N/A: Esta vez tuve mucha inspiración, tanta que este capítulo iba a resultar como de 10000 palabras. Así que decidí dejar este como un capítulo de transición y que el siguiente fuera el "especial". Espero lo disfruten tanto como yo al escribirlo. (Ya casi comienzan las vacaciones de semana santa, lo que significa más tiempo para escribir y descansar TwT).
Muchas gracias por todos sus reviews y también a todas aquellas personas que me agregaron a mí o a mi fic como sus favoritos o en alertas.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto mas la historia es de mi invención.
Alana-chan: Aw... muchísimas gracias por tus lindos comentarios, me suben el autoestima. Respecto a tus preguntas: No, lamentablemente las reglas del orfanato son absolutas por lo que Monstruito ya no esta con ellos, pero sí siguen juntos en la misma habitación, y a pesar de que pasan menos tiempo juntos, aún no son separados del todo.
Preparaciones
Itachi y Sakura, a pesar de todo, seguían apañándoselas para verse unas cuantas horas cada día. Entre comidas, unas pocas horas durante el medio día y en la noche, era el tiempo con el que tenían que conformarse. Y es que, a pesar de pasar tan poco tiempo juntos, seguían tan o tal vez más unidos que antes. Ante la necesidad y las circunstancias, el tiempo que pasaban juntos se volvía uno de mejor calidad, sus tratos se volvían más intensos y cada uno, a su manera, reflexionaba poco a poco acerca del mundo y de ellos mismos. En medio de la tormenta habían encontrado la paz interior, equilibrándose y completando la homeostasis de su relación. Estaban sobrellevando la situación lo mejor que podían.
Sin embargo, las cosas se estaban poniendo cada vez más difíciles conforme transcurría la semana. Para Sakura las horas de ensayo habían sido aumentadas pues en 2 semanas más tendrían una visita de supervisión del obispo y por obviedad, las monjas querían que todo estuviera perfecto para el evento. Para Itachi, las tareas y los trabajos habían sido aumentados por la cercanía a las fechas de los exámenes parciales.
Esas horas que tenían al medio día habían sido reducidos rápidamente a tan solo unos cuantos minutos, si mucho una hora. Y ambos comenzaban a batallar de nuevo para encontrar la calma ante tan difíciles situaciones.
El trabajo en equipo para Itachi era lo peor. Él terminaba haciendo todo porque los demás se la pasaban jugando o, de plano, ignorándole descaradamente. Pero eso no era lo que le molestaba, si le hubieran encargado ese trabajo individualmente lo haría sin quejarse, no es que fuera difícil, sólo algo tardado; pero le molestaba de sobremanera que tuviera que compartir su calificación.
Itachi, como persona que imponía una gran autoridad, fácilmente podría ponerlos a trabajar, pero entonces su trabajo perfectamente ordenado y citado recibiría una baja calificación por culpa de la incompetencia de sus estúpidos compañeros. No es que quisiera creerse superior, pero es que ellos parecían gritárselo en la cara como si fuera algo de lo que enorgullecerse.
-Itachi, ¿necesitas ayuda? –preguntó uno de sus compañeros. Le ignoró mientras leía otro libro hasta que el muchacho repitió su pregunta. Entonces el púbero se encogió en su lugar y no supo que hacer cuando recibió la gélida mirada de Itachi. No sabía si era esa una mirada sarcástica, una de enfado por no preguntar antes o una de molestia por interrumpirle. Tal vez todas, tal vez ninguna.
Su anterior afición a los libros le estaba ayudando. Lamentablemente sólo le dejaban entrar a la biblioteca cuando era por tareas, y se le supervisaba.
A la velocidad con la que Itachi trabajaba, terminó el proyecto en poco más de una hora y dejándoles a sus compañeros unas cuantas ordenes a prueba de tontos, se retiró rápidamente del lugar para encontrarse con Sakura en el patio, por los columpios.
La urgencia que tuvo por verla no logró contenerla, y al llegar con ella la abrazó tan profundamente que parecía que las ropas de uno eran las ropas del otro. Luego, con esa expresión tan melancólica que dejaba mostrar sólo con ella, la tomó del cuello y de su mejilla y la besó. Era apenas un roce de sus labios con los de ella, pero fue un roce etéreamente largo.
A la pequeña Sakura se le fue el aire y por un momento su corazón dejó de latir para después regresar a su tarea furiosamente. Podía sentir sus propios latidos en sus oídos, al igual que la suave y cálida respiración de Itachi sobre su rostro.
Itachi apenas si entreabrió los ojos un poco y pudo observar lo hermosa que Sakura lucía con sus ojitos cerrados y sus mejillas tan rojas que parecían manzanas, que sinceramente le daban ganas de morder.
La soltó apenas para hincarse y volver a abrazarla. Estaba molesto, pero tener a tan pequeña y menuda figura entre sus brazos le hacía sentir mejor. La cabeza de ella fue reposada en su hombro delgado. A pesar de su edad y su altura, Itachi era un muchacho pálido, con unas grandes ojeras y delgado. Al lado de Sakura, quien con su cabello rosado y su gran inocencia y alegría parecía brillar, Itachi lucía enfermo, pero era una enfermedad hermosa porque ese estilo tan callado y frágil le quedaba sublime. La belleza de Sakura era para amarse, la belleza de Itachi era para admirarse y nada más, porque si no era así desaparecería.
La molestia y el fastidio poco a poco fueron menguando mientras la abrazaba con infinita ternura. Las palabras sobraron durante todo ese tiempo y a lo único que se dedicaron fue a escuchar la respiración del otro y sentir los latidos de sus corazones acompasados hasta que Sakura tuvo que retirarse a la práctica de coro. Itachi ya no tuvo la fuerza para acompañarla, porque sentía que si le soltaba su mano una vez más frente a la puerta, se derrumbaría en ese lugar sin consideración alguna.
Se quedó ahí, sentado en el césped y dándole la espalda a Sakura, tallándose los ojos, que comenzaban a arderle, con sus manos. Ya sentía que necesitaba de la calidez de su hermana. Sentía que le hacía falta la mitad de su corazón y su segundo pulmón. Se sentía miserable. Comenzaba a descomponerse.
Durante la clase Itachi se la pasaba oteando por fuera de la ventana. Escuchaba a medias lo que la mujer repetía vez tras vez para que los chicos alrededor de él entendieran. Nada importante, sólo los conceptos iniciales de la trigonometría que se ven en secundaria. Se los sabía ya.
Ver desde ahí una parte del patio le hacía preguntarse continuamente como la estaría pasando Sakura. Últimamente sentía que necesitaba abrazar a Sakura más de lo normal, como si fuese indispensable para su vida.
De nuevo la instructora le estaba hablando y él no atendía.
-chi… Ita… -habló la mujer, pero se quedó callada una vez que él la miró. Se le fueron las palabras y fue Itachi quien tuvo que animarla a seguir.
- ¿Sucede algo? –preguntó el pelinegro. Su voz sonaba monótonamente aburrida, y aún con ese toque elegante y sedoso que sólo él poseía.
La mujer mentiría si dijera que los ojos de Itachi no eran bellos con ese negro tan profundo y esas pestañas tan largas y espesas. Pero le tenía rencor aún por lo antes sucedido y se dijo que era tan sólo un mocoso más que se daba aires de soberbia y brillantez.
-Tú te quedas, necesito hablar contigo de algo importante. El resto puede salir, la clase ha acabado. – sentenció la mujer.
Itachi igual mentiría si dijera que esa orden no le fastidiaba hasta el fondo de su ser. Le estaba quitando minutos indispensables que necesitaba para estar con su hermana. Entonces se preguntó que pasaría si le confesara a la instructora que si no la veía pronto su corazón lo abandonaría a la suerte y dejaría de latir. Pero se contuvo, esa mujer no tenía por qué saber que necesitaba a su hermana con urgencia.
Los niños comenzaron a salir uno tras otro, con una parsimonia que hacía a Itachi apretar la quijada. Escondió su rostro tras sus cabellos y se permitió por un momento dejar que la ira se apoderara de su cara e hiciera el gesto que quisiera. Su ceño se frunció, sus parpados se apretaron con fuerza al igual que sus labios. Le dolió toda la tensión que se había acumulado en su rostro y decidió relajarse para alzar la mirada. Al ver a su alrededor se encontró solo con esa mujer en el salón de clases.
La miró profundamente, tratando de ocultar todos esos sentimientos tras de sí, como siempre lo hacía.
Itachi era altamente eficiente, serio, calculador, hacía las cosas bien y rápido. Parecía que nunca en su vida le habían dado una crítica. Pero tras todo aquello se ocultaba su verdadero ser con espíritu altruista, su verdadero yo sentimental. Itachi era de oro.
-Tengo entendido que tú y la Madre Superiora quedaron en un acuerdo… -comenzó la mujer que lo miraba de una extraña manera. Itachi no supo bien que era lo que esa mujer sentía por él pues era una extraña combinación de sentimientos.
Itachi no contestó. Así que la monja prosiguió: – La mujer que te ayudará llegará mañana. Y dado que parece que dominas los temas que he enseñado y los que enseñaré, de ahora en adelante ella será tu profesora. Ya no tendrás que venir aquí, tendrás clases particulares con ella en algún salón que quede libre. De eso serás informado cuando hables con la Madre Superiora. Ella te está esperando ahora mismo, así que ve.
Lo iba a extrañar, porque pese a todo ella seguía siendo una profesora y se hinchaba de orgullo cada vez que Itachi presentaba un excelente trabajo y respondía perfectamente un examen.
Itachi encontró entonces rastros de ira, rencor, admiración, alivio y algo de cariño en los ojos de esa mujer. Asintió y salió de ahí para encontrar a Sakura. A pesar de que se sentía agradecido por los sentimientos de la monja, las palabras que había pronunciado le habían destruido por dentro.
Ya no se sentía con ganas de estar con ella, tenía ganas de estar solo y hundirse en sus propios pensamientos, al menos por un tiempo. Pero igual hizo lo que debía y llegó hasta donde estaba su hermana esperándole.
Se aventó sobre él emocionada por contarle lo que había sucedido en clases, pero el desinterés y la distracción de su hermano la hicieron desistir de su idea.
-¿Pasa algo? –preguntó ella, en evidente estado de preocupación.
-La Madre Superiora me ha citado en su oficina así que nos veremos hasta la noche –avisó Itachi con voz vacía y sin querer mirarla. Su rostro apuntaba hacia el suelo.
-Ah… -fue lo único que pudo decir ella.
Itachi ya no supo que más hacer. Comenzó a caminar lentamente hacia donde había sido citado. Si por él fuera estaría abrazándola y besándola como el día anterior lo había hecho.
De pronto sintió los bracitos de ella rodeándole con fuerza, evitando que siguiera caminando. Sintió la cara de ella restregarse contra su espalda.
-No sé qué sucede, Itachi. Pero nos veremos en la noche, ¿sí? –mencionó ella con su suave vocecita. Ese pequeño acto, tan simple e inocente hicieron que el corazón de Itachi saltara de emoción. Ella no sabía lo que sucedía o lo que sucedería, pero ahí estaba dándole su amor incondicional.
Sintiéndose un poco mejor le regaló una pequeña sonrisa y se dirigió a la oficina, decidido a hacer su mayor esfuerzo para pasar el mayor tiempo posible con su pequeña y adorable hermana.
Al llegar tocó la puerta suavemente. El lugar estaba en silencio, apenas se podían escuchar los gritos de los niños jugando afuera. El pequeño ventanal que se encontraba en la puerta y que mostraba una pacífica escena llena de flores y Jesús enseñando brillaba con la luz que se colaba por entre los pasillos y los tragaluces. Olía a detergentes florales y la temperatura se sentía entre templada y cálida.
Finalmente la puerta se abrió y la mujer se hizo a un lado para que el muchacho pasara. Se le veía algo decaído pero decidido, y eso, en cierta manera le alivió. Tal vez estaba poniendo demasiada presión en 2 personas que eran apenas muy jóvenes, que no habían madurado como las personas normales, que habían pasado por circunstancias no muy favorables, pero si ellos estaban aguantando, entonces presionar un poco más la bota que tenía sobre sus cuellos no estaría tan mal.
El resto de la tarde se pasó entre negociaciones nuevamente, sin embargo, la mayoría de las cosas quedaron como cabos sueltos porque al final de cuentas sería su nueva profesora quien decidiría y tendría la última palabra. Esperaba tan solo que las cosas no fueran muy difíciles para él y para su hermana.
Una vez que acabaron, el horario de la cena ya había pasado y dentro de unos minutos empezaría el horario del baño. La Madre Superiora lo mandó al comedor con un pequeño recado para que le permitieran comer y lo despidió para seguir con sus asuntos. Si todo salía bien, que Itachi participara en el concurso de matemáticas de nivel preparatoria les daría la fama necesaria para obtener fondos para arreglar ciertas cosas que ya estaban mal en el orfanato. Y si Itachi era tan inteligente como las monjas se lo indicaban, entonces podía dar por sentado que compraría unos cuantos calentadores más para las duchas con el dinero que el pequeño recibiría de su primer lugar.
Tal vez estaba siendo algo cruel, pero el sufrimiento de un par de personas sería la compensación justa para el beneficio del resto de los niños del orfanato, incluidos ellos mismos.
Itachi al llegar al comedor se encontró con las monjas lavando los trastes de ese día. Al parecer todos los niños se habían portado bien porque no había uno que estuviera castigado lavando los trastes. Entregó el recado a una de las mujeres mientras escuchaba como su estómago reclamaba por comida. Realmente no se había dado cuenta hasta ese momento que tenía hambre. Después de todo, no había probado comida desde la mañana.
Sin embargo, la monja totalmente exhausta y sin ganas de soportar a un crío más, rompió el recado justo frente a él y lo tiró al bote de basura sin más.
-Vete, ya no hay más comida –le dijo la mujer antes de voltearse y seguir con sus tareas.
Las palabras fueron absolutas y resignado comenzó a caminar hacia su dormitorio. Probablemente habría por ahí una monja supervisando y le abriría la puerta si se lo pedía amablemente… tal vez si se arrodillaba y se humillaba a sí mismo suplicándole.
La cabeza comenzaba a dolerle y comenzaba a sentir escalofríos recorrerle por la espalda y los brazos.
Una vez que ya estuvieron dentro de sus habitaciones con las pijamas puestas, Itachi se dedicó a revisar que la tarea de su hermanita estuviera bien.
-Sakura… -llamó él con voz suave, seguía sintiéndose mal. Ahora sentía ganas de vomitar, tal vez debido al hambre.
-¿Qué pasa? –le contestó la niña. Estaba contenta de estar junto a él nuevamente y estaba entretenida explorando la misteriosa mano de su hermano. Los dedos de Itachi eran mucho más largos que los suyos, y a pesar de todo el trabajo que su hermano hacía, sus manos eran delgadas y suaves. Parecían de mujer.
-Me inscribieron en un concurso.
Sakura se levantó del suelo emocionada, con los ojos brillándole y con sus mejillas sonrojadas.
-¡Eso es asombroso! –gritó eufórica. Estaba realmente orgullosa de su hermano. Ya sabía que él era el mejor, ya era hora de que se lo reconocieran.
La actitud de su hermana avivó su estado de humor. Verla feliz le hacía feliz instantáneamente. Saber que ella estaba bien le hacía estar bien inmediatamente. Lástima que ella aún no se daba cuenta de lo que participar en el concurso conllevaba. Tenía que decírselo, tenía que informarla.
-¿Tú crees? Yo no quiero participar.
-¿Eh? ¿Por qué no? –ella era aún muy ingenua.
-Porque tendré clases especiales y no sé si podré jugar contigo como antes –si ponía todo en términos "de niño" tal vez Sakura entendiera.
Y ella lo hizo. Al instante su rostro se descompuso en un puchero que si bien expresaba lo que ella sentía, a Itachi le pareció terriblemente adorable. Sus mejillas se habían inflado y sus cejas se habían fruncido, dándole la imagen de un gatito enojado.
Con sus manos apretó los cachetes de su hermana haciendo que ella soltara todo el aire y él comenzó a reír ante tan adorable y graciosa escena. Sakura no pudo evitarlo y también comenzó a reír junto a él.
Notas Finales: Hace unos días miré un video cualquiera en youtube de Itachi y fue algo sorpresivo, exasperante y a la vez meláncolico cuando comencé a llorar; porque sigo sin poder superar su muerte y sigo con tanta obsesión como desde el primer día en que me enamoré de él. Es por eso que hago tanto énfasis en su belleza, porque Itachi no es simplemente "sexy" (lo considero un termino vulgar), Itachi es muchísimo más.
Así pues sientanse libres de expresarse mediante un review. No son indispensables ni algo con que chantajearles pero uno se regocija cuando se da cuenta (mediante sus opiniones) que la historia es del agrado general y que nuestros esfuerzos valen la pena.
