N/A: Este escrito es yo tratando de ser profesional. Esta vez tengo justificaciones, pero sólo sería quitarles su valioso tiempo tratando de excusarme por mi pobre desempeño en general. En el último capítulo recibí menos reviews de los acostumbrados, pero acepto que es por mi culpa y falta de profesionalismo, aún así les agradezco a todos. En fin, como modo de disculpa mañana subiré sin falta el siguiente capítulo y explicaré unas cosas importantes... son malas noticias. Pero no les quiero arruinar este capítulo que tanto me costó por la falta de inspiración. Así pues, espero les agrade.

Disclaimer aplicado.


Muñeca

Itachi salió de clases tan apurado como siempre. Daba largas y veloces zancadas, agiles y silenciosas, casi gráciles, como si se deslizara suavemente sobre el piso sucio del lugar. Salió al exterior del edificio, la luz lo inundó lastimando sus negros ojos, los gritos y risas de los niños sonaron fuertemente en su cabeza, todas esas sensaciones estaban siendo exageradamente molestas.

Una vez que se recuperó de la repentina ceguera por los rayos solares, comenzó a buscar entre todo el caos del patio a su pequeña hermana. Tardó en encontrarla con tanto movimiento de los niños corriendo, pero ahí estaba ella, en una zona más bien alejada del resto, bajo la sombra de un árbol, engarruñada y… triste.

El aliento se le fue a Itachi. Sin importarle nada más corrió hacia ella tratando de no tropezar con los niños, quienes parecían meterse en su camino a propósito. Llegó a ella en un instante, aunque a él le habían parecido horas exhaustas.

-¿Sakura? –le llamó. Ella alzó su cabecita de entre sus rodillas y lo miró con ojos llorosos. Itachi temió que estuviera herida. -… ¿Te encuentras bien? –preguntó él terriblemente preocupado, sintiendo que su voz escapaba de su ser.

La boca de ella no emitió sonido alguno, pero eran sus ojos los que gritaban con desesperación como se sentía. Su mirada tan perturbada, su pupila encogida, su ceño fruncido, sus labios temblorosos y esas lágrimas saladas recorriendo sus mejillas y cayendo en sus rodillas.

Itachi la abrazó fuertemente. ¿Qué le habría sucedido a su pequeña niña para que estuviera en ese estado? No lo sabía, pero se moría por hacerlo. Sakura lloró silenciosamente sobre su pecho, tratando de contraerse y evitar esos involuntarios espasmos que le daban a causa de su honda tristeza.

Se sentía tan sucia, tan malvada. Merecía morir, merecía irse al infierno.

Las horas pasaron y para cuando Itachi se dio cuenta, ella ya estaba dormida sobre su regazo. La cargó entre sus brazos y la llevó a la habitación. Mientras ella dormía él decidió pasar el tiempo haciendo su tarea.

Unas horas después ella despertó con los ojos hinchados y la cabeza doliéndole. Lanzó un quedo quejido y miró a su hermano, sentado en el suelo escribiendo cosas que ella no alcanzaba a leer, y aun si lo hiciera, no las entendería.

Itachi la observó. Se veía tan frágil. Ella necesitaba su protección, necesitaba a alguien que la protegiera de ese horrible mundo. Ella era demasiado buena.

-Itachi… yo… -su voz se quebró de nuevo y volvieron a empezar las leves convulsiones.

-Shh shh, no tienes porque decírmelo ahorita. Todo estará bien, aquí estoy yo –le dijo él, tratando de consolarla. Ah cuanto le dolía verla llorar.

-Soy un monstruo, Itachi, porque odio a Ino –soltó las palabras de golpe y se echó a llorar desconsoladamente.

Las palabras no eran realmente graves, de hecho a Itachi, un sentimiento como el odio le parecía perfectamente normal, pero en cambio, para su hermana, aquella palabra era demasiado, era como insultar la madre de alguien, o peor. Sabía bien que ella era de las personas que querían a todos, incluso si fuera lastimada. Le desconcertó que ella tuviera semejante sentimiento, después de todo ella era aun muy pequeña para saber del odio en el mundo.

-Ella… ella tiene una muñeca –Ah, una muñeca. La envidia la corroía.

Sakura lloró un rato más. Su hermano quería consolarla, pero realmente no se le ocurría nada. Se sintió impotente.

El resto de la tarde se dedicaron a hacer los deberes. Con el tiempo había logrado calmarla, pero ella aún se veía triste.

Sakura se sentía mal. Pero era tan difícil no envidiarle cuando Ino tenía una bonita muñeca y ella… nada. Cada que se encontraba sola juntaba sus manitas frente a su pecho y rezaba con lágrimas en los ojos que ese sentimiento desapareciera, porque sentía que le acosaba, que la seguía.

Los sabados eran días libres para los niños, no había clases y aunque las comidas seguían sirviéndose en el mismo horario, el resto del tiempo hacían lo que querían. Itachi fue llamado a su salón de clases por una monja, era un asunto importante por lo que mandó al patio a su hermana.

A lo lejos había un gran alboroto. Una bola de niñas platicando y chillando de emoción, entre ellas, su hermana. Justo en el centro de la bola se encontraba la niña de cabellos dorados, mostrándoles a todas su linda muñeca, y sin embargo, sin dejarlas tocar su preciosa posesión.

Al ver a su hermano Sakura se retiró del lugar, a nadie pareció importarle su repentina ausencia, todas estaban emocionadas, queriendo jugar con la muñeca.

Se fueron al área de los columpios. Columpios oxidados y rechinantes que se encontraban lejos de los demás, tal cual a Itachi le gustaba. Sakura se subió a uno de ellos, mirando aún desde la distancia a su amiga Ino y a su muñeca. Itachi comenzó a empujarla levemente por la espalda, haciendo rechinar las cadenas y la conexión al tubo de sostén.

Ella observaba a Ino con tanta añoranza, con tanto deseo de un juguete propio. Itachi se había prometido a sí mismo que le daría lo mejor que él pudiera, y que haría todo lo posible para que ella no estuviera triste. No cumplir con esa promesa le estaba doliendo, verla triste era aún peor.

Pero la niña de ojos azules no tenía la culpa. Ella había llegado al lugar 2 o 3 semanas atrás. No tenía idea de lo que era vivir ahí durante meses, durante años. Ella no sabía de lo que era desear tener algo a lo que llamar "mío". Las pertenencias personales, salvo las de higiene personal, estaban terminantemente prohibidas, todo era proporcionado por la institución.

Ella no sabía lo mal que Sakura lo estaba pasando.

Con su linda apariencia, su popularidad había aumentado como la espuma en un corto lapso de tiempo, e Itachi estaba seguro que no duraría un mes entero en el orfanato. Con su belleza sería adoptada rápidamente, dejando estragos en los niños que se quedarían ahí.

Ayudando a su hermana a mecerse y mirando la muñeca que Ino sostenía entre sus 2 brazos, llegó a la conclusión que había sido una de las monjas quien le había regalado la muñeca, probablemente la que se encargaba del área de la ropa y la lavandería.

Le dolía no cumplir con las promesas que se había hecho a sí mismo, darle lo mejor que tenía a su hermana e intentar por todos los medios posibles que ella no estuviera triste. La impotencia le estaba mancillando internamente.

Entonces se le ocurrió una idea. Si su hermana quería una muñeca, él se la haría.

El resto del día intentó distraerla sin éxito y para cuando la noche llegó ella aún tenía esa tristeza marcada en su rostro y especialmente en sus ojos.

La rutina del día a día había sido culminada. Sakura yacía dormida entre sus brazos, aún con su expresión de dolor en su rostro. En todo el día no habían conversado, cada quien estaba en sus pensamientos, y le dolía, porque se sentía culpable.

La cobijó cuidadosamente, tratando de no despertarla. Con su vista ya adaptada a la oscuridad buscó los ganchitos de metal que había hecho durante la tarde y comenzó con el intento de abrir la puerta cerrada con llave. Con el click final, abrió la puerta rechinante, asegurándose que ella no se despertara y que nadie lo descubriera.

Estaba prohibido andar fuera de las habitaciones durante la noche, eso lo sabía muy bien. Con largas zancadas y pasos silenciosos se dirigió a la lavandería del orfanato. Allí encontró a la monja encargada del lugar sentada sobre una silla roncando.

Debería estar vigilando, no durmiendo, pero para Itachi, eso solo era una preocupación menos. Sobre las piernas de la anciana se encontraba el canasto de hilos y agujas que ella usaba para arreglar la ropa. Habían pedazos de tela recortada en el suelo, tijeras, hilo y unos cojines que estaban siendo arreglados. Lo necesario para hacerle una muñeca.

Le costó toda la noche y para cuando la había terminado, el cielo ya comenzaba a pintarse anaranjado. Dejando todo en su lugar, tratando de no dejar evidencia, salió del lugar apresurado, tratando de regresar a su cuarto antes de que le descubrieran.

Los dedos de las manos le dolían y le punzaban, estos estaban llenos de agujeritos y gotas de sangre porque él no sabía coser, su piel estaba irritada al igual que sus ojos. Estaba cansado, realmente agotado, se moría de sueño y lo único que quería era dormir.

Escondió la muñeca bajo la cama para que cuando Sakura despertara le diera una sorpresa, quitó las cobijas, se acurrucó contra ella temblando de frío y se abandonó a los brazos de Morfeo.


Notas finales: En el capítulo de mañana podrán leer la continuación de este al igual que escribiré por fin acerca de "El gran incidente". Por favor dejen reviews que los necesitaré para continuar... Hasta luego.