Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar n.n
Bien, heme aquí consiguiendo actualizar por fin. Comenzamos a recorrer la segunda mitad del fic, por lo tanto ya entramos en la cuenta regresiva. Espero que sigan disfrutando de la historia.
Saludos para Male, jejeje, Shikamaru tan deliciosamente sutil... Es lindo imaginarlo de esa manera. Y por supuesto que la amistad está siempre presente, es el punto de partida de esta hermosa pareja y el vínculo de confianza que los une. Muchas gracias a vos por tu afecto y apoyo n.n
Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D
Proyecto: Cien drabbles por cien historias
Pareja: Shikamaru/Temari
Motivo: Cosas para olvidar
XI
Las cosas que deberías olvidar
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Algunos días después, Shikamaru se cruzó con Temari de forma casual de camino al edificio del Hokage. Había estado muy ocupado cumpliendo con ciertos requerimientos y no la veía desde entonces, por lo que le alegró sobremanera poder encontrarla. Aunque, claro, el gesto indolente que lo acompañaría a perpetuidad le impediría transmitírselo.
Aun así, lo asaltó tan impensado agrado al verla de nuevo que se sorprendió al descubrir cuánto la había añorado. Y sólo habían pasado unos cuantos días.
-Te ves disgustada –señaló, caminando a su lado.
-Sólo estoy pensativa –corrigió ella.
-¿Me echaste de menos?
Temari lanzó una sardónica risita.
-Ni siquiera tuve tiempo –contestó.
-Eres mala.
-Y tú infantil.
Shikamaru suspiró con satisfacción. Volvían a la normalidad.
-¿Qué tal te fue en tus encargos? –preguntó ella, que desde luego también lo había añorado, mucho más de lo que le convendría expresar con palabras.
-Al principio fue problemático.
-Lo suponía –ironizó la kunoichi.
-Pero luego fue como coser y cantar.
Ella meneó la cabeza con resignación, sonriendo a su pesar. Con el paso de los días, cada interacción sostenida con el joven se le hacía más familiar, demasiado, y a cada instante debía forzarse a recordar que tenía una vida en otra aldea, que no podía claudicar ante esos códigos.
-Olvida, Shikamaru –pidió de pronto.
El interpelado se sorprendió y vaciló sobre sus pies. Nunca antes se había dirigido a él de esa manera y no supo cómo interpretarlo.
-¿A qué te refieres?
Temari se tomó algunos segundos antes de responder.
-Deberías olvidar de una buena vez por todas lo que sientes por mí –dijo sin mirarlo, con los ojos fijos en un punto por delante que el ninja jamás podría determinar-. Deberías olvidar las cosas por las que sigues experimentando esa confianza, esa forma de apertura hacia mí, como si no hubiera peligro alguno, como si fuera la mujer más fiable de la tierra.
Superada la sorpresa, Shikamaru creyó entender aquella súbita melancolía. Alargó una mano para detenerla y poder dialogar mejor, mirándola a los ojos.
-No me subestimes –replicó-. Ninguna de las ideas a las que permanezco aferrado me ha limitado, anulado y mucho menos estorbado. No haces más que poner excusas, Temari.
-Deberías olvidarme de una buena vez así como a este plan que te empecinas en llevar a cabo y que no te hace más que perder el tiempo. Tu tiempo, Shikamaru.
Aunque hubiese detectado el ruego, tratándose de ella, el ninja prefirió combatir sin escrúpulos ni absurdas contemplaciones.
-Lo siento, princesa, pero, mal que te pese, eres la mujer más importante de mi vida –afirmó. Temari lo miró con desaliento-. No sé qué se te cruzó por la cabeza en este breve paseo o en estos días de distanciamiento, pero en la mía sigue incrustada la única verdad posible. Sé que sientes lo mismo por mí, y mientras seas incapaz de decir lo contrario, me mantendré aquí bien firme, clavado en tu camino.
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XII
Las cosas que deberías olvidar tú
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El estratega se quedó preocupado. A la mañana siguiente se levantó temprano después de una problemática noche de insomnio y se apostó en la entra de la posada donde Temari se hospedaba, esperándola para hablar.
Al poco rato ella salió con el rostro igualmente somnoliento, por lo que dedujo que también había pasado una mala noche. Entre los dos conformaban el par más estúpido del mundo si en lugar de concretar de una buena vez sus deseos optaban por seguir padeciendo el nivel de tozudez que se traían.
Al verlo allí parado Temari se detuvo en seco, pero de inmediato continuó a su encuentro.
-¿Tan temprano? –indagó.
-Molesta como de costumbre –murmuró él entre dientes, y ella, que lo había oído, lo taladró con la mirada-. ¿Ya no saludas apropiadamente?
-Tengo mucho trabajo, Shikamaru –lo cortó la otra, que había elucubrado el ardid de rechazar de plano cualquier intento de arremetida sentimental. Ya lo había decidido, así como escribirle a Gaara de inmediato para que la reasigne en Suna.
-Entonces iré al grano –repuso él-: terminemos con la tontería y cásate conmigo.
Ella profirió una indignada exclamación.
-¡Al diablo con tu estupidez!
-Pues también al diablo con tu porfía –masculló Shikamaru, y la besó de improviso.
Lo hizo con cierta brusquedad, pero no fue eso lo que a ella la sacudió. Abordada con la guardia baja, escandalizada porque estaban en la calle y había personas circulando alrededor, obnubilada con la calidez de un contacto con el que apenas se había permitido soñar, lo recibió perpleja, sin margen para reaccionar.
Cuando Shikamaru cortó el beso de la misma forma súbita en que lo había iniciado, sujetándole el rostro aún y algo agitado de su propia osadía, se desarmó en un torrente de palabras.
-Eres tú la que debería olvidar de una buena vez por todas las cosas que te confinan, que te llenan de recelos, que te atan a una soledad que te empeñas en entender como seguridad.
Todavía turulata y boquiabierta por lo que ahora oía, Temari fue incapaz de emitir vocablo. Shikamaru lo aprovechó.
-Deberías olvidar también la falacia de que debes elegir entre dos aldeas, entre dos familias o entre dos lealtades –afirmó-, así como deberías olvidar cualquier certeza que te ate a una ilusión de autosuficiencia. Nadie es tan poderoso, Temari, y me gustaría que me dieras la oportunidad de demostrártelo.
Ella apenas fue conciente de la lágrima que furtivamente se había deslizado por su mejilla. Mocoso descarado... Él la enjugó con ternura, sin soltarla ni dejar de escudriñar por cualquier señal que advirtiera en su mirada. Hasta que la detectó.
-Shikamaru…
-Nadie se ha sorprendido de nosotros –la interrumpió él, confiado-, sólo nosotros nos hemos quedado chapoteando como idiotas en esta incertidumbre. –Y al percibir que la rendija se entreabría un poco más, el joven añadió-: Olvida las seguridades que te alejan de mí, Temari, y de ahora en más hazme el honor de aceptar las que tenga para ofrecerte. Son pocas, lo sé, pero son inquebrantables.
