¡Hola a todo s! Aquí está el segundo capítulo. No os digo nada más!


-¿Estás seguro de que quieres hacer esto? –le pregunté cogiéndolo de la mano.

Peeta se presionó el puente de la nariz con dos dedos y suspiró.

-Katniss, ya lo sabes. Yo estoy deseando hacer esto, pero me gustaría hacerlo porque los dos estamos de acuerdo.

Demonios. Peeta ya sabía lo que yo opinaba respecto a casarnos. Me levanté del sofá y me senté en su regazo pasando los brazos por el cuello.

-Supongo que en el futuro sí que me gustaría hacerlo, pero ahora me siento obligada por el Capitolio. Yo quiero que salga todo natural.

-O sea, que no quieres casarte conmigo. –afirmó serio.

-No en este preciso momento, pero sí que me gustaría acabar de esa manera contigo. Es lo que quiero que entiendas, que esto lo hacemos por obligación pero tarde o temprano acabaría accediendo a tu petición.

La sonrisa de Peeta iluminó su rostro y se mordió el labio inferior.

-No hagas eso –le advertí.

-¿El qué? –preguntó con voz juguetona.

-Morderte el labio. Hace que quiera ser yo quien los muerda.

Peeta y yo habíamos avanzado mucho en nuestra relación desde los últimos juegos, además el hecho de tener un tiempo de relajación entre unos juegos y otros nos estaba viniendo muy bien. Teníamos tiempo para hablar, para cuidarnos y para curar las heridas internas que nos habían causado los Juegos. Había decidido aprovechar el tiempo con él y sacar a relucir mis sentimientos aunque me costara mucho, pero cada día era más fácil y Peeta parecía estar encantado con eso, pero siempre que me mostraba más reacia a darle cariño recordaba el momento en el que nos separamos en el árbol de la arena y tuve ese mal presentimiento.

Entonces Peeta volvió a morderse los labios y yo me abalancé sobre ellos. Quería saborearlos hasta que nos quedáramos sin aliento.

Un carraspeo hizo que nos separáramos de golpe. Mi madre había salido de la cocina con una gran sopera de sopa.

-Haymitch ha venido a veros. –su voz neutra declaró que no le hacía ninguna gracia pillarnos de esta manera.

La cara de Peeta se volvió roja. Mi madre no estaba de acuerdo en todo esto de mi relación con Peeta, a pesar de que sabía que empezó como una farsa, pero supongo que estaba en el papel de madre preocuparse por su hija de casi dieciocho años. Nos levantamos y fuimos a la puerta de entrada.

Habíamos pedido a Haymitch que nos diera consejos de mentores, ya que los necesitaríamos para nuestro primer año de mentores.

Entró directamente, apenas saludándonos con un gesto de la cabeza. Si dirigió a la cocina y abrió un paquete de galletas para empezar a devorarlo. Al parecer el hecho de dejar de ser mentor no le había cambiado prácticamente nada.

-¿Cómo van los preparativos de la boda? –fue lo primero que dijo.

Mi madre se puso tensa y comenzó a cortar las verduras con más fuerza. Puse los ojos en blanco y miré a mi antiguo mentor.

-Directamente no van, simplemente nos lo han comunicado esta mañana. –cogí la mano de Peeta y comencé a acariciársela con el pulgar.

-Oye, no queréis que monte aquí un espectáculo vomitando estas galletas, así dejad de hacer manitas, por favor.

Le lancé una mirada asesina y Peeta soltó mi mano cuando mi madre se giró, y se las entrelazó.

-Deberíamos ir al salón a que nos aconsejaras –comenté mientras salía de la cocina esperando y rogando para que me siguieran.

Nos sentamos en los sofás mientras Haymitch analizaba nuestro armario de licores.

-Lo primero que debéis saber es que aunque tengáis dos tributos debéis focalizaros en uno, en el que tenga más opciones de ganar –bajé la cabeza apenada, ya que era lo que él había decidido hacer en nuestros primeros Juegos, él apostó por mí abandonando a Peeta a su suerte con una infección en la pierna. –Sé que suena cruel pero apenas reuniréis dinero para uno de los tributos, por lo que no lo podréis repartirlo entre los dos.

-Has dicho que debemos salvar al que más posibilidades tenga de ganar, pero ¿y si el más fuerte es al primero a por el que van precisamente por eso?

-Supongo que eso lo iréis aprendiendo a ver a lo largo de los años. Muchas veces es mejor salvar al que cae mejor al público, aunque no sea muy fuerte, ya que los patrocinadores querrán comprarle cosas a él. –me lanzó una mirada significativa y puse los ojos en blanco. -Otras veces será al revés, ya que hay tributos que no necesitan regalos de patrocinadores para ganar porque se valen por sí solos.

Peeta estaba muy concentrado en las palabras de Haymitch y mis labios se curvaron en una pequeña sonrisa, estaba muy guapo cuando fruncía el ceño y volcaba toda su atención en algo.

-A los patrocinadores les tienen que caer bien los tributos, pero es igual de importante que les caigan bien los mentores –volvió a lanzarme una mirada significativa.

-Oh, vamos, Haymitch. Si me esfuerzo puedo ser una señorita. A la única persona a la que no le caigo bien es a ti.

Haymitch ignoró lo que le dije y siguió hablando.

-Aquí lo tenéis un poco más difícil porque los patrocinadores conocen más a los antiguos mentores que a vosotros. Pero creo que si trabajáis el aspecto social no habría problema alguno.


-Oh, Katniss, ese vestido es maravilloso. Te queda genial.

-Effie, has dicho eso de los quince vestidos que me he probado hoy. –comenté apretando los dientes cansada de mirarme por enésima vez con un vestido de novia diferente.

-Es que el gusto del Capitolio es exquisito, querida.

Puse los ojos en blanco y miré a Prim que negó con la cabeza imperceptiblemente. Del único juicio del que me fiaba era del de mi hermana, por lo que cuando me dijera que un vestido le gustaba, ese sería el elegido.

Me acercaron el último vestido y me lo puse con la misma mala gana con la que me había puesto todos. Deseando que aquella tortura acabase.

-No tengo permiso para decirte esto pero Peeta está impresionante con su traje.

Vale, tenía que admitir que ese comentario me había gustado y también me había alegrado la mañana.

Me miré por última vez en el espejo y la imagen que recibí no me desagradó del todo. Constaba de dos telas diferentes. Era un vestido de palabra de honor, sencillo, ajustado al busto y el resto de la tela caía hasta el suelo, sin apenas dejar tela para una cola estrambótica. Después constaba de otro vestido hecho totalmente de encaje, de tirantes y que hacía mi cuerpo se viera mucho más estilizado. Eché un vistazo a Prim que me sonrió asintiendo y yo le devolví la sonrisa.

-Oh, Katniss, ese vestido es maravilloso. Te queda genial. –dijo Effie con su característico acento del Capitolio.

-Este –dije convencida. Era completamente contrario a lo que había llevado la última vez en las entrevistas del Vasallaje. –Quiero este.

Me pareció ver por el rabillo del ojo a Effie limpiarse una lágrima disimuladamente.


Peeta me abrió la puerta de su casa y le di un beso en cuanto lo vi. Se quedó un poco traspuesto, pero al rato me invitó a entrar.

-Tenía muchas ganas de verte –me dijo mientras calentaba agua para hacer té.

Con los preparativos de la boda apenas podíamos vernos ya que cada uno debía preparar cosas diferentes por lo que estos días aún aprovechábamos más los pequeños ratos que teníamos para estar juntos.

-Tengo que comunicarte que la semana pasada ya elegí mi vestido de novia.

-¿En serio? Pensaba que harías lo imposible para que te dejaran casarte con tu ropa de ir a cazar. –bromeó. Se giró y me miró de arriba abajo. –En menos de una semana estaremos casados.

-Bueno, teóricamente ya lo estamos. Lo dijiste en la entrevista con Caesar, que habíamos tostado el pan y todo eso. –Peeta se rio levemente a la vez que yo me metía un bollo de queso en la boca. -¿Qué? –pregunté con la boca llena.

-Eres única para arruinar momentos románticos, Katniss. –me dio un beso en la mejilla y quitó la tetera del fuego. –Deberíamos pensar qué vamos a decir, ya que tiene que concordar todo con lo que dije el año pasado.

-Podemos decir que estamos muy contentos porque aunque en nuestro distrito ya estemos casados, esto lo hace más oficial ya que es ante todo Panem.

-Eso está muy bien. Cada vez estás más acostumbrada a las masas, eh. –se rio pero rápidamente carraspeó nervioso, le miré con el ceño fruncido. –Supongo que nos preguntarán sobre la noche de bodas.

Me atraganté con el bollo y me puse roja de la vergüenza. En realidad, el Capitolio y todo Panem ya habían asumido que habíamos hecho el amor ya que yo me había quedado embaraza. Obviamente era todo una farsa, porque yo no me atrevía a llegar más allá de los besos y las caricias con Peeta. Sabía que él quería profundizar más; cuando nos quedábamos solos colaba su mano por debajo de mi camiseta pero yo le detenía rápidamente, avergonzada.

-Supongo que es fácil contestar a Caesar sobre ese tema. Pero me gustaría saber, aquí en privado, qué pasará en nuestra noche de bodas.

Las manos empezaron a temblarme y las oculté en mi regazo.

-Bueno, supongo que… Dios, Peeta, ya sabes la vergüenza que me da hablar sobre estos temas. –Peeta me rodeó con sus brazos y me dio un beso en la nariz animándome a decir lo que quería hacer aquella maldita noche que estaba haciendo que mi cara adoptara el color rojo permanentemente. –Sinceramente, no sé que se hace en esas noches. –Me corregí rápidamente –Quiero decir, que no sé como hacer lo que se hace en esas noches.

-¿Tú crees que soy un experto en eso? Tengo la misma experiencia que tú. Pero lo que quiero saber es si, a pesar del desastre que podemos armar, estás dispuesta a pasar esa barrera conmigo.

Me mordí el labio fuertemente. Maldije a mi madre por mostrarse tan cerrada respecto a este tema ya que me encantaría poder preguntarle todas las dudas que tenía, pero sabía que si le comentaba algo de esto me encerraría en mi cuarto y ella misma cancelaría la boda.

-Supongo que sí, aunque creo que hasta que no llegue el momento exacto no lo sabré. Pero sí que quiero intentarlo.

Peeta sonrió ampliamente y comenzó a besarme con necesidad.

-Bueno –dijo tímidamente. –No hace falta que lo hagamos todo de golpe la noche de bodas, podemos ir avanzando poco a poco estos días. –el color rojo volvió a inundar mi cara y la escondí en el pecho de Peeta. -¿qué me dices?

Recordé los momentos a solas con Peeta y un cosquilleo que crecía en mi interior que depende de los días se convertía en fuego. ¿Quería seguir con aquella experiencia? Mi cabeza me decía que lo más lógico era irse a casa y seguir con los preparativos, pero mi cuerpo me lanzaba a toda velocidad hacia Peeta. Asentí con la cabeza todavía pegada a su pecho, incapaz de pronunciar ni una palabra.

-¿Has dicho que sí? –preguntó haciéndose el loco. Como lo odiaba.

-Sí… -murmuré tan bajito que apenas pude escucharme yo.

-¿Cómo? –preguntó sujetando entrelazando sus manos con las mías.

-¡Sí! –grité más alto de lo que me hubiese gustado.

Entonces Peeta se mordió los labios un instante antes de besarme lentamente. Sus manos se colocaron en mi espalda y comenzaron a bajar lentamente por mis costillas. Un escalofrío me recorrió el cuerpo e hizo que, inconscientemente, me refugiase más en los brazos de Peeta. Mis manos se movían solas, sin recibir una sola orden por mi parte, se colaron debajo de su camiseta y acariciaron su torso haciendo que todo mi cuerpo temblase.

-Puedes quitármela, si quieres –murmuró Peeta sin parar de besarme el cuello.

Tras dos segundos de indecisión, mis manos volvieron a actuar por ellas mismas y se deshicieron del trozo de tela que le cubría la parte superior del cuerpo. Observé atenta a Peeta y me di cuenta de lo mucho que había cambiado físicamente desde que lo había visto sin ropa en nuestros primeros juegos. Sus músculos estaban más tonificados y el vello rubio empezaba a crecerle por el pecho y también debajo del ombligo, perdiéndose entre sus pantalones. El color rojo volvió a ser protagonista de mi cara y desvié rápidamente la mirada hacia sus labios.

Me estiré para volver a besarle pero entonces alguien abrió la puerta de su casa. Peeta se puso rápidamente la camiseta y se arregló el pelo. Haymitch apareció con una sonrisa.

-Siento cortaros el rollo pero os están esperando en casa de Katniss. –Me levanté y cogí un par de bollos de queso –Por cierto, chicos, deberíais cerrar las cortinas de la cocina cuando hagáis guarradas.


¿Qué os ha parecido? Sé que este sigue siendo un capítulo un poco light, pero os prometo que el tercer capítulo que ya está casi finiquitado va a ser muy interesante! Muchas gracias a todos los que comentasteis en el primer capítulo: Jeannine Matweus,Melopea LilyMoon Carver y LunaMason. Muchísimas gracias a las tres, habéis hecho que siga con esta historia! También gracias a los lectores invisibles que aunque no comentan (me encantaría que lo hicierais) sé que la leéis y le dais a favorito o a follow!

Todo lo que me queráis comentar sobre este capítulo (cosas que veáis mal o que veáis bien) me lo ponéis en un review, o si queréiscomentarme que creéis que va a pasar o lo que os gustaría que pasara (y si la idea me gusta la intentaré introducir en un capítulo)

El proximo capítulo lo subiré dentro de una semana o menos (seguramente menos porque ya está prácticamente terminado)