La razón de mi delirio
Narrador Bokuto
Después de analizar la situación, decidí empezar el plan de acción "Conquistando al búho más hermoso de todos, primera parte", (abreviado CBMHT1) el lunes por la mañana, básicamente por 3 razones:
1) No iba a ver a Akaashi durante todo el fin de semana, puesto que solo hay entrenamiento los sábados en la mañana y ayer perdí esa oportunidad.
2) Debía leerme por completo el manual del amor que Kuroo me entregó, esto es más que nada una verdadera montaña de revistas de citas, mangas shojo y mangas yaoi.
3) ¡Definitivamente tenía que hacer una jornada de retiro para que mi mente y mi cuerpo pudieran concordar en algo! y es que no importa lo mucho que piense hacer algo de determinada forma, cuando se trata de Akaashi mi cuerpo siempre termina moviéndose a su voluntad.
Cerebro, cuerpo, sé que ambos probablemente no se lleven bien, pero ha llegado el momento de tener que colaborar y de poder vivir en paz y armonía.
O esos eran mis planes pero supongo que la idea de una tregua no les gustó mucho puesto que hoy no tuve más remedio que quedarme tumbado en mi cama todo el día a raíz de un resfriado.
Una parte de mi me decía que fue porque la noche del viernes me quedé tan sumido en mis pensamientos que me quedé dormido encima de la mesita de mi habitación y Kuroo fue tan buen amigo como para no despertarme y acomodarse en mi cama, de la que en la mañana me costó un mundo sacarlo, razón por la que terminé llegando tarde, pero eso es otra historia.
Sin embargo, estaba seguro que la verdadera causa de mi malestar era la guerra entre el bando de mi mente y el bando de mi cuerpo que nunca logran estar de acuerdo.
-Kotarou, ¿que tal estás?- Mi mamá me sacó de mis análisis profundos para cambiar la toalla de mi frente por una más fría.
-Ya mejor mamá, muchas gracias. No te preocupes por mi y ve a trabajar, hoy día tienes turno también ¿cierto?.- Ella pareció poner cara de duda.
-Bueno...si, pero en realidad pensaba faltar hoy, después de todo es muy extraño que tú te enfermes. Hasta entonces había pensado que el dicho "los idiotas no se enferman" calzaba muy bien contigo.
-¡Mamá!
-jajajaja es broma, hijo.- Se acercó a darme un beso en la frente- Bien, entonces yo me iré a trabajar, probablemente llegue junto a tu padre en la noche, hasta entonces te cuidas mucho ¿de acuerdo, Kotarou?, no te levantes, ni comas comida chatarra...
-Si, si, ya lo sé. Que tengas un buen día en el trabajo.
Ella sonrió afectuosamente y se marchó.
Una vez que escuché el sonido de la puerta de entrada cerrarse me sentí inesperadamente solitario. Probablemente sea a causa de la fiebre puesto que no es diferente a lo de siempre, mis padres debido a sus trabajos están la mayoría del tiempo ocupados y, en consecuencia, estoy casi todo el día solo en la casa.
Doy un suspiro.
De alguna manera me gustaría que Akaashi estuviera conmigo, él siempre sabe qué hacer cuando me siento triste y, además, estoy seguro que con solo verlo ya me sentiría al menos un 99% curado.
Casi como si tuviera poderes sobrenaturales, el timbre sonó.
Mi mente me decía que no debía ilusionarme, que lo más probable es que sea el cartero, algún vendedor o, incluso, mi mamá que tal vez se haya olvidado de algo, pero como siempre, mi cuerpo se había dedicado a apartar todo eso y llegar, antes de que tocaran por segunda vez, al frente de la puerta.
En ese instante no importó la fiebre, el pijama de búhos que llevaba puesto o la desastrosa cara de enfermo que probablemente tenía, abrí la puerta con toda la emoción que contenía...para ser decepcionado con la cara del vendedor de periódicos.
-Siento molestarlo, señor- Se excusó un jovencito que a juzgar por su nerviosismo probablemente estaba recién empezando a trabajar. Eso ablandó un poco mi corazón que estaba reponiéndose de no haber visto a la persona que deseaba ver en estos momentos, pero no lo suficiente.
-Lo siento mucho, pero por el momento no estoy interesado.- Y cerré la puerta, lo más probable es que haya sonado frío, sin embargo no pude evitarlo, tenía un dolor de cabeza horrible y en mi mente no había nada más que: Akaashi, Akaashi y Akaashi.
Mientras subía las escaleras organizaba mi día en torno a leer todos los mangas románticos que mi bro me entregó, en la compañía de un gran paquete de papitas con sabor a Yakiniku que Kuroo me compró a regañadientes en señal de compensación por hacerme llegar tarde ayer.
Pero antes de poder llegar a mi habitación, el timbre sonó nuevamente.
De seguro sea el mismo joven insistiendo en la venta del periódico, así que lo ignoré y seguí subiendo, para ser interrumpido otra vez por el mismo sonido.
¡Ah! ¡¿Qué no pueden tener más consideración con una persona que lo único que quiere es descansar mientras instruye su mente con mangas shojo y yaoi?!
Bajé refunfuñando la escalera y dando fuertes pisotones.
Abrí en su totalidad la puerta y empecé con mis reclamos sin siquiera ver de quién se trataba.
-¡Ya te dije que no quiero el maldito periódico ¡Vete de una ve...-Las palabras se frenaron completamente al ver el rostro confundido de el personaje principal de mi plan CB...¿T?...¿4?...¡Ah! ¡No importa!
-A-A-Akaashi, ¿q-qué estás haciendo aquí?
Narrador Akaashi
Nunca me he considerado como una persona impulsiva, desde pequeño es que siempre he procurado pensar antes de actuar con el fin de no generar problemas innecesarios a mis padres. Sin embargo, el dicho "nunca digas nunca" es el que mejor me representa en estos momentos.
Después de que ya no soportara más la ignorancia sobre mis propias acciones recurrí al médico de la familia en busca de una solución a mis males, solo para terminar aún más confundido que al principio.
•••
-¿A qué se refiere con que no tengo nada?
-Pues justamente a eso, la revisión y los exámenes arrojaron que estás completamente sano y que no tienes nada de lo que preocuparte.- El doctor me regaló una sonrisa tranquilizadora que no tuvo el efecto deseado.
-Pero es que eso no puede ser, ¿entonces por qué yo...- El hombre me miró confundido- No, no es nada. Muchas gracias por su tiempo.
•••
Tras eso simplemente me dediqué a vagar sin un lugar fijo al que ir.
Es que simplemente no lo entiendo, si no es a causa de una enfermedad entonces ¿por qué mi corazón late como loco cuando estoy con Bokuto-san?
¿Por qué no puedo evitar seguirlo con la mirada?
¿Por qué me duele tanto imaginarlo junto a Kuroo-san?
¿Por qué no puedo parar de pensar en él?
Cómo conducido por mis propios pensamientos me di cuenta que había llegado a las cercanías de la casa de Bokuto-san.
Me reprendí a mi mismo por no prestar atención a lo que hacía y cuando me estaba volviendo por el camino por donde había llegado, me detuvo una voz que ya había escuchado antes en otras circunstancias.
-¡Oh! Akaashi-kun, ¿qué te trae por aquí?- Se trataba de la madre de Bokuto-san. No importa cuánto la miraba siempre le encontraba un gran parecido con su hijo, los mismos ojos ámbar y aquella personalidad tan alegre y acogedora. En contraste con su esposo que era tanto más serio pero con el mismo sentimiento amable que al parecer transmitía toda la familia Bokuto, la cual había tenía el privilegio de conocer en las tantas visitas que había hecho a su hijo para ayudarlo a estudiar.
-Buenas tardes Señora Bokuto, no se tiene que preocupar por mí, vine a visitar a cierta persona por acá cerca pero ya voy de vuelta.- Dije inclinándome levemente en señal de saludo y sonriendo cordialmente.
-Oh, es una lástima, pensé que habías venido a ver a Kotarou, hoy no se encontraba muy bien.-Dijo con semblante triste.
De algún modo me asustó.
-¿Le pasó algo a Bokuto-san?- Dije tratando de ocultar la preocupación en mi voz pero al parecer no funcionó.
-Oh, no es nada grave, sólo es un resfriado.
-¿Un...resfriado?- dije gratamente sorprendido, la frase "los idiotas no se enferman" vino inmediatamente a mi mente.
-Si, ¿a qué es extraño?, después de todo Kotarou no es de los que se enferman muy seguido y es debido a eso también que me da algo de tristeza dejarlo solo...-Noté como cambiaba su semblante triste a uno de ilusión, me recordaba a Bokuto-san cuando por fin descubre como hacer un problema de matemáticas.
Tomó mis manos con una gran sonrisa.
-Akaashi-kun, ¿Puedo pedirte un favor?
Y aquí me hallo, siendo convencido como siempre por los ojos de cachorro de la familia Bokuto y aguardando en frente de la casa a la causa de mi insomnio y mis delirios de los últimos días.
Iba tan perdido en mi nerviosismo que por poco y choco con el vendedor de periódicos que estaba saliendo.
Tras disculparme con él, tomé una gran bocanada de aire y toqué el timbre.
Ya sea para bien o para mal no hubo respuesta.
Dos pensamientos cruzaron mi mente; el primero que probablemente se haya quedado dormido y era mejor dejarlo descansar, más tarde se excusaría con la señora Bokuto por no cumplir el compromiso.
Pero el segundo pensamiento me detuvo, ¿y si de desmayó por la fiebre? ¿O tal vez se cayó de la escalera al querer abrir la puerta? ¿Y si se le cayó algo en la cabeza al intentar sacar las galletas de la despensa de su madre? ¿O también...
Ya muy preocupado con todas esas imágenes en la mente volví a tocar el timbre.
Escuché fuertes pisadas acercándose a abrir la puerta y di un respingo al ser recibido por fuertes quejas sobre algo de un periódico.
Bokuto-san parecía tan desconcertado como yo al verme en el umbral de su puerta.
-A-A-Akaashi, ¿q-qué estás haciendo aquí?
"Ojalá lo supiera" me respondí a mi mismo.
