N/A

Un nuevo capítulo.

Espero les guste.

Gracias por leer.

Bien para empezar este es un especial tal como dicta su nombre, es de la niñez de los protagonistas para resolver dudas, después continuaremos con la historia.


Disclaimer:

Princes Of Tennis no me pertenece.


Especial: Lo Que No Volvera

Una pequeña niña cobriza corría delante de un niño pelirrojo que trataba de seguirle el paso, corrían por los enormes jardines de la mansión que habitaban - ¡Más rápido Bunta! - le grito la pequeña niña entre risas aunque estaba demasiado agitada por la reciente actividad, el niño le mando una mirada de reproche mientras fruncía los labios en gesto de descontento.

- ¡No puedo seguirte Sakuno! ¡Me duelen las piernas! - le grito desde donde se encontraba, la niña solo lo miro con burla en los ojos para asentir, comenzo a correr en su dirección con rapidez por lo que no se dio cuenta que una rama estaba en el suelo - ¡Cuidado Sakuno! - el niño le aviso demasiado tarde porque esta cayo al suelo en una caída un tanto aparatosa, el pequeño niño corrio donde ella alarmado, si algo le pasaba lo más seguro era que su padre lo reprendiera y no deseaba eso en lo absoluto.

- ¡Sakuno! - corrio donde ella con velocidad hasta detenerse donde se encontraba, la niña estaba mordiendose los labios en un intento por no llorar pero no fue suficiente cuando sintio el dolor en su rodilla por lo que su llanto comenzo con fuerza - ¡M-Me duele! - le grito al pequeño niño pelirrojo que trataba de que no llorara, lo menos que necesitaba era que los adultos acudieran al lugar para reprenderlos a ambos.

No sabía que hacer y es que la cobriza solo lloraba y lloraba con más fuerza, noto la sangre resbalando de su rodilla derecha además de que sus manitas estaban raspadas, eso debía de dolerle y él solo quería que dejara de llorar por lo que recordo en su mente que en una ocasión su padre le había dicho que para que una mujer no llorara se le diera un beso, ¿en dónde?... pues no lo había especificado por eso no dudo en inclinarse y juntar sus labios con los de ella.

Un roce que solo duro como mínimo un minuto pero había logrado su cometido porque ella ya no lloraba - ¿M-Mejor? - pregunto con miedo, Sakuno asintió aunque tenía un curioso rubor en sus mejillas, eso era extraño, nunca se lo había visto y era raro que se lo viera justo después del beso pero no le iba a dar importancia - ¡Niños! - ambos se miraron ante el llamado de la madre de la niña que no se encontraba muy lejos de donde ambos estaban.

La cobriza se levanto tambaleandose un poco por lo que la sujeto con cuidado de sus manitas, su madre se detuvo delante de ambos con un semblante entre enojado y curioso - E-Ella se tropezo... e-esta lastimada - le comento a la madre de su amiga que se alarmo de inmediato colocandose en cuclillas revisando a su hija que solo se mantenía quieta, pensaba que la iba a regañar o regañarlos pero tan solo dio un suspiro.

- Vamos adentro para revisarte - señalo esta mientras la cargaba, él comenzo a caminar a su lado, sin embargo, unos gritos llamaron su atención por lo que giro la cabeza viendo la casa de enfrente, donde vivían su mansión era la única las demás eran simplemente casas por lo que su padre le había prohibido por completo estar con esa gente, no entendía porque pero solo obedecía pero no logro evitar observar a una niña que jugaba con más niños entre risas, la misma lo descubrio mirandola por lo que le sostuvo la mirada.

Sintio un nerviosismo leve ante su mirada, esta le sonrió mientras él alzaba la mano saludandola - B-Bunta - miro al frente a Sakuno que lo llamaba por lo que giro el cuerpo para ir donde ella que se estaba quedando dormida, se estiro un poco sosteniendo su manita izquierda con una sonrisa tratando de tranquilizarla.

- ¡Yura-chan! - giro la cabeza observando a la niña que lo seguía viendo con una expresión de molestia o al menos eso le parecía, la niña acudio al llamado de los demás niños por lo que él solo continuo con su camino al lado de su amiga que estaba cerrando poco a poco los ojos.


Dio un enorme suspiro, odiaba la escuela, no porque los niños lo molestaran por el contrario todo el mundo le tenía respeto solo por ser hijo de quien era, la mayoría de los niños de su salón o al menos sus padres formaban parte de la lista de contratos financieros con la empresa de su padre lo que quería decir que trabajaban para su padre, subio las escaleras con calma, solo iba en primaria pero ya estaba pensando seriamente en ni siquiera ir a secundaria, sentía celos de Sakuno porque ella estudiaba en casa.

No entendía porque y cuando preguntaba su padre terminaba reprendiendolo por lo que no decía nada - ¡Bunta! - la cobriza bajo corriendo las escalares con intenciones de abrazarlo por lo que la miro de mala manera deteniendo sus intenciones, ella lo miro ladeando la cabeza no entendiendo su actitud, siempre dejaba que lo abrazara pero no ahora, no en esos momentos.

- ¿S-Sucede algo? - pregunto en un tono de miedo ella y asintió con la cabeza - Tengo deberes, a diferencia de ti yo si tengo deberes - le sentencio fríamente y ella lo miro asombrada, nunca le había hablado de esa manera hasta ahora y si, lo admitía se sentía mal por eso - L-Lo siento - se disculpo bajando la mirada, la empujo levemente para continuar con su camino, no la miro en lo absoluto, solo siguio con su recorrido.

Doblo el pasillo para mirar su habitación, entro en la misma azotando la puerta con fuerza para aventar su mochila a un lado de su piso, se acerco a la ventana observando a Sakuno corriendo por los jardines, le molestaba justamente eso, que ella siempre se veía libre y él siempre se veía enjaulado, cerro sus persianas para caminar a su escritorio, la regla de su padre era que terminara los deberes antes de la cena y para eso faltaban cinco horas por lo que debía comenzar ahora.


Sakuno detuvo su carrera por los jardines de la mansión frente a uno de los árboles más grandes, el mismo le encantaba por muchas razones, sonrió como si fuera a hacer una travesura para comenzar a escalar el mismo, lo más seguro era que su madre la reprendiera después pero por el momento iba a disfrutar, escalo con cuidado sosteniendose de las ramas con fiereza hasta que estuvo sentada sobre una, la que siempre parecía y era la más fuerte, desde ahí se podía ver la mansión.

Miro la ventana de la habitación de Marui y se mordio el labio, desde que había entrado a la primaria, siempre estaba ocupado, siempre le gritaba en cuanto llegaba de la primaria, no jugaba más con ella, le dolía y mucho, no pensaba mentir pero esperaba que todo se solucionara poco a poco, esperaba de verdad que todo volviera a ser como antes.

Estaba tan ensimismada que no noto que una pequeña niña le hacía señas debajo del árbol hasta que una piedrita golpeo cerca de donde se encontraba, bajo la mirada y observo a la niña que la saludaba con una leve sonrisa por lo que no le quedo de otra más que de bajar, se detuvo delante de ella quien la miraba fijamente - ¿Se encuentra Bunta-kun? - pregunto y Sakuno ladeo la cabeza,

No la conocía pero seguro que su amigo si, asintió con la cabeza para indicarle con la mano que la siguiera, comenzaron con su camino hasta la mansión, la puerta se abrio por los sirvientes que hicieron una reverencia a ambas niñas - ¡Sakuno, tú clase de piano empieza en unos minutos! - su madre bajaba las escaleras agitada, lo más seguro era que la hubiera estado buscando desde hace un tiempo y un posible regaño viniera dentro de nada.

- Lo siento mamá... ella busca a Bunta - señalo a la niña a su lado que hizo una reverencia, su madre le sonrió cariñosamente - Ve a buscarlo de prisa - le señalo a ella y asintió para correr por las escaleras con dirección a la habitación del pelirrojo, doblo el pasillo hasta abrir la puerta con una enorme sonrisa pero su amigo no estaba, busco en todas direcciones hasta que la puerta del sanitario se abrio.

- Te he dicho que toques - le señalo molesto acercandose a donde se encontraba, le daba miedo esa mirada - L-Lo s-siento... es solo que alguien... - no termino la frase al darse cuenta de que la niña estaba detrás suyo y que Marui la miraba con una sonrisa boba y con un leve rubor en sus mejillas, eso de alguna manera le dolio pero no sabía porque - ¡Bunta-kun! - la niña corrio donde el pelirrojo abrazandolo efusivamente mientras ella se quedaba de pie observando aquella escena.

- Vete - no se había dado cuenta de que este la tomo del brazo corriendola de la habitación, nunca había hecho eso, la puerta fue cerrada en su cara y se mordio el labio mientras bajaba la mirada - ¡Sakuno! - el grito de su madre la saco de sus cavilaciones así que solo dio media vuelta para ir al salón de música... ignoraba que era ese nudo en la garganta.


Dio un hondo suspiro, primer día de secundaria, le había costado demasiado llegar a donde se encontraba por dos razones aunque la principal era su padre, definitivamente no había estado de acuerdo en que hubiera estado cortejando a alguien como Yura porque era de clase media baja, no tenía ni siquiera un millón en lo que llevaba de vida y eso a su padre le repugnaba pero después de un par de palabras llenas de seriedad había accedido a no inmiscuirse en su vida y además en pagar su secundaria porque la quería a su lado aunque lo extraño del asunto era que la misma le había pedido que no dijera de donde venía, él haría cualquier cosa por lo que no le molestaba ocultar la verdad, siempre podía decir que frecuentaban el mismo círculo social, hoy era el día más feliz de su vida porque tan solo ayer ella había accedido a ser su novia.

Se encontraba desayunando, era casi hora de salir en dirección a la escuela sin olvidar pasar por ella cuando unos pasos calmados en la escalera llamaron su atención por completo, alzo la mirada observando a Sakuno que bajaba medio adormilada, odiaba que siguiera sin ir a la escuela, seguía estudiando en casa - No es necesario que desayunes conmigo, puedes hacerlo sola - le siseo con molestia dejando a un lado su desayuno, de pronto el apetito se le había ido.

Ella se mordio el labio nerviosa - D-De esta manera p-pienso q-que a-asisto... a la escuela como tú - contesto ella y él la miro de mala manera - Claro - le espeto con todo el sarcasmo del mundo colocandose de pie, ignoro la mirada de dolor que la cobriza tenía en los ojos tomando su mochila para salir de allí, no le molestaba ser así con ella, antes quiza si pero ahora no.

Salio a la sala dejando atrás el comedor - ¡Bunta-kun! - alzo la vista sonriendo como tonto al ver a Yura que lo abrazo con efusividad, la separo de su cuerpo para besarlo con calma y para después aumentar la intensidad del beso, adoraba besarla - D-Disculpen.. M-Marui... - se giro con instintos asesinos hacía Sakuno quien le extendía uno de sus libros.

Él le había pedido que no lo llamara por su nombre sino por su apellido, esta tenía la mirada baja y rió por eso, era tan inocente que le producía furia, tomo el libro arrebatandoselo para tomar de la mano a Yura y salir de allí, le importo poco ver la figura temblorosa de la cobriza y menos le intereso ver que esta se giraba para subir de prisa las escaleras... ¿ella estaba llorando?.


Sakuno azoto la puerta con fuerza, se dejo caer al suelo abrazada a sus rodillas, no la odiaba y se sentía débil por ello porque ella tenía el amor de Bunta aunque este le hubiera pedido que lo llamara Marui, como siempre no había dicho nada, tan solo había acatado la orden, le había costado tanto aceptar que estaba completamente enamorada del pelirrojo.

Había sufrido durante una semana porque era su amigo y porque él no la amaba, ni siquiera la quería, cerro los ojos con fuerza cuando una imágen se hizo presente en su cabeza... alguien la miraba... abrio los ojos de inmediato, no, la psicológa le había dicho que solo eran aluciones suyas porque siempre estaba sola en la mansión, no era nada grave, tomo aire con calma para relajarse, debía distraerse cuanto antes si no quería terminar llorando como siempre.

Salio de su habitación con dirección al salón de música que estaba en la primera planta, entro en el mismo para acercarse al piano, tomo asiento delante del mismo y sus dedos se deslizaron por las teclas y antes de darse cuenta estaba tocando una pieza demasiado triste, sabía que en esos momentos solo estaba ella además del servicio en la mansión.

Dus padres no tardarían en llegar de hablar con una persona que ella no conocía, cerro los ojos sintiendo la melodía que estaba tocando, una leve ráfaga de viento la saco de su estado - Nena, papá quiere que desayunes con nosotros - giro la cabeza mirando a su madre que le sonreía, se veía un tanto cansada, ultimamente siempre se veía de esa manera, ignoraba las razones - ¿Hace viento? - pregunto girando la cabeza para ver una rosa blanca sobre la tapa del piano, no recordaba que estuviera allí.

- No, no hace... ¿y esa flor cariño? - su madre se acerco hasta donde se encontraba admirando la flor - N-No e-estaba a-allí cuando llegue... ¿d-de d-dónde... - no termino la pregunta cuando miro a su madre quien tenía una auténtica expresión de horror en el rostro - ¡C-Cariño... é-él e-estuvo aquí... cariño! - su madre le gritaba a su padre con terror en la voz, su padre entro de inmediato igualmente de cansado - Sakuno sube a tu habitación nena - asintió de prisa pues sus padres estaban aterrados por algo que ella no entendía, se levanto de su asiento dejando la flor para salir de la estancia con paso apresurado, algo no estaba bien pero realmente no deseaba descubrir que era.


Dejo su maletín sobre su escritorio cuando llamaron a su puerta, justo cuando menos deseaba ver a alguien porque aún estaba pensando en las palabras de Yura, ella le había pedido que se alejara de Sakuno porque estaba celosa del tiempo que habían pasado tiempo atrás juntos, la idea de por si le parecía un tanto tonta por diversas razones pero sin duda el que ella pensara que podía pasar algo con la cobriza le resultaba demasiado gracioso.

Abrio la puerta y observo a su padre que al verlo colgó su celular - Mañana nos mudaremos de la mansión, empaca tus cosas, solo las necesarias, lo demás lo hara la mucama - le señalo su padre dando media vuelta para atender una llamada, se quedo de pie unos segundos, ¿mudarse?, ¿porqué?, estaban bien donde estaban, no entendía porque querían que se mudara si él era feliz allí.

- ¡No me importa, quiero que lo encuentren... Sakuno es demasiado importante! - sostuvo a su padre ignorando sus recientes gritos para encararlo - No me quiero mudar, estoy bien aquí, Yura esta aquí - le señalo molesto y este lo miro como no procesando la idea de que lo estuviera desafiando - ¿Pregunte tú opinión? No, no lo hice, acataras la órden y punto, nos vamos de aquí porque Sakuno lo necesita, punto final - le espeto más que furioso para soltarse de su agarre y continuar con su camino.

Él solo apreto los puños, perfecto, simplemente perfecto porque ahora si que tenía una oportunidad para decirle cuanto la odiaba sin remordimiento alguno porque siempre era ella, nunca él, incluso para su padre ella era demasiado importante, él era su hijo no ella, odiaba reconocerlo pero eso si que le dolía y mucho.

Se detuvo delante de su puerta tocando, escucho algo que se cayo para después abrirse la misma, noto que el brillo en sus ojos estaba algo apagado pero resplandecio cuando lo vio, algo se "alegro" dentro de su pecho pero lo ignoro, eran fantasías tontas - ¿D-Deseas a-algo? - pregunto nerviosa, tan solo la empujo dentro de la habitación cerrando con fuerza la puerta siendo consciente de que los adultos no le tomarían importancia a esa acción.

La miro con odio en los ojos notando que el brillo de sus ojos se apagaba por completo - Claro que deseo algo... desaparece de mi vida, no te soporto, no tienes idea el calvario que han sido estos años al tenerte como amiga porque para mi no lo eres, solo lo hice por mi padre y por los tuyos porque siendote sincero... me das lástima... - Sakuno abrio los ojos asombrada, era una mentira pero ella no lo iba a saber.

Noto sus ojos vidriosos y quizo retractarse de todo lo que había dicho pero era demasiado tarde, sabía, claro que sabía que todo lo que le decía a ella le afectaba demasiado pero poco le importo en ese momento, tan solo tomo un poco más de valor para continuar - No te quiero cerca de mí ni de mi padre, ¿no lo entiendes?... te odio así que vete lejos de mi vida, no me hables, no me busques, tu sola prescencia me molesta, te odio así que desaparece - le siseo con un odio puro y ella solo bajo la mirada sollozando un poco - L-Lo s-siento... l-lo s-siento - esas palabras saliendo de sus labios rompieron algo dentro de él quiza porque sonaban tan debastadoras en sus labios, dio media vuelta y salio de allí, cerro la puerta escuchando algo caer y sollozos ligeros pero no le dio importancia, tan solo camino con la cabeza en alto.


Su nueva casa o mejor dicho mansión le parecía demasiado gigantesca, sus padres no habían entendido porque era que no quería vivir con Marui y con su padre, solo les había dicho que quería vivir solo con ellos, obviamente nunca les iba a decir la verdadera razón, giro sobre la cama dando un suspiro, sus ojos estaban hinchados, cosas raras habían llegado a donde se acababa de mudar.

Rosas blancas amanecían en su cama justo al lado de ella, sobres con cartas románticas para ella y lo peor era que anexas a estas habían fotos de ella en la ducha o en el jardín, estaba completamente destrozada con lo que estaba pasando y sus padres decían que ellos se encargarían pero... ¿de qué? o ¿de quién?, solo quería la verdad por un momento, quería dejar de vivir protegida, es decir, entendía a sus padres pero que le dieran un poco de libertad no le iba a caer mal.

Era de noche, sus padres estaban en una cena de beneficiencia, solo estaban los empleados, escucho ruidos fuera de su ventana pero los ignoro solo se levanto de la cama con intenciones de darse una buena ducha, tomo una toalla y se encamino pero mientras preparaba la bañera escucho pasos en su habitación, raro cuando no había escuchado la puerta.

Salio de la ducha y entonces la vio, una rosa blanca, su favorita pero no ahora cuando solo sentía miedo de la misma, retrocedio sobre sus pasos buscando a alguien en su habitación con la mirada, el pánico se apodero de ella y tropezo con sus pies al intentar salir de allí, salio dejando la puerta abierta, bajo las escaleras mirando hacía atrás por si alguien la seguía cuando tropezo y cayó aparatosamente por las escaleras, solo escucho el sonido de su muñeca rota y después nada.

Escucho pasos y voces aterradas de su servicio para cerrar por completo los ojos, solo quería que esa pesadilla porque era justamente eso terminara...


Abrio las cortinas de su ventana mirando la mansión de Sakuno que estaba justo delante de la suya, no se quejaba porque al menos ya no vivían juntos, eso era bueno además de que Yura no vivía demasiado lejos de donde se encontraba, regalo de su padre, miro el movimiento en la casa de la cobriza, habían muchos guardias de seguridad.

Vio al padre de esta salir de la casa acompañado de ella, entonces la vio usaba lentes pero incluso él sabía que debajo de los mismos habían ojeras y ojos rojos, seguramente por su causa, tenía la muñeca izquierda vendada, ambos abordaron un vehículo que salio de la mansión, entreabrio la ventana para observar que rumbo tomaba - ¡Bunta! - el grito de Yura no se lo permitio, se giro para recibirla en sus brazos entre besos, eran mediados de secundaria, le encantaba demasiado que pronto acabaría el año escolar.

Tenían deberes que hacer así que debían darse prisa... la beso por última vez o al menos por ahora hasta que escucho el sonido de dos autos derraparse, la curiosidad le gano por lo que se levanto de donde se encontraba mirando que uno de esos autos era el del padre de Sakuno y el otro el de su padre o al menos donde viajaban con su conductor siempre.

Espero a que bajara la cobriza y la observo en brazos de un guardia que caminaba de prisa, ¿qué había sucedido?, realmente quería saberlo - ¿Sucede algo? - miro a Yura mientras negaba con la cabeza, no debía importarle aquello - ¡Me importa poco, quiero respuestas ahora! - el grito de su padre los sobresalto a ambos pero no se movieron de donde se encontraban tan solo continuaron en lo suyo, él quería ver si estaba bien pero no era de su incumbencia, solo Yura debía importarle ahora.


Las lágrimas acudían de nuevo a sus ojos, habían... habían intentado secuestrarla y no importaba lo que sus padres dijeran ella sabía que era así, no podía más, era demasiado para ella, solo quería que en esos momentos Marui estuviera a su lado abrazandola - Nena - la puerta de su habitación se abrio y miro a sus padres con el semblante derrotado, quería la verdad justo ahora.

- Q-Quiero la verdad... ¡intentaron secuestrarme y no lo estoy soñando! - les grito furiosa mientras se sentaba en la cama para hablar con ellos - Sabes de los detalles misteriosos pero no sabes quien es, nosotros tampoco y es en serio, solo sabemos que quiere algo contigo, no sabemos cuantos años tiene ni nada de eso pero te quiere a ti, hemos contratado a los mejores para ver por tu seguridad así que solo queremos que estes aquí... dentro de casa - el aire le falto y apreto los edredones con fuerza.

- ¿D-Desde c-cuándo? - pregunto con miedo, la idea que tenía era de un hombre mayor, un pedófilo, eso debía ser - Desde que tenías cuatro años, empezaron a llegar esas rosas y más cosas, creímos que era una broma pero nunca dejaron de llegar - se sincero su padre y de verdad el pánico llego a cada parte de su cuerpo por lo que se abalanzo a los brazos de sus padres llorando con fuerza, quería despertar de aquella pesadilla cuanto antes porque no podía más, era demasiado para una niña de trece años, no podía más, no más...


Finalmente su graduación de secundaria, estaba más o menos feliz, eso no importaba, lo importante era que pasaría a preparatoria así que no podía pedir más, Yura era su novia, alguien linda, dulce, hermosa, simplemente perfecta, la mujer perfecta para él, tomo sus cosas necesarias para asistir sabiendo que su padre estaría allá cuando llegara.

Bajo las escaleras esperando por su novia, salio de la mansión y por instinto voteo hacía el frente, ese perfume lo conocía a la perfección, fresas con crema al menos ese era su olor para él - ¡Sakuno! ¡Sakuno, no puedes salir de casa! - los gritos se escuchaban hasta donde él se encontraba, la miro... el aire se le fue, estaba más hermosa que nunca, era verdad que hace algo de tiempo que no lo veía, era una mujer al menos daba ese aspecto, sin embargo, lo que más noto fueron las lágrimas saliendo de sus ojos.

Sus guardias se pusieron en alerta, lo noto de inmediato - ¡N-No, no puedo más, no pienso vivir siempre en casa... ambos tienen que entenderlo! - no tartamudeaba, no sabía eso, entonces se dio cuenta que en realidad no sabía mucho de ella, al menos no como antes, su padre salio de la casa, se veía furioso - ¡Regresa a casa ahora o habrá consecuencias! - le grito adelantandose un poco a lo que ella solo retrocedio con cansancio, no podía dejar de verla, estaba
realmente hermosa.

- ¡No, no estare siempre en casa, si quiere que venga por mí, no le tengo miedo! - no tenía ni la más remota idea de quien hablaba pero solo la vio limpiarse las lágrimas de un manotazo para girar el cuerpo y salir corriendo con dirección a los jardines de la mansión, sintio una tremenda necesidad de seguirla y no se había dado cuenta de que ya había comenzando a caminar.

- ¡Amor! - ladeo la cabeza mirando a Yura que se lanzo a sus brazos mientras lo besaba efusivamente, no, su destino no era ir detrás de ella así que no lo haría... no iba a ir detrás de Sakuno.


Iba en el auto de su padre con el mismo, era tarde ya, su madre le había deseado buena suerte en el teatro donde habría un concierto de piano, debido a su acosador no había podido tocar en un auditorio cuando sabía que tenía talento y mucho, el auto se detuvo en un semáforo y ella recargo su cabeza en el asiento tomando aire - Lo siento papá, no quise gritarles - se sincero y su padre tan solo la abrazo en un gesto protector.

- No pasa nada, ambos lo entendemos cariño... es demasiado - el auto se coloco en marcha, pensaba contestar cuando un impacto resono en su cabeza, algo había chocado contra el auto en el que viajaba, el mismo dio varias vueltas y ella sintio un dolor en la frente, el auto quedo de lado, miro a su padre quien estaba desesperado, se le notaba en la mirada.

- C-Corre... S-Sakuno... - eso iba a hacer cuando sintio como la puerta se abría y alguien la sujetaba de la cintura, escucho algunos disparos más allá - ¡N-No, n-no... p-papá! - trataba de soltarse del agarre de este cuando algo se coloco sobre su boca, sintio poco a poco el sueño - ¡Sakuno! - el grito de su padre sonó aterrado y desesperado en su cabeza pero no escucho más porque la obscuridad la envolvio de inmediato.


Estaba segura de que sus ojos estaban abiertos pero no veía nada, algo estaba alrededor de los mismos, escucho pasos y algunos gritos - Veo que estas despierta así que es tiempo de quitarte la venda - alguien le hablo, mentiría si decía que no estaba asustada porque lo estaba y mucho, unas manos viajaron por su cuello hasta que escucho una tela cayendo, miro a un hombre que tenía un pasamontañas, eran listos.

- ¿Q-Qué quieren de mí? - su padre le había enseñado que aún en situaciones como esas debía mantenerse calmada - Yo no quiero nada de ti, alguien más si y lo verás dentro de nada - señalo este mientras se levantaba, sintio miedo de que la dejara allí pero fue todo lo contrario cuando este se coloco a su espalda para desatar los nudos de sus manos y sus pies, se alejo de ella y ella se mantuvo calmada, no podía hacer nada en esos momentos.

- Bien, mi trabajo termino - justo cuando acabo de decir eso la puerta se abrio por donde entro un hombre joven, quizo matarse porque era realmente "guapo", de cabello rubio y ojos lilas, la miraba con una sonrisa encantadora pero si ese era su acosador no era encantador, algo malo tenía que tener - Hola, vamos - le extendio la mano que ella dudo en tomar pero si quería salir con vida de ahí tenía que cumplir todo lo que este dijera.

Tomo la mano y este la ayudo a colocarse de pie, la miro directamente al rostro observando la vendoleta que tenía en la frente debido al golpe que había sufrido durante el choque de autos - Lo lamento, les dije que no quería que sufrieras algún daño... eres mi muñeca preferida y ahora estas lastimada - ¿muñeca?, no, ella no era una muñeca ni siquiera tenía la complexión de una, definitivamente estaba loco.

- ¿Q-Qué quieres de mí? - pregunto con voz suave y este la miro con calma mientras la tomaba de la cintura para acercarla a su cuerpo - Todo, quiero todo de ti Riuzaky Sakuno - dicho esto la solto de la cintura para tomarla de la muñeca y sacarla de allí, de pronto se vio en un pasillo con cuadros colgados en las paredes, este doblo el mismo y estaba en la sala de una casa donde apostaba que no había nadie, la jalo hacía las escaleras para comenzar a subir con ella.

- Tengo entendido que tienes trece años pero no los aparentas, no te estoy diciendo vieja pero pareces mayor y me gusta... eres mi muñeca preferida - señalo este doblando un pasillo para abrir una habitación, la hizo entrar y ella admiro la estancia, una sola cama, ¡Dios todo menos lo que estaba pensando!, miro una puerta que seguro llevaba al baño privado, un librero enorme, la habitación era enorme en pocas palabras.

- Puedes dormir un poco, preparare la comida y no pienses en irte... no podrás hacerlo - aseguro este saliendo de allí, corrio hacía la ventana abriendola y se quedo de piedra... - E-El m-mar... e-estoy en el mar - eso no podía ser posible, es decir, si había mar en Japón pero no cerca de donde residían, ¿cuánto tiempo había estado dormida?, ella sentía que como mínimo habían sido dos horas.

- No estamos en Japón... estamos en la isla Jeju... Corea - giro el cuerpo mirando al rubio que le sonreía desde la puerta para girarse y salir, ¿Corea?, no, era una mentira, tenía que ser una mentira, ella no podía estar en Corea, ¿cuánto había dormido?, si estaba donde decían que estaba lo más seguro era que la encontraran
con facilidad porque todo el mundo la estaría buscando así que solo tenía que esperar, todo iba a estar bien, todo tenía que estar bien.

Sin darse cuenta camino hacía la cama sentandose sobre la misma tratando de calmarse y de respirar tranquila, nada malo iba a suceder, sin darse cuenta se quedo dormida en esa cama, no podía pero tenía que mantenerse vida porque no iba a dejar que su vida terminara allí - B-Bunta... - solo podía pensar en él tanto que antes de dormirse había pronunciado su nombre.


Se desperto agitado cuando escucho gritos en la sala, salio de la cama colocandose las pantuflas para salir de su habitación, se detuvo en la linde las escaleras observando a sus padres y a los padres de Sakuno, la madre de la misma se veía destrozada por algo mientras que su esposo hablaba más allá por teléfono con alguien, su padre hacía lo mismo - ¡Me importan poco sus malditas condiciones, quiero que la encuentren! - grito aventando el celular hacía un lugar de la sala con verdadera furia.

- Tienes que mantener la calma - hablo la madre de la cobriza mirando a su padre quien la miro un poco más calmado - Se que quieres encontrarla cuanto antes, solo trato de ayudar - ¿encontrar a quién?, sin darse cuenta bajo unos escalones para que los adultos lo observaran con un semblante sombrío.

- Regresa a dormir Bunta - le señalo su padre mirando a la madre de la que una vez fue su amiga quien solo se sostenía el rostro con ambas manos - ¿Qué sucede? - pregunto bajando un poco más y su padre se giro con intenciones de medio matarlo - ¡Regresa a tu habitación, obedece por una vez! - le grito tomando de la mano a la señora que se levanto para comenzar a caminar con su padre quien le hizo una seña al padre de Sakuno para salir de la casa, tan solo se quedo allí, si hablaban de Sakuno es que de verdad era una reverenda estúpida para irse de su casa, ahora más que nunca la odiaba por comportarse como una niña pequeña, regreso a su habitación con rapidez estresado por la cobriza, de verdad que por cosas como esas la odiaba más que nunca.


Llevaba una semana en esa habitación, era como un calvario, no hablaba mucho con su captor porque este solo la admiraba, dio un hondo suspiro, no era un secuestro normal porque este no abusaba de ella ni siquiera intentaba obligarla a que le pusiera atención cuando estaban juntos, afuera hacía un clima excelente pero era obvio que él no la iba a dejar salir, él se encontraba sentado en el sillón de la habitación leyendo unas cosas y apuntando otras.

- ¿C-Cuántos años tienes? - pregunto llamando su atención, este alzo la mirada observandola con una sonrisa - Diecinueve - contesto volviendo a sus asuntos, se quedo de piedra, era mucho mayor que ella, no lo recordaba de ningún lado así que seguía sin entender donde sus caminos se habían cruzado, se mordio el labio para no preguntar esas cosas pues no quería hacerlo enojar.

- ¿P-Puedo s-salir a l-los a-alrededores del hotel? - pregunto cerrando los ojos, era obvio que le iba a decir que no pero este la miro directamente ladeando un poco la cabeza - No te lo iba a prohibir si pensabas... que te quede una cosa en claro, esto no es un secuestro normal, nadie te esta buscando creéme, si querías salir tan solo lo hubieras pedido... vamos - este se levanto tomando su celular y cartera, ella se levanto con cuidado de la cama para ver que no tenía ropa cómoda.

- Necesitas un bañador así que espera - le ordeno este saliendo de la habitación, ella se quedo quieta, escucho unos pasos y una mujer entro en la habitación - Un gusto conocerla Sakuno-sama, venga conmigo para darle algo de ropa para el tiempo que estara aquí - asintió con la cabeza para seguir a la mujer que ya se veía mayor, salio de la habitación, estaban en un complejo de casas de la isla Jeju pero las mismas formaban parte de un hotel.

Bajo unas escaleras y entonces lo vio, no sabía su nombre pero era su acosador y captor aunque aún desconocía las razones, este estaba hablando con una mujer pelirroja que la miro con una leve pizca de celos, fue jalada hacía una habitación por la señora para mirar muchos conjuntos de ropa en una enorme cama, claro que este le había dado ropa pero tan solo pijamas de seda, no más, usaba shorts de seda y blusones también.

- Por acá estan los trajes de baño - le señalo la señora y asintió, para sus trece años ya tenía busto, su madre decía que se había desarrollado demasiado, al final termino con un top de color lila y un pequeño short blanco, la señora ato su cabello en un moño, le daba un tanto de curiosidad saber porque trabajaba para alguien como su captor, ¿ellos sabían que estaba secuestrada?.

- Vamos, el señor espera por ti - la empujo con suavidad fuera de la habitación mientras ella regresaba dentro, busco con la mirada al rubio pero este no se encontraba, sintio un tirón en el hombro que la hizo voltear por completo y se encontro con la pelirroja que la miraba con odio en los ojos.

- Él se va a cansar de ti como con las otras muñecas y entonces terminaras en un cementerio, no entiendo que vio en ti, las otras como mínimo eran más grandes, más lindas, tenían más cuerpo pero tú no tienes nada, eres una... - el carraspeo de alguien llamo la atención de ambas o al menos la de la pelirroja porque ella tan solo tenía la vista baja - Catalina, vete de mi casa ahora y deja de molestar a mi linda muñeca - le siseo y esta tan solo bufo para salir de allí con prisas, ella dio un leve suspiro, de nueva cuenta pensaba en Marui, si él estuviera allí estaría segura.

- Vamos, el día esta hermoso - este la tomo de la mano sin esperar respuesta pero de pronto no quería ir por lo que se detuvo en la puerta negando con la cabeza - Q-Quiero d-dormir - se solto con prisas del agarre y regreso dentro, solo subio con prisas hacía su habitación, era muy suceptible a lo que le decían en parte por Marui, apostaba a que era por este, escucho pasos detrás de ella pero no les presto atención tan solo continuo con su camino hasta la habitación donde se subio a la cama cubriendose con una almohada el rostro.

- ¿Porqué no quieres ir? Eres mi muñeca debes ser fuerte... tienes que ser fuerte - le señalo este y entonces su paciencia se agoto, se levanto furiosa y le avento la
almohada - ¡¿Muñeca?! ¡No soy tu estúpida muñeca, tengo trece años, no me parezco absolutamente en nada a una... e-estas enfermo, eres un desquiciado que me secuestro sin conocerme, no sabes nada de mi, no soy tú muñeca, no quiero ser tú muñeca, ni siquiera se quien eres! ¡Dices que debo ser fuerte pero no puedo... eso solo demuestra que no sabes quien soy, no tienes idea de nada así que solo dejame irme de aquí, quiero regresar con mi familia, quiero mi vida de vuelta, no quiero estar más con un en... - no la dejo terminar al abofetearla con una fuerza tremenda provocando que cayera al suelo.

- No, no me vas a dejar, eres mi favorita, no te vas a ir, ¿quieres saber de mí?, ¡perfecto!, me llamo Ian McKenley, tengo diecinueve años, te conocí cuando estabas en un parque con tu familia y con un niño pelirrojo, me enamore de ti desde ese preciso momento, eres mi muñeca, ¿sabes porqué no vienen por ti?, porque les dije que si intentaban buscarte te mataría pero la novedad es que no pienso hacerlo, te amo Sakuno, te amo de verdad así que te vas a quedar aquí y justo ahora te convertiras en mía - el terror que sintio fue auténtico, quería llorar, que la dejara en paz, no quería nada con él.

Intento levantarse de la cama pero este la sujeto por la cadera para inmovilizarla, pataleo con fuerza tirando algunas cosas de la habitación, sintio un golpe en el abdomen que la dejo sin aire - ¡Te quedas quieta! - le gruño este empujandola a la cama para que dejara de moverse.

- ¡N-No... p-para... d-detente! - le suplico con miedo en la voz, este la sujeto del rostro para que dejara de moverse, las lágrimas salían de sus ojos deslizandose por sus mejillas y este se quedo quieto tirandose sobre ella, deslizo sus manos por sus caderas mientras se acomodaba sobre su cuerpo caliente - ¿Porqué no puedo hacerte daño? ¿Qué tienes que me hace inmune a mis instintos? ¿Quieres... irte? - asintió con la cabeza.

No entendía en absoluto al rubio, era algo que sin duda escapaba de su entendimiento, no sabía nada de él pero apostaba a que era una mala persona, este se levanto observandola, sus dedos se deslizaron por sus mejillas limpiando todo rastro de lágrimas - Bien, bien - junto sus labios con los de ella en un suave beso, ella se quedo quieta y él solo se mantuvo allí, no era un secuestro normal pero le daba auténtico pavor saber quien en verdad era el rubio.


Abrio poco a poco los ojos, no sabía donde estaban, todo era un tanto borroso - ¡Nena! - escucho la voz de su madre antes de sentir un abrazo efusivo, sus músculos dolían un poco y se sentía adormecida - ¿Dónde estoy? - pregunto y sus padres se miraron sonriendo - Te caíste hace dos semanas de las escaleras, estuviste en una especie de coma leve pero ahora estas bien - aseguro su padre y ella asintió con la cabeza tomando asiento en la cama del hospital, se sentía
calmada extrañamente.

- Tengo hambre - señalo y su padre sonrió asintiendo con la cabeza para salir de la habitación mientras su madre se quedaba con ella contandole unas cuantas cosas... su padre miro al médico que asentía desde afuera de la habitación - Deben sumistrarle esto cada noche antes de dormir - le entrego una caja con varias inyecciones listas para colocar, su padre se las entrego a uno de sus guardias que asintió para girar y caminar con dirección al auto.

- ¿Qué le dio? - pregunto el padre de Sakuno mirando al médico que observaba a la cobriza - Una solución controlada de propranocol y placebo, son betabloqueantes, bloquean los recuerdos y hacen desaparecer los sueños y las pesadillas, por el momento diganle que el corte en la cabeza fue producto de que se golpeo en la punta de la escalera, que las dos costillas rotas fueron producto de la caída al igual que el tobillo esguinzado, que la muñeca derecha igualmente, todo
estara bien mientras le administren las drogas - su padre asintió viendo que este se marchaba, era por el bien de Sakuno, no quería que recordara nada de lo que había sucedido en el tiempo que la habían secuestrado, se daban una idea de lo que ese maldito le había hecho a su pequeña y solo quería protegerla, no lo habían encontrado pero cuando lo hicieran iba a pagar por todo.


- Su vuelo esta abordando señor McKenley - asintió ante el anuncio de una azafata, sonrió, él no le había hecho nada a su Sakuno, tan solo heridas superficiales cuando jugaban en la piscina del hotel o al menos así lo había previsto, todo iba a estar bien ahora, volvería cuando ella tuviera diecinueve años y estaría por siempre con ella.

Su celular sonó y sonrió ante la llamada de su médico - Le he suministrado la droga, sus padres se han creído todo lo que les he dicho por lo que se la
suministraran diario, no te recordara, no tendrá ningún recuerdo tuyo - colgó con calma, estaba feliz de pronto porque su muñeca favorita estaría disponible para siempre en unos años, solo le quedaba esperar a que esta creciera para poder ser feliz con la misma, todo era cuestión de tiempo, su muñeca sería feliz a su lado cuando lo "conociera" de nueva cuenta.


Sakuno se mordio el labio de nueva cuenta cuando vio pasar a Marui de la mano de su novia Yura, mentiría si dijera que no le dolía, por supuesto que si y se sentía mal por ello, dio un hondo suspiro, le dolía donde le habían aplicado la inyección aunque solo era en los dedos pero estos le dolían en ocasiones, cerro su libro con calma, su primer año en preparatoria, él iba en segundo, no tenía amigos, nadie se le acercaba, ignoraba la razón pero no le molestaba demasiado.

Tomo su bolso mirando su reloj, el auto estaba a punto de llegar por ella, se levanto de su asiento para comenzar con su camino, su muñeca estaba aún vendada, el médico le había dicho que necesitaba que esta "soldara" mejor, avanzo unos pasos cuando sintio que alguien chocaba con ella provocando su caída al suelo, sintió un tirón en la muñeca que le dolio tanto que emitio un leve quejido.

- Ten más cuidado, golpeaste a mi novia - alzo la mirada al reconocer el tono de Marui, ella no había chocado con su novia, había sido al revés y él lo había visto - E-Ella fue la causante del accidente - señalo tratando de colocarse de pie pero sentía un dolor horrible en la muñeca aún - ¿Te pregunte? ¡Ten más cuidado la próxima vez estúpida! - le grito este mientras se alejaba con Yura.

Bajo la mirada mordiendose el labio, ¿porqué le afectaban tanto sus palabras?, ¿porqué tenía que amarlo como lo hacía?, se levanto tomando su bolso para comenzar a correr, empujo a alguien pero poco le importo solo continuo con su recorrido hasta el auto de su padre cuando choco con alguien, azlo la mirada observando a un hombre rubio de ojos lilas que la miraba con un poco de seriedad y al mismo tiempo con tranquilidad, este le sonrió con calma y ella le devolvio la sonrisa.

- L-Lo siento - se disculpo con una leve reverencia, este tan solo la miro con calma negando con la cabeza - No te preocupes - hizo una reverencia de nueva cuenta para continuar con su camino, no definitivamente no iba a volver aquel tiempo, aquel tiempo donde ella era feliz con Marui, definitivamente era difícil que esas épocas regresaran - Lo que no volvera... - murmuro mientras subía al auto, pronto empezaría la universidad o al menos Marui, todo era cuestión de tiempo para que pasara lo que tuviera que pasar.


N/a

Lamento la tardanza pero he vuelto.

Gracias por leer.

Espero les haya gustado.

Gracias por los reviews.