CAPITULO CINCO
Paso rápidamente por los pasillos, casi atropellando a la espesa multitud de estudiantes para alcanzar la entrada. Bajo aún más rápido las escaleras, escapando de ella. No estoy seguro de a quien empujo, pero cuando logro pisar a acera, siento como soy golpeado en la cara. Pierdo el equilibro y caigo de rodillas, soltando mis libros que terminan esparcidos por el suelo.
― ¡Sasuke!
La escucho gritar mi nombre y volteo la mirada para verla salir por la entrada. Me levanto, dejando mis libros donde están. Reunirlos solo me quitara tiempo y la oportunidad de alcanzarme. Empiezo a caminar lo más rápido que puedo, ignorando las risas burlonas a mí alrededor, sin saber si la suya forma parte de ellas.
No me detengo hasta que me encuentro a mitad de camino, hasta que mis músculos piden un descanso de lo tenso que están y tengo un dolor a la altura de las costillas. Me inclino, con las manos en las rodillas, tratando de descansar un poco. Solo entonces recuerdo el golpe en la mejilla y la sensación de la sangre de mi labio.
Bajo la mirada, notando unos puntitos rojos debajo de mis manos, las reviso y tengo algunos raspones por mi visita al suelo
― ¡Que idiota! ―me recrimino a mí mismo. Por suerte estoy cerca de un riachuelo que corre a un lado de la carretera. Doy un paso y noto una molestia en mi rodilla, la adrenalina se ha ido, por lo que me siento muy cansado. Bajo la mirada y veo que la pierna izquierda de mi pantalón está a punto de romperse.
― ¡Lo que falta! ― grito la nada. Doblo la tela del pantalón hasta llegar por encima de la rodilla. Una mancha roja está presente, lo que significa que mañana tendré un moretón, en el centro hay un raspón algo profundo, de donde brota una ligera cantidad de sangre.
Cojeo por el camino hasta encontrar una parte de la orilla que se vea estable para bajar al agua. Me deslizo por un lado de la orilla para alcanzar la corriente, la rodilla protesta por el esfuerzo. Me siento sobre una roca plana, y le inclino sobre el agua para limpiar mis manos. Las tallo lo mejor que puedo, retirando cualquier basura que tengan, salpico agua en mi cara, tratando de calmarme con el agua fría.
Un coche conduce lentamente por detrás de mí, tan lentamente que no me percato hasta que oigo los frenos. Supongo que será la patrulla de seguridad, busco una salida rápida, antes de que puedan venir y hacer preguntas de más.
― ¡Ahí estas! ―Me detengo, sorprendido que sea ella quien me encontró―. Te he buscado por todas partes.
Tomo la poca fuerza de voluntad que tengo, ignorando la molestia de mi rodilla al estar de pie. Avanzo por la orilla del río hacia el camino, pretendiendo que no me duele para nada. Tengo que usar mi equilibrio completo para no caer por la ladera. Pero resbalo y termino sosteniéndome de la tierra, manchando mis manos de tierra.
Cuando llego a la cima ella me alcanza, pero me hago a un lado, esquivándola, tratando de no cojear, fracasando.
―Por favor Sasuke, ¿puedes sólo parar por un minuto? Espera ¿te lastimaste? ―Casi suena genuina, gruño levemente―. Sasuke, por favor, solo quiero hablar contigo para pedirte…
Me giro hacia ella.
― ¡Qué! ―exijo molesto―. ¿Qué es lo que quieres?
Doy un paso hacia donde está, con la boca abierta, por mi interrupción.
―Te fuiste hace tantos años… ¿Por qué ahora? ¿Por qué no me dejas en paz? ¡Porque tienes que ser igual a ellos, pero peor porque antes eras mejor! ―Estoy gritándole. La tomo de los brazos y la sacudo levemente, dejando manchas cubiertas de lodo y sangre en su blusa.
― ¡Vete! ―le ordeno, mientras la ira me invade por completo.
Ella está mirándome, con una extraña expresión en sus ojos de nuevo. Me hace enfurecer aún más y con un gruñido la sujeto un poco más fuerte. Se suelta y sujeta mis muñecas, no trato de liberarlas pero la miro mal. De la nada sus brazos están alrededor de mi cintura, descansando su cabeza en mi pecho. Sin pensarlo, la abrazo por la espalda, atrayéndola más hacia mí, cubriéndola con mi pecho. Sus manos se aferran a mi cintura, mientras siento como su cuerpo tiembla y los sollozos no se hacen esperar. Apoyo mi barbilla en la parte superior de su cabeza, mientras mis manos manchan la parte de atrás de su blusa al intentar calmar su llanto.
La sensación de sus brazos alrededor de mí, en son de cariño, y no con alguna intención de algo más, me deshace. Pero por alguna razón es ella la que está llorando. A pesar de que no es ella a quien por años ha sido receptor de burlas y bromas por los demás estudiantes, por haber nacido que padres que odia. O por el hecho de que una buena chica se haya unido al juego. Pienso que ya no existe esperanza de encontrar a alguien bueno, lo cual me hace abrazarla más fuerte.
Conforme pasan los minutos recuerdo donde estoy y a quien estoy abrazando. Me quedo un momento más, disfrutando de la sensación de poder tocar a alguien más y poder ser tocado con algo más que violencia, incluso si no es real.
La empujo lejos y afloja su agarre, quedando frente a mí. Bajo la mirada para poder verla a la cara, ella no puede evitar sonrojarse, se ve hermosa, pero las lágrimas arruinan su bella cara. Sus ojos ven el piso, como si se arrepintiera de haberme abrazado. Respiro profundamente buscando un poco de paz.
Saco un pañuelo de papel que ha terminado en mi pantalón esta mañana, y se lo tiendo. Aun cuando la miro con cautela, ella sonríe y agradece en un susurro. Lo usa para limpiarse las lágrimas.
Veo con culpa, el lio en que ha termino su blusa con mis manos. Señalo con la cabeza hacia ella.
―Lo siento ―admito, seguramente seré la comidilla por varios días con tanto drama el día de hoy.
Ella sonríe, y el latido de mi corazón se detiene un momento, antes de doler aún más. La sonrisa luce realmente genuina.
― No importa ―dice, con gentileza en su voz, dejándome algo desconcertado. Luego mira mis manos y abre mucho los ojos. Ella me mira asustada―. Estas herido ―acusa.
Aprieto mis manos y me encojo de hombros, hacia atrás en caso de que decida hacer aún más escándalo, ya que he arruinado su blusa.
―Estoy bien.
Y realmente lo estoy, esto es apenas nada en comparación de las diversas lesiones que he tenido los últimos años. Ella da un paso adelante, tirando de mis manos suavemente, haciendo que las relaje y abra las palmas.
―Vamos ―me dice, llevándome casi a fuerza de vuelta a la pendiente. Ella parece tener problemas en bajar por sus zapatos, por lo que la sostengo para que no caiga. Pero no dejo de vigilarla, aun no sé lo que trama.
Me sienta en la roca de hace un rato, entonces desgarra una tira de su blusa. La miro, sorprendido, y ella sonríe encantadoramente, encogiéndose de hombros, provocando que mi estómago se remueva inquieto. Sumerge la tira y comienza a limpiar mis manos con ella. A pesar de que es tremendamente amable, arde un poco y aspiro algo de aire haciendo más ruido del necesario.
―Lo siento ―dice, inclinándose para soplar suavemente en mis manos. Alivia el ardor allí, pero provoca un cosquilleo en la boca de mi estómago, nada como antes que hubiera sentido. Continúa limpiando y soplando en mis manos, hasta que siento como si tuviera fiebre. Creo que suelto un pequeño suspiro porque de repente me mira de forma extraña. Desvió la mirada intentando no parecer avergonzado. Luego, limpia mi rodilla que todavía está expuesta por el pantalón doblado.
Rompe dos tiras más de su blusa, de una parte que esté limpia, y las utiliza para vendarme las manos, haciendo nudos como una profesional. Cuando levanto la ceja por los nudos, sonríe algo apenada y dice: ―Águila Scout. Insignia de mérito por primeros auxilios, siempre son necesarios.
Miro mis manos limpias y vendadas, y luego vuelvo a mirar a Sakura.
― ¿Por qué lo haces? ―pregunto, desconcertado por su atención.
Su perplejidad hace juego con la mía cuando ella dice: ―Realmente no lo sé.
Mi ceño se frunce por su respuesta. Obviamente lo ve, porque levanta las manos, como pidiendo tiempo.
―Eso no sonó como imagine ―Se pone de pie, caminando lejos, poniendo las manos detrás de ella, jugando con sus dedos―. Durante la primaria fuimos amigos ¿no? ―voltea hacia mí, viéndome pero no espera una respuesta―. Realmente no sabría decirte, pero siempre me sentí… umm… que debía ayudarte en lo que pudiera.
Me echa un vistazo para ver mi expresión. Entonces solo se sienta, yo la miro inexpresivo, ella continúa: ―Cuando nos mudamos, te extrañe ―suelta como si nada, como si estuviéramos hablando de su color favorito. Peros sus palabras me desconciertan ¿me extraño? No cualquier persona, sino ¿ella? ―. Pensaba en ti de vez en cuando, preguntándome como estabas, si aún vivías aquí. Luego supe que nos mudábamos de vuelta. Tenía la esperanza de que aún lo estuvieras y podría volver a verte.
No podía estar más sorprendido incluso si ella hubiera dicho que había luchado con un tipo de ciento cincuenta kilos y hubiera ganado. La única cosa o pensamiento que alguien ha tenido sobre mi es acerca de cómo seguir haciendo mi vida un infierno. Tener a alguien que piense de otra forma sobre mí, extrañándome, está fuera de mi entendimiento. La estudio, tratando de decidir si se está burlando de mí, usándome para una broma muy bien planteada. Pero parece honesta en lo que dice.
―Entonces te vi el primer día y te esfumaste, y he estado tratando de hablar contigo desde entonces. Pero no eres muy abierto a las conversaciones ―dice con cierta ironía. Me mira, esperando por una respuesta. Suelto un gran suspiro.
―Las cosas cambia ―le digo. Ladea la cabeza, tratando de entender lo que digo―. Todo ha ido cambiado con los años, como en cualquier lugar.
Asiente con la cabeza, aceptando eso. Se mueve un poco y se pega a mi costado.
―Sí, eres mucho más alto ―Dice muy seria, bajo la vista hasta ella, y veo su boca torcerse, entonces levanta la vista a través de sus largas pestañas y veo el brillo. No puedo evitarlo, sonrió un poco. Esto hace que ella tenga una sonrisa grande en su rostro, y me apresuro a quitar la mía. Su sonrisa cae, y estira su mano para alcanzar a tomar la mía.
―Deberías sonreír más. Casi me olvido de la gran sonrisa que tienes.
Giro lejos de ella, jalando mi mano fuera de su alcance.
―No debes decir cosas así ―murmuro, bajando el pantalón doblado, una mueca de incomodidad se extiende.
― ¿En serio? ¿Qué me lo prohíbe? ―suena verdaderamente curiosa.
―Eres una chica lista como para no haber notado como son las cosas en la escuela. Soy el perdedor número uno. No hay nada más divertido que meterse conmigo. ―Ella está en silencio durante un largo tiempo, finalmente me giro hacia ella, y veo esas muecas graciosas que hace cuando se enoja, mordiendo su labio. Estoy confundido, esperando que yo sea la causa de su enojo. Echo un vistazo a la orilla del rio, pensando que tanto le costara alcanzarme con sus zapatos, si no pudo bajar sola, menos podrá correr detrás de mí.
―Sí, lo he notado. Eso me hace enojar bastante.
La miro con la ceja alzada por eso. ¿Ella está enojada por eso?
―Quiero ser tu amiga ―dice, y mi estómago se aprieta.
―No puedes ser mi amiga, no quieres estar ni cerca de mí.
Ella alcanza mi mano con las suyas, pasa los dedos suavemente sobre la venda, dejando una sensación extraña a su paso.
―Puedo decirte que no me importa lo más mínimo. Quiero ser tu amiga
La miro como la loca que es.
―Te importara en poco tiempo, no es divertido ser tratado como yo. Deberías dejar de pensar en tu loca idea.
―Créeme cuando te digo que de verdad no importa. Eres un gran chico y si los demás no lo ven es su problema. Además, si eres tan impopular, ¿a quién le importa?
―No seas necia. No sabes en lo que estas intentando meterte, ni si quieras puedes imaginar lo que estas pidiendo.
Esta cerca de un minuto en silencio, con la cabeza gacha.
―Tienes razón. No puedo imaginarlo. ¡Pero no te pido nada imposible!... solo una oportunidad de ser tu amiga ―Ella mira hacia mí, obligándome a mirar esos ojos suplicantes.
― ¿Por qué? Ya no nos conocemos.
Sonríe, y siento como mi determinación se doblega.
―Lo sé, pero me gustaría volver a conocerte.
―Te arrepentirás tarde o temprano.
Sacude la cabeza negando y hace una mueca.
―No pasara, no estoy pidiéndote más de lo que puedes darme. Excepto tal vez que no me ignores en fotografía. ―Las esquinas de mi boca se aflojan un poco―. Me estaba preguntando que íbamos a hacer cuando tocara laboratorio.
Sonríe de oreja a oreja. La miro extrañado.
―No estoy seguro de que puedas con todo.
―Sí, puede que tengas razón. Y también que al final tú no me soportes ―bromea.
La miro y empiezo a fastidiarme.
―Tal vez tengas razón en eso. ―suelto sin más.
Suelta una pequeña risa cantarina―. Pero no vamos a saberlo si no le damos una oportunidad, ¿verdad?
Solo tengo que decirle que no, tan solo eso y seguirá mi vida como hasta ahora. Pero ella toma de nuevo mi mano, solo sosteniéndola y la aprieta un poco en señal de súplica. Toda idea de negarme, desaparecen.
―Sigo pensando que es mala idea ―murmuro
Solo sonríe, sabiendo que ha ganado. ―Vamos.
Se levanta, sin soltar mi mano y jala levemente, indicando que es hora de irse. No hago más que imitarla. Notando con más detalle la diferencia de altura.
―Te llevare a casa, no puedes ir andando con esa fea herida ―no puedo evitar alzar la ceja por su comentario, ella solo rueda los ojos ―. Solo quiero ser amable.
―Estaré bien, no es la primeva vez que camino a casa.
―De acuerdo ―Acepta sin pelear. Cuando empezamos a subir noto que tiene aún más problemas que hace un rato, además de que no parece tener un buen equilibro en esta superficie.
― ¿Qué? ―pregunta al descubrirme mirándola fijamente.
―No puedes andar bien con eso ―señalo sus zapatos, obviamente no son adecuados para andar sobre laderas.
―Oh, no pasa nada, puedo subir perfectamente ―asegura con una sonrisa, pero se nota algo nerviosa al empezar a dar unos pocos pasos. Dando fe a mi afirmación, casi tropieza con una roca, termino sosteniéndola para evitar que caiga.
―Eres una molesta ―sin preguntarle la tomo en mis brazos sin problema alguno, se sorprende bastante pero no dice nada, solo alcanza a sujetarse de mi cuerpo. Es mucho más fácil subir con ella en brazos que cuidando que no vaya a lastimarse, al llegar arriba no quiero soltarla, por lo que camino hasta su auto y la bajo frente a la puerta del conductor.
―Como pago por ayudarme a subir, deja que te lleve a casa ―me mira suplicante, con sus ojos brillando. Sé que no va a rendirse y solo quiero irme, por lo que asiento.
Sonríe complacida.
Espero a que suba al auto, para cerrar su puerta, rodeo hasta la puerta del copiloto y subo. Esto se siente surrealista, viajando en un auto junto a una chica, como si fuera algo normal. Le indico por donde ir hasta antes de una cuadra de mi casa.
―Aquí está bien.
No parece convencida, pero asiente y detiene el auto.
―Espera ―busca algo en el asiento de atrás, y me da una pila de libros ―, esto es tuyo, los olvidaste fuera de la escuela.
No menciona que los olvide en el piso de la entrada, mientras intentaba evitarla.
―Gracias ―murmuro.
Bajo del auto y cierro la puerta. Ella también lo hace y nos encontramos en la acera, parece algo nerviosa.
―Sabes, también creciste un poco, creo ―le digo al verla querer decir algo. Solo atina a sonrojarse adorablemente y hace un mohín gracioso.
Solo se despide con la mano antes de volver a su auto e irse a casa.
Observo su auto mientras se aleja.
Cojeo apenas nada de camino a casa, al entrar veo a Mikoto dormida en el sillón, probablemente inducido por drogas. Por alguna razón me quedo en silencio a su lado, sin hacer ninguno movimiento, aunque no es que ella vaya a despertar.
Subo al cuarto del baño, aun en silencio, y cierro la puerta tras de mí. Con algo de cautela, me acerco al espejo. No tengo el tiempo para hacer esto como una rutina, salvo cuando soy golpeado y necesito ver el daño. Sin embargo esta vez solo observo mis facciones, veo mi cabello negro lacio, que tapa parcialmente mi ojo izquierdo. E intento ver que es lo que ve Sakura en mí.
Nada que valga la pena. Me sostengo el "fleco" con la mano y miro detenidamente mis rasgos. Piel clara, sin ninguna marca o imperfección, escuche decir alguna vez que tengo piel de chica; nariz recta, cejas normales, supongo. Mis ojos no son más que una mancha tan obscura que no se alcanza a ver dónde empieza el iris.
Bufo molesto, y dejó caer mi cabello a su lugar. Nada extraordinario, ni sobresaliente, pero ella quiere ser mi amiga. Que haga lo que quiera.
Por una vez, no estoy intentando retrasar el tiempo para ir a la escuela. En realidad, podría decir que me entusiasma la idea de asistir.
Si tiene algún comentario, sugerencia o queja, por favor háganmela saber, para mejorar la adaptación.
Igualmente agradezco a las personas que le han dado Favorito y Seguir, espero les guste como va tomando forma.
¡Hasta la próxima!
