Capìtulo 12: Bipolar

Notas de autora:

Merezco el golpe de la vida. Pero os quiero, con todo lo que significa – es decir, haciendo caps para ustedes.- Seré más continua, ya que para Tentacion con T mayúscula recién comienza.-

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Su corazón saltó rápidamente dentro de su pecho, como quisiéndose escapar, pero los lenguetazos en sus pezones la distrajeron. Sesshomaru le lamia los pechos mientras acariciaba sus redondas nalgas, blancas, que morìan tras la curva de unas no modestas piernas.

Su tacto era suave y delicado, donde las puntas de sus dedos delineaban dibujos abstractos en su piel: era su lienzo personal, donde las pinceladas terminaban en gemidos. Sí, Sesshomaru… era perfecto al final, como siempre lo quiso: con hermosura propia, con placer, con ganas.

La penetración fue al comienzo, suave. Se hicieron cada vez más fuertes y por último, las estocadas fueron salvajes: su entrada se veía profanada ante las intensas penetraciones de un hombre llevado al éxtasis, un hombre como ese, un hombre como él. Como Sesshomaru, el hombre al que amaba.

Sí, lo amaba. Pero ahora… ¿Qué podía hacer?

-Kagome…eres tan caliente….- dijo él, con una gota de sudor bordeándole el rostro.

Fue suficiente. Su cuerpo comenzó a temblar y el orgasmo, a poseerla. El semen la bañó y una cabeza blanca cayó entre sus pechos. Sesshomaru tomaba bocanadas de aire, ya que lo había disfrutado también.

Kagome lamió la gota, y la disfrutó. Él gimió con el tacto de su áspera lengua. Sí, tan suave.

Y escuchó un sonido. Una puerta, cerrándose con la fuerza suficiente para quebrar el momento.

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Inuyasha se sacó el saco y lo tiró en el sillón. Había sido un día terrible, el trabajo lo había enterrado. Comenzó a aflojar su corbata, mientras iba a su cocina. Tomó un vaso de jugo de naranja, y pensó en Kagome. ¿Dónde estaría?

Subió las escaleras y abrió la puerta.

Su cama estaba deshecha pero su mujer no se encontraba.

-¿KAGOME? – llamó suavemente.

-¡En el baño!

Uhm… el baño.

Al entrar al baño, una nube de vapor le daba la bienvenida, haciendo que su camisa se pegara a su cuerpo. Y la encontró, en la bañera, con las puntas de sus pezones erguidas y medio sumergidas en la burbujeante agua de baño.

Se arrodilló y atrapó uno de ellos. Kagome lo acarició, suavemente, en el cabello, mientras que él lamia la puntita, pasaba sus labios, bañaba aquellos con su saliva…

Él la sacó de allí y la arropó en una bata. Ella estaba mojada, totalmente, y su negrísimo cabello se impregnó en su espalda.

-Hey, Kag, eres tremenda belleza.

Sonrojó. No podía serlo más.

-Inu… ¿Me das un beso?

No tuvo que repetirselo dos veces. Ni nada, después, de que ella comenzó a arrodillarse a su mirada….