Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n..n

Bueno, ingresamos en el último tramo del fic. Les agradezco desde ahora por la paciencia con un ritmo de actualización que no ha sido el de siempre, y por tomarse un tiempo para seguir la historia.

Como de costumbre, agradezco también los anónimos de Barbara, me alegra que te haya gustado la propuesta, espero que sigas disfrutándola. Muchas gracias por tu amabilidad, por leer y comentar :D Male, jajaja, no llores más! Sí, la seguridad de Shikamaru puede resultar un poco soberbia, pero con una enamorada/oponente como Temari enfrente... más vale que se mantenga así de seguro o sucumbirá. Muchas gracias, linda, por tu compañía y apoyo :D

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


Proyecto: Cien drabbles por cien historias

Pareja: Shikamaru/Temari

Motivo: Cosas para conservar


XV

Las cosas que deberías conservar

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Temari no le había dicho ni que sí ni que no, por lo tanto Shikamaru optó por afianzarse en el sí. Los sentimientos que los unían, por más que la joven persistiera en callarlos o representarlos como un conflicto, en realidad hablaban por sí mismos y zanjaban los cuestionamientos con su sola existencia, incluso prescindiendo de su voluntad.

Al amor lo atrae el amor y no hay duda que pueda ir contra eso.

-Me gusta cuando frunces los ojos –le dijo Shikamaru como al pasar.

Estaban en su despacho y ella leía un intrincado documento, por lo que por un momento había olvidado su presencia. Levantó la vista hacia él, sentado del otro lado del escritorio con ese aire tan desaprensivo que lo caracterizaba, y se irritó. Se sintió una tonta por ser actualmente incapaz de trazar algún tipo de línea entre ellos, ya que prácticamente las habían cruzado todas.

-Mientras sigas holgazaneando delante de mis propias narices jamás obtendrás la respuesta que buscas –le espetó-. Y sabes perfectamente que no me contentarás con esa clase de comentarios.

-Lo sé bien.

-Entonces continúa callado o vete.

-Qué problemático.

-Pues más problemático me resulta trabajar mientras tú estás ahí contando las nubes.

Lo dicho: jamás se aburriría con ella. Shikamaru se sonrió con su indolencia habitual, agradecido con esa cotidiana interacción. Cuanto más naturales, genuinos y espontáneos se expresasen, más fácil les resultaría pasar a un nivel más formal.

-Nunca cambies, Temari –le dijo luego. Ella volvió a levantar la vista, asombrada, y él la miró con ojos inescrutables, aunque cargados de una franqueza palpable-. Deberías conservar siempre esa firmeza, ese valor, el coraje de mantenerte siempre en el camino que crees correcto.

Ella permaneció vacilante. ¿En verdad había oído lo que había oído? Fácilmente podría utilizar esas mismas palabras en su contra y derribar su sacrosanto proyecto de conquista. Pero, después, en algún punto de su ser, empezó a comprender a qué se refería. Y ya no pudo señalárselo.

-Deberías conservar las cosas que te hacen fuerte, determinada, bella e independiente más allá de los avatares y los cambios –prosiguió él, fijos sus ojos aún sobre los de ella-. Eso es lo que más admiro de ti, incluso si esa terquedad me lleva la contraria todo el tiempo.

-Entonces no creo que debas seguir tentando a la mala suerte con esas palabras –logró proferir ella, íntimamente emocionada, aunque todavía en sus cabales para disentir-. ¿Por qué absurda razón debería conservar las cualidades que tanto entorpecen la consecución de tus planes?

Él volvió a sonreír y se echó atrás en la silla con las manos entrelazadas en la nuca, como si fuera a dormir una siesta. Temari hizo una mueca ante tan apático gesto.

-Porque si perdieras esas condiciones, entonces dejarías de ser tú –murmuró él por fin.

La kunoichi tuvo que golpearse mentalmente el corazón para que el muy traicionero continuara latiendo del modo debido.

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XVI

Las cosas que deberías conservar tú

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A veces le costaba asimilar esa nueva instancia en su relación, sobre todo cuando se topaba con la reacción de los demás al verlos juntos. Temari supuso que supuraban química y que por eso nadie se asombraba demasiado, o se sonreían con complicidad, pero a ella eso la sacaba de las casillas. Parecía que la última persona en darse cuenta de lo que eran ambos fue, precisamente, ella misma.

Entre humillada y contrita, se retrajo sopesándolo hasta el punto de captar la atención del ninja, que caminaba a su lado.

-Se supone que soy yo el que se la pasa papando moscas –comentó Shikamaru con pereza.

Ella emergió de su ensimismamiento.

-Pues ya somos dos.

-Lo dicho: nos estamos mimetizando.

-En tus sueños, mocoso.

-Qué problemático…

-Pues entonces métete en tus asuntos y déjame afligirme con los míos.

Pero Shikamaru ya sabía que en una pareja ese tipo de asuntos no eran tan unilaterales como parecían. Además, la conocía demasiado.

-No estarás arrepintiéndote de ciertas cosas, ¿verdad? No tú, Temari.

Ella se crispó. Diablos, había olvidado cuán bien podía leer dentro de ella.

-Jamás –profirió.

-Más te vale –dijo él.

Durante algunos segundos Temari vaciló en agregar algo más, alterada por el repentino viraje en sus sentimientos. En un momento estaba autorecriminándose y al siguiente instante, con dos palabras de Shikamaru, retornaba como si nada a su autocontrol. Era de no creer.

Sólo él tenía esa capacidad, siempre la había tenido. Estaban destinados y ella tendría que haber sido la primera en darse cuenta. Sin embargo, acababa de asegurar que no recorrería ese camino, y pronto encontró el modo de reconciliarse consigo misma.

-Nunca cambies –dijo luego en un murmullo.

Al principio Shikamaru no estuvo seguro de haber oído bien, así que prestó mayor atención.

-¿Decías?

-Digo que tú también deberías conservarlo, deberías conservar siempre ese modo de ser que te hace único. Nunca he conocido a alguien como tú, Shikamaru.

Él, entre sorprendido y halagado, no supo qué contestar. Raramente Temari le hablaba de esa manera y estimó que algo estaría inquietándola de veras por más que fingiera que no era así.

-Temari…

-Cállate y escúchame, sabelotodo, porque no lo repetiré –lo cortó, ceñuda, y el joven reculó ante la amenazadora mirada que le dirigieron-. A pesar de mí misma, a pesar de mi propio orgullo, debes conservar ese desesperante carácter tuyo. Sólo tú sabes cómo sobrellevarme... y por el cielo que habrá momentos en que necesitaré que me sobrelleves.

Shikamaru no supo si sonreír o agradecer. Por las dudas, guardó silencio. Aun así, le gustó que, para variar, ella se sincerase con sus sentimientos.

-Te juro que si algún día cambias, te mataré –agregó Temari.

Las palabras más dulces que podría decir jamás, ironizó Shikamaru para sí mismo.

-No pensaba hacerlo, sería problemático –replicó con absoluta normalidad.

Sólo entonces ella pareció satisfecha. Luego lo asió violentamente del cuello y lo besó de súbito.

-Más te vale –le advirtió después, desestimando la estupefacción ajena.