Hi! Well, disculpen….la universidad me esta matando! Ya se, ya se….disculpenme! onegai! Este cap es un cap calentonsito, nada fuerte, en el futuro habrá algo mas…hard ok? No se preocupen y vivan la calentura!

Su celular sonó. Debía ser Kikio.

Había pasado algunos días después de la prueba del vestido. Y no se sacaba de su mente a Inuyasha, como nunca. Siempre acariciándola hasta en sueños, desvistiéndola con la mirada, haciéndola sentir una mujer de verdad… cosa distinta con Sesshomaru, que la trataba como una hermana, que la besaba como a su noviecita más adorada, como un beso apagado, sólo dulce y casi muerto. Inuyasha era su fuego, Sesshomaru, su calma.

-¿Aló?

-Quiero verte, Kag.

-¿Inuyasha?

-Te espero en el hotel Sheraton a las 8. No demores, y mucho menos faltes.

-Inu…-y cortó la llamada.

Kagome sabía que se metía a la boca del lobo, pero ya no era tiempo de arrepentirse. Ya estaba ahí, con un vestido rojo de un escote hasta el ombligo, que se ceñía perfectamente a su cuerpo y tan corto que podía verse sus piernas largas y blancas. Sabía a que iba, le molestaba, pero no se arrepentía.

Cuando abrió la puerta para entrar al living del hotel, encontró a un Inuyasha dormitando, con una camisa impecablemente blanca, con un sastre negro adorable y con el cabello rubísimo suelto. No lo ama, estaba segura…pero…anhelaba que la hiciera gemir en una cama. Inuyasha podía ser tan caliente, tan ardiente…

-No se que decir, Kag. Hermosa no es nada… Tú eres una diosa, bellísima.- habló el hombre cuando se atrevió abrir los ojos.

-Gracias, Inuyasha…Bueno, ¿Se puede saber para que me llamaste?-dijo Kag, algo nervosa pero muy seria.

-Cuando te vi pasar por esa puerta con ese vestido… me olvidé para que viniste y se me ocurrió otra gran idea.- sonrió Inuyasha sensualmente.- Que creo que no… dirás que no, ante la gran tentativa ¿Verdad, Kagome?

-Dime para que me llamaste, lo demás… es algo que está por verse.

-Ok…vamos a un cuarto. Es un…asunto muy peculiar ¿Te parece?

Kagome asintió. Claro que sabía que quería. Y ella, le rogaba que fuera asi.

Los senos de Kag… eran firmes, grandes, sabrosos…podía lamerlos todo el día. Eran muy grandes, podía mirarlos toda la vida. Y pensó como sería tenerla en una casa desnuda toda el día. Se vería estupenda, y sería la primera vez que adoraría estar en casa.

Cuando aprisionó uno de ellos en su mano, ella gimió. Y sintió como se tensaba. Adoraba verla gemir…era como cuando cantaban una canción sensual. Y pensó que estaría dispuesto a satisfacerla hasta que llorara de la emoción. Cuando ella se arrodilló, supo lo que vendría. Claro que sí.

Kag le bajó los boxers en una, dejando ver su masculinidad, grande y muy afectada. Inuyasha siempre se preguntaba como una boca tan chiquita podía hacer maravillas, pero no le importaba como. Le importaba que se lo comía demasiado bien. Se echó a la cama, no podía mantenerse de pie. La sensación era muy placentera, demasiado podría decir.

¿Y Sesshomaru? Era un estúpido. Podía hacerla su mujer, y ella le podía comer la polla también. Pero era un estúpido. Y se lo agradecía. Cuando terminó de hacerlo, Inuyasha la tiró a la cama. Kagome sonreía, como aprobándolo. La penetró. Y gritó. Lloró. Gimió. Inuyasha sintió que cumplió su cometido. Y la besó en los labios, para tranquilizarla. Era hermosa. Y era hermana de Kikio, pero ahora era su mujer. Le valía un cacho Kikio.

-Inuyasha… ¿tenía que decirme algo? Tú dijiste que tenías que decirme algo antes de que entrara al hotel o…¿Sólo fue para tener algo que decir?-dijo Kag, acomodándose en uno de sus hombros desnudos, mientras que él le acariciaba la pequeña espalda blanca con su tremenda mano.

-No, la verdad, si tenia que decirte algo.

-¿Y que és?- habló ella, mirándolo a los ojos y el correspondiéndole.

-¿Te gusta Hawai?