Notas de Autora:
Se que merezco la muerte, pero bueno. Estaré más pendiente chicas. Aceptaré todas sus sugerencias y espero que podamos vernos más seguidos a través de este medio"!
Gracias!
CAPÍTULO 14: La verdad
Las cosas no habían sido tan complicadas como ella creía. De hecho, habían ido bien.
Su trabajo como diseñadora de interiores había refulgido desde que lo respectivo con Inuyasha había acabado y, en realidad, habia sido quizás alguna especie de bendición.
"A veces se necesita ser independiente a la fuerza, para hacerlo de convicción" pensó Kikyo, mientras se tomaba el cabello en una coleta. Por más que había insistido en devolver la casa a su dueño original, se quedó con ella y la vendió tiempo después. Por lo que había escuchado, Inuyasha le había comprado una hermosa casa en los suburbios de la ciudad a su hermana y eso, en su momento, le dio una espina de envidia. Hoy, con la situación distinta y con mayor tranquilidad, veía eso como cualquier gesto de un buen marido para con su esposa.
Suspiró. Y se reprendió por pensar una vez más en Inuyasha y Kagome. Otra vez suspiró. Aunque le iba bien, admitía aun sentír una punzada de cariño por él y a veces, como ese dia, eso le traía consigo un complicado nudo en la garganta.
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Sesshomaru era un tipo calmo, sincero y pacífico, pero sobre ello, era decidido. Y eso de alguna manera le asustaba, porque lo veía cada vez más interesado en la empresa, viniendo más seguido y preguntando un mayor número de cosas.
Definitivamente, su último viaje lo trajo cambiado.
Incluso, cuando le contó personalmente lo sucedido, él no sonrió ni se inmuto a decir palabra, como el solía responder antes las adversidades . Sólo logro asentir con la cabeza, sin encontrar tampoco rastro de molestia o sin sabor. Ni encontró en sus ojos el característico lado animal que su hermano siempre tuvo consigo para los momentos muy difícil. Fue como hablarle de nada.
Su interés en la empresa, por lo que había escuchado, era para incorporarse en como jefe en una sección y eso no le hacía en demasía feliz. Siempre había contado con que Sesshomaru jamás le interesaría ello, pudiendo el llevar el negocio bajo sus términos y direcciones. Esto se veía frustrado ante un Sesshomaru ya no tan incólume ante el futuro de la empresa y no tan lejano a ella.
Se frotó el cabello mientras pensaba en como regresar las cosas al pasado, pero eso parecía imposible. Él, bajo lo que sabía, había cambiado totalmente el rumbo natural de las cosas: su boda con Kikyo, su estabilidad laboral y el cansino Sesshomaru.
Al parecer, elegir a Kagome, no fue de la mejor de sus ideas.
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Susume era una mujer con poco tiempo trabajando en Kaisho, y la sorpresa de ser de interés para el señor Inuyasha había embargado sus sueños.
Era conciente que se había casado hacía poco tiempo, pero ella suponía que eso no fue la mejor decisión en su vida. "él no es feliz" pensó, mientras tamborileaba su reciente manicure francesa contra la superficie de su escritorio. "No creo que lo sea,sino no le haría eso a su esposa" suspiró.
Cuando lo vio llegar,su estómago se estremecio. No podía ser tan sexy,inteligente y guapo a la vez. Pero, cuando vio a Kaoru entrar de su mano, no pudo evitar sonreír.
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Al terminar de vestirse, Sesshomaru la miró seriamente. No le hacía feliz de verla sentada, en la cama de la novísima pareja, mirando un libro con sus ojos absortos en su lectura.
¿Qué le había gustado de ella?
De hecho, fue eso que en ese momento presenciaba. Su interés gracioso, sus miles de expresiones, sus sonrisas fáciles, sus miradas furtivas de entre sus lentes que sólo usaba cuando estaba en casa. Era además de bastante bonita, muy especial. Inuyasha se había también dado cuenta de eso: la fría alma de Kikyo no era comparable con el fuego abrazador de Kagome. Kagome era felicidad, cariño, tranquilidad, sensualidad, inteligencia.
Claro que Inuyasha no era tampoco tan sensible. Además de su cuerpo, él seguro vislumbro algunas cosas de su hermoso carácter pero no tanto como Sesshomaru la conocía. Él la conocía en sus preocupaciones, en sus lágrimas, en su felicidad. Nada de eso que ahora quedaba, ya que parecía solo una muñeca de porcelana sin vida.
-¿Porqué lo hiciste? – dijo él, mientras se acomodaba la corbata y se sentaba en un pequeño sillón y la miraba intensamente. Kagome dejó de mirar su libro y le prestó toda la atención.
-¿No tenía derecho de seguir mi vida, Sesshomaru?
-Claro que lo tenías, pero no lo esperaba. No lo esperé de ti y no eres más que una cáscara sin alma.
-¿Me lo dice quien nunca tocó una mujer hasta que se vio desposeído de ella? No sé a que viene esto.
-Sólo pregunto ¿Dónde dejaste a la antigua Kagome?- suspiró, mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.
-En el mismo lugar donde me dejaste tu, Sesshomaru.
