Hola a todos! No quiero alargar más esto porque tengo ganas de que leáis este capítulo. No os asustéis si veis mucho salto temporal, pero tiene que ser así para que la trama principal empiece rápido!


-Recordad que debéis sonreír ampliamente –dijo Effie. Ella estaba más nerviosa que nosotros, que éramos los que nos íbamos a entrevistar con Caesar Flickerman.

-Por fin vamos a presenciarla –se escuchaba a Caesar desde el otro lado del escenario. –Los trágicos amantes del Distrito Doce ya están aquí para contárnoslo todo justo un día antes de su boda. –el público estalló en aplausos y Effie nos dio unas palmaditas en la espalda para que saliéramos al escenario.

Nos acercamos a Caesar y después de saludarlo nos sentamos en los sillones que estaban colocados junto al suyo.

-Bueno, bueno… Por fin ha llegado el día. –Peeta y yo sonreímos a Caesar. –Tengo que admitir que cuando el presidente anunció que la boda seguiría en pie, realmente me alegré de que el Vasallaje fuese suspendido. –el público demostró que estaba de acuerdo con el presentador con una gran ovación.

-Nosotros también estamos encantados, Caesar, por eso preferimos hablar del futuro que nos espera y dejar atrás tiempos peores –dijo Peeta con una sonrisa permanente. De esa forma había conseguido que cualquier conversación que tuviera que ver con los Juegos del Hambre se olvidase de inmediato.

-Tenemos una sorpresa preparada, y es que preparamos un concurso en el cual los ciudadanos del Capitolio debían preparar un video que resumiese vuestra relación en un minuto y medio, y el video ganador se reproduciría hoy y además se os entregaría una copia. Así que, este es el vídeo ganador.

La grabación empezó y desde la primera imagen ya tenía ganas de vomitar. Eran todo videos de nosotros desde la primera cosecha hasta el día que Snow nos anunció que no recibiríamos castigo alguno, todo ello adornado con una música romanticona y empalagosa. Intenté que mi sonrisa radiante no desapareciese en ningún momento de mi cara y creo que lo conseguí.

Caesar nos estuvo haciendo preguntas acerca de los preparativos que habíamos llevado a cabo y de las expectativas que teníamos sobre nuestro gran día. Hasta que hizo la pregunta.

-Chicos, creo que todos estamos deseando saber qué ocurrirá en vuestra noche de bodas. –el público se rio nervioso y también lo hice yo.

-Bueno, como todos sabréis Katniss y yo ya estamos casados en nuestro Distrito, y tampoco es un secreto que ya hemos tenido relaciones. Supongo que en ese aspecto la noche no tendrá ninguna novedad, pero lo que estoy deseando es pasar la primera noche oficialmente casado con Katniss Everdeen. –entonces me miró con una ternura tan infinita que no pude evitar olvidarme del público y besarle en los labios.

-Wow, guardad esas cosas para mañana chicos. –dijo entre risas nuestro presentador.

-Lo siento, Caesar –murmuré con una sonrisa tímida.


-No estés nerviosa –me aconsejó Prim.

-No lo estoy –le aseguré, pero la voz me tembló y me dejé en ridículo a mi misma.

-Piensa que cuanto antes lo hagas, antes terminará todo esto.

Tenía razón, ya estaba harta de compartir mi casa con los estilistas del Capitolio.

La boda se iba a celebrar en casa del presidente, otra razón más por la que estaba deseando que todo finalizase de una vez.

-¡Katniss! –gritó Effie apareciendo por la puerta. –El presidente Snow encargó en persona tu ramo y aquí está. –me entregó un enorme ramo de rosas blancas y algo se revolvió en mi estómago. –Rápido, Peeta ya te está esperando en el jardín.

Me coloqué frente a las puertas y desde el mismo momento en el que las abrieron perdí la consciencia de lo que estaba haciendo. Me sentí como en un sueño, haciéndolo todo por inercia, y no desperté hasta que Peeta juntó sus labios con los míos al final de la ceremonia. Me sentía un poco culpable por haberme casado con Peeta y no haberme enterado del proceso.

Después de la ceremonia se iba a celebrar un banquete con todos los invitados del presidente Snow, ya que él apenas había dejado que trajéramos invitados del distrito doce. Al parecer esta boda le servía para sus relaciones sociales. Aunque no voy a negar que me encantó encontrarme con todos mis amigos, entre los que se encontraban Finnick y Beete. Una sombra cruzó por mis ojos al recordar que Gale no había querido ni oír hablar de la boda y no había aparecido aquel día.

La comida estaba deliciosa, pero en cuanto estuve a punto de reventar me empecé a sentir mal al darme cuenta de la cantidad de comida que se tiraría a la basura ese día. Y en nuestro distrito aún había niños que se desmayaban del hambre.

-Queridos ciudadanos de Panem –dijo Snow sujetando un micrófono en sus manos. –Espero que todos estéis pasando una magnífica velada. Quiero aprovechar este momento para felicitar a nuestros antiguos tributos, que de una manera u otra han conseguido meterse en nuestro corazón. –todos los invitados aplaudieron. –Ahora me gustaría deleitar a nuestros novios con un pieza musical –nos miró y nos señaló. –Peeta, creo que deberías sacar a tu mujer a bailar.

¿Bailar? Nadie me dijo que tendríamos que bailar nada. Peeta me cogió rápidamente de la mano y me sacó a la pista de baile que habían preparado. La música que empezó a sonar no me sonaba de nada, por lo que no sabía bailarla. Pero Peeta, como siempre, sabía como sacarme de aquel lío. Colocó sus manos en mi cintura y yo puse las mías torpemente en su cuello, empezó a moverse por la pista llevándome de tal forma que parecía que los dos supiéramos bailar aquello perfectamente.

-Vaya… No sabía que eras tan buen bailarín. –le dije con una sonrisa.

-Hay que matar de alguna manera las horas muertas en la panadería –me guiñó un ojo y siguió haciéndonos girar.

Cuando acabó la canción me abracé a él y deseé que nos teletransportásemos hasta un lugar en el que estuviésemos a solas para disfrutar completamente de este momento.

-Peeta, ¿me permites bailar con tu esposa?

Snow estaba detrás de nosotros y nos miraba con su sonrisa de serpiente.

-Claro, no hay problema.

Snow me volvió a sacar a la pista de baile y yo no era capaz de apartar la mirada de Peeta, esperando a que me socorriese. ¿Cómo se le había ocurrido dejar que bailase con aquel monstruo?

-¿Sabes? –dijo Snow mientras comenzaba a bailar. –Estoy deseando veros trabajar como mentores este año. Creo que vais a ser muy despiadados, al haber vivido dos Juegos seguidos sé que haréis lo posible por sacar a los tributos de esa arena, pero espero que sepáis que no podréis volver a jugar la baza de sacar a los dos tributos de allí, porque esta vez no habrá fallos.

A lo lejos vi como Peeta sacaba a bailar a Prim y poco a poco se acercaban a nosotros. Ya venían a rescatarme. Snow también los vio y sonrió ampliamente.

-Tu hermana es una persona asombrosa, según me han dicho.

-No te atrevas a acercarte a ella. –le advertí.

-Tranquila, yo no pienso tocarla –no sé si me lo habría imaginado pero juraría que había recalcado la palabra "yo".

-Katniss –me dijo Prim con una sonrisa. –Me gustaría bailar contigo.

-Por supuesto señorita –dijo el presidente dejando de bailar conmigo. –No me gustaría quitaros ni un solo momento para que estéis juntas.

Los tres vimos como se alejó entre la multitud. Cuando lo perdí de vista jadeé, no me había dado cuenta de que había estado aguantando la respiración.


La habitación era enorme y estaba decorada de la manera más romántica posible. Todo lleno de velas y pétalos de rosas (menos mal que eran rosas rojas porque me habría visto obligada a pedir otra habitación diferente), llegaba a ser un poco empalagoso.

-¿No crees que se han pasado? –pregunté con una sonrisa mientras cogía una botella de champagne.

-No lo sé, solo sé que no puedo apartar la mirada de ti.

Me mordí el labio inferior y le rodeé el cuello con los brazos para después besarle.

-He estado pensando –dijo con voz temblorosa. –Y creo que hoy deberíamos llegar hasta donde tú quieras, ¿de acuerdo? No quiero que te sientas incómoda ni forzada.

-No me siento así, Peeta. –le aseguré. –No sé como acabará esta noche, pero por lo menos quiero intentarlo, y te quiero.

Peeta volvió a besarme y pasó las manos por debajo de mis muslos para después elevarme sobre su cintura, le rodeé el cuerpo con mis piernas y me pegué todo lo que pude a él. Me tumbó en la cama y después se acostó sobre mí aguantando su peso sobre sus brazos.

-Cuando quieras parar dímelo, por favor. –yo asentí y volví a juntar nuestros labios.

Entonces un bulto duro se apretó contra mi entrepierna y un gemido involuntario salió de mi garganta al notar cómo un fuego se prendía súbitamente en mi interior. Y me asusté al darme cuenta que nunca antes había deseado tanto a Peeta.


-Buenos días –escuché una voz lejana, pero sabía que me hablaban a mi. Sonreí y me revolví entre las sábanas. –Tenemos que ir a la panadería, cielo.

Abrí los ojos y me encontré con la mirada de Peeta.

-¿No podemos quedarnos aquí más tiempo? –supliqué poniendo la voz que a Peeta le gustaba.

-No me lo pidas así, Katniss. Me prometiste que me ayudarías con la panadería.

-Pero estoy segura de que no te importaría quedarte un poquito más aquí conmigo…

Ya había pasado mucho tiempo desde la boda y apenas quedaban dos semanas para la cosecha, pero ninguno de los dos pensaba en eso. Me había mudado a casa de Peeta para mantener las apariencias, pero sobre todo porque había decidido que quería dormir todas y cada una de las noches con él.

-Te quiero –le susurré antes de lanzarme a por sus labios.


Peeta y yo salimos del Edificio de Justicia cogidos de la mano y con nuestras mejores sonrisas falsas plantadas en nuestras caras. El corazón me iba a mil por hora. No era capaz de imaginarme que a dos de las personas que se encontraban frente a nosotros serían los que íbamos a enviar a una muerte segura. Tenía ganas de dejarlo todo y acurrucarme en un rincón de mi casa. Me juré que nunca más volvería a meterme con Haymitch por ser un borracho, porque ahora mismo era una de las posibilidades que me gustaría estar haciendo.

Peeta me apretó la mano para darme ánimos y yo le sonreí levemente. No me lo merecía.

Nos sentamos junto al alcalde Undersee y nos saluda efusivamente, está claro que está encantado de tener nuevos mentores y de librarse de Haymitch. Effie llega en ese momento y nos da un gran abrazo.

-Por fin ha llegado el día, estoy muy emocionada de veros trabajar como mentores.

Giro la cara para que no vea mi gesto de desaprobación y se sienta junto a Peeta. Effie nunca cambiará, a pesar de todas las situaciones que ha vivido con nosotros y estar a punto de perdernos en dos ocasiones. Supongo que los ciudadanos del Capitolio están curados de espanto.

Entonces el alcalde se levanta y lee la lista de los ganadores del distrito 12 que este año se suma a cuatro. Yo aprovecho para echar un vistazo a todos los niños y niñas que están plantados frente al Edificio de Justicia temblando de miedo. Las cosas han cambiado desde que ganamos los 74º Juegos del Hambre, ya que el Capitolio entregó ingentes cantidades de comida al distrito. Los niños de la Veta ya no estaban tan esqueléticos y parecían mucho más fuertes debido a la comida que se les había entregado a lo largo de estos dos años.

A la comida que nos entregaron por ganar los Juegos, Peeta y yo pedimos a Snow más comida para nuestro distrito cuando nos preguntó por nuestro regalo de bodas, y él la entregó sin problemas.

Busco desesperada con la mirada a Prim y le sonrío para tranquilizarla. No puedo negar que estoy nerviosa y preocupada pero sé que es imposible que el nombre de mi hermana salga dos veces de la urna.

-¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte! –la voz alegre y aguda de Effie me saca de mis pensamiento y se me retuercen las tripas al saber que apenas quedan unos minutos para mirar a los dos tributos que irán condenados al Capitolio.

Effie confesó que siempre había deseado una promoción a otro distrito, pero que últimamente le estaba cogiendo un cariño especial a este distrito y que todo se debía a nosotros. La gente aplaudió por cordialidad.

-Bueno, el momento ha llegado. ¡Las damas primero! –se sube la manga de su chaqueta azul a juego con su pelo y se acerca a la urna que contiene los papeles de todas las chicas comprendidas entre 12 y 18 años de nuestro distrito.

Aprieto instintivamente la mano de Peeta. No me gusta rememorar aquella situación.

Effie se dirige al centro del escenario sosteniendo el papel de la condenada en alto.

-Y nuestra tributo femenina del distrito 12 es… -abre el papel y cuando va a leerlo soltó un jadeo audible debido al micrófono. Se gira levemente hacia nosotros con el terror instalado en su cara. Escucho como Peeta suspira y se tapa la cara con ambas manos. ¿Qué se supone que está ocurriendo? Voy a preguntárselo a Peeta cuando Effie consigue articular palabra y dice en voz baja el nombre de la tributo –Primrose Everdeen.


¿Qué os ha parecido? ¿Os lo esperabais? Todo lo que me queráis decir sobre el capítulo en un review. Muchas gracias a todos los que comentasteis en el capítulo: Jeannine Matweus y Sofitkm. Muchísimas gracias a las dos, habéis hecho que siga con esta historia! También gracias a los lectores invisibles que aunque no comentan (me encantaría que lo hicierais) sé que la leéis y le dais a favorito o a follow!

Me ha dado un poco de penita que en el segundo capítulo haya tenido menos comentarios que en el primero, pero bueno, quizás por eso he esperado a colgar este capítulo para ver si así subían un poco los reviews jeje.

El siguiente capítulo seguramente lo suba hacia mitad de la semana que viene

Un beso para todos mis lectores!