Notas de autora:

SI, morire pronto después de demorarme años. Lo siento!-esta llorando mientras escribe esto.- Aquí les va! Verdad! Agradezco a las chicas y chicos que agregaron la Tentacion con T mayúscula como su favorito! Este capítulo para ellas y ellos!

Capítulo 9_ Confusión

Cuando confirmó lo sospechoso, no se sorprendió. Ni lloró, ni gimió ni pataleó. Solamente se dedico a pensar: ¿Qué había hecho mal? …¿Por qué merecía esa mala suerte?

Kikyo paseó por el piso de mármol de la casa que iba a ser, después de la boda, el lugar donde criaría a sus hijos, donde sería la mejor esposa y la ama y señora. Ahora hasta debería estar pensando donde se debía ir a vivir.

Cuando la madre de las dos murió, la que se responsabilizó de alguna manera fue Kagome. Ella les daba el afecto necesario aunque Kikyo no respondía de la misma manera: quizás ella no era dada para esas cosas. Y, cuando se presentó ella con Inuyasha, aparentemente Kagome se emocionó verdaderamente de verlos juntos, aunque después cambiara de opinión. Y si que cambió de opinión.

-¿Aló?

Las llamadas eran pesadas: la gente de sociedad, amigos cercanos, parientes y hasta periodistas ya estaban más que enterados. Sólo había que responder tranquilamente, aunque de forma cortante.

-Soy yo.

Esa voz….masculina que la hacía retorcerse a pesar de lo sucedido.

-Llamar es más que poco educado para lo que pasó, ¿No lo crees?

Le ardía los labios al pensar y hablar de ello.

-Encontrémonos. Es lo último que pido.

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Cuando llegó al café de las afueras de Tokyo, sólo aspiró el aire: Inuyasha no cambiaba, no quería que la vieran con él. Pasó de ser la mujer a la amante, o aparentemente, a la otra escondible.

Se sentó y pidió un café Express: la taza estaba media sucia y la atención era de última. Muchas más razones para darse cuenta que…las cosas habían cambiado. Para mal.

Sólo se distrajo un par de segundos e Inuyasha ya estaba sentado a su frente, mirándole apaciblemente, con ya una taza de café.

-Ya me retiraré de esa casa, si para eso llamaste.- predijo Kikyo por el silencio abrupto.

-De ninguna manera. Es tuya.

-¿Por qué?

La pregunta tenía doble intención.

-Porque así debe de ser.

Respuesta idiota. Como Inuyasha.

-Nunca estuviste enamorado de mi ¿cierto?

Inuyasha se demoró. Quizás lo estuviera pensando o sólo se hiciera el interesante. Quién sabía.

-Creo que…no. Lo siento.

-¿Y porque mentiste tanto tiempo?

Nuevamente se puso pensativo. Ya le llegaba esa situación…

-Yo…tampoco lo sé…

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Cuando Inuyasha regresó a casa, se sentía agobiado. Ver a Kikyo fue algo extraño: ella iba a ser la mujer que lo acompañara de por vida, que le traería alegrías con sus hijos y la que enfrentaría cualquier circunstancia. Pero no lo movía, no lo interesaba en ella, no lo amaba como quisiera…

Kagome, ni bien lo conoció, había sido normal pero de alguna manera cálida. Cálida desde su sonrisa, sus palabras hasta su cuerpo. Hacer el amor con Kikyo era como hacerlo con un témpano de hielo. Con Kagome, una experiencia carnal candente e inolvidable. Kikyo era la perfecta esposa, Kagome un su esposa perfecta.

Se tiró sobre la cama boca arriba y miró el techo. Era blanco marfileño mientras que su conciencia era negra petróleo. Su corazón estaba confundido no por lo que sentía por Kagome, algo de lo que no tenía duda, sino porque el mundo a partir de esa decisión llena de travesura y juventud que le hizo ir primero con la hermana y después con las otra, le estaba pasando factura…

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La India era linda de mirar por donde ser la viera. Y sus atardeceres eran bellos…

Cuando se enteró lo de Inuyasha y Kagome, sólo miró al atardecer. Era como un sedante ante el dolor intenso que se encendía en su corazón. Ella que decía amarlo como era, con sus arranques pasionales y su carácter voluble y sus tan extrañas formas de demostrar amor. Y eligió finalmente al simple y mundano de hermano. Y se fue, corriendo a los brazos de ese demonio con el nombre de Inuyasha.

Ya no quería pensar mucho en eso. La situación era aquella y aceptarlo como tal. Pero de lo que no dudaba era que Kikyo llamaría en algún momento. La conocía,era tan previsible…

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