Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Penúltimo capítulo de este fic, espero que disfruten de los últimos cuatro drabbles del proyecto. Les agradezco a todos por su compañía y apoyo.

En estas dos últimas entregas cambiará el enfoque del motivo: "Cosas" por "Razones". Me pareció que tratándose del desenlace había que hacer algún cambio, aunque sea mínimo.

Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D


Proyecto: Cien drabbles por cien historias

Pareja: Shikamaru/Temari

Motivo: Razones para avanzar


XVII

Las razones por las que deberías avanzar

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Ni bien Temari aceptó oficialmente la propuesta de matrimonio, fijaron la fecha para el gran acontecimiento. Se casarían en Konoha, donde la kunoichi había aceptado quedarse en forma definitiva, aunque podría viajar a Suna cada vez que lo quisiese. Y hacia allí fue para comunicarles la noticia a sus hermanos, acompañada por Shikamaru.

Para su perplejidad, ni Gaara ni Kankuro hicieron otra cosa que decir "Ya era hora" o ironizar con un "Vaya novedad." Temari se encrespó. El vago de su prometido siempre había tenido razón: lo suyo sólo era cuestión de tiempo y todos lo sabían. Maldijo por tener que concederle eso.

-Pero no creas que te saldrá gratis –le advirtió.

-Te conozco lo suficiente para saber que hallarás el modo de cobrártelo –repuso Shikamaru en un suspiro-. Eres demasiado problemática.

Ella desvió la vista, ofendida. Transitaban de regreso a Konoha para iniciar los preparativos, cosa que recaería en la familia Nara y por eso Temari llevaba prisa. Si bien se había negado durante mucho tiempo a casarse, ahora que ya lo había decidido quería estar el frente del asunto, fiel a su imperativo carácter.

Caminaron un trecho en silencio hasta que Shikamaru, al recordar algo, se sonrió de lado.

-Kankuro dijo que tu gusto por las plantas era premonitorio.

-Deja de pretender sumar puntos a tu favor.

-¿Por qué? Me gusta hallar en tu pasado las razones que te han hecho avanzar.

-Y deja de ser tan cursi también.

Pero él sonreía aún, los ojos fijos en el camino mientras hablaba.

-Entre las razones por las que deberías avanzar, siempre habrá algunas que radiquen en los inicios –señaló, reflexivo-. Tu fuerza, tu independencia, tu compromiso con lo que eres han sido las razones por las que has podido hacerlo. Eso es lo que siempre me ha admirado de ti.

Ahora Temari se sintió conmovida. Diablos, ese sujeto era tan hábil con las estrategias como con las palabras, y a lo largo de ese insistente plan para convencerla de casarse no había hecho más que comprobarlo. Y padecerlo.

Aun así, lo amaba.

-Mira quién resultó ser tan afectivo.

El otro se descolocó un poco con el término.

-¿Afectivo? –Shikamaru lo sopesó con detenimiento y luego volvió a sonreír-. Maldición, tal vez me esté haciendo viejo… De todos modos así lo pienso. Estoy agradecido porque esas razones que te han permitido avanzar y superarte te han conducido hasta mí. Así que espero que sigas avanzando. Y espero merecer algún día un lugar entre esas razones, Temari.

Ahora fue ella la que sonrió, meneando la cabeza con resignación.

-Siempre lo has tenido, idiota, y lo sabes. Ahí está, lo dije.

Él la tomó de la mano e intercambiaron una mirada cómplice.

-Tendría que haberlo grabado –bromeó.

-Confórmate con haber presenciado el milagro –repuso ella.

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XVIII

Las razones por las que deberías avanzar tú

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Paradójicamente, los preparativos que requería la boda terminaron por acotarles el tiempo para estar juntos. Ni siquiera con la llegada de los hermanos Sabaku y otros parientes para colaborar los ayudaron a paliar la nostalgia que sentían el uno por el otro, aunque no se desanimaron. Al fin y al cabo, pronto iniciarían una vida en común.

De todas formas, hacia el anochecer conseguían hacerse un espacio para visitarse y contarse las novedades del día, agotados, a veces malhumorados e incluso por momentos con pocas ganas de conversar. Sabían que cada jornada de esa fase era valiosa y querían atesorar cada momento transitado.

-De modo que dispusiste las mesas de la celebración según determinada formación del shogi –se burló Temari-. Qué original…

-Era lo menos que podía hacer –se mofó Shikamaru.

-Eres de no creer.

Estaban sentados en la galería exterior de la posada donde Temari seguiría hospedándose hasta el día del casamiento. Las estrellas parpadeaban en el cielo de verano y el trajín de los aldeanos que regresaban a sus hogares los distraía y los reconfortaba, recordándoles que la normalidad todavía existía. Una boda prometía, pero la preparación estresaba.

-No sé cómo haces para planear sin cansarte –comentó ella, a quien ya le dolía la cabeza por una serie de decisiones tomadas: kimono, comida, flores, maquillaje, decoración, pastel…

-Es mi trabajo –se limitó a señalar él.

Temari se detuvo a observarlo por un momento. Era cierto, la estrategia era su trabajo, pero no se trataba sólo de eso. Shikamaru tenía un cerebro privilegiado y la energía que se negaba a gastar en acciones se le iba en trazar los intrincados planes que les habían conferido más de una victoria a sus respectivas naciones. Y ella se casaría con él. Se le erizaron los pelos de la nuca.

-Y también es una de las razones por las que sigues avanzando –manifestó. El ninja la miró con interés-. Tú también has asumido un compromiso con lo que eres, con las personas que has querido y con las personas que te quieren. Nos proteges, Shikamaru. Esas razones te han permitido avanzar y seguirán siendo las mismas por las que seguirás avanzando.

Él desvió la vista, apático y algo avergonzado.

-¿Tú crees?

Temari le sonrió.

-Estoy segura –afirmó-. Y me gustan, me gustan mucho tus razones para avanzar. Tal vez sean las razones por las que me he enamorado de ti.

Shikamaru asintió con la cabeza según su perezoso estilo. Esta vez Temari se crispó.

-Este es el momento en el que podrías lucirte con algún sarcasmo genial, vago –masculló-. Para mi desgracia, yo misma te lo estoy proporcionando.

Pero el otro pareció desinteresado.

-Sería problemático –farfulló.

Temari gruñó. Shikamaru, en cambio, disimuló una sonrisa. No podía tirar demasiado de la cuerda sin medir previamente las consecuencias. La joven no lo sabía, pero él vivía perfeccionando aquel atributo de la planeación. Sobre todo desde que se había enamorado de ella.