Capitulo Dieciséis

La casa cambia completamente con la presencia de otra persona. Parece más pequeña, pero también tiene un aire cálido y cómodo. Sin embargo también hay un ambiente algo tenso, pero solamente es cuando Mikoto e Itachi se quedan solos. Parece haber viejos rencores entre ellos, o al menos un no tan amigable lazo familiar.

Y lo más extraño es que Mikoto ha estado bastante nerviosa desde que él llego a casa. No para de verlo de reojo y siempre parece menos tensa cuando no están en la misma habitación. Me da la impresión de que está esperando algo, no precisamente bueno.

Por otra parte, apenas he hablado con Sakura en estos días. El lugar donde se están quedando tiene mala recepción de teléfono, por lo que nos hemos limitado a unos cuantos mensajes al día. Me cuenta a donde van, lo que hacen y lo mucho que me extraña.

Los primeros días solo salimos de la casa para darle un pequeño tour a Itachi, a quien le parece encantadora la cuidad. Aun cuando odia la nieve.

Pedimos comida a domicilio y nos tiramos en la sala a ver películas por el mal tiempo. También tenemos un pequeño desacuerdo cuando el intenta ligar con una de las vecinas. Quien no solo es menor que yo, también es bastante tímida y no habla prácticamente con nadie.

La semana pasa rápidamente, y cuando llega el sábado. Vamos tal y como prometimos a la tienda de cosas antiguas. Ahí nos espera el dueño y su nieto. Aun entre los cuatro tardamos casi todo el día con las cosas restantes. Al final nos dan una caja musical, no la aceptamos al principio pero el insisten tanto que no nos queda otra.

Decidimos dársela a Mikoto, quien está encantada con ella.

Cerca de las siete, Itachi recibe una llamada, parece algo sorprendido y alegre con quien sea que le ha llamado.

— ¿Dónde?... ¿de verdad?...si si, nos vemos ahí. —se levanta de un salto del sillón, no sé cómo lo hace. Yo estoy muerto— vamos holgazán, vístete.

— ¿Para? —lo miro curioso.

—Vamos a una fiesta.

Increíblemente Itachi tiene conocidos en Konoha, o solo decidieron hacer la fiesta en la ciudad. Mientras nos alistamos, él consigue la dirección exacta. Pensé que podía confiar en Mikoto, pero al final también me dijo que fuera. Pero sus expresiones me dicen que no le convence del todo que vaya.

De camino estoy casi congelándome, bastante molesto por que me obligara a venir y algo preocupado del semblante de Mikoto. Al llegar no puedo más que sorprenderme, la casa es sumamente grande, diría que es casi el doble que la de Sakura.

Si afuera estoy muriendo de frio, dentro tengo las ganas de quitarme toda la ropa. La música está a todo volumen y la gente no hace más que bailar en el centro, es una marea de gente que no parece importarle que decenas de personas más los observen.

— ¡Eh, Itachi! —Ambos volteamos, un tipo de cabello plateado con la camisa abierta y un colgante extraño se acerca al nombrado— pensamos que no vendrías.

— ¿Bromeas? Las fiestas de Pein no son como para perderlas.

— ¿Quién es el pequeño? —pregunta, cuando repara en mí.

—Él es Sasuke —una chispa de reconocimiento brilla en los ojos del tipo, mientras una sonrisa extraña adorna su cara— Sasuke, él es Hidan, un compañero de la universidad.

—Como sea, vayamos, nos esperan arriba. —el peliplata empieza a caminar por donde vino sin preocuparse de que lo sigamos. Itachi me hace una seña con la cabeza y vamos detrás de él.

Caminamos entre tanta gente que si bien saludan a Itachi o a Hidan, no es nadie que reconozca de la ciudad. Al pasar junto a una mesa con todo tipo de bebidas, los dos toman varios vasos rojos y me indican que yo también lo haga. Así, con muchas bebidas, por fin salimos de la marea de gente y subimos una escalera.

Arriba hay otra especie de sala, pero esta es más pequeña y cómoda. La gente aquí solo bebe tranquilamente y charlan. Extrañamente la música llega nítida, pero no es ni una cuarta parte del ruido de abajo.

— ¡Al fin! —una chica peliazul y un piercing debajo del labio corre a nosotros y toma un vaso, para después besar la mejilla de Itachi— Tardaste demasiado ¿Qué hacías?

—Si me hubieran avisado antes, no habría llegado tan tarde. —la chica solo resopla y vuelve por donde vino.

—Ella es Konan, está un poco loca, pero es buena persona.

Después de que me presenta con su grupo de amigos, el cual por cierto, me aclaran que no está completo, ya que faltan unos cuantos. Todos empiezan a platicar amenamente, un poco exaltados por el alcohol.

Solo me dedico a beber del vaso en mi mano, que no es más que cerveza. Itachi no deja de verme de reojo, pero no intenta integrarme en la conversación.

Varias horas después, estoy completamente borracho, o al menos es creo. Nunca había bebido antes. El ruido abajo parece ir acabándose de a poco lo que mentalmente agradezco, ya que empezaba a ser molesto.

Algunos de los amigos de Itachi se han ido a las habitaciones a dormir. No sé de quién sea la casa, al parecer alguien del grupo, así que supongo que está bien.

Cuando por fin parece que todo esto se acabó, me levanto tambaleante del sillón, tengo unas enormes ganas de ir al baño. Itachi solo me ve, también algo borracho pero claramente mejor.

—Ten cuidado, o te harás daño —sé que solo se preocupa, pero no puedo hacer más que reírme, ¿A una caída le llama daño?— ¿Qué es tan gracioso?

—Nada —le contesto, pero no quito la sonrisa en mi casa—solo pensé que tu vida fue bastante tranquila si le llamas dañarse a una caída pequeña.

Su semblante cambia a uno confundido, está por decir algo pero decido que esto puede esperar y retomo mi camino al baño. Cuando vuelvo Itachi esta bebiendo de nuevo. Al verme, sé que va a seguir con el interrogatorio.

—Sasuke, ¿Cómo fue ti infancia? —esa pregunta me toma por sorpresa, pero dura poco para cambiarla por furia. ¿Quiere saberlo?

—No tienes ni la menor idea ¿Verdad? Ella no te lo dijo —rio secamente— Por supuesto que no iba a decírtelo. No es tan estúpida...aunque a veces lo parece... ¿sabes? Hubiera dado lo que fuera por conocerte antes.

— ¿A qué te refieres? —cada vez parece más confundido.

— ¿Ves esto? —Alzo el brazo con el yeso— te va a encanta la historia detrás...

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Cuando despierto, tengo un dolor de cuello y cabeza horribles. No sé qué es lo que me duele más. Todos lo que aún están dormidos parecen muertos, y lo que están levantados, zombies.

No tengo la menor idea de que hora es, pero por la escaza luz que se cuela por las cortinas, diría que bastante tarde ¿Cuánto he dormido?

Itachi aparece de la nada tirándome el abrigo a la cara.

—Es hora de irnos —está bastante serio, y parece algo enojado. Pero sea lo que sea, no creo que sea conmigo.

—Oye, no hice nada anoche ¿cierto? —no parece esperárselo, por la cara que pone— ¿Si lo hice? No recuerdo nada después de que Deidara bailara en la mesa.

Duda un poco, y es claro que quiere decir tantas cosas, pero al final no hace nada.

—Tranquilo, no le diré a tu novia de como coqueteabas con un chico —suspiro aliviado, por lo menos sé que no hice nada. Itachi parece más calmado después de esa pequeña conversación.

De camino a casa nadie habla, pero por alguna razón presiento que no es porque no tengamos algún tema de conversación. Tengo la sensación de que algo cambio anoche. Y no sé si sea para mal.

En cuanto llegamos Mikoto salta del sillón para recibirnos.

— ¿Están bien? Creí que llegarían un poco más temprano. ¿Tienen hambre? Puedo prepararles algo rápido... —esta por decir algo más, pero al ver el semblante de Itachi nada sale de su boca.

—Sasuke —me llama— ve y empaca para una semana. Nos vamos ahora mismo.

Estoy algo confundido, pensé que nos iríamos mañana temprano. ¿Qué paso realmente anoche?

—Ve —Mikoto me dedica una sonrisa, no puedo ver a Itachi, ya que esta de espaldas pero parece bastante tenso.

Asiento con la cabeza en silencio y subo las escaleras lo más rápido que puedo. Guardo toda la ropa necesaria para el viaje, pero evito llevar cosas abrigadoras ya que en Suna debe estar haciendo un calor horrible.

Mientras acomodo un par de cosas la caja con el anillo viene a mi mente. Saco la pequeña caja del buro y me dejo caer en la cama. Sé que entre más lo piense, menos tendré el valor de dárselo.

Vuelvo a ponerlo en su lugar y termino de empacar. Afortunadamente guarde esa mochila que lleve al campamento hace varios años. No creí que volvería a usarla pero me pareció mala idea tirarla.

Mientras bajo las escaleras logro escuchar murmullos, pero ellos no están en la sala.

— ¡Voy a decírselo! —escucho como alguien habla bastante fuerte dentro de la cocina, por la voz reconozco que es Itachi.

— ¡Anda, díselo! — ¿Por qué Mikoto y el discuten? — ¡Si estás muy seguro que él lo entenderá no sé qué esperas!

— ¡Eres una...—decido intervenir antes de que termine esa frase y entro a la cocina. Están de frente, bastante alterados y se sobresaltan aún más cuando me ven entrar.

— ¿Qué está pasando? —un silencio se instala en ese momento, solo sus respiraciones agitadas se escuchan en todo el lugar. Itachi sale sin decir nada mientras Mikoto solo se da la vuelta, dándome la espalda.

—Nada, no te preocupes —es ella la que habla, pero su voz esta algo apagada. Cuando da la vuelta tiene una sonrisa algo triste, pero no digo nada. Camina hasta la puerta de la cocina, quedando a un lado de mí, acerca su mano hasta acariciar mi mejilla y me da un beso en ella—. Cuídate mucho ¿De acuerdo?

Asiento con la cabeza, ella solo camina en silencio hasta las escaleras, donde sube lo más rápido que puede y después el portazo de su habitación.

—Vamos —Itachi desde la sala me llama, con mochila en el hombro mientras revisa su teléfono.

Por un momento estoy tentado a decirle que no voy, ni si quiera sé que ha sido eso. Pero es más que obvio que ambos tienen que ver. Solo será una semana, pero me preocupa dejar a Mikoto sola, sin embargo debo confiar en que ella estará bien.

Salimos de casa sin decir nada más, y mientras recorremos la cuidad para llegar a la estación de autobuses me siento extrañamente intranquilo.

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El departamento de Itachi está en las afueras de la ciudad, el edificio no tiene elevador y el departamento de frente lo habita una pareja con niños muy ruidosos. Parece interesante vivir aquí. Aunque tengamos que subir cinco pisos caminando.

—Ponte cómodo —me indica en cuanto cierra la puerta.

El lugar no es muy grande en sí, pero lo mantiene espacioso. La cocina es pequeña y es separada de la sala por una barra-comedor. La televisión no es tan grande como lo imagine, pero combina a la perfección con el resto de los muebles.

Dejo mis cosas en el sillón mientras la vista me atrae a la ventana. Son cerca de las seis y el sol empieza a bajar lentamente, pero la luz ilumina perfectamente la ciudad, dándole un toque realmente increíble.

—Sí, vamos llegando...Te lo digo después —Itachi habla por teléfono con alguien—, pensé que hoy ibas a ir a...está bien, si, nos vemos. Hey —tardo un momento en darme cuenta que es a mí a quien le habla— ¿Te gusta la comida quemada?

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Esa noche conozco a Izumi, la aun no novia de Itachi. Quien por cierto se ofreció a cocinar la cena. ¿Vivirá sola? Si es así no entiendo cómo ha sobrevivido.

Quitando eso, me recuerda un poco a Sakura, algo más tranquila y responsable.

Nos la pasamos bastante bien, entre platicas y risas de todo lo que cuentan uno de otro. En verdad parecen una pareja que llevan bastante tiempo juntos. Ella se va cerca de las diez después de que recibe una llamada, él la acompaña abajo a tomar un taxi. Y mientras están afuera, hablo un poco con mi molesta pelirrosa por mensajes.

No me animo a decirle que estoy en Suna, a pesar de que sé que se pondrá triste ya que prometí decirle en cuanto llegara. Desde que salí de casa, ese presentimiento no me deja tranquilo.

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La semana que paso en Suna es extraordinaria, no solo porque es un ambiente completamente diferente, influye bastante que casi todo el día estamos fuera.

Si no es con Izumi a ver una película o a comer en restaurantes donde siempre conoce a alguien. Es con los amigos de Itachi, quienes la mayoría viven aquí, en partidos de basquetbol o futbol en la playa. Incluso nos colamos a una o dos fiestas. O estamos en alguna casa del grupo, con videojuegos o cartas, botanas y bebidas.

A Sakura solo la he podido ver una vez, ya que no solo nuestra agenda es apretada, también la cuidad es aún más grande que Konoha. Por lo que los traslados no son tan fáciles, aun así intentamos hablar lo más posible.

Para año nuevo hay una especie de fiesta en la playa, pero esta no será como en la mansión, solo iremos los de Akatsuki. Extrañamente una noche, un Kisame pasado de copas dijo que a partir de ese momento era un miembro no-oficial y todos lo secundaron. Definitivamente no son normales.

Así, el 31 de diciembre por la tarde, la camioneta oficial del grupo nos pasa a recoger a Izumi, Itachi y a mí al departamento de él.

La playa está a dos horas del centro, pero con la poca gente que está viajando llegamos un poco más rápido. Cuanto estacionan, un auto que reconozco de inmediato nos espera.

—Tardaron demasiado —nos reprocha el pelirrojo en cuanto empezamos a bajar las cosas, pero también nos ayuda.

— ¡Sasuke! —alguien grita detrás de mí, doy la vuelta y de inmediato un cuerpo me tira al suelo quedando sobre mí. Abrazo por instinto su cintura mientras sus labios buscan los míos.

—También te extrañe —le susurro en cuanto puedo hablar, ella solo me besa de nuevo.

Pasamos las horas faltantes en la playa, donde nos dedicamos a bailar y comer, con la música a todo volumen. Al parecer Sakura conoce a todos, ya que desde que son amigos, Sasori la ha llevado varias veces con él.

Cerca de la media noche, sacan el champagne y las copas, todos tomamos una copa y empezamos a brindar por todo y nada.

Sakura me jala para dar un pequeño paseo junto al mar, no puedo quitarle la mirada de encima. Siempre se ha visto hermosa, pero aquí la luz parece darle un toque mágico.

Estamos algo alejados del resto cuando los fuegos arteriales al otro lado de la playa empiezan a llenar el cielo. Tan solo tomados de la mano, viendo las luces. Me animo a decirle aquello que llevo tanto tiempo guardando.

—Te amo —le digo sin más. Ella voltea a verme sin tener la menor idea de que está pasando, pero en cuanto se da cuenta se lanza a abrazarme, lo que hace que terminemos dando vueltas en la arena.

— ¡Tardaste demasiado! —me reprocha, pero la sonrisa esta plantada en sus labios— Te amo

No tardamos en regresar con los demás, quienes ya solo están charlando y bebiendo junto a la fogata. Nadie dice nada cuando nos sentamos, pero sé que sospechan algo por la sonrisa de Sakura.

Las horas siguen pasando mientras nosotros solo celebramos el estar juntos.

El amanecer llega sin poder hacer nada, pero no importa realmente. Sentados en la arena, Sakura esta entre mis piernas dándome la espalda, mientras somos cubiertos por una manta. Así, juntos. Sé que ahora nada nos puede separar.