Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar n.n
Henos aquí ya promediando el fic. De nuevo tengo que disculparme por la demora, y de nuevo tendré que advertirles que seguramente me vuelva a pasar. Supongo que dentro de algunas semanas estaré en condiciones de actualizar adecuadamente.
Saludos para Male, me alegra que estés disfrutando de la historia, ambos son personajes muy bonitos y espero poder seguir dibujándolos de esta manera. Shikamaru se hace querer, vago y todo se hace querer XD Muchas gracias por tus hermosos reviews, por tu apoyo y por tu tiempo de lectura, te mando un gran abrazo :D
Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D
Proyecto: Cien drabbles por cien historias
Pareja: Shikamaru/Temari
Motivo: Cosas para recordar
IX
Las cosas que deberías recordar
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La vida transcurría apaciblemente aquella bella mañana en Konoha, hasta que un paquete de castañas aterrizó descuidadamente a su lado. Temari suspiró con hastío. Supuso que mientras continuase rechazándolo, sus recados seguirían precipitándose de esa ruda manera.
Shikamaru se recostó a su lado. Estaban en su colina favorita y recordó de pronto que todo se había iniciado ahí, y que por alguna clase de razón era la primera vez desde entonces que volvían.
El contenido del paquete se redujo a la mitad y ellos persistían en ese reflexivo silencio, hasta que el ninja se dispuso a compartir sus pensamientos.
-Fue aquí donde te propuse matrimonio.
Debido a la inconveniente postura y lo directo del enunciado, Temari se atragantó. Empezó a toser y Shikamaru, preocupado, la ayudó a sentarse y le dio golpecitos en la espalda para sosegar el sofoco. Cuando la joven por fin se repuso, roja debido al ahogo, apenas pudo proferir:
-Tú y tus observaciones, maldición.
-No fue una observación, simplemente lo recordé.
-Cuando el otro día te pedí que recordaras dónde había dejado el último acuerdo comercial con Suna, te encogiste de hombros desaprensivamente, ¡pero las cosas que me molestan las recuerdas muy bien!
Shikamaru disimuló una sonrisa, pues le divertía verla exasperada.
-Lo siento, soy de memoria frágil.
Ella lo taladró con la mirada, pues nada más alejado de la verdad.
-Sólo cuando te conviene –retrucó con rencor.
-¿Y entonces qué cosas debería recordar? ¿Tus continuos rechazos? Sería problemático.
-Deberías recordar las cosas que nos alejan –repuso ella, enojada pero, a la vez, algo dolida con el planteo y por ponerse una vez más en ese penoso papel-. Deberías recordar que pertenezco a una aldea distante donde tengo familia. Deberías recordar que ahí me esperan y ahí también tengo obligaciones. Deberías recordar que no estoy para perder el tiempo con propuestas de matrimonio sino para obrar como una embajadora responsable.
Ahora fue Shikamaru quien se sintió dolido.
-¿Una pérdida de tiempo?
Pero ella lo ignoró. Se levantó y acomodó el abanico en su espalda.
-Deberías recordar las razones por las que sigo rechazándote, Shikamaru –dijo en voz baja- en lugar de insistir hasta el hartazgo.
Él volvió a echarse sobre la hierba con su acostumbrado gesto de indolencia.
-Para mi desgracia, las recuerdo perfectamente –masculló.
-¿Entonces por qué insistes tanto? ¿Por qué demonios eres tan persistente en este asunto?
El joven cerró los ojos. Dijera lo que dijese, ese tampoco sería el día, así que no tuvo ningún reparo en afirmar:
-Porque entre todos esos motivos, sigue sin figurar el único que podría hacerme claudicar.
Ella desvió la vista, contrariada y algo cansada, pues sabía bien a qué se refería. ¿Pero cómo decirle que no sentía nada por él y sonar sincera al mismo tiempo? Maldito sea por detentar siempre tal grado de perspicacia.
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X
Las cosas que deberías recordar tú
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La mañana siguiente los encontró de nuevo juntos reunidos en la oficina del Hokage para recibir indicaciones. Más allá de lo que Temari hiciera o dijese, el destino se empeñaba en cruzar sus caminos y la gente estaba demasiado acostumbrada a tratarlos como si fuesen las dos caras de la misma moneda. Maldita sea su suerte.
Salieron con el encargo de dirigirse a la aldea vecina para mediar en un conflicto administrativo. Teniendo ya una vasta experiencia en el campo, ellos sabrían cómo resolverlo. Y Temari volvió a maldecir para sus adentros, pues lo único que le faltaba era destacar en el ámbito civil por sobre sus habilidades de combate. Al diablo Naruto y sus pretensiones de paz.
-¿Algún problema? –indagó Shikamaru cuando ya iban de camino al notar su rostro ceñudo.
-Sólo pensaba –repuso ella, evasiva.
-¿Algo malo?
-Nada en lo que puedas ayudarme.
Después del intenso intercambio con el que habían cerrado la jornada anterior, Shikamaru prefirió no dejarse afectar por su malhumor. Además, consideró que habría muchos momentos como ese en su futura vida en común y debía conducirse a la altura.
-Ahora eres tú la que sufre de mala memoria –señaló.
Ella lo miró crispada.
-¿A qué te refieres, sabelotodo?
-Me refiero a que deberías recordar por qué estamos juntos a pesar de todo –dijo él con absoluta serenidad-. Deberías recordar las cosas que nos unen, entre las que figura nada menos que una gran amistad. Deberías recordarlo, Temari, porque aún me considero tu amigo y pase lo que pase todavía tienes alguien con quien contar.
Ella luchó para conservar su fastidio, para no dejarse doblegar por su franqueza, pero le fue imposible conseguirlo. Saberse requerida en amores la había vuelto más vulnerable y asociaba eso a una indefectible muestra de debilidad. Y Temari no quería ser débil.
-Tonterías –farfulló para defenderse de él y de sus propios sentimientos.
Pero Shikamaru no le hizo caso.
-Deberías recordar que cargamos con una larga historia –prosiguió- y que el vínculo que hemos construido significa mucho más que lo que cada uno vale por separado. Y por ese vínculo sabes que sí puedo ayudarte.
A Temari el enfado se le esfumó y en su lugar la invadió una creciente ola de amor y admiración, la clase de emociones que sólo por él experimentaba. Hubiera sido fácil compartir sus tribulaciones actuales, pero dado que él estaba implicado, tuvo que guardárselo bajo siete llaves.
-Lo recuerdo, tonto, sé que sigues siendo mi mejor amigo. Y te lo agradezco.
-Eso nunca cambiará. Lo sabes, ¿verdad? A lo sumo variará de color.
Temari sonrió ante esa reductiva forma de asimilarlo.
-Lo sé –replicó-. Y como amigo sólo te pediré una cosa: continuemos nuestro camino sin desviarnos y atengámonos exclusivamente a esta misión.
Aunque al joven le disgustase, terminó por comprender. Ya que había invocado el sagrado derecho de la amistad, Shikamaru prefirió respetarla. Al fin y al cabo, esta vez Temari lo había escuchado y eso le dio algo que esperar.
