Esta es una adaptación a la novela Heart on a Chain de la escritora Cindi C. Bennett.
Los personajes mencionados pertenecen a la franquicia de Naruto, creado por Masashi kishimoto.
Favor de leer la novela antes de criticar y denunciar esta publicación.
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CAPITULO DIEZ
El sábado por la mañana Mikoto aparece en la sala, completamente dormida y borracha, hay botellas por todo el suelo. Me da tiempo de terminar los trabajos pendientes de los vecinos, diciéndoles que ella ha vuelto. Corro de vuelta y por suerte no pasa del medio día. Ella no despierta hasta horas después, sube a bañarse y comer un poco. Esta vez se ve demacrada, pálida y muy, muy delgada. Pero no dice absolutamente nada. Ni una queja o reclamo, ni si quiera intenta burlarse. Me siento mal por ella, pero nada puedo hacer.
Me alisto para mi "no cita" con Sakura, cuando Fugaku llega. Al ver la casa limpia y reluciente pregunta si ella ha llegado. A lo que solo respondo con la cabeza. Suspira audiblemente y sube sin decir más.
Pocos minutos antes de las seis, ya estoy esperando a Sakura en el punto de reunión. En cuanto ella llega, subo al auto sin decir nada, ella no pregunta y pronto nos vamos.
―Hola. ―dice a medio camino.
―Hola. ―suspiro, ella ríe un poco.
― ¿Qué tal tu sábado? ―no le respondo― ¿en serio? ¡Qué bien! Yo solo ayude con la cena, ya quisiera tener tu vida, tan llena de aventuras y romances. ―no puede evitar reír por su propio comentario, solo sonrió y la miro. Le molesta bastante que no conteste sus preguntas.
―Que va, la tuya es mejor.
Y así nos enfrascamos en una discusión-concurso, sobre él tiene la vida más interesante. No paramos decir tonterías y reír, aunque nos detenemos cuando por descuido, Sakura casi choca un árbol. No puede parar de reír-llorar debido al susto, así que cuando ya se ha calmado, conduzco yo su auto.
No soy tan malo, pero tampoco se mucho. Aun así me las arreglo y llegamos sanos y a su casa. Ella está más calmada, pero aun tiembla levemente.
―Espera. ―bajo del auto y me apresuro a ayudarle a bajar. Toma mi mano con fuerza.
―Gracias.
Hasta ahora me doy cuenta que aun usa mi chaqueta, pero ya me he acostumbrado a verla con ella. Desde el día que le dije, ya harto de que quisiera regresarla, que cuando yo la quisiera se la pediría, no insistió más.
Empezamos a caminar a su casa, de la que tampoco he tomado gran detalle hasta ahora. Tres pisos, hecha de ladrillo. Por fuera ya destila elegancia y dinero. Me detengo a medio camino, haciendo que ella lo haga también.
No se por qué no quise verlo antes. La familia de Sakura tiene dinero, mucho diría yo. Me fijo en su ropa, claramente mejor a la promedio. Miro mi camisa más formal que tengo y se ve basura a su lado.
No puedo hacerlo.
Suelto su mano y empiezo a caminar al lado contrario. Sakura corra a ponerse frente a mí, deteniendo mi camino.
― ¿Sasuke? ¿Qué pasa? ―miro sus ojos preocupados, y después a su casa de nuevo.
EL cuidado césped con sus flores ordenadas y su iluminado del jardín. Hay cemento de color y con grabados cubriendo la ancha entrada debajo de mis pies. Un garaje con puertas personalizadas para cuatro automóviles.
Debí ponerle más atención, comento que su padre es un arquitecto en una empresa constructora bastante grande y trabaja desde casa. Pero ella es tan sencilla que no me paso por la cabeza. Que idiota fui. Ni si quiera la chaqueta que compre en una tienda formal y nada barata, parece ser de la calidad del resto de su ropa. Naruto tiene razón, no puedo ser nada de ella. Ni si quiera su amigo.
―Me voy ―no digo más y empiezo a caminar, ella vuelve a taparme en camino, esta vez poniendo sus manos en mi pecho.
― ¿Qué pasa? ―mira directamente mis ojos, buscando al razón de mi comportamiento.
―Eres rica
―En realidad no, no lo soy. Papá es rico, yo soy pobre y vivo de su buena voluntad ―termina con una sonrisa insegura. Alguien que tiene mucho dinero se expresa de esa forma.
Suspiro, y la miro. Solo debo irme y es todo. Solo irme y ya.
¿Por qué no puedo?
Miro sus ojos verde jade empezara a perder el brillo, debido a la tristeza.
Solo irme y ya.
De alguna forma la pequeña bruja me ha convencido. Después de una corta y extraña conversación sobre que no pasara nada y que si pertenezco a su lado, además de unas lágrimas falsas. Sakura me jala de la mano feliz mente por el camino de nuevo.
Pequeña embustera.
Avanzamos a través de la lujosa puerta frontal. Damos a un vestíbulo que puede ser lo más elegante que he visto en mi vida. Suelo de mármol, Una escalera curva con escalones de madera obscura al lado de una pared perfectamente pintada con un gran jarrón con un arreglo de flores. A la izquierda hay una sala de estar con muebles formales e incomodos. A la derecha, hay un comedor con la larga mesa, rodeada de pesadas sillas.
Mi estómago se aprieta más si eso es posible.
Caminamos por un corto pasillo hacia la parte de atrás de la casa, y puedo escuchar a gente riendo y hablando. A medida que avanzamos a través del arco del salón familiar, la casa cambia. Esta habitación está llena de cómodos y mullidos muebles, del tipo diseñado para subir los pies en ellos.
Hay un gran televisor, en el que se muestra un dibujo animado de Halloween. En frente de la TV se encentra un chico pelirrojo viendo aburrido el programa, y sentada en sus piernas una pequeña niña con un corto cabello rubio, con un libro abierto en su regazo al que mira con absoluta concentración, ignorando el ruido a su alrededor.
El salón familiar da a la cocina, de la que vienen fuertes olores que hacen que mi estómago gruña. Hay cuatro personas en la cocina, los que hacen todo el ruido, pareciendo estar tropezando el uno con el otro por su proximidad.
Estoy de pie por un momento, analizando todo. No es la escena silenciosa de los programas de televisión que imagine. Es la escena de como todo debería ser en una familia, la pequeña en el sillón se voltea y nos ve de pie ahí.
― ¡Sakura! ―grita, luchando para levantarse de las piernas del chico, no puede hacerlo sola, así que él la baja al suelo de pie y corre a abrazar las piernas de la mencionada. Ella la toma en brazos y le hace un poco de cosquillas.
―Sabes, no me fui por tanto tiempo. ―la niña no puede evitar reír. Sakura le planta un beso en la mejilla. Sus ruidos han atrapado la atención del resto de la familia, y todos vienen a donde estamos parados.
―Ven enana. ―él chico toma de los brazos de Sakura a la pequeña y camina hasta la entrada de la cocina.
Sakura toma mi mano y también me acerca.
―Estos son mis padres, Kizashi y Mebuki, y mis hermanos, Shion, Shizuka, Sasori y la pequeña Rina. ―dice, señalando a cada uno,
―Todos, él es Sasuke Uchiha.
Su padre se acerca serio, y estrechamos manos, su semblante cambia y sonríe plenamente. Él y Sasori se parecen bastante, aunque tiene un color extraño de cabello. Estoy seguro que soy un poco más alto que él.
―Es bueno conocerte al fin. ―me dice, guiñándome un ojo.
Su madre da un paso adelante y en lugar de darme la mano, me da un abrazo, estrechándome entre sus brazos por unos segundos, antes de que pueda soltarme para besar mi mejilla.
―Todo lo que escuchamos es Sasuke esto o Sasuke el otro. Así que me emociona que podamos darnos cuenta de que eres real.
No puedo estar más confundido. Y debe reflejarse en mi cara porque ambos ríen levemente.
―Está bien querida, deja de avergonzar a tu hija y que los demás pasen a saludar. ―hasta que lo menciona no recuerdo a Sakura, la cual está totalmente sonrojada y viendo el piso.
―Mi turno, mi turno ―dice Shizuka, quien tiene diez. También me da un abrazo, aunque menos largo y ya que soy alto, solo alcanza a abrazar mi cintura.
Para cuando ella me suelta, Sasori ya está frente a nosotros. Tan solo un corto momento de estrechar las manos y un ¿Qué tal? Rina me saluda tímidamente y vuelve a su lugar escondiéndose en el pecho de su hermano. Se disculpa y vuelven a su lugar.
―Sasori no es tan comunicativo, como tú. ―me susurra Sakura
Shion la empuja fuera del camino. Sé que esta es la hermana que tiene trece, pero luce casi tan grande como Sakura, dejando claro que con el paso del tiempo ella será más alta que su hermana mayor.
―Lamento que todos ellos sean un grupo de tontos. ―empieza a hablar. Pero no hay malicia detrás de sus palabras. Me toma de la mano y alejándome de Sakura, empieza a caminar conmigo.
Sakura, que está hablando con su mamá, se disculpa con ella y nos alcanza.
―Déjame disculparme ahora por esta de aquí ―y empuja con el pulgar a Shion, quien me mira y rueda los ojos.
―Como sea ―dice sin enteres alguno, pero con un ligero tono sarcástico. Pero parece fijarse mejor en su hermana y añade―: Linda chaqueta.
―Es de Sasuke ―se apresura a decir algo sonrojada.
―Huh ―me mira― Realmente debes gustarle, porque ella casi nunca se queda con ropa que es de ella. Ahora que te veo, eres muy apuesto.
La miro interrogante, ¿bromea? Además de que se ha desviado de la conversación, parece necesitar lentes. Me acaba de decir que soy apuesto.
―Tienes la altura ideal ―se aleja un poco y hace un movimiento extraño con las manos, me recuerda a la clase de fotografía. ― Porte y cuerpo perfectos, a decir verdad pareces un modelo de revistas. Ya saben, esos chicos que se la pasan horas en el gimnasio para tener el cuerpo perfecto para campañas de publicidad o algún show de televisión. ¡Dios! Quisiera que mi cámara estuviera aquí para tomarte algunas fotografías.
―Shion ―la llama la señora Haruno―. Sasuke no es uno de tus conejillos de indias para tus proyectos, trata de calmarte.
―Sí, lo que sea. ―estoy algo irritado con ella. Parece buena niña, pero su tono y sus actitudes me dicen otra cosa. Pero es hermana de Sakura, no creo que sea mala.
La señora Haruno se acerca a donde estamos.
―Si gustas, podemos ya pasar a la mesa. Está todo listo. ―me pregunta amablemente, pero mira a Sakura.
―Perdona, casi olvido por qué estamos aquí. ―a pesar de que parece que hablan entre ellas, tardo un momento en descubrí que es a mi quien se estar dirigiendo. ―ven, vamos por la comida.
Ella toma mi mano y nos dirigimos a la mesa. Hasta ahora ni si quiera había recordado que venía a una cena y ya que la mesa no esta tan a la vista, no creo que sea del todo mi culpa.
Una mesa informal se encuentra al lado de un rincón, ya dispuesta y decorada con una gran cantidad de decoraciones de otoño y Halloween. Incluso los platos tienen las formas y colores de las hojas de otoño. Luce como algo hecho por un experto. Justo como toda la casa.
―Vaya, es una excelente decoración. ―digo, dirigiéndome a la señora Haruno, es lo mínimo que puedo decir.
Shion irradia orgullo.
―Yo lo hice. Mamá dijo que podía ayudar una vez que fuera adolescente, y este año tengo trece, oficialmente ya soy adolescente. Así que me ha dejado hacerlo.
―No deberías animarla. ―dice Sasori, desde la sala―, ella no necesita ninguna ayuda con su ego. ―Shion lo mira mal, pero a él no parece importarle.
―Espero te guste la calabaza, Sasuke. ―Susurra desde mi costado Shizuka, tal vez ella y Sasori sean los que más me agradan, no hacen tanto alboroto.
―Ya verás que sí. ―le sonrió un poco y ella se sonroja ligeramente. ―. Aunque no la he probado.
― ¿En serio? ¿Quién no la ha probado? ―esta vez es Shion quien habla―. Oh, bueno, te va a gustar. Nadie hace sopa de calabaza como mamá.
―Ella tiene razón, vas a amarla. ― el señor Haruno, sale de la nada detrás de mí, casi asustándome. Él lanza un beso a su esposa, que ella corresponde.
Pronto estamos sentados en la mesa, después de un pequeño alboroto de parte de Rina, quien quería seguir viendo el programa de televisión. Una promesa de Sasori de leerle un libro antes de dormir, resuelve el problema. Es obvio que ellos son inseparables aunque no lo parezca por sus caracteres. Ella insiste en sentarse a lado de Sasori y Sakura.
Me siento del lado izquierdo de Sakura, mirándolos detenidamente, todos sonrientes y risueños y hablando por encima del otro en una especie de caos organizado. Ahora entiendo porque ella es así, queriendo ayudar a todo mundo, o simplemente siendo amable a todas horas. Veo la forma en que sus padres se miran entre sí, con un profundo entendimiento y seguridad en su amor el uno por el otro. Sus hermanos pelean un poco, pero es obvio que se quieren más de lo que pueden llegar a expresar, incluyéndola. Incluyéndome también, como si perteneciera a ellos.
Todos comen la sopa de calabaza servida en calabazas huecas, los rollos hechos en casa en un cesto de mimbre forrada con una servilleta de tela, la calabaza con sal. Cuando la madre de Sakura se levanta para ir a la cocina por las galletas de calabaza que hizo de postre. Mis ojos no pueden evitar seguirla. Pero mi mirada se desvía hacia Sakura, quien también está mirándome. Sus ojos empiezan a buscar lo que cree está mal, pero esta vez no dice nada. Solo toma mi mano por debajo de la mesa, apretándola levemente. No hago más que responderle.
Después de la cena, la señora Haruno no me deja ayudarle a limpiar la mesa, pues soy un invitado, pero es obvio que le ha agradado que me ofreciera.
― ¿Por qué no le muestras el patio, Sakura? ―le dice, cuando todos parecen distraídos en alguna otra cosa.
No tengo muchos ánimos de moverme, pero descansar un rato de todo el escándalo me hace querer ir. Así que nos ponemos en marcha. Salimos a través de un par de grandes puertas francesas a una terraza que es más grande que mi habitación. En donde hay algunas sillas acolchonadas, junto a otras de metal, además de una pequeña mesa para tomar té.
El aire es fresco y tiene una sensación que relaja los sentidos. Bajamos al aun verde pasto, perfectamente cortado. Junto a las cercas que delimitan el espacio, hay cientos de flores distintas plantadas. Dándole un toque bastante elegante al patio, en el centro de este está un gazebo de madera no muy grande, donde hay otra mesa de gran tamaño, rodeada de unas cuantas sillas, dejándole lugar a un pequeño espacio perfecto para bailar. Al menos eso comenta Sakura.
Paseamos por todo el camino de las flores, mientras me cuenta cuando las ha plantado o que tanto tardaron en crecer. Incluso me da un breve resumen que cada una de las especies que tiene regadas por todo el lugar. En la parte de atrás, escondida en una esquina. Hay una fuente que está apagada, ya que no tiene sentido usarla en invierno.
Al final entramos al gazebo, donde decidimos quedarnos por unos minutos. Tan solo pensando en cosas completamente diferentes.
Al verla recargada en el barandal, viendo las flores. Pienso que no puede existir otra persona más hermosa que ella, aun cuando es parlanchina, entrometida y algo quejumbrosa, es perfecta.
― ¿Cuándo construyeron esto? ―pregunto, para romper el silencio.
―Hace once años, justo antes de que Shizuka naciera. Papá lo construyo como un regalo para mamá, pero ella apenas lo utiliza. ―se ríe― parecen dos adolescentes, no paran de pelear por cosas insignificantes. No vayas a creer que son así de tranquilos siempre.
Estamos de pie frente a frente, en un silencio cómodo y a la vez tenso. Ella no hace más que morder levemente su labio, señal de que está nerviosa. Mientras yo intento mantener la cabeza fría, a pesar la sensación que me produce estar tan cerca de ella.
―Debería irme. ―suena más como una pregunta que una afirmación, pero ella no responde de inmediato.
―No sabes lo especial que eres para mí, ¿verdad? ―pregunta en un susurro.
Se para derecha, poniendo sus manos detrás de su cuerpo. La única luz que tenemos es la luna, y la que nos alcanza de su casa. Se ve bastante frágil así, pero se que solo es mi imaginación, ella es bastante fuerte.
―A veces, cuando vivíamos en la otra casa, los chicos me pedían citas de a montón, pero nunca pude aceptarlas ¿sabes? Llevo bastante tiempo esperando al chico indicado. ¿Tú no esperas a alguien especial? Pienso que todos esperan a esa persona.
―No creo que exista esa persona ―le sonrió triste― al menos no para mí. Pero te tengo a ti, la persona más cercana a eso.
―Bueno, eso es algo ―suelta una risita.
― ¿Algo? Mujer, eres algo exasperante, aun no sé porque quisiste ser mi amiga. Pero debo admitir que no es tan malo.
Esta vez ríe un poco más fuerte, pero con su timbre de voz suave.
― ¡Al fin logre que lo admitieras! ―se acerca a un poco a mí, quedando separados por varios centímetros. ― Pero he estado trabajando bastante en ser algo más que tu amiga.
Por unos momentos no sé qué decir, ni cómo actuar. Pero sus ojos brillan como nunca antes. Parece darse cuenta de la situación, ya que un sonrojo suave aparece en sus mejillas. Baja un poco la mirada y entonces mi cordura se rompe.
―Sakura. ―la llamo, pero no parece querer alzar la mirada.
Tomo suavemente cara con ambas manos y antes de que pueda hacer algo, la beso. Debo agacharme para alcanzarla por la diferencia de alturas.
Sus labios son suaves y cálidos. Me aventuro a delinearlos con mi legua y ella suelta un apenas audible suspiro.
No sé cuánto tiempo pasamos así. Pero es el suficente para que sus hermanos salgan a la terraza y murmuren entre ellos.
Parecen algo avergonzados de ser descubiertos cuando descubren que los he visto. Intento separarme, pero Sakura abre los ojos y les lanza una mirada llena de enojo. Ellos disimulan y se van rápidamente, entonces ella echa sus brazos alrededor de mi cuello y la tomo de la cintura.
Por un momento nuestros ojos se encuentran, y no puedo estar más complacido al ver de nuevo el brillo en ellos.
Cuando por fin nos separamos, ella baja la mirada avergonzada, pero pego mi frente a la suya, sintiendo su respiración rápida a la par de la mía.
Así, sin querer separarnos, pasamos bastante tiempo en silencio, juntos. Compartiendo este momento mágico.
Tenías razón Sakura, todos tenemos a esa persona. Y creo que he encontrado a quien vale la pena esperar.
