NOTAS DE AUTORA::

Si, merezco ser apedreada jajaja pero en estos meses he vivido unas cosas! Disculpen por no postear, si, soy matable.

En fin, disfruten. Si, es corto, lo se T_T. Ero la prox la hare larga! Ok! Cuídense!

Capitulo 8:

-¿Sí? ¿Madame Lavouir? Sí, soy Kikyo Taisho.-habló la pelinegra sonriendo mientras escuchaba y repetía su nombre por teléfono, su nuevo nombre.- Sí… la llamaba para la decoración de la boda. Creo que estaría mejor que un día antes ya lo tuvieran todo solo para que se ponga y no se tenga que esperar hasta que traigan todo. Usted saber, busco no retardar más este momento.

Sí, en casi 3 días iba a ser una Taisho. Kikyo Taisho. Era hermoso saberse amada, y más aún, por el magnate sexy Inuyasha. El indomable Inuyasha, la bestia sensual más codiciada. Y ya se imaginaba a ella, pasando con su vestido blanco ,pedido desde casi tres meses de anticipación y traído desde Estados Unidos, con encajes hecho a mano y con un largo de cola espléndido para encontrarse con un Inuyasha en terno negro y de mirada seductora. Era tan…

-¿Aló?- el número no era identificado por su teléfono, ¿Quién sería?

-¿Feliz, verdad, Kikyo?

-¿Quién eres?

-Saber quien soy no nos ayudaría en nada. Saber que voy a decir, es lo más importante.

-¿Cómo?

-¿Sabes dónde está tu adorado Inuyasha verdad? ¿Sabes con quién está? ¿Qué está haciendo?

-…. En una conferencia…

-Tu amado ex prometido se casó, y no te imaginas con quién.

-…

-Kagome

Y se cortó la llamada.

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El vestido suyo no era tan despampanante como el que Kikyo eligió para su propia boda, pero tampoco era feo. No era ese que Inuyasha había comprado para ella aquella vez de la prueba del vestido, pero tampoco se quejaba. Sólo… se estaba pudriendo por dentro. Ella, con un vestido blanco que se amarraba por el cuello y con un escote hasta la mitad de sus caderas, dejando ver la asombrosa forma de sus pechos y lo plano de su estómago, mientras que la abertura de la espalda era grande y llegaba a la cima de su coxis. Su cola era larga, blanca implecable, y era de seda china verídica, para rematar la estocada de dolor. Se moría por dentro, ya que había aceptado ser la mujer del hombre de su hermana. Pero lo necesitaba y lo quería para ella: quería sus dedos largos apretujándole los pezones sólo a ella y la boca suya succionándole los jugos de su cuerpo. Quería verlo dormir, con su pecho duro desnudo y sus facciones animales, mientras que ella le acariciaba el cabello. Ella, con ella, simplemente con ella. Porque pensar en Kikyo en cada una de las escenas anteriores…no, definitivamente no gustaba de eso. Kagome era su mujer, lo quiera o no Kikyo. Y la desgraciada se lo merecía: ella la había apoyado mucho tiempo, le había dado amor de hermana que la otra nunca apreció y que, para rematar, la hacía sufrir mostrándole su felicidad espléndida contra la tristeza que era propia de Kagome. Pero no más, el hombre, la fortuna y la suerte ahora estaban de su lado…¿Sesshomaru? Ese…también se lo merecía. Maldito. Merecía que ahora las sábanas rojas cubrieran su cuerpo y el de Inuyasha en una danza de sensualidad. Aunque sabía ella, interiormente, que no era más que una putita barata que le había arrebatado de las manos el marido a su hermana, pero a lo hecho, pecho, y ya estaba en eso.

Después de toda la ceremonia de lo más rápida, Inuyasha la llevó al Hotel más impresionante de Hawai. Era hermoso: con jacuzzi, piscina privada, cuarto tipo Suite Presidencial y atención de primera. Era ese su sueño y lo cumpliría con Inuyasha, su Esposo.

Él comenzó a aflojarse la corbata, estaba algo cansado pero no le importaba demasiado si eso le impedía hacerle ver estrellas a Kagome. De verdad no le importaba,

Mientras Inuyasha entraba al baño, Kagome se desvistió. Tomó una lencería blanca-transparente y se la puso, mientras se mordía los labios pensando que debía hacer cuando Inuyasha pensase en salir del tocador. Y me metió al jacuzzi, mal que mal, dudaba que Inuyasha se resistiera a la tentación que le significaba Kagome para él.

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