Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, yo sólo los utilizo sin fines lucrativos para entretener a mi público.

Notas: Nuevo capítulo (después de varios meses, la vida ha sido caótica). También estoy editando los capítulos ya publicados, mejorándolos y agregando un poco más de contenido, pueden distinguir los que ya he editado de los que no por el nombre del capítulo en el dropdown de selección de capítulos. También estoy traduciendo los capítulos al inglés por si gustan leerlos en otro idioma con una narrativa un poco diferente. Espero que los disfruten!


Salida

Konan, si antes había estado reacia a cooperar con ellas, ahora sentía arrepentimiento, pero con las cosas ya tan avanzadas y estando tan cerca de la fecha del concurso, ya no veía forma de zafarse de la situación quedando bien parada.

Ella siempre se había considerado una persona de abundante paciencia, un mar de paciencia, pero en situaciones como esta, o más bien, con personas como estas, ella requería de toda su paciencia y todavía más.

Siempre era increíblemente exasperante hablar con ellas, tan testarudas y arcaicas, y aún peor era soportar sus estupideces religiosas, pero por sobre todo, lo que más colmaba su paciencia era como esas mujeres no desperdiciaban ninguna oportunidad para discretamente insinuarle que por ser mujer automáticamente estaba desacreditada para su trabajo, a pesar de sus certificaciones y a pesar del gran favor que les estaba haciendo, porque de ellas no recibía ni un centavo. Mujeres ingratas e insufribles. No es que Konan tuviera algo contra la religión en sí, porque una cosa era la fe y la espiritualidad, pero otra cosa era usar la religión para vocalizar estupideces, ya ni porque ellas mismas lo eran. Y para colmo, todo el crédito se lo daban a su Dios en vez de a ella, cuando era ella la que se tomaba todo ese tiempo para enseñarle al chico. Y no es que tampoco se lo tomara como una ardua tarea que odiara, pero apreciaría que tomen en cuenta su trabajo.

Ya tenía más de media hora discutiendo con ellas porque era importante que el chico fuera con ella a la reunión, pero ellas estaban aferradas a sus estúpidas e innecesarias reglas de no dejar a ningún niño salir sin importar motivos ni circunstancias, peor aún es que no entendieran el porqué era necesaria su asistencia. Después de discutir un poco más, las mujeres finalmente cedieron ante la amenaza de Konan de dejar de educar al niño y sacarlo del concurso, al fin y al cabo, todo había sido voluntario por parte de ella. A las monjas, por más que les pesara, lo lejos que habían llegado hasta ahora era porque esa mujer testaruda y demasiado independiente para su gusto, tenía contactos, una buena cabeza sobre sus hombros, y finalmente, un corazón bondadoso, generoso y apasionado por su carrera.

Konan miró el minimalista pero elegante reloj en su muñeca. Ya faltaban 20 minutos para que iniciara su clase con Itachi. Afortunadamente Konan había tomado las precauciones necesarias, conociendo a estas mujeres desesperantes, había tomado una buena decisión en ir con suficiente anticipación.

Aún un tanto molesta, pero por fin victoriosa, se despidió fríamente y salió de la oficina directo a su respectivo salón. Tenía que llegar antes que Itachi para calmar su temperamento. Siempre trataba de estar lo más calmada y neutral posible frente a él. Después de todo sabía que el chico era bastante perceptivo y para ser honesta, no es que la intimidaba, pero ciertamente le incomodaba que él pudiera saber de ella, con tan solo una mirada fija y penetrante, más de lo que ella quisiera permitir.

Al llegar al salón aún veía niños apresurados dirigiéndose a sus respectivas clases, escuchaba el escándalo por los pasillos, las voces de los niños ruidosas, las pisadas. Aprovechó el tiempo que le quedaba para revisar unos apuntes en su agenda, pero más que nada, para intentar quitarse el estrés de la discusión anterior, masajear un poco sus hombros y alisar su ropa para estar lo más presentable posible.

A través de la puerta vio como lentamente Itachi caminaba dirigiéndose hacia el salón. Usualmente trataba de mantener su vista ocupada en algo más, distraerse, pero esta vez lo observaba fijamente mientras entraba al salón. Itachi lo notó, mas trató de no mostrar otra reacción que apretar el cuaderno que traía entre su mano. Entró por la puerta y se sentó en su lugar habitual.

Konan esperó a que Itachi estuviera tuviera sus cosas listas para iniciar las clases. Ya casi había terminado con todos los temas que debía enseñarle y la fecha del concurso cada vez estaba más cerca. Estaba segura que terminarían con tiempo de sobra, lo suficiente para repasar, aunque Itachi probablemente no lo necesitara.

Konan estaba ensimismada en sus explicaciones que no se había dado cuenta del tiempo que había pasado. Cuando le indicó al niño que hiciera unos cuantos ejercicios por su propia cuenta, ella miró su reloj y se dio cuenta que, aunque aún estuvieran a tiempo, si se tardaban más las probabilidades de llegar tarde aumentarían exponencialmente.

-Itachi -llamó ella, interrumpiéndolo. El pelinegro levantó la mirada y la fijó en ella. -Hoy vamos a ir a una reunión sobre el concurso. ¿Tienes algo que preparar antes de salir? Salimos en 5 minutos -.

Itachi se sorprendió y se quedó procesando las palabras de Konan con sus labios ligeramente entreabiertos. Por primera vez desde que llegó a ese lugar, iba a salir de este, y era tan repentino e inesperado que no sabía cómo reaccionar. Este pequeño detalle no pasó desapercibido a Konan, quien suprimió una sonrisa divertida al verlo en ese estado tan inusual para él.

- Si tienes algo que hacer antes de que nos vayamos, ahora es el momento - apremió Konan. Itachi pareció por fin reaccionar y lo primero que le vino a la mente fue Sakura, inmediatamente seguido de querer ir a buscarla a su salón y llevársela consigo, pero al siguiente instante sabiendo que no era más que algo ya fallido. No era siquiera necesario preguntar, porque ya sabía, ya conocía. Probablemente le había costado mucho trabajo a Konan-sensei conseguir el permiso tan solo para él, imposible pensar que les permitirían llevarse a Sakura también.

Sabiendo que era imposible llevarla consigo, debía hacer lo posible para avisarle a su pequeña que iba a salir, pues a decir verdad no tenía ni idea de a qué hora regresaría y no quería que se preocupara por él.

Itachi asintió con su cabeza mientras miraba a Konan, inmediatamente recogió sus cosas y conteniendo sus ganas de correr por los pasillos, caminó apresurado y a grandes zancadas hacia el salón donde estaba Sakura.

Usualmente interrumpir una clase, fuese el motivo que fuese, ameritaba regaño y castigo inmediato, pero Itachi, sintiéndose envalentonado por tener el permiso a salir de la misma forma que sentía la urgencia del tiempo, no le importó moderar la actitud con la que habló, interrumpiendo la clase.

-Necesito hablar con Sakura por unos minutos - pronunció cortantemente mientras miraba a la monja impartiendo la clase. Miró a Sakura, a quien le indicó con una mirada profunda y un movimiento de mano que se acercara a él. Ella, sorprendida, miró a la hermana quien parecía aún estar procesando lo que sucedía y miró de nuevo a Itachi. Recibió unos toquecitos en su hombro de parte de Naruto y solo atinó a levantarse de su asiento y caminar hacia él con prisa y la mayor delicadeza posible.

La cara de la monja al verse interrumpida de manera tan grosera casi los hizo sonreír, de no ser porque él las odiaba a todas con fervencia y Sakura estaba mortificada por su hermano. El resto de los niños tenían sus ojos mucho más abiertos que la boca de la profesora.

Para cuando Sakura lo alcanzó, él la tomó de la mano y la llevó al fondo del pasillo, donde no pudieran escucharlos.

-¿Itachi, estás loco? ¡Te van a castigar otra vez! - dijo Sakura infinitamente preocupada por él. Cuantas veces ya había sido injustamente castigado, solo para volver a sufrir uno de esos crueles castigos por su falta de moderación.

-¿Viste la cara de la hermana? - preguntó Itachi sonriendo. Sakura inmediatamente ensanchó las mejillas y se abalanzó contra él enojada. -No me harán nada, tengo permiso. - dijo tratando de calmarla, mientras la recibía gustoso entre sus brazos a pesar de que las intenciones de ella eran, por solo un instante, un tanto agresivas.

El enojo se fue tan rápido como había llegado y ahora Sakura estaba más confundida que su compañero de cabellos de oro y ojos de océano durante clases. Le transmitió esa confusión con su expresión facial, aun aferrándose a él, y levantando su rostro hacia arriba para poder verlo a la cara

- Escúchame bien, Sakura. Debo salir a una reunión por el concurso, no estoy seguro de a qué hora volveré, pero volveré - prometió Itachi mientras la miraba a la altura de su estómago acariciaba la rosada melena.

-¿Vas a salir?... ¿Del orfanato? - preguntó Sakura primero incrédula y después de comprender lo que su hermano decía, se asustó. -¡NO! - gritó ella aferrándose con fuerza a los pantalones de su hermano. Este suspiró, sintiéndose por una parte contento que ella estaba reacia a dejarlo salir, pero por otra parte, debía volver con su sensei.

- Te prometo que volveré, no voy a dejarte aquí sola - y se agachó para abrazarla. - Te prometo que volveré - repitió mientras acariciaba suavemente la pequeña y delgada espalda de la niña. Sakura solo pudo apretar la camisa de su hermano entre sus deditos y suspirar. Sakura quería insistir, pero uno, ella era una chica calmada, tranquila y obediente, y dos, sabía que hacer berrinches no funcionaba con Itachi cuando se veía así de decidido.

Al final de cuentas ella confiaba en él, y aunque le asustaba y preocupaba la idea de que él estuviera fuera, lejos de ella, donde cualquier cosa podía ocurrirle y ella no estaría ahí, tenía que hacerle caso. También, aunque en ese momento no lo reconociera, un poco de envidia se anidó en su corazón.

La abrazó y respiró su cabello, y hundió la nariz en su cuello una última vez antes de levantarse. Sakura un poco sonrojada, tomó las cosas que Itachi traía entre sus manos, le sonrió diciéndole que ella se encargaría de sus cosas y lo abrazó una vez más de la cadera. Finalmente separados, tomados de la mano regresaron al salón de Sakura. Ella volteo una vez más hacia atrás, mirando a Itachi quien aún esperaba en el marco de la puerta a que ella llegara a su lugar. Finalmente, Itachi miró a la vieja mujer, hizo una leve reverencia escueta y se retiró, no sin antes darle una última mirada significativa a su hermana.

Mientras caminaba con prisa por los pasillos, Itachi pensaba en lo fastidioso que su estómago se estaba volviendo últimamente, sin detenerse a realizar que no era más que producto del estrés que venía sintiendo desde hacía semanas, cuando había hablado con la madre superiora. Itachi sabía que tenía la capacidad de ganar ese estúpido concurso, él lo sabía, confiaba en sí mismo, pero no podía evitar estar nervioso por tantas cosas nuevas que estaban sucediendo, y sumarle a todo eso su constante preocupación por Sakura. Sus ojeras también habían incrementado de tamaño y profundidad las últimas semanas, mientras se quedaba en las noches pensando en tantas cosas, sin poder dormir y abrazando el cuerpo su hermana.

Llegó apenas unos minutos tarde, la despedida con Sakura había tomado un poco de más, pero había sido necesario. Konan inmediatamente tomó sus cosas y después de preguntarle si todo estaba listo y él había asentido, comenzaron a caminar hasta el estacionamiento, pasando por la iglesia.

Sorprendentemente, aunque Itachi se había sentido tan nervioso y a la expectativa, salir de ese lugar no fue nada fuera de lo normal. Había creído que iba a sentir algún tipo de emoción por estar fuera del orfanato después de todos esos años y de todo lo vivido, tal vez liberación, euforia, o incluso miedo de lo desconocido, pero resultó en nada.

Lo que sí lo hizo sentir un poco raro fue estar sentado en el asiento de copiloto dentro del carro de Konan. Un pequeño vehículo, moderno, cómodo, impecablemente limpio y aún con aroma a nuevo a aromatizante floral. Itachi estaba acostumbrado a admirar a Konan y su inteligencia, e igualmente estaba acostumbrado a que ellos dos estuvieran solos, pero a lo que no estaba acostumbrado era a la cercanía de la presente situación, y se sentía incómodo.

Itachi notó unos cuantos libros en el asiento trasero y pequeños aromatizantes ajustados a las rendijas por donde salía el aire acondicionado. De estos provenía el aroma era floral pero limpio. Le recordó al adorno de rosa blanca que Konan casi siempre llevaba en su cabello y pensó que si esa rosa fuera real, probablemente ese sería su olor.

Itachi no recordaba mucho de cómo habían sido las calles contiguas al orfanato cuando llegaron, pero esta vez se esforzó en recordar cada detalle que veía por donde pasaban.

-¿Quieres música? - preguntó Konan, interrumpiendo al ensimismado Itachi.

-No, gracias. - contestó este escuetamente. Sinceramente el ambiente era pesado y sumamente incómodo, y probablemente un poco de música podría ayudar, pero Itachi no tenía ningún gusto musical y se sentía apenado de causar cualquier cosa que pudiese llegar a ser una molestia para Konan.

Konan lo miró entre divertida y curiosa, y decidió estirar su mano para prender el radio en cualquier estación que estuviera. Música pop actual a un volumen muy bajo. A Itachi solo bastaron esos segundos de desconcentración para perder el hilo. Algo fastidiado por su propia estupidez de estar tan nervioso con algo que no era ningún problema, se dedicó a observar la ciudad por las ventanas cerradas y ligeramente polarizadas.

Durante esos cuantos años la ciudad había cambiado bastante, se veía más moderna, nueva, veía más edificios altos a lo lejos de los que recordaba cuando era un niño, y también había más carros en las avenidas de los que podía recordar. Por una parte le gustaba la modernización y que la ciudad siguiera avanzando, pero por otra, el saber que se había perdido de todos esos detalles conforme fueron sucediendo, lo dejaba vacío por dentro.

Konan quería también hacer un poco de conversación, pero no sabía mucho qué decir. No es que Itachi fuese grosero o cortante, tampoco es que fuera tan frío, al contrario, Itachi era increíblemente educado, pero definitivamente un chico serio y de pocas palabras. Encontrar un tema de conversación estaba resultando difícil, pero no podía dejar que la situación siguiera así y sabía que Itachi no hablaría.

-¿Estás nervioso? - preguntó ella. Itachi seguía observando por la ventana.

-Un poco - contestó él honestamente. Itachi no era una persona que gustaba de tener ese tipo de pláticas, y mucho menos de expresar el cómo se sentía, sin embargo, en esta ocasión pensó que no había motivos para ocultarlo o de ponerse una máscara encima, no con Konan-sensei al menos.

-No te preocupes, estaré ahí contigo todo el tiempo. Además, el resto de los chicos deben sentirse igual - mencionó Konan tratando de hacerlo sentir mejor. Konan también se sentía nerviosa, si bien siempre había sido capaz de demostrar su potencial y ya tenía su lugar ganado dentro de ese nicho, se sentía abismalmente joven e inexperta a comparación de sus demás compañeros, y este día ella estaba segura que tendría mucho tiempo de interacción con dichas personas, más que nada justificando sus decisiones a personas mayores con reputaciones, egos y arrogancia del tamaño de la ignorancia de las monjas. Insufribles. Honestamente, ella también prefería pasar tiempo con su estudiante que con sus mismos compañeros profesores.

-¿Habrá algún examen hoy? - preguntó Itachi sintiendo poco a poco los nervios apretando sus intestinos.

- No, lo dudo mucho. Nos hubiesen avisado. Pero si lo hubiera, ¿podrías hacerlo? - devolvió Konan. No quería presionarlo, pero tampoco sabía muy bien el cómo Itachi se sentía con la noción de hacer un examen de esa magnitud y de esa dificultad para su edad.

-Sí - respondió Itachi escuetamente, decidido y seguro en sí mismo. Su estómago podría estarlo matando, pero sabía que su mente no le fallaría. Konan sonrió, entusiasmada de escuchar esa seguridad y decisión en su voz. Se sentía orgullosa de su estudiante. Estiró su brazo hacia Itachi y colocó su mano encima del hombro delgado y huesudo del chico.

-Así se habla. Yo sé que lo harás bien - Itachi no pudo evitar sonrojarse un poco y sonreír apenado. Era una alegría que sus esfuerzos eran directamente apreciados y tomados en cuenta. De la misma forma, la mano delgada y delicada en su hombro hizo que su estómago se encogiera un poco más.

Después de eso no hubo más conversación, pero el ambiente dentro del carro cambió radicalmente. Itachi por fin dejó caer sus hombros y dejó a su espalda recargarse debidamente contra el asiento, su cabeza apoyada en la cabecera del asiento mirando por la ventana. Abrió un poco la ventana del carro y dejó que la brisa le moviera sus delgados cabellos de tinta. Konan subió el volumen de la música y tarareó ocasionalmente mientras se concentraba en el camino.

Finalmente, Konan bajó la velocidad y maniobrando entre calles, se acercaron hacia la universidad. Itachi observaba por las calles que pasaban, los diferentes edificios, parques, cuadras enteras que pertenecían al enorme campus, todos y cada uno de ellos con el estilo arquitectónico de la universidad, edificios grandes, con abundancia de ventanas, tonalidades entre blancas y grises fríos, impresionantes estructuras metálicas de colores fríos, ocasionales líneas minimalistas de colores contrastantes como rojos, naranjas y amarillos, y abundantes árboles y arbustos por las veredas.

A Itachi le pareció impresionante y hasta majestuoso. Konan estaba contenta con las reacciones de Itachi, realmente feliz de poder mostrarle tales cosas a su estudiante. Mientras caminaban hacia el lugar de la reunión por entre edificios y pasillos, Konan iba explicando a Itachi cosas sobre cada uno de los rincones por los que pasaban, cada puerta, cada pasillo, experiencias propias, historias que había escuchado. Konan se sentía extremadamente orgullosa de su estudiante, y estaba disfrutando de pasearlo por el campus, casi presumiendolo.

Finalmente llegaron al auditorio donde había sido programada la reunión. El lugar era impresionante, enorme, con tonalidades entre rojas y marrones. Múltiples y largas filas de asientos plegables. Suelo alfombrado, asientos acolchonados. La tarima enfrente de madera, alta, imponente, y cortinas desde el techo hasta el suelo, de color caoba y detalles en dorado. Se sentía tan fuera de lugar ahí a comparación del orfanato donde había crecido y pasado sus últimos años. Miró con atención todo lo que pudo, captando cada detalle mientras bajaban por las escaleras. Había muchísima gente. Konan y él se sentaron cerca de la tarima, por la zona lateral de la izquierda. Itachi se preparó mentalmente, el micrófono sonó con un chillido, unos cuantos toques, y el anfitrión empezó a hablar.