Hola!

Mucho retraso, cierto?

El trabajo me consume mucho, y me frustra porque se me han ocurrido muy buenas historias. Pero no tengo el tiempo que me gustaría para sentarme a plasmar todo.

Bien, aquí va el final de toda esta historia. Espero no decepcionar.

Disfruten!

Nos vemos abajo!


Los Vongola estaban esperando a que alguien les diera informes. Nadie hablaba. Nadie había ido a cambiarse. Estaban llenos de tierra, sangre, sudor. Pero ninguno se iría de ahí sin tener noticias.

-¿Dino-san? -Todos se levantaron al escuchar a la enfermera. La ansiedad pintada en sus rasgos. –Oh, lo siento. No vengo de quirófanos. –Les enseñó una carita adormilada que aún bostezaba. –Creo que esta pequeñita es una madrugadora.

-No me cabe duda. –Bianchi fue la primera en correr a su encuentro. -Es igual a la mamá de Hayato.

-¿Mama?

La pequeña busco algún rostro conocido, pero no había ninguno. Poco a poco los ojitos se llenaron de lágrimas. Hasta que el llanto los hizo morderse los labios de impaciencia.

-¿Qué le pasa?

Tsuna se enderezó al ver tan destruido a Hayato. No estaba lastimado, lo curaron en cuanto llegó a la casa de seguridad; pero de alguna manera pareciera como si estuviera muriendo. Takashi negó con la cabeza y le hizo una seña para que después hablaran.

De nuevo todos enmudecieron, cuando Suzume extendió sus brazos al recién llegado. -¡Miau!

-¿Miau? –Lambo alzó una ceja.

-Oh, ya… -Sacó sus cajas y Uri apareció. –Mira, ya no llores.

-¡Miau! –Se revolvió en los brazos de Bianchi.

-Para, para. –La mujer se agachó hasta el piso. –Ven Uri.

El gato corrió hasta restregarse contra la mano de la niña. Sus risas tranquilizaron a Gokudera y al resto de la Familia.

-Sei una ragazza bella come la tua mamma. –Le besó la cabeza y se sentó junto a ellas en el suelo. -¿Nada?

-No, en el último reporte seguían reparando todo lo de las puñaladas…

-Ya…

Minutos después les llevaron refrigerios, entre los cuales; un biberón para la niña. Bianchi intentó que la cargara para que la alimentara, pero el oji verde negó y cerró los ojos.

-Décimo Vongola. -El medico hizo una reverencia. -Soy el medico a cargo de Fujioka-san.

El animo se caldeó y no fue necesario averiguar de donde procedía.

-Es Miura, Haru Miura. -Hayato se colocó al frente. -Es mi mujer, la madre de mi hija.

-¿Gokudera-san? –Miró a todos. -¿Quisiera acompañarme?

-Ahora vengo.

Emprendieron camino hacia otra puerta. –Ve con él, Tsuna. Mis hombres te dejarán pasar.

-Gracias Dino nii- san.

-El estado sigue siendo crítico. Perdió mucha sangre, le hicimos transfusiones en el quirófano. –Fue directo. –Nos costó mucho controlar la que perforó el pulmón. Tiene cicatrices que aún no sanaban del todo, eso nos complicó la tarea. –Tenía ganas de volver a matar a ese imbécil. –Fracturas múltiples. Y lamento informarle Gokudera-san pero... la agredieron sexualmente… -Golpeó la pared más cercana y el médico dio un paso atrás.

-Ese bastardo...

–Pero lo que nos preocupa es un coagulo que se trasladó a su cerebro. –Llegaron hasta donde estaban los otros médicos. -Estudios más precisos nos ayudará a averiguar dónde exactamente alojado y que posibles secuelas podría tener. Estará sedada hasta nuevo aviso.

Tragó saliva e intentó asimilar lo que el Neurólogo le explicaba, pero eran tantas emociones para tan poco tiempo; que tuvo que sentarse en el piso.

Todo le era arrebatado, todo lo que amaba se iba.

A lo lejos escuchó a Tsuna hablando con el medico, pero él estaba agotado. Necesitaba descansar…


La primera semana de Haru en el Hospital transcurrió en Cuidados Intensivos, debido a la cirugía tan delicada a la que fue sometida para retirarle el coagulo. La segunda semana fue cambiada a una habitación. Se vio afectada su motrocidad, estaba algo atrofiada, pero mientras hiciera terapia física todo iría bien.

La primera vez que despertó, se agitó tanto que los médicos decidieron manternerla dormida un poco más.

"-Si se mueve mucho, las heridas tardaran más en sanar. Es precaución"

A las tres semanas, Tsunayoshi pidió que fuera trasladada a la Mansión provisional de los Vongola. Acomodaron un Ala con todo lo que necesitaba Haru. Dos enfermeras se turnaban el cuidado y atención.

La medicación fue disminuyendo, era cosa de la joven, de su cuerpo y mente.

Siempre había alguien de la casa hablándole, leyéndole o simplemente sentándose a su lado.

Todos, menos dos personas.

Decidieron que llevar a Suzu-chan no era factible. No creían que fuera necesario llevarla, hasta que Haru no pudiera despertar por si misma.

El otro era Gokudera.

Desde que Haru fue trasladad a la Mansión, se la pasaba tomándose toda botella de alcohol que encontrara en su camino. Desde que rescató a la niña, no volvió a tomarla en brazos. Ni siquiera la miraba si estaban en la misma habitación.

Yamamoto les contó lo que Fujioka les confesó. Gokudera se comía con la culpa de haberlas abandonado; no quería acercarse a ellas.

-¿Segura que es buena idea?

-Shhh, no lo sé. Pero esto es mejor que nada.

Bianchi acostó con cuidado a la niña en la cama con su ebrio hermano. La rodeó con almohadas y algunos cojines en el piso.

Tsuna metió un mueble de ruedas que tenía la ropa de la niña y algunos juguetes.

Takashi acomodó los pañales, las mamilas y todo lo necesario para que comieran esos dos.

-Solo hay comida para un par de días, ¿sobrevivirán? –Susurró el espadachín. –Cuando menos Gokudera tiene un frigobar.

-Saquen las botellas restantes y vámonos rápido. No tarda en despertar Suzume.

Salieron y cerraron la puerta por fuera. No saldrían hasta que el adulto entendiera que Suzume era su hija y tiene que cuidarla.


La cabeza le taladraba y la alarma que no se apagaba. Volvió a apretar el botón, pero no surtió efecto así que lo aventó.

Eso ocasionó que el molesto ruido subiera de intensidad. Se enderezó y notó una manita en su costado.

-¿Suzume? –Parpadeó confundido. -¿Qué mierda haces aquí?

El llanto no cesaba y ya una venita en su cuello estaba bastante alterada.

-Ya, ya, deja voy por Bianchi.

Tambaleándose fue a la puerta, pero no giró el picaporte. Buscó sus llaves, pero no estaban.

-¿Qué carajos? –Golpeó la puerta. -¡Abran! ¡Mierda, Bianchi, entra por ella! ¡Está berreando!

-Es TU hija, cuídala.

-¡NO me jodas! –Pateó la puerta. -¡BIANCHI!

-Tienes que quererla, es tu sangre, Gokudera-kun.

-¿¡Decimo!? -La niña no se callaba, la habían encerrado con él. -¿¡Que quieren que haga!?

-El pañal, y su desayuno. Tiene hambre, Hayato. –Bianchi le gritó a través de la madera y los chillidos. –Cárgala, eso la tranquiliza mucho.

-Pero…

-¡HAZLO!

-¡¿Tú también, Friki?!

-¡HAYATO, HAZLO!

-¡Ya voy! -Se acercó despacio a la niña. Levantó los brazos, y la cogió por las axilas. –Suzume, cállate, ¿sí?

Una nueva serie de gritos le perforó los oídos.

-¡Hayato, es tu hija! Cuídala, al menos les debes eso…

Una sola frase lo hizo tambalearse buscando el apoyo de la cama.

-Se los debo…

Los rasgos tan parecidos a su madre, hicieron un descanso; así que pudo contemplar con totalidad la magnitud del parecido.

Los mismos cabellos que el… sus ojos… su tono de piel. Y estaba seguro que esa arrugita de concentración era la misma que tenía en su rostro.

-Eres mi hija, ¿sabes? –Con cuidado pasó sus dedos por su cara húmeda. –No soy experto en esto, así que… -Se levantó y la niña lo seguía mirando intensamente. –Ayúdame, ¿quieres?

Fueron hasta donde los botes de leche y leyó las instrucciones. Rápidamente preparó el biberón, pero antes también puso atención en cómo ponerle el pañal.

Una vez cambiada, se sentó en el suelo con ella en sus piernas. Puso una cafetera para él, mientras que las galletas y fruta serían su desayuno.

Ella sola agarró los trozos minúsculos de fruta y se los llevó a la boca, sonriendo de gusto.

-Conque te gustan las fresas, eh. De seguro, también las cosas dulces… -Le acercó las galletas que fueron engullidas casi al momento. –Hey, hey tranquila… Esos son los gustos de tu mamá.

Suzume parpadeó despejando sus ojos. -¿Mama?

La apretó contra si para que no viera su cara de sufrimiento. –Mamá está enferma, pero en cuanto esté mejor puedes ir a verla.

Sus bracitos se envolvieron contra él. Su primer abrazo.

-Papa. –Se separó y palmeó sus mejillas. –Papa.

Le dio el biberón que se encontraba aun tibio. -Oh, la mia bella ragazza. –Besó su cabeza. –Lo siento tanto, Suzu-chan. –Poco a poco empezó a llorar. De impotencia. De enojo. Frustración. Y amor, amor por aquellas dos mujeres que desde que habían reaparecido revolucionaron su vida.

Y al final, solo necesitaron un día para que el Guardián aprendiera la lección.


-Va sanando bien, pero ahora ya es solo tiempo de esperar. –El Doctor se despidió de los hombres y antes de salir del despacho alborotó los cabellos de la niña- ¿Han intentado que la pequeña la vea? Tal vez con su contacto… No está clínicamente comprobado, pero algunas personas en su estado, reaccionan de manera favorable. Tal vez, es lo que necesita.

-Lo pensaremos, gracias Doctor. –Tsunayoshi lo acompañó hasta el pasillo. -¿Qué opinas?

-Bueno, eso no es tan nuevo. –Gokudera le pasó por la cara a su hija, la rana de peluche que tanto le gustaba. –Bianchi ya nos lo había comentado.

-Creo que es hora de hacerlo, Gokudera-kun. Por eso…

-¡TSUNA! –Ryohei entró corriendo. -¡Kyoko rompió la fuente!

El Líder se puso parido y fue a alcanzar al médico.

Hayato y Suzume se quedaron ahí. Y tomó una decisión.

-Mamá está dormida. Tiene unos aparatos, ¿bien? Pero es para saber cómo está.

Tomó varias bocanadas de aire antes de entrar a la habitación. No la había visto desde la noche que la encontró, tenía miedo.

-¿Mama?

-Sí, mamá.

El lugar esta tibio, confortable. Estaba decorado con colores pasteles y blancos.

-Kyoko seguro lo decoró.

-¡Mama!

Los ojitos verdes se emocionaron y se empujaron hacia la mujer. Brincaba en sus brazos y gritaba por alcanzarla.

-Hey, hey. –La abrazó e hizo que lo mirara. –Mamá tiene una medicina en su brazo, si la mueves mucho se le caerá. Tranquila, Suzume.

Sentía el corazón infantil latir a gran velocidad, pero ahora solo movía sus manitas.

-Mujer… traje a Suzume.

Ya no estaba morada. Ni inflamada. Los aparatos fueron retirados, al hacer terapias con Flama de Sol para ayudarla a sanar más rápido. Pero seguía sin despertar y nadie sabía si tardaría en hacerlo.

La niña balbuceaba palabras al azar, como si le contara todo lo que había sucedido. Captaba solo algunas palabras del lenguaje infantil. "Papá" "Casa" "Gente" "Comida"

-Mama, amo, amo a tu.

Le acarició sus cabellos y la acercó a la cabeza de la mujer. –Dale un beso, bebé. Es hora de salir, mañana te traigo.

-Mama, Suzu manana.

Hayato cumplió su palabra. Los primeros días la niña le hablaba, hasta que se involucró y empezó a enseñarle a su hija a hablar correctamente.

-No, Suzume así no. –La corrigió. –Ya sabes que se llama Uri y es un gato. Deja de decirle Miau.

-¡No! Miau, mío. –Frunció sus cejas y apretó sus labios. –Miau, Suzu.

-Completa las oraciones. Quisiste decir: "El gato es mío. De Suzu-chan" –Se lo dijo con voz firme. –Creo que tu madre te malcriaba mucho.

-¡Odio, odio tú!

Le aventó el juguete nuevo que le compraron. Después del nacimiento del hijo de Tsuna y Kyoko, llegaron a pensar que a lo mejor resentiría la llegada así que todos la mimaban en la medida de lo posible. Ese juguete se lo dio Yamamoto esa mañana mientras veían dormir al pequeño Daiki.

-Ahora me lo quedaré, no debes aventar tus cosas.

-¡Tu no papá! ¡Papá fue! –Las lágrimas empezaron a correrle. – ¡Odio tú!

-YO soy tu papá, siempre lo he sido. –Él había matado a Fujioka el único hombre al que su hija consideraba realmente su padre. Todos le recalcaban a la niña su parentesco, pero parece que ella era más inteligente que ellos. -¡Carajo Suzume estas insufrible hoy!

Una lloraba y el otro jadeaba, este último notó algo increíble.

-¿Haru?

Una lágrima corría por su sien, seguía con los ojos cerrados. Pero la lágrima estaba ahí. ¡Y su mano! Sus dedos se intentaban alzar.

-¡Bianchi! –Apretó el botón de emergencia y salió despedido al pasillo. -¡Bianchi!

-¡No grites! –Su hermana corrió hacia él, sin sus gafas; sorprendentemente no cayó desmayado. -¿Qué pasó? ¿Por qué llora la niña?

-Llévatela, llévatela que necesito al médico aquí, ya. –La enfermera de turno venía corriendo. –Llame a su doctor, creo que algo pasa.


Toda la casa se convirtió en revolución. Corrió la noticia rápidamente y todos esperaban buenas noticias.

-¿Va a despertar?

-No estoy seguro, pero parece que poco a poco está saliendo del coma. –Subió los barrotes de la camilla. –Vamos a hacer una tomografía y una resonancia, espero que eso nos ayude. La trasladaremos al piso de enfermería de la Base Vongola. –Miró a Tsuna. –Después la traeremos de regreso, Decimo.

-Háganlo, gracias.

Se quedaron solos, alguien de las mucamas entró a arreglar la habitación; así que se hicieron a un lado. Fueron al balcón.

-¿Qué fue lo que pasó?

-No sé, Suzume estaba gruñona… -Un nudo en el estómago se le instaló. –No me ve como su padre. Yo maté al hombre que la cuidó, y la amó…

-Y que golpeaba a su madre, no olvides eso.

-Supongo que su llanto y mis gritos, la hicieron reaccionar. –Sacó un cigarrillo y le dio la primera calada. –Qué horror, que sea lo primero que oigas sea al que te abandonó gritarle a tu hija.

-Haru no es rencorosa. Yo creo que ella te perdonó hace tiempo, Gokudera. –Sacó una caja de la cómoda que tenían a sus espaldas. –Cuando la trasladamos, pedí que recogieran algunas cosas de ese lugar. –Le dio una cajita de madera. –Esto estaba escondido detrás del mueble de ropa de Suzume. –Empezó a retirarse del lugar. - No he leído nada o visto algo, pero si estaba ahí, es por algo. Averigüé y es para ti.

Se sentó contra la puerta y abrió con cuidado el artefacto.

Un sobre, como el de la última vez que supo de ella… Rasgó el papel con manos frías. Desperdigó el contenido.

Se jaló los cabellos y el humo del cigarro le irritó los ojos, cuando la primera cosa relució.

Una foto de la niña recién nacida con ella sonriéndole. Algo tenía escrito al reverso.

Suzume y Haru. Septiembre XXX

Extendió el papel de la carta.

Gokudera:

Si esto llegó a tus manos; algo me sucedió. Y estoy seguro que estarás furioso conmigo. ¿Qué débil soy, no?

El abogado de mi familia te tiene hacer llegar esto, le dije dónde buscar. Y juro que me vió como loca. Así que pasemos a la razón de esto.

Bueno… tenemos una hija, Hayato.

Perdóname por esconderla, por alejarla. Fui una cobarde por no decírtelo. Pero las cosas ya no iban bien entre nosotros, como para tenerte a la fuerza. Suzume no pagará por tus errores o los míos.

Por eso; cuídala. Cuídala por mí. Porque ya no estaré para ella.

Vivir con mi asesino, que fatal, ¿no? Pagué con mi vida a su lado, por mis errores.

Vive con y por nuestra hija, para enmendar los tuyos.

Nunca dejé de amarte. ¿Cómo podría? Tú eres mi único y gran amor. ¡No sabes la alegría que sentí cuando la vi por primera vez!

¡Es igual a ti! Me quedé con un pedacito tuyo. Gracias por eso.

Acabo de releer esto, y no tiene congruencia. Supongo que las lágrimas no me dejan.

Temo el día en que pase lo inevitable y mi cuerpo no resista más. Pero al menos quiero tener la convicción de que cuidarás a Suzume, mi pequeño gorrión.

Mi mamá me dijo que porque ese nombre tan común. Pero es que, la niña en sí; es tan especial que no le hace falta algo como un nombre engreído.

Mi pequeña brillará por sí sola, yo lo sé.

Es nuestra hija, después de todo.

Me tengo que despedir… el tiempo se me acaba.

Te quiero, a ti y a Suzume. No lo olvides.

Con amor, Haru.

-Mujer, mujer… -Siguió fumando su cigarro. –Eres demasiado para mí.

-Puede despertar en cualquier momento, ya empieza responder a estímulos. Solo está en un sueño profundo. –Les sonrió. –Sus ondas nos indican que ya no está en coma. Hay que darle tiempo.

Nadie cuestionó cuando Gokudera pidió que la llevaran a su habitación; la de Suzume y el.

Colocó a la niña en su cuna, cayó exhausta después de ver a Haru.

Su intención era quedarse en el sillón, pero el cansancio lo venció y quedó recostado a su lado. Su respiración era tranquila, en paz.

Inhala, exhala, dentro, afuera.

Era tan relajante, que no puedo evitar dormirse.

Todo iría bien en la mañana, todo se arreglaría.

Tenía que despertarse para hacer el desayuno. ¿Qué haría?

¿Panqueques? A Suzu-chan le encantaban…

¿Desayuno tradicional? Podía sentir el hambre de algo más sustancioso que sólo panqueques.

Sintió un cuerpo a su lado… ¿Kentarou seguía en la cama? Siempre era el primero…

Un extraño sentimiento la recorrió…

La sangre, el dolor, la oscuridad… y él.

Sus ojos verdes llenos de miedo, de preocupación, quiso tranquilizarlo; pero el dolor…

De golpe abrió los ojos y empezó a revolverse al no reconocer el lugar. La suave luz le indica que era muy temprano en la mañana…

Pero el lugar, era lujoso. Sentía que debía reconocerlo, pero a la vez era tan ajeno.

Sus manos buscaron algo, alguien. Su respiración empezó a agitarse…

-¿Haru?

Su cabeza buscó al inconfundible dueño de esa voz. Estaba a escasos centímetros de ella, su codo recargado en la almohada… sus ojos verdes sondeándola…

Lo suyos estaba a punto de llorar…

-No lo hagas, la asustarás. –Se enderezó para enseñarle la cuna. –Sigue dormida.

-Suzume… tu… -Un sollozo la interrumpió. –Yo…

-Espera unos minutos.

Lo vió levantarse y quitarle los seguros a las ruedas de la cuna. Salió con la niña y regresó no mucho después, no pudo evitar fijarse que cerró con llave.

La enderezó con cuidado, para que pudiera sentarse en la cama. Le entregó un vaso con agua. –Bebe.

El agua refrescó su garganta, pero el simple gesto detonó en un mar de llanto.

-Hayato… yo…

Sus brazos la envolvieron. –Están en casa. Con la familia.

Sus delgados brazos dudaron en devolverle el gesto, pero al final se rindió y se apretó contra él.

-Lo siento, lo siento, lo siento. Eres su padre y yo…

La besó y ella se sorprendió tanto que no se lo devolvió.

-Paso a paso. –Murmuró contra sus labios. –Paso a paso, yo aún no digiero toda esta situación. Lo haremos poco a poco.

-Si… gracias. –Apenas rozó los labios del italiano, lo sintió. Era su casa, volvió a casa.


Las visitas empezaron a desfilar ese mismo día. Pero Suzu no se despegó de su lado, más que en casos extremos. El peli cenizo tampoco se retiró de ahí.

Cuando se enteró de boca de Yamamoto que estaba en la habitación de Hayato se sonrojó, pero se la devolvió al hacer notar su excesiva preocupación por Nagi.

Se alegró muchísimo cuando le llevaron a conocer al pequeño Daiki, y lloró a lado de su amiga.

Agradeció cada gesto, de las personas que se turnaron para visitarla. Llegó el turno del Jefe, entró solo, la miró con ternura y fue hacia ella. Recibió con un gran abrazo a Tsuna.

-Gracias por venir por nosotras.

-No agradezcas nada. Siempre tendrás un lugar entre nosotros.

La castaña recordó algo. -¡Dios! ¡Tsuna! En una de las casas de seguridad. –Lo apretó de la camisa. –Debe de haber un niño, un niño como de 8 años…

-Mujer, tranquilízate. –Hayato le frotaba la espalda.

-Luego hablaremos de eso, Haru. Descansa y recupérate.

-¡No, no entienden! Se llama Satoru Fujioka. Lo tenían retenido. ¿Está bien? ¿Lo encontraron?

El italiano sintió un puñetazo en el hígado. Suzume empezó a querer subir a las piernas de Haru, pero fue levantada por el Jefe Vongola.

-¡Kentarou! Nos debe de estar buscando. –Empezó a hiperventilar. -¡Dios! Me duele el pecho.

La enfermera corrió a auxiliarla. –Respire, respire hondo. –La revisó rápidamente. - Es un ataque de pánico. Míreme, míreme. –La hizo enfocarla. –Respire lente, respire conmigo. Saque todo, todo el aire de sus pulmones. Sáquelo lento.

-El… él nos buscará… su hermano, él es inocente. –Sus ojos vidriosos, fueron hacia Tsuna. –Ayúdalo, por favor. –Empezó a perder color.

-¡Míreme! ¡Míreme a mí! –La enfermera la agitó. –Si no lo hace, se va a desmayar.

-¡Haru! ¡Saque a la niña, Decimo! –La ansiedad se leía en sus ojos verdes. –Respira, mujer, respira.

-Duele…

-Es un reflejo, no tiene nada. Siga inhalando y exhalando.

Tardaron un par de minutos, pero Haru se recuperó. Quedó agitada y se dejó caer en las almohadas.

-¿Es el primer ataque que le da?

-Mmmm no. –Cerró los ojos. –No sabía que era. Por lo regular, después de… los padecía por días. Me llegue a desmayar. Pensé que era por lo mismo.

-No, le enseñaré técnicas de respiración para cuando sucedan. –Intercambió una mirada de preocupación. –En estos momento; y estoy segura que su médico me apoyara, no puede someterse a stress. Y si, se vuelve a agitar nos veremos en la penosa situación de prohibirle las visitas.

-Lo entendemos. –El peli cenizo se sentó en la cama. – ¿Verdad, mujer?

-…

-Es normal. El cuerpo en un ataque de pánico, se tensa por completo. Es el momento en que se relaja, y el paciente está cansado. –Escribió cosas en su bitácora. –No soy experta, pero después de su experiencia; no sería sorpresa que sufriera alguna clase de trastorno. Una terapia, es lo más recomendable. –Se paró delante de él. –Ambos deberían tomarla.

-Gracias. Lo hablaré con su médico, por la mañana.


Al final del día estaban a solas, tanto como su hija en su regazo; le dejaba algo de atención al Guardián.

-Suzume, es hora de cenar… -La niña se abrazó a ella. –Oh, cariño yo también te extrañé; pero debes de comer. De preferencia en el comedor con todos.

Un amago de puchero se formó en su boca. –No Suzume, mamá dijo que al comedor.

-No papa. –Le frunció las cejas y le ignoró.

-¡Suzume, no seas grosera! –Algo en su memoria luchaba por salir. –Bianchi vendrá por ti, e irás al comedor con los demás. Papá y yo, necesitamos hablar.

-¡NO! –Gritó fuerte y claro.

-Déjala. Te extrañó mucho. –Un chispazo de dolor cruzó por el rostro del hombre. –Iré a pedirles la cena y a fumar un poco.

-Hayato… -No la dejó terminar. -¿Por qué no me deja hablarle? –Le preguntó a la niña. –Tengo tanto que decirle…


Hicieron una rutina.

Se levantaban y aseaban a la niña, alguien de la casa pasaba por ella; mientras ellos se preparaban para el día.

Después del desayuno que ya tomaba en el comedor, y con ayuda de Hayato para moverse; iban al área de entrenamiento para ayudarle a hacer algo de rehabilitación.

Todos se volvían a reunir para la comida, ya que el almuerzo, algunos lo tomaban fuera de la casa o en privado.

La tarde se la pasaban intentando integrarse como "familia" Mamá Haru, Papá Hayato y Suzu. Pero esta última no ayudaba. Lo veía como un extraño, ahora que Haru estaba despierta. El vínculo que habían formado se rompió.

Y esa tarde, por fin lo arreglarían.

-Suzu, juega también con papá.

-No papa.

-Cariño, ya lo hablamos. –La sentó frente a él, en el piso. -¿Lo ves? Tú y papá son iguales. –Hizo que pasara la mano por el cabello de Gokudera. –Cabello. –La mano fue bajando. –Fruncen sus ceños, igual. Sus ojos son del mismo color. Su piel. Suzu, Hayato es tu papá.

-NO, NO, NO, NO PAPA.

-¡Mierda, déjalo mujer!

-¡Gokudera, no enfrente de la niña!

-Yo no soy su padre. –Un aguijón se le clavó en el corazón. –Hagas, lo que hagas. Para ella, su padre es ese bastardo de Kentarou…

-¡Papa Ken!

Gokudera aventó una silla a su paso antes de tomar el pomo de la puerta. –Yo lo maté, Haru. Con mis propias manos lo torturé y maté. –La observó de reojo. –Ese es el tipo de monstruo que soy. En aquel entonces no creía que funcionara… ahora tampoco.

Y cerró la puerta dejándola tan sorprendida, como asustada.

-¿Lo mató? ¿Mató el mismo a Kentarou? ¿Qué hice? ¿Qué diablos hice?

Tardó unos minutos, pero se levantó y fue a dejarle a la niña a Bianchi. No hizo caso de sus quejas y lágrimas.

Se encontró con un empleado de la casa y preguntó por el furioso joven.

-El Señor está en las plantas subterráneas. Solo que no sé dónde. Lo vi tomar el ascensor hacia ahí.

-Gracias.

No dejó que sus recuerdos de la inmensa Fortaleza Subterránea la desanimaran.

-¿Dónde? ¿Dónde?

¡La biblioteca!

Corrió por los pasillos. Siempre que no podía resolver algo, o tenía alguna preocupación se escondía en las bibliotecas. Ya fuera la de aquí o en Italia.

-Lo sé, sé que está ahí.

Sonrió cuando abrió la puerta y un cigarro aplastado fue lo primero que notó. Pero rápidamente recordó porque estaban en esta situación.

Lo buscó y sin esperar a que reparara en su presencia empezó a hablar.

-Conocí a Kentarou en Italia, iba de intercambio en la misma Universidad que yo. Nos hicimos amigos, porque ya sabes que Kyoko estaba en otra área… -Se deslizó por un librero para sentarse a su nivel. –Era un buen chico, amigable, caballeroso… Pero yo ya estaba contigo por aquel entonces, así que fui clara; amigos nada más. Lo aceptó bien, se sentía igual de perdido que yo. Estaba en proceso de obtener el papel que le acreditaba su Maestría, ¿sabes? –Café y verde se enfocaron. –Luego las cosas contigo, ya sabes; terminaron. Y no de muy buena manera…

-Nunca me hablaste de él…

-Si lo hice. –Le dio una sonrisa triste. –Supongo que nunca me escuchaste, como yo lo necesitaba.

-…

-Se despidió de mí, era hora de que regresara… Y en un acto impulsivo, le dije que yo también vendría a Japón. –Una pelusa en su falda fue objeto de sus juegos. –Al principio solo vendría por las vacaciones; pero… Descubrí que estaba embarazada. –El peso de sus acciones la estaban ahogando. –Lo siento mucho, nunca se me pasó por la cabeza decirte. Decidí desde el principio que lo criaría yo sola, mis padres me apoyaron. Mis padres…

Una mano anillada, se enlazó con la suya. Recibió el gesto con gratitud.

-Seguíamos frecuentándonos. Me presentó a su madre y sus hermanos. Su padre acababa de cumplir 2 años de muerto, entonces el asumió ser la cabeza. Este hecho hizo que mi papá se acercara a él. Ambas familias empezamos a pasar tiempo juntos. –Sonrió con nostalgia. –Satoru y Mei, en aquel entonces eran tan inquietos… Satoru tenía 5 años, Mei apenas 3. Kentarou los adoraba, fue cuando no pudimos seguir escondiendo mi embarazo. El me pidió matrimonio; como nos llevábamos bien… No perdía nada con intentarlo, ¿no? Me casé con la creencia de que encontraría un compañero de vida. No lo amaba, y fui honesta con él. Me decía que el amor llegaría con el tiempo… Yo lo creía firmemente.

-Me confesó que se casó amándote, que le dijiste que yo te había repudiado cuando me dijiste del bebé…

-Lo siento, yo… no quería preguntas. –Se pasó la mano por el cabello. – Prometí no decir nada de los Vongola. No podía permitir más preguntas… -Los sollozos le impidieron seguir hablando. –Suzume estaba recién nacida… Mis padres iban a visitarnos a nuestra casa… Todo, todo fue un error. Nada era como debía ese día.

-La muerte de tus padres.

Poco a poco los huecos se iban llenando, pero Hayato no sabía que tanto quería escuchar. Porque la conciencia le gritaba: "¡Tu culpa! Debiste quedarte a su lado. Es tu culpa"

-Satorou no quiso despegarse de Kentarou, así que se quedó a dormir en nuestra casa. Su madre y Mei fueron a recogerlo… -Lo miró a los ojos y pudo ver la agonía que cargaba en su espalda. –Se subieron al auto de mis padres… Querían meterme miedo, para que dijera todo… La siguiente era Suzume… Ellos me lo dijeron. Ellos se encargaron de contarnos todo…

-¿Ellos? ¿La gente del Padrino?

-Si…

-Un atentado claro hacia ti. –Algo aun no cuadraba. -¿Cómo llegó Satorou a manos de ellos?

-Esa noche, todavía no entendíamos como explotó el carro. Irrumpieron en la casa, golpearon a Kentarou, intentaron arrebatarme a la niña pero no la solté… -Su cuerpo temblaba de miedo. –No pude sostenerlos a los dos… Lo intenté, estaba conmigo… Se aferró a mí, lloraba mucho, mucho… ¡Pero si lo mantenía conmigo me iban a quitar a Suzume!

Su llanto desgarrador fue el punto final de la historia.

-Lo intentaste, intentaste quedártelo. Ellos eran más fuertes que tú. No podías hacer nada, Haru…

-¡Preferí a Suzume sobre el niño! ¡Debí luchar para protegerlos a los dos! –Se abrazó con fuerza. –Era solo un niño indefenso.

-Shhh, shhh. –Le besó la cabeza. –Hablé con el Décimo. Entre los niños que encontraron… -La sintió tensarse. –Estaba Satorou. Bien, físicamente. Obviamente el cautiverio le causo cierto daño. Pero me aseguró que le buscaran ayuda. Y… que pasará con él, lo que tu desees.

-Gracias, gracias…

-Yo te apoyaré, Haru. En lo que quieras…

-No sé, no sé qué hacer.

-Lo descubriremos.


Haru tomaba terapia con un colega de confianza de Hana y Ryohei. Alguien lo suficientemente discreto, como para no caer en algún soborno.

Dos veces a la semana, sentía como todo salía a la superficie; debido a las pesadillas que no la dejaban dormir con tranquilidad. Desglosar el tiempo que pasó sometida a los abusos, la dejaba hecha trizas. Hayato corría a sostenerla cuando salía del consultorio; se veía tan frágil.

Después llegaron las actividades con Suzume para lograr que la niña se adaptara a su "nueva" familia y finalmente…

-¿Yo?

-Dice el Doctor que como formas parte de nuestras vidas… es importante para que Suzume te acepte

-Mira Haru, estos meses ha lado de ustedes me han llenado. Pero… -Tomó aire. –Sigo creyendo en que no soy bueno para ti y la niña. No podemos jugar a la casita.

-¿Qué hemos estado haciendo este tiempo?

-Adaptarnos.

-Kyoko y Tsuna viven bien… Forman una familia feliz.

-El Décimo es el Líder. El, nos tiene a nosotros para sortear el peligro. Yo no puedo prometerte lo mismo.

-Eres un cobarde.

Suzume dejó de jugar al sentir el ambiente cargado.

-Lo fuiste en el pasado y lo eres ahora. Tienes miedo de tener una familia, de tener amor. –Haru alzó a la niña. –Tres años Gokudera, han pasado tres años desde que nos separamos en Italia. Y no has cambiado nada.

Esa misma noche una mucama y un mayordomo fueron por las cosas de ambas. Su habitación se sentía vacía y fría.

-No bromeaba, ¿eh?

Yamamoto cerró la puerta y le enseñó una botella de whisky. El italiano sacó dos vasos y fue a sentarse al balcón.

Llenaron los vasos y se sentaron unos momentos sin decir nada. Cuando iban por la tercera ronda el bateador tomó la palabra.

-Haru era un mar de lágrimas, tu hermana estuvo a punto de darte su comida…

-Tiene razón. Soy un cobarde, me da miedo amarla como llegue a querer a mi madre… y después perderla.

-Pero… ella ya estuvo lejos de ti y sufrió. ¿Por qué no quedarte con ella y ser felices ambos?

-Sufrió por mí, por protegerme.

- Francamente no puedes salvarla de todo… Supongamos… Haru enferma de algo… Muere. –Tocaron madera. -¿De que sirvió que te alejaras?

-…

-Exacto. –Se levantó. –Ustedes están hechos para estar juntos. –Antes de salir lo miró de reojo. –No tomes de más. Mañana se celebrara el cumpleaños de Suzu-chan. No te queremos con resaca.

-¿Hice lo correcto?

No hizo falta que le aclara a Yamamoto a que se refería, él lo entendió al momento.

-Lo hiciste. Era lo mejor para ambas.


-No es muy bueno con los ultimátum, ¿Lo saben, no?

-Pero no es ningún tonto. Calma.

-La verdad, he llegado a dudar de su IQ.

Todas las mujeres rieron. Un leve toque en la puerta las interrumpió.

-Te lo dije. –Bianchi abrió la puerta. -¿Qué quieres?

-Hablar con Haru.

-Si vienes a…

-Hazte un lado, Bianchi

El hombre se encontró con las miradas reprendedoras de Kyoko, Hana e I-Pin.

-Vamos a hablar, mujer.

-Ya casi es hora de empezar con la fiesta de…

Gokudera tomó a su hija y se la entregó a su hermana. La sacó de la habitación. Luego fue por I-Pin, que al estar sorprendida no puso mucha resistencia.

-Ahora, para evitarme algún encontronazo con sus maridos… ¿Quieren salir por ustedes mismas? -Les abrió la puerta de par en par.

Parpadearon confundidas y sigilosamente salieron del lugar.

-Eso fue grosero de tu parte.

-Lo diré de una vez.-Tomó aire. – Quiero estar contigo, mujer. Siempre lo he querido. Desde que eras una friki del cosplay y babeabas por el Décimo. Tenerte fue lo mejor que me sucedió, pero soy demasiado orgulloso para reconocerlo. Dejarte ir, me dejó vacío; te extrañé de una manera que nunca creí que alguna vez podría sentir. Suzume, nuestra hija; es lo mejor que me ha pasado. Es TU y YO, en un ser tan perfecto.

-Eso es tan lindo…

-No prometo una vida feliz, no puedo. Tengo mucha mierda dentro de mí.

La castaña se acercó y lo besó despacio. –Déjame quedarme a tu lado. Como tú dices; yo también cargo mucha mierda detrás de mi… -La envolvió entre sus brazos. – Pero quiero que seamos una familia.

-¡Argh! Siempre me haces hacer cosas raras. –La separó de su cuerpo. –Podrás envejecer, pero me seguirás jodiendo la vida…

-¡Eres un vulgar!

-… como me gusta.


Detrás de la puerta las mujeres Vongola sonreían con complicidad.

-No sabía que Yamamoto podía ser tan persuasivo, Nagi.

-Aprecia mucho a Gokudera y a Haru; así que era lo menos que el haría.

Todas empezaron a caminar por el pasillo.

-Supongo que todos estamos conscientes de que la fiesta no empezará a la hora indicada, ¿no?

-¡Bianchi-san! No diga esas cosas… hay niños aquí. –Los primogénitos Sawada y Gokudera solo las miraban con curiosidad.

-I-Pin, conozco a mi hermano, y porque lo conozco… sé que tardaran algún ratito sin salir de ahí.

-Tsu-kun se pondrá muy feliz.

-Todos, Kyoko, todos celebramos que ellos estén juntos.


EPILOGO

5 años después.

-¿Cómo va todo, friki?

-Esperamos que esta misma semana se induzca el parto. –El castaño no podía dejar de reírse. –Nagi y yo, hemos arreglado la habitación. ¡No podemos esperar a tenerlo con nosotros!

-Harán un bien al adoptar el bebé de esa muchacha. –Tsuna palmeó a su amigo. –Quien sabe sería de él, si no fueran ustedes a quedárselo.

-Vittoria solo es una jovencita que ha cometido errores, pero que al menos pensó en el futuro del niño. Nosotros le estaremos eternamente agradecidos al dejárnoslo.

-¡Tsk! Esto parecerá pronto un jardín de niños, que una Mansión de la Mafia.

-Empezando contigo, Gokudera-kun.

El aludido escupió su trago y empezó a toser con fuerza.

Tsunayoshi no pudo evitar rodar los ojos. Esos dos nunca cambiarían. Pero la verdad es que Yamamoto no mentía.

Habían dejado de ser jóvenes; y la gran mayoría de ellos había formado una familia.

Ese día se encontraban reunidos en el jardín de la Mansión.

Chrome y Takeshi estaban a punto de recibir a su hijo, fuera por el método que fuera. Lo amarían como si fuera de su propia sangre.

Él y Kyoko, tuvieron un hijo más. Ambos varones, ambos totalmente mimados por todos. Daiki y Akira.

Lambo era un soltero empedernido, era joven y debía disfrutar; siempre les decía lo mismo.

Apesar de su Hiper-Intuicion, no se explicaba como la dulce e inocente I-Pin fue a fijarse en el Guardián de la Nube. Nadie sabe del todo cuando empezaron, pero fue inevitable cuando anunciaron que "empezarían a dormir en la habitación"… Porque SU hermanita estaba embarazada. Iemitsu alucinó durante semanas.

Hana y Ryohei eran los únicos que aún no se decidían a tener familia; Kyoko y él habían comentado que principalmente era Hana la que dudaba en tener hijos. Aunque de vez en cuando disfrutaba cuidar de los niños de cualquiera de ellos.

Y la pareja por la que estaban reunidos… Haru y Hayato.

Las cosas tardaron en tomar un paso constante, era común que Haru atravesara momentos de depresión. Aunque cedieron cuando logró que una familia, una buena familia; adoptara a Satorou… el hermano de su verdugo.

Ambos eran profesionistas, ella maestra de primaria y él psicólogo; el que lo atendió durante su proceso de terapia. Haru solo se reunió un par de ocasiones con él. El niño recordaba muy poco, "pérdida de memoria selectiva" alegaron los médicos; ella no quiso insistir mucho.

Con el paso de los años se darían cuenta cual fue el daño total de su tiempo en cautiverio.

Suzume asimiló su nuevo papá, y ahora lo seguía cada que podía. Aunque ya fuera una niña de casi 8 años. Una belleza, era la clase de ser que iluminaba la habitación cuando entraba; lo cual era una molestia para su padre.

Haru se embarazó dos veces más. Una niña y un niño. Cara de 2 años y Matteo que solo contaba con 3 meses. Y era lo que los reunía ese día. Su bautizo. Hayato profesaba el catolicismo, así que hoy lo celebrarían en el Jardín.

Su Familia, la que él había elegido era feliz. Se notaba en sus miradas de complicidad, con sus risas, sus cantos y hasta sus discusiones.

Eso era lo que deseaba para la gente que lo seguía al campo de batalla cuando era necesario.

Estaban juntos… Todos, todos lo que Sawada Tsunayoshi amaba, estaban ahí.

-¿Décimo? ¿De qué se ríe?

-Nada, nada Gokudera… ¿La que está a punto de jalar ese mantel no es Cara?

-¡Cara! Igual a su madre de causa problemas, definitivamente…

Los dejó para ir a sacar a la pequeña de cabellos caoba de debajo de la mesa.

-¿Igual a Haru?

Yamamoto alzó una ceja con incredulidad.

-Yo pensé lo mismo, Cara es la única que sacó el carácter de Gokudera…

-No se lo digas, Tsuna… ya sabes cómo se pone.

-Lo sé… -Dio un vistazo más y empujó a su Guardián. –Venga, vamos a disfrutar la tarde.

Estos son los Vongola, los que saben salir a través de cualquier problema… Por más grande y oscuro que sea.


NOTAS DE LA AUTORA:

Bien, aquí termina.

Mmmm, ahora que lo leo... no sé si me convence.

Supongo que si lo altero, ustedes lo leerán; porque seguramente lo acabaré trayendo a la pagina.

Espero sus reviews, me hacen crecer en este ámbito de la escritura (soy novata, lo sé)

Cuidense!

aDiOs!