— ANTI-PASIÓN —
¡Mi Hermano Es Un Peligro!
Era viernes por la mañana, un hecho que se notaba en cada esquina del autobús escolar, lleno de bullicio.
Dimmsdale había entrado en Diciembre y las vacaciones de Navidad estaban por llegar. Los adolescentes normales y corrientes estaban que tiraban cohetes. Pronto el instituto iba a terminar, pena que por poco tiempo, pero no pensaban en esa parte mala, no todavía.
En fin, que todo el mundo estaba ocupado y nadie se fijó en los gemelos Turner y que uno llevaba una mochila rosa y el otro verde. Ni tan siquiera se fijaron en que dichas mochilas tenían ojos y boca y podían hablar.
Tampoco nadie quería ver a la bicho raro de gafas y cabello negro sentada tras ellos. La cuál si que los miraba de vez en cuando, pero ellos ni enterados. Estaban demasiado ocupados viendo la nieve caer. Timmy pensaba que era hermoso, pero como lo veía todos lo años no quería ponerse en evidencia. Nega-Timmy solo pensaba que había tenido suerte. Cualquiera podía resbalarse y causar un buen estropicio.
Mientras, la joven Tootie esta vez no apartaba la mirada de ellos. Eran tan lindos, los quería tanto. Pero sabía que no era correcto. ¡Solo se puedes amar a una persona! Pero no podía decidir cual de los dos era el mejor para ella.
Teniendo en cuenta que el otro sería su cuñado, debía hacer una buena elección... Eso si llegaba a tener la gran suerte de que uno se fijara en ella, claro. De verdad se sentiría muy feliz.
La joven agarró más fuerte el lápiz que tenía entre las manos. ¿Cuanto había escrito sobre ellos en su diario con ese lápiz? ¿Cuánto los había dibujado? Sobre los extraordinarios gemelos que hasta compartían nombre y que le habían robado el corazón.
Hoy intentaría de nuevo hablar con ellos, cuanto antes.
El autobús llegó a destino. Al salir Timothy, que llevaba la "mochila" verde, fue el primero en bajar de un salto y tenderle una mano a su hermano. Ojos azules lo miraron extrañados.
— Está resbaladizo —explicó.
Timmy aun tuvo que pensarlo un poco. ¿Darle la mano y arriesgarse a sentir de nuevo esa extraña no tan extraña conexión? o ¿saltar y arriesgarse a caer de boca?
Estaba por hacer lo segundo cuando Timothy perdió la paciencia y le tomó la mano. Mecánicamente Timmy la apretó y saltó al suelo nevado.
— Menos mal, chico —Nega-Timmy rió—. Un poco más y habríamos parecido gays.
En consecuencia a sus palabras, el "mayor" se sonrojó ligeramente, se deshizo del agarre del vampiro y continuó con Wanda a la entrada de la institución sin decir palabra. Detrás de él, Timothy le veía sin entender.
— ¿Siempre suele ser así de raro? —le preguntó a Cosmo.
— ¡Mi mamá decía que había mucho de raro en mi! —le contestó el hado en su propio mundo.
El gemelo "menor" rodó los ojos y después aceleró el paso hasta encontrarse con Timmy en la entrada.
— Se supone que eres un vampiro —el chico vestido de risa cortó el silencio entre ambos mientras caminaban por los pasillos— ¿no deberías estar quemandote al sol?
Su contra parte rió tanto que todos con un poco de sentido común se alejaron unos pasos de él.
— No es que hoy sea un día de playa precisamente —le contestó por fin otorgándole una sonrisa sincera donde sus colmillos eran protagonistas. Timmy sintió su estomago retorcerse mientras sus mejillas volvían a tornarse en su color favorito, y no por el frío—. ¡Oh, vamos, hermano! Tú mejor que nadie deberías saber que yo no soy un vampiro corriente.
Tenía razón. Nega-Timmy no era débil ante los rayos del sol, las estacas en su corazón podían ser arrancadas fácilmente y su herida sanaría con nada de tiempo. Los ajos simplemente le daban asco. ¿Para él era imposible entrar en casa ajena sin permiso o en una iglesia? ¡Ja, por favor! No debía, pero podía. Claro que podía.
Él era la versión en vida de lo que Timmy creía más malvado que cualquier otra cosa a los diez años (aparte de Vicky): un vampiro sin puntos débiles.
Todos los sentidos de supervivencia del chico con dientes de castor le gritaban a la vez que había cometido un gran error al pedir un gemelo. Pero una voz dentro de si mismo los calló a todos a la vez.
"Él no me hará daño, no a mi" —pensaba y estaba muy convencido de ello.
Iba a decir eso mismo en voz alta, pero por suerte o por desgracia una voz femenina bastante chillona le interrumpió.
— ¡TIMMY! ¡NEGA-TIMMY!
Los nombrados dieron la vuelta para encontrarse de frente con una joven friki de cabello negro recogido en una coleta y extravagantes gafas corriendo hacía ellos.
— ¡Tootie! —no pudo evitar gritar Timmy horrorizado. Agarró el brazo de su hermano dispuesto a llevárselo lejos de esa acosadora— ¡Tenemos que huir!
Pero Nega-Timmy clavó los talones de sus pies en el suelo, negándose a moverse. Timmy lo miró entre extrañado y asustado.
— Está controlado —le aseguró su contraparte mientras se soltaba de su agarre y le daba un corto abrazo, lo que dejó al chico sin palabras para rebatir a su parte malvada mientras éste se acercaba a la joven.
Como y Wanda tomaron su forma original para no perderse nada, quedándose a una prudente distancia al lado de Timmy.
El vampiro le dedicó una sonrisa sardónica a la joven, lo que le hizo que está se quedara quieta a su lado con sus ojos habiéndose transformado en corazones.
— ¡H-hola, Nega-Timmy!
No podía creer que el malo de los gemelos se hubiera acercado a ella.
— ¡Tootie! ¿De verdad eres tú? —él fingió completa sorpresa mientras sonreía de medio lado— Jamás te habría reconocido si no fuera por esa voz tan linda. ¡Estás hermosa!
La joven se sonrojó fuertemente mientras que Timmy abría la boca hasta el suelo. ¡¿Qué se creía su contra parte que estaba haciendo?!
— ¿Está tirándole los trastos? —no pudo evitar preguntarle a sus padrinos.
sin darse cuenta un tinte de celos se notaba en su voz.
— ¿Trastos? ¡Yo fui campeón mundial de tirarle trastos a las chicas! —exclamó Cosmo.
Un montón de trastos inservibles rodearon al hado verde, quien ni corto ni perezoso comenzó a lanzarlos a la cabeza de su esposa.
Wanda los interceptó todos con su varita y los hizo desaparecer.
— Sinceramente —contestó el hada rosa como si nada—, lo dudo mucho.
Mientras, incosciente de la situación, Timothy seguía moviendo los hilos.
— ¿Lo dices de verdad? —Tootie se estaba derritiendo más rápido que un helado al sol.
— Sí —el vampiro se acercó más a la cara de la joven— ¿y sabes que más es verdad? Que soy muy, muy, muy sobre protector. Por lo que sería una auténtica pena que me viera obligado a partir esa hermosa cara con mi puño porque alguien está obsesionada con acercarse a mi hermano más de la cuenta. ¿Lo has entendido? —insistió con una voz melosa que contrastaba con lo que decía.
—Cr-creo que sí —contestó la joven, esta vez un tanto asustada pero aun embobada con la cercanía del guapo joven.
— Bien —contestó y la besó en la mejilla para hacer que ella se olvidara de la amenaza—. No lo olvides.
Detrás de él, Tootie se desmayó rodeada de corazones flotantes.
— Te dije que estaba controlado —le aseguró a Timmy mientras lo arrastraba a la primera clase.
Porque, sinceramente, el gemelo "mayor" se había quedado helado y Wanda estaba comenzando a arrepentirse de apoyar la idea de su marido.
— Timmy —susurró en el oído del nombrado—, ¿no crees que el deseo se está llendo de las manos? Deberías deshacerlo.
El joven pareció volver a la realidad.
— ¿Qué dices? ¡No! Gracias a él me he librado de Tootie.
Wanda comenzó a ponerse nerviosa. Miró a su marido como pidiendo ayuda, pero este ya no estaba. Volvió a transformarse en la mochila de Timothy.
— Esto está mal, muy mal —susurró para si misma.
Mientras, imperceptiblemente, Nega-Timmy dibujó una sonrisa macabra en su rostro.
Aparte de que todas las personas con cabeza quieran alejarse de ti, lo malo de ser un alumno nuevo que llega tras pasarse siete años en la cárcel, sobretodo gracias al efecto de la magia, es que nadie se espera tu aparición.
Por eso esa mañana los gemelos Turner tuvieron que compartir pupitre y silla. Era algo, obviamente, incómodo... o se supone que tendría que serlo, sin embargo nadie advirtió a Timmy de la tibia y relajante onda de calor que invadió su cuerpo ante el contacto constante con su yo malvado. A primeras horas ya estaba cabeceando. Durante unos segundos usaba el hombro de su hermano como almohada, cuando Timothy notaba que se estaba quedando dormido o que el profesor de turno miraba hacía ellos lo zarandeaba hasta que volvía a despejarse por unos segundos. Suerte la de estar sentados en última fila.
No fue hasta que sonó el timbre de la última hora que alguien se atrevió a hablarles. Ese fue A.J, sentado en primera fila como estudiante prodigio que era, se levantó y caminó hacía ellos.
— ¡Hey, Timmy y hermano! —les llamó la atención— Mis padres me compraron el último Street Zombie War en 4D por mis buenas notas. ¿Vienen está tarde a jugarlo a mi casa con Cheester y conmigo?
Al joven amante del color rosa le brillaron los ojos casi al instante. Su contra parte solo fruncio un poco los labios en cierta molestia que trató ocultar, decidiendo no dar respuesta.
Conocía a ese joven de piel morena, era amigo de su hermano, por lo cual que decidiera su hermano.
— ¡¿El Street Zombie War en 4D?! —Timmy estaba que no se lo creía— ¡Por supuesto iremos!
Pero fue justo en el momento en el que respondió en plural que se dio cuenta de que no podía decidir eso solo. Miró a su nuevo gemelo casi de refilón.
— Es decir, si tú quieres, claro —añadió en un tono de voz que equivalía a lo mismo que tirarse al suelo ante él y suplicar "¡por fa, por fa, por fa!" hasta perder el aliento.
Timothy se echó a Cosmo-mochila a la espalda antes de responder. Perfectamente podría haber contestado "me da igual", pero no era así. De hecho, le parecía completamente estúpido que toda esa tecnología se usará para perder el tiempo en un maldito pasatiempo sin sentido. Pero ¿realmente tenía opción? Jorgen se lo dijo. No podía estar en un lugar diferente al de Como y Wanda y por supuesto ellos no van a dejar atrás a su tan amado Timmy.
— Así que, ¿zombies? No niego que matar sea un pasatiempo divertido —terminó comentando como si nada—. Pero tener que liquidar a gente que ya estaba muerta lo considero, como mínimo, irritante. Sobretodo si no son reales.
A.J se quedó a cuadros, Timmy comenzó a sudar la gota gorda.
— Con que... ¿eso es un no, err...?
— Timothy —le terminó dando su nombre, pues él le estaba dando bastante pena—. Y para mi si es un no, pero mi hermano quiere jugar y yo no puedo separarme de él. Así que es estúpido preguntarme.
Timmy comenzó a jugar con sus manos y miraba al suelo avergonzado. En su odio escuchó como Wanda le susurraba "¿ves? Te lo dije".
— Tío, ¿pero se puede saber de dónde saliste? —cuestionó A.J saliendo del aula.
— De la cárcel del mismo infierno, trate de hundir una isla que no valía para nada. Hay gente que no tiene sentido del humor.
— A.J, eso no es... —comenzó a decir Timmy, asustado por todo lo que su contraparte malvada le estaba contando.
Sin embargo, para su sorpresa, el chico sobresaliente comenzó a reír como foca.
— ¡Tío, realmente tienes gracia! —comentó secandose las lágrimas de la risa— ¿Donde lo tenías escondido, Timmy? Me encantará recibirte en mi casa, Timothy. ¡Ah, y lleva ese disfraz de vampiro! A Cheester le van a encantar tus ojos rojos. ¡Si hasta parecen reales! Pero no lo son, claro, porque eso es una imposibilidad biológica —de nuevo el chico sacaba a relucir su extrema inteligencia— En fin, ¡nos vemos en la tarde!
Y sin más se fue. Hermanos y padrinos, los cuatro, se quedaron solos por los pasillos. Nega-Timmy no tardó en poner una mueca de desagrado.
— ¿Qué mis ojos no son reales? ¡Ese desgraciado! ¿Qué clase de problema tiene tu amigo?
Timmy abrió la boca para contestar, pero Wanda fue más rápida que él.
— ¡El problema lo tienes tú! —exclamó el hada madrina, en la espalda de Timmy.
— ¡Wanda! —exclamó el chico de dientes de castor, horrorizado.
— ¡Calla, Timmy! Se merece una buena reprimenda —aseguró, sin embargo el vampiro no se veía muy afectado por eso—. ¡No puedes hablarle a chicos sin padrinos mágicos sobre Mundo Mágico! ¡Mucho menos del Anti-Mundo! No lo entenderían. ¡Y de entenderlo nos habrías metido en un buen lío! Tenemos suerte de que Crocker no esté rondando, porque de haberte escuchado...
— ¡Reinaria el caos! ¡Todos pedirían deseos sin parar! ¡Los hados no darían a basto y al final morirían por cansancio y todos lloraríamos mucho y bla, bla, bla! —interrumpió el joven vampiro burlándose del que sería un grave problema. Wanda calló, limitándose a mirarle con enfado— Para sermones ya me bastaba con el finolis ingles de Anti-Cosmo como para que ahora sigas tú, rosita.
— ¡Rosita! —estalló Wanda— ¡Un poco más de respeto, niño! ¿Con quién piensas que hablas? Si no fuese por mi, tú seguirias encerrado en el Anti-Mundo. Si piensas que yo soy tan estúpida como lo es Anti-Wanda estás muy equivocado.
— Esto, chicos... —trató de pararlos Timmy.
— ¡Eh! ¡Mucho cuidado con lo que dices de mi madrina! —se cabreó el joven vampiro.
— ¡Chicos!
— Solo digo lo que todos saben: que es más tonta que una mula.
— ¡Cosmo, diles algo!
— ¡Bambú! —exclamó el hado padrino, diciendo algo.
Por lo feliz que estaba se notaba que se encontraba en Narnia y no se daba cuenta de la situación.
— ¿Alguna vez te fijaste en tu marido? No es precisamente un premio Novel.
— ¡PARAD DE UNA MALDITA VEZ, JODER!
Timmy ya perdió la paciencia. Tanto Wanda como Nega-Timmy callaron, profundamente sorprendidos por las palabras soeces del chico vestido de rosa.
— No me miréis así, vosotros lo buscasteis —comentó ya mucho más calmado—. Ahora que tengo vuestra atención... perdimos el autobús.
Señaló a la parada escolar, vacía. Sin embargo, se avecinaban problemas mayores que la posibilidad de llegar tarde a casa.
— ¿Pero mira qué tenemos aquí? —exclamó la horrenda voz de Francis— Pirado Turner se consiguió un doble, como si no fuera suficiente con uno solo.
El joven nombrado fue víctima de un escalofrío mientras se daba la vuelta para encarar al armario vestido de negro que era Francis.
— H-h-hola, ¿qué tal, Francis?
— Pues ahora que lo preguntas, Turner, me olvide los guantes en mi casa. ¡Que despistado soy, con el frío que hace! —entonces, repentinamente, tomó al joven más bajo del abrigo y con solo un brazo lo levantó en el aire sin problemas, mientras que le amenazaba con el otro— Supongo que no te importara que me caliente los puños con tu cara, ¿verdad?
El chico instintivamente cerró los ojos, esperando el golpe.
— Va a ser mejor que dejes a mi hermano de nuevo donde estaba a la de ya —interrumpió Timothy, su voz peligrosamente monótona—. Mejor para ti, claro, no para mi. A mi me encanta partirle la cara a idiotas como tú.
¡Oh, claro! Se había asustado tanto que se había olvidado por un momento de la razón de la presencia de Nega-Timmy.
Francis se quedó mirando al gemelo vestido de negro como quien mira una mosca especialmente molesta.
— ¿Hermano? —preguntó, después se echó a reir, con Timmy aún elevado en el aire— No me jodas, mocoso, si eres tan palillo como este esperpento. ¿Qué piensas que puedes hacer contra mi?
— Dije: dejale donde estaba —su voz monocorde se volvió gutural. Su ceño se frunció, sus colmillos se agrandarón tres centímetros y sus ojos rojos brillaron con peligrosidad.
— ¿Pero qué co...? —susurró el matón realmente sorprendido por eso. Pero luego volvió a reírse como el retrasado que era— Bonitos efectos especiales, palillo, pero conmigo no te sirven. ¡Que coño! —exclamó de repente, animado, dejando a Timmy en el suelo y haciéndose sonar los nudillos, para amenazar— Por una vez voy a cambiar de juguete. Veamos si las cortadas te quedan tan bien como a tu hermano.
Timothy no esperó más, con su rapidez sobrenatural se abalanzó sobre Francis, quien siendo mucho más alto que él, se calló directo al suelo nevado por el peso del "palillo". Sin darle tiempo a recuperarse de la sorpresa, el vampiro le presionó la nuca contra el suelo, no lo suficientemente como para fracturarle el cuello, sería aburrido matarle ahora, y seguidamente la cabeza para obligarle a tragar nieve.
Lo mantuvo así por unos treinta segundos, hasta que lo jaló del pelo sucio y subió su cabeza de manera brusca para su cuello dañado. Francis no tardo en escupir la nieve de su boca.
— Dios, tío, ¡para ya! —suplicó el matón.
Tan asustado estaba ya, que a la nariz del vampiro llegó el mal olor de la orina.
— Tks. Debilucho de poca monta. Me das asco.
Sin esfuerzo lo arrastró hasta el borde de la acera. Timmy y los padrinos lo contemplaban todo en estado de shock.
— ¿Qué mierda vas a hacer tío? —Francis trató que no se notase en temblor en su voz.
Timothy sonrió de manera puramente macabra que le heló la sangre al más grande.
— Cuando dije que me encantaba partirle la cara a idiotas como tú, lo decía en sentido literal. Además —acercó sus colmillos al cuello del otro chico—, tengo sed.
Y sin más estampó el rostro de Francis contra la acera. La sangre no tardó en brotar, manchando la nieve.
