Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Perdón por la demora, pero la verdad es que estoy volviendo al trabajo así que lo más probable es que me vuelva a pasar. He aquí la continuación.

Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D


Proyecto: Cien drabbles por cien historias

Pareja: Shikamaru/Temari

Motivo: Cosas para omitir


VII

Las cosas que deberías omitir

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Toda estrategia conlleva un procedimiento, un modo de hacer las cosas según el objetivo propuesto. Podría pensarse que, siendo este objetivo ganarse la aceptación de la mujer amada, la ejecución de tal procedimiento resultaría grata, edificante y placentera, pero no puede caerse en esas ingenuidades si la dama en cuestión es Sabaku No Temari.

Y Shikamaru lo sabía bien.

-Te quedarías en Konoha y podrías tener todas las plantas que quisieras –arguyó esa mañana en la posada mientras ella desayunaba, y ya iba por la décima-segunda razón del día.

-Ya tengo todas las plantas que quiero –repuso Temari con desinterés, sin dejar de llevarse bocados de arroz a la boca. La comida estaba deliciosa y ni siquiera la inusitada persistencia de Shikamaru la privaría de disfrutarla.

-Participarías activamente en la organización de los exámenes chunin, jounin y demás instancias formativas –la tentó él, porque sabía que a ella le gustaba tener el control.

-Eso lo hago cada vez con mayor frecuencia, no necesito una invitación tuya –contradijo la otra, ceñuda al advertir el fondo del cuenco. Diablos, la comida era una buena treta para fingir indiferencia y ya se le estaba acabando.

Shikamaru suspiró con cansancio. Al parecer ese día tampoco lograría nada.

-¿Debería maniatarte con mi Kagemane y secuestrarte? –propuso perezosamente-. No me obligues, Temari, sería problemático.

Ella devoró los últimos restos de arroz y suspiró con gran satisfacción.

-Entonces deja de hacerlo –repuso luego.

-¿Qué cosa?

La joven lo miró con una ceja levantada. ¿Acaso no era el gran maestro de la "interpretación"? Casi le había costado su amistad la última vez que conversaron. ¿O era tan vago que tenía que explicárselo por milésima vez para ahorrarle el esfuerzo?

-Deberías omitir la estrategia del tipo que supuestamente conoce a la chica de sus sueños hasta el punto de poder seducirla con esas "autorizaciones".

Shikamaru se crispó con el término empleado.

-Jamás me atrevería a autorizarte o desautorizarte nada, Temari. Valoro demasiado mi vida.

-Pues entonces omite esos subterfugios. Una relación de pareja no se construye otorgando o no libertades que con el tiempo se transformarían en reclamos, sino con acuerdos.

Superado el primer desconcierto, Shikamaru comprendió y se sonrió de lado. Aunque la kunoichi hubiese hablado de las relaciones de pareja en general, donde las cosas podían suceder de ese modo o no funcionar en absoluto, en realidad estaba pensando en ellos específicamente. No podía sentirse más recompensado.

-Desde luego. Y cada pareja tiene sus asuntos para acordar –convino a continuación. Y añadió mirándola directo a los ojos-: Nunca me aburriré contigo.

La joven, contrariada con la reacción, se preguntó qué tanto habría dicho para que se sonriera de esa forma cuando en realidad había pretendido molestarlo. Vaya con ese sujeto…

Ella también tendría que dejar la improvisación de lado y pensar mejor en sus propias estrategias defensivas, el corazón le latía demasiado rápido cada vez que la miraba así. Todavía se negaba tajantemente a claudicar.

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VIII

Las cosas que deberías omitir tú

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En realidad Shikamaru no se cansaba de discutir con ella. La kunoichi de la Arena representaba un desafío, uno muy importante, por lo que a pesar de los duros reveses que por momentos afrontaba, en el fondo disfrutaba del singular intercambio.

Se trataba de una puja intelectual tanto como emocional, y no siempre se presentaba la oportunidad de encarar un desafío de esa clase. Para él, hallarse a la par de su contrincante en cuanto a persistencia, convicción, inteligencia y testarudez constituía un gran estímulo y acrecentaba sus expectativas con respecto al futuro. Si había una mujer destinada a ser su esposa, esa mujer era Temari.

-Aquí, vago, aquí. Aquí está el documento que me pediste –le dijo ella sacudiendo el rollo de pergamino delante de sus ojos para sustraerlo de sus pensamientos- Hola…

Shikamaru chasqueó la lengua y tomó el objeto.

-Ni siquiera se puede pensar en paz –se quejó en un murmullo.

-Pero si no haces otra cosa –señaló Temari-. Te la pasas papando moscas.

-¿Lo leíste?

-¿Debería haberlo hecho?

-Se trata de un acuerdo con Suna de gran importancia, mujer.

-Todos los acuerdos son de gran importancia –ironizó ella con fastidio.

-Deja de hacer eso y cumple con tu cometido –la amonestó él, circunspecto.

La joven se crispó ante tal cuestionamiento. ¿Le estaba hablando a ella? ¿El muy atrevido y poco interesado en conservar indemne su integridad física osaba recriminarle algo… a ella? Shikamaru tenía los días contados.

-Antes de que te envíe al infierno –dijo mientras disponía del abanico conteniendo apenas la irritación-, explícame de forma clara y sencilla qué quisiste decir con eso.

Pero el ninja no se amedrentó. Si se acobardase cada vez que ella lo amenazaba con su abanico, ya se hubiera retirado de la profesión.

-Quiero decir que deberías omitir esos aires de superioridad –le dijo en tono tan calmo que ella se exasperó todavía más-. Deberías prescindir de las cosas que crees que nos distancian o te ofrecen seguridad cuando estás conmigo e invertir tus energías en las que haces siempre porque es tu deber. ¿O acaso mi cercanía te perturba tanto?

Temari apretó los labios, contrariada, y sintió un delator calor en el rostro. Ruborizarse a su edad… Cierto, nada de lo que últimamente experimentaba al lado de Shikamaru debería desviarla de sus labores cotidianas, o estaría incurriendo en una falta de responsabilidad. Además, la exponía demasiado.

Carraspeó, acomodó el abanico en su espalda y le quitó abruptamente el rollo de la mano.

-Perturbada un cuerno –masculló. Luego se giró sobre sus talones y se marchó sin más.

Shikamaru meneó la cabeza con resignación.

-También deberías omitir de vez en cuando ese problemático orgullo –le lanzó, aunque ella ni siquiera se mosqueó.

Ahí se iba una vez más su precioso desafío intelectual y emocional, que por lo visto también tenía sus momentos de debilidad. Siendo él el perezoso en esa relación, le llamó poderosamente la atención aquel desacostumbrado descuido… Luego sonrió, solazándose por dentro. Quizá se estuviesen mimetizando.