Esta es una adaptación a la novela Heart on a Chain de la escritora Cindi C. Bennett.
Los personajes mencionados pertenecen a la franquicia de Naruto, creado por Masashi kishimoto.
Favor de leer la novela antes de criticar y denunciar esta publicación.
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CAPITULO SIETE.
Este fin de semana es más difícil que he tenido, y he tenido un montón de ellos como para compararlos. Antes todo se basaba sobre lo que me esperaba en casa, ahora pienso en todo lo que podría esperarme afuera. Durante todos estos años.
Hace una semana, no me importaba realmente nada de eso, pero ahora sí. Me lo puedo imaginar y todo esto es culpa de esa molestia rosada… Sakura. Va por la vida, tratándome como si yo fuera una persona normal. No me interesan los deportes, pero tengo que saber sobre ellos por las clases de gimnasia. Pero puedo imaginarme estar ahí con ella, explicándole sobre el juego, como he escuchado que hacen el resto de los chicos con sus citas.
Ni si quiera me pasa por la cabeza las cuestiones de mi estatus en la escuela, o lo que podría ocasionar que yo asista a un evento escolar de tal magnitud. Claro, con consecuencias hacia mí, pero presiento que si estoy con ella, nada va a pasar.
Mikoto está particularmente violenta durante el fin de semana, y la razón es muy sencilla. El viernes fue el día de pago de Fugaku, no se ha dignado a aparecerse desde ese día. Lo que significa que no habrá mucho dinero para cuando llegue, si no es que se lo ha bebido todo en una de sus juergas. Lo que provoca que tenga más cosas en mente que pensar en Sakura y la nueva ola de cosas que trae a mi vida.
No lavo los platos y tengo la actitud que ella detesta, así que no pasa mucho tiempo antes de que empiece con manotazo nada suaves y seguir con un golpe en el pecho, que no puedo ver venir debido a lo distraído que estoy. Finalmente, el domingo por la mañana ella empieza a darme con su cinturón, gritando sobre una barrita extraviada que no pudo haber sido robada más que por mí. Le daría la razón si no fuera porque no me gusta lo dulce, pero eso la distrae de anoche, que cene un poco de su comida.
Por suerte, la paliza no dura mucho, pues el auto de Fugaku es escucha llegar.
―Vete. No quiero verte aquí. ―prácticamente me corre.
Estoy bien al tanto del juego de ocultar el abuso a Fugaku. No porque le importe mi bienestar o mucho menos, sino porque simplemente le da más excusas para golpearla. Subo rápidamente las escaleras y me dirijo al baño, lavo mi cara con un poco de agua y veo la hinchazón en la esquina de mi boca y mejilla, seguramente mañana tendré una enorme marca negra. Le oigo entrar, ella empieza a reclamar y empiezan a gritar. Solo me encierro en mi habitación, pretendiendo que no existo, o que al menos esta no es mi vida.
El lunes por la mañana me levanto temprano, tomo una ducha rápida y me visto. No tengo ganas de ver a Mikoto después del pleito de anoche, por lo que salgo lo más rápido que me es posible. Ni si quiera me tengo cuando ya estoy fuera, ella es capaz de salir y hacer que regrese. Pero al llegar a la esquina no puedo evitar detenerme.
Sakura esta recargada sobre su auto, de tal forma que si llegara a quedarse dormida no fuera a caerse, lo que creo que puede llegar a pasar, pues tiene la cabeza baja, sin hacer el mas mínimo ruido o movimiento. Pero desecho la idea cuando levanta la vista, bostezando, y me encuentra mirándola. Se levanta, y pone una sonrisa dormida en sus labios, sin prisa, se acerca a mí.
―Hola ―me dice con una sonrisa, como si se tratara de algo normal, estar esperándome tan temprano.
― ¿Qué haces aquí? ―le pregunto fríamente.
Se ríe.
―Buenos días a ti también.
Esta chica es tan exasperante. Así que solo me dedico a mirarla.
―Buenos días ―parece satisfecha de que respondiera a su saludo, pero sabe que no va a salvarse de contestar mi pregunta― ¿Qué haces aquí? ―insisto.
―Pensé que te gustaría dar un paseo. ―Señala su auto.
―No recuerdo haber dicho algo parecido ―se sonroja―, ¿no has pensado que voy caminando porque me gusta hacerlo?
Se sorprende por mi comentario.
― ¿En serio? ―no parece creerlo―. ¿Te gusta caminar desde tan lejos hasta la escuela dos veces al día, todos los días?
―Si. ―no es del todo mentira, pero quiero que me deje en paz. Me gusta caminar, menos ruido, un pequeño lapso silencioso solo para mí. Algo de tranquilidad para mi horrenda vida.
― ¡Dios! ―exclama, entre sorprendida y un poco desalentada―. Bueno, pensé que con tu rodilla lastimada…
―Está bien ―no digo más y ella no parece tener otra excusa.
Esta nerviosa y sonrojada, personalmente pienso que no puede verse más hermosa, pero no puedo permitir que esto llegue a más.
―Gracias por pensar en mi ―agrego―, pero no debiste molestarte.
A pesar de que parece feliz por disculparme, aun luce un pequeño puchero, y por un momento veo a la niña que había sido en nuestros años de niñez.
De pronto su rostro se ilumina y me sonríe.
―Podría caminar contigo hoy. Dejare mi auto aquí y pasare a recogerlo después de clases.
― ¿Y cómo harás para venir por el?
―Pues… podría caminar de nuevo contigo… bueno… si a ti no te molesta ―Su rostro parece menos confiado, y me doy cuenta que ella está empezando a arrepentirse de venir, ante tanta negativa mía.
―Como quieras.
Parece sorprendida de que haya accedido, a decir verdad yo también lo estoy.
Me mira fijamente, como si estuviera estudiándome por decirle que sí. Pero pronto cambia a su sonrisa habitual. Decidiendo no cuestionarse mis motivos y solo aceptándolo.
―Está bien. Iré por mis libros y ponerle seguro al carro. ―Ella corre por sus cosas, trayendo consigo un pequeño bolso extra. Tarda tan solo un par de minutos antes de estar de vuelta―. ¿Tienes una ruta específica?
Asiento con la cabeza.
―Sí, la que me lleva hasta allá.
Me mira por un minuto. No puedo evitar sonreír levemente. Se echa a reír.
―Sí, eso suena bastante bien.
Tomo los libros de sus brazos, alzando los hombros.
―Así que además de guapo, caballeroso. Mamá te amaría si te conociera, eres su hombre perfecto.
Bueno, eso fue completamente raro, pero lo dejo pasar.
Se acerca con las zancadas más largas que puede dar mientras caminamos. Mira a un lado de mí, abriendo la boca para decir algo. Las palabras nunca llegan. Se detiene de la nada y me detengo con ella por la mirada de preocupación en su rostro. Doy una ojeada detrás de mí para ver qué es lo que ha visto. Echo un vistazo detrás de ella, notando que es a mí a quien está mirando.
― ¿Qué? ―pregunto.
Extiende su mano, haciendo a un lado mi cabello, rozando ligeramente con sus dedos justo en mi pómulo.
―Tienes un golpe en la mejilla.
Me agito lejos de su toque, parándome derecho haciéndome ver más alto, ladeando un poco la cara para que mi cabello cubra la marca. Me había olvidado por completo de ello. Pensé que el fleco lo cubriría como otras veces, aunque tal vez no lo he hecho bien.
― ¿Qué te ha pasado? ―Oigo la angustia en su voz.
―Nada. ―Le miento―. Choque con un estante de noche y algunas cosas han caído, golpeándome.
La mentira transita fácilmente de mi boca, después de haberla dicho muchas veces antes. Ella extiende su mano y tira de la mía, tornando mí cara hacia ella, con su otra mano examina mi mejilla, como lo hizo con mis manos, cuidadosa y concentrada. Luce escéptica ante mi historia, pero no comenta nada.
―Deberías ser más cuidadosos ―reprende con suavidad―. ¿Te duele?
Su toque suave, está haciendo cosas raras en mi cabeza, por lo que cuesta un poco pensar, entonces me alejo de nuevo y empiezo a caminar.
―No. Ya lo había olvidado.
Se da prisa para alcanzarme. Puedo sentir su mirada en mi cara pero finjo no darme cuenta. Ella está pensando algo.
―A decir verdad, no se nota mucho. ―me mira un poco más― definitivamente no se nota si dejas así tu cabello. ―sonríe un poco, pero no llega a sus ojos―. No es nada fácil de ver.
―Tú lo viste ―le recalco.
―Soy muy observadora, tal vez más de lo normal.
―Dirás, muy entrometida ―Hace un puchero, fingiendo estar enojada, pero se le escapa sonrisa.
Caminamos en un silencio cómodo unos cuantos minutos.
― ¿Has pensando en ser médico? ―suelto sin más.
La he tomado por sorpresa, pues casi tropieza. Pero se recompone rápidamente.
― ¿Por qué lo preguntas?
―No lo sé, es solo que pareces una especie de súper-doctora, atendiendo a cualquiera que veas lastimado. Luces muy preocupada por las lesiones de los demás.
Sonríe.
―En realidad, he pensado en eso. Le he dado muchas vueltas sobre al tema. Hasta llegar a planear mis estudios para dirigirme a esa dirección. Mi tía es doctora, está en el área de enfermedades crónicas y degenerativas. Incluso tiene una pequeña clínica en la cuidad donde vivíamos, por lo que he pasado la mayor parte de mi vida viendo como atiende a las personas. Siempre quise ser como ella, pero a pesar de que me gusta tratar con las personas, no tengo mucha paciencia como ella. Así que pensé en que tal vez sería mejor probar como cirujana.
Escucho como se expresa de su tía, con tanta admiración y cariño, que por un momento trato de imaginar lo que sería tener una persona así. Pero lo desecho de inmediato.
―Recuerdo un poco a tu mamá ―comento―. Ella siempre iba de un lado a otro. También recuerdo su salón para fiestas y todo eso.
―Sí, es la mejor. Es una buena cosa que tenga hermanas menores, porque se vuelve loca gastando su tiempo con ellas.
Siento un malestar en el estómago. Recuerdo vagamente a Mikoto ser alguna vez así. Que tuve que hacer para matar a esa persona y dejar a la que tengo ahora. Alejo todo eso por ahora.
―Recuerdo a tu hermana, tu mamá siempre la llevaba en coche. ¿Tienes más ahora?
―Ella era mi hermana pequeña. Ella ahora tiene diez. Tengo otra hermana de trece y un hermano de veinte. No los recuerdas porque ambos iban en escuelas diferentes. Y tengo una hermana pequeña que tiene tres, fue una especie de sorpresa. Bastante extraño, tener quince y una madre embarazada, pero es tan energética y adorable que no puedo quejarme.
―Entonces no eres la mayor.
―No ―Ella se ríe―. Mamá dice que papá y mi hermano solo viven para complacernos, lo cual no es tan malo ahora, pero solo deben esperar a que ellas lleguen a la pubertad.
Me rio levemente. Me mira avergonzada por decir eso, por lo que aparta la mirada completamente sonrojada.
― ¿Qué hay de ti? ―se anima a preguntar― ¿Alguna hermana o hermano?
―No ―contesto cortante, sin evitarlo pienso en la hermana pequeña que debería tener, cuya muerte dejo a Mikoto tal y como esta.
Todavía tengo recuerdos de la vida cuando era mejor. A veces pienso que no soy más que un masoquista, no puedo dejar ir esa parte de mi vida, ya que es lo mejor que me ha pasado, pero saber lo que perdí me llena tanto de ira y tristeza.
A veces los recuerdos son lo único que tengo.
Y todo comenzó por algo común. Fugaku perdió el trabajo, lo que no se es porque algo que les pasa a las personas todos los días arruino nuestras vidas.
Al principio, Mikoto aun cuando estaba embarazada, se llevó el peor parte de la furia de Fugaku.
Ella era la calma en la tormenta. Cuando se escuchaba su auto que venía por el camino, ella me alentaba a jugar en la casa del árbol. Fue allí donde encontré mi escape. Con el viento metiéndose entre la ropa, haciéndome cosquillas, el cielo azul y las nubes, dando sombra del sol. Imaginaba que estaba en algún bosque, haciendo una expedición, buscando un tesoro para acabar con esta situación. Mientras ellos se gritaban dentro, en la casa, donde Mikoto siempre terminaba con un ojo negro o un corte en sus labios.
Cuando ella perdió al bebé, fue después de una pelea particularmente violenta, días antes de Halloween. Yo estaba fuera, tratando de no pensar en lo que pasaba en la casa. Él había salido dando un portazo en la puerta principal, escuche el sonido de su coche, después el grito de ella, era dolor y pánico, pidiendo quien la ayudara.
Corrí a verla, un gran charco de sangre se empezaba a formar debajo de ella. No hacía más que respirar y sobar su vientre. Mientras soltaba sollozos de dolor.
Cerca de un mes antes, unos hombres habían venido y se habían llevado su auto. Yo no podía conducirlo, aun cuando fuera una emergencia. Solo tenía nueve años.
Tampoco teníamos teléfono, haciendo casi imposible ayudarla. Estaba completamente prohibido ir a con los vecinos por ayuda. Pero ella había caído al suelo y no podía despertarla. Rompí la regla y corrí a la casa de a lado.
El vecino llamo a emergencias, pero no paso a más, no quiso involucrarse. No lo culpe, yo también de haberme podido apartar lo habría hecho.
Pronto llego la ambulancia para llevársela. Nadie pareció demasiado preocupado de que un niño de nueve años se quedara solo en casa con un gran charco de sangre en el piso de la cocina. Tuve miedo de que Fugaku regresara a casa y encontrara en ese estado la casa, por lo que busque algo con que limpiar, y lo hice lo mejor que pude. Nunca había tenido que lavar, pero recordé como ella lo hacía, y enjuague el trapeador hasta que dejara de salir agua roja y volví a limpiar, repitiéndolo hasta que no quedo casi nada. Con un pequeño cepillo, talle entre las baldosas, donde empezaba a secarse la sangre. Él no volvió esa noche. De alguna forma le habían dicho que había pasado y fue al hospital. Me quede solo en casa.
Ella no volvió a casa el día siguiente, pero él sí, diciendo que ella lo haría el siguiente día. Parecía que en realidad estaba triste y algo culpable cuando regreso. Trajo una bolsa con una hamburguesa, patatas fritas y un refresco, todo para mí. Algo que no había pasado desde que perdido su trabajo. Se fue, y asumí que pasaría de nuevo solo la noche.
Sin embargo, me desperté sobresaltado en la obscuridad, cuando él llego. Cerré los ojos de nuevo, deseando que se fuera de nuevo. Sus pasos se detuvieron frente a mi puerta, y sentí como la temperatura bajo, congelando mi cuerpo. Incluso mi respiración.
Finalmente, avanzo a su habitación, y solté un suspiro de alivio. No podía dejar de temblar por el miedo. Incapaz de poder pensar en otra cosa, me encogí en mi cama, cubriéndome por completo con las cobijas. El sueño tardo un largo rato en llegar.
Él fue al hospital por la mañana para traer a Mikoto a casa. Cuando llego, su estómago esta extrañamente plano y no traía un bebé. Estaba tan feliz de que estuviera de vuelta en casa que me lance a abrazarla, pero no reparo en mí. No devolvió el abrazo, ni si quiera me miro.
Fugaku me hizo soltarla. Ella solamente camino hasta el sofá, cubriéndose la cabeza con una manta que se había quedado ahí, y soltó a llorar. No me atreví a hacer nada, no sabía lo que pasaba y no quería empeorarlo.
Él no hacía más que estar parado, parecía incomodo, no pude evitar mirarlo mal. El había tenido toda la culpa de que ella estuviera así.
Por un momento, sus ojos mostraron culpa y arrepentimiento, pero se desvaneció. Me explico que la bebe había muerto. Aunque no supe en ese momento a lo que se refería exactamente. Decidió irse, dejándonos solos en casa de nuevo, tan solo me quede parado, sin saber qué hacer, con mi madre llorando por un bebe muerto.
― ¿Con que hijo único? Debes ser el consentido de la casa. ―El comentario de Sakura me regresa a la realidad. Se me escapa una sonrisa burlona por el comentario.
―Soy lo más alejado que podría haber de consentido ―se me escapa decir.
Nadie más dice nada por largos minutos, el ambiente se pone tenso.
―El partido estuvo aburrido ―dice ella de la nada. ¿Así quiere cambiar la conversación? ―. Apenas le preste atención. Realmente fui porque las chicas me lo pidieron. Si vuelvo a ir, espero ver el partido completo. Odiaría perderme un touchdown bueno.
Alzo la ceja, sorprendido de que sepa de lo que está hablando.
―Creo que solo es un pretexto para salir de fiesta entre los estudiantes, escuche más comentarios sobre las porristas que de los jugadores. Aunque claro, eso fue solo de los chicos. Ellas se la pasaron hablando sobre que chico estaba mejor. ―no tiene la menor idea de que no me importa de lo que está hablando―. Lo peor es que han perdido el partido. Espero que el juego que viene obtengan mejores resultados. Sin embargo, jugaran contra la estatal de Suna.
La preparatoria estatal de Suna es el más grande rival de nuestra escuela, aunque no son más que chicos bronceados que se creen mejores que los de aquí. Ridículos.
―Deberías venir.
Adivina que le diré que no, ya que se apresura a continuar.
―Antes que de te niegues, por favor piénsalo. Si es porque tienes cosas pendientes en casa, puedo ayudarte el sábado con gusto, así podrías ir sin meterte en problemas con tus padres. No tiene que ser una cita o algo parecido, solo una salida de amigos. ―lo dice tan rápidamente que tengo que repasar lo que dijo para entender la gran mayoría. Me mira con sus ojos llenos de súplica.
― ¿Verdad que pensaras en ello?
No tengo ganas de discutir o si quiera negarme, dándole más oportunidad de hablar. Por lo que solo asiento levemente, sabiendo que al final le diré que no. Ella sonríe feliz por haberme convencido, y me siento mal porque al final no estará contenta. Siendo sincero, fantaseo un poco sobre lo que sería ir a un partido con ella.
¡Lo lamento!
Se que me retrasado de nuevo, pero recién empece el servicio social de la escuela y apenas me queda tiempo para comer y dormir.
Sin embargo, eso no es excusa para no subir lo prometido.
A partir de ahora me tardare un poco mas en subir los capítulos, ya que varios acontecimientos requieren que los modifica debido a los personajes.
¡Ya llevamos 15 Reviews! no imagine que a menos de un tercio de la historia llevaría tanto.
Les agradezco de todo corazón sus opiniones, me dan el impulso que necesito para seguir adaptando la novela. Así como agradezco aun más las personas que la leen.
A mas tardar el sábado subiré el siguiente capitulo.
¡Hasta la próxima!
