo por el hecho de que ser adoptados era casi como un concurso donde solo ganaban ciertos niños con cualidades especiales, sino también por el cómo eran tratados constantemente por las monjas. ¿Cómo podían ellos, siendo niños, procesar de manera adecuada y saludable el rechazo de ciertos adultos de la oportunidad de cambiarles la vida y sacarlos de ahí, o ver cómo esas mismas personas que les negaban la oportunidad a ellos se la daban a otros por tal o cual razón? El valor que se daban a sí mismos dependía de las preferencias de otras personas, que escogían uno de ellos por razones arbitrarias como colores y formas, pocas veces por sus personalidades; a veces la decisión se basaba en un solo momento de sus vidas en que perdieron el carácter sin tomar en cuenta el resto de estas. ¿Cuál era su valor como seres humanos, supuestamente todos iguales, cuando unos si se iban y otros no?

-Itachi… Itachi –llamaba su hermana suavemente mientras lo movía un poco, con delicadeza.

El pelinegro salió de sus pensamientos y la observó. -¿Sucede algo? –preguntó algo despistado.

-No. Parecía que te habías quedado dormido –contestó ella con sus lindos ojos verdes, curiosos y brillantes.

-Lo siento –musitó Itachi. Luego continuó acariciando el cabello de su hermana, como a ella tanto le gustaba. Realmente no sabía que sería de él sin ella.

Ella quien le calmaba todas sus inquietudes con su suave voz. Ella que le alegraba el día más estresante con tan sólo una sonrisa. Ella a quien quería proteger más que a nada, que amaba más que a nada. Ella que era sangre de su sangre, que la había visto en el hospital recién nacida, que la había cargado con torpeza, ansiedad y nerviosismo. Itachi entendió, desde ese momento en que por primera vez la vio, lo que conllevaba las palabras hermano mayor, lo que realmente significaba, el peso de la responsabilidad y del deber. Supo que sería él quién la cuidaría, que ella sería su adorada hermanita por el resto de sus vidas, la pequeña niña de sus ojos, así ella tuviera cabello blanco y piel arrugada, siempre sería su pequeña hermanita.

Pasaba más tiempo con ella que con cualquier otra persona, jugaba con ella, la atendía, hacía tonterías para que ella riera, la cuidaba, la educaba. Y ella por supuesto, pasaba más tiempo con él que con cualquier otra persona. De pequeña pasaba más tiempo con Itachi que con su propia madre, lloraba cuando Itachi no estaba cerca, cada que lo veía quería estar en sus brazos, aunque tuviera que hacer un tremendo berrinche para lograrlo. Itachi era su hermano, la persona a la que más amaba y quien siempre estaba a su lado.

Para Itachi, sus padres habían sido unas excepcionales personas, habían engendrado a esa hermosa criatura, los habían criado, amado y mantenido mientras estuvieron vivos, habían cuidado de Sakura cuando él no se encontraba junto a ella y les habían dado tantos momentos de felicidad. Los extrañaba muchísimo y se preguntaba si Sakura los extrañaba tanto como él lo hacía, si aún recordaba el cabello rosado de su madre y la cara usualmente seria de su padre, si sentía la tristeza y abandono que él sentía. Por una parte deseaba que sí, que sintiera tal como él, que tuvieran el mismo nivel de entendimiento, que estuvieran en sintonía. Sin embargo, la parte más lógica de él deseaba lo contrario, no quería sufrimiento alguno para Sakura, mucho menos el que él mismo sentía.

Itachi era una persona de silencio, y el ruido de los otros niños en el patio comenzaba a molestarle cada vez más. Él prefería estar en tranquilidad, quedarse callado y simplemente escuchar todo lo que su hermana tuviera que decir, con su linda y aguda voz. Usualmente eran cosas que le sucedían en el día, o sus sueños, o las esperanzas que tenía para el futuro, reflexiones sobre sus acciones y las cosas que pasaban a su alrededor y dentro de ella. A veces sólo decía tonterías, pero aun así a él le encantaba escuchar cada una de ellas. Los gritos de los demás colmaron su paciencia. Se levantó de su lugar, tomó a Sakura de la mano y se la llevó a la zona más solitaria del patio.

Itachi se acostó en el césped y Sakura le copió. Bajo la sombra del árbol se pusieron a contemplar las nubes en el cielo. Estar así con ella era sumamente pacífico. La brisa soplaba lentamente, suavemente meciendo las hojas del árbol encima de ellos que les proveía sombra, moviendo sus cabellos.

Lentamente lo que había sido una simple y relajante contemplación se fue convirtiendo en un juego tonto de imaginación. Sakura e Itachi intentaban explicar de la forma más creativa posible las formas de las nubes. Sakura que aún conservaba su inocencia de niña, le estaba ganando a Itachi, y por mucho.

-¡Mira!, esa parece una ballena bailando con un sombrero y un bastón –dijo ella emocionada y riendo por sus ocurrencias. La risa de ella sonaba aguda y melodiosa, casi cantarina. A Itachi no le molestaba imaginar cosas sin sentido para entretenerla y hacerla reír.

Al final de cuentas a Itachi no le importaba mucho que tan mal estuviera el sistema siempre y cuando estuvieran juntos. Porque prefería claramente estar ahí con ella, con todo lo malo incluido, a estar separados.


Notas finales: Un poco de relleno medio relleno pero no tan relleno para avanzar la historia, y escribir un poco sobre los sentimientos y la niñez de Itachi y Sakura.