Fiebre de amor


Narrador Bokuto

-Su madre me pidió que lo viniera a cuidar mientras ella trabaja...¿Bokuto-san?¿Bokuto-san, está ahí?

Ah...ahí está, esa hermosa y cálida voz que tanto me gusta.

Puedo ver como se acerca y mueve tranquilamente su mano frente a mi cara, pero no puedo pronunciar palabra alguna.

Realmente está aquí, en mi casa, como si mis pensamientos lo hubieran traído en mi nombre...¡Espera!

Fue ahí cuando recordé que:

1) Debía tener una cara horrible

2) ¡Llevaba puesto mi pijama de búhos!

Solté un pequeño gritito y cerré la puerta.

¡Oh dios! ¿Qué hago? ¿Que hago? Aún no termino de leer los manuales del amor de Kuroo pero estoy 120% seguro de que ahí no estaba presentarte al chico que te gusta con un nada sexy pijama de búhos y, por si fuera poco, cerrarle la puerta en la cara.

-¿Bokuto-san, está bien?- Más que enojada su voz sonaba tranquila.

Oh Akaashi, ¿por qué eres tan bueno?, mis ojos brillaban conmovidos. Pero, aún así no abriría la puerta, no podía dejar que Akaashi, más que nadie, me viera de esta forma tan demacrada.

-N-No hay nadie.

-Bokuto-san, lo acabo de ver en la puerta.

-E-ese no era yo, e-era...mmm...¡el espíritu guardián de la casa que es idéntico a mi!

Escuché un suspiro exasperado del otro lado de la puerta, y luego, silencio.

Me pareció como si algo se hubiera apoyado en la puerta.

-Bokuto-san, entiendo que esté molesto conmigo pero...- Espera, ¿molesto yo? ¿Con Akaashi? ¿Por qué lo estaría?, me dije a mi mismo.

Antes de que pudiera replicarle algo Akaashi siguió hablando.

-Lo siento...supongo que, a fin de cuentas, no debí haber venido...lo siento mucho, espero se mejore Boku-

Pero antes de que terminara ya había abierto la puerta, ¿qué más da un pijama de búhos cuando mi búho favorito la está pasando mal?.

-Akaashi, yo no-

Sin embargo, no había pronosticado que mi kouhai estuviera apoyado en la puerta y, antes de que cualquiera de los dos alcanzara a hacer algo, ya habíamos caído uno encima del otro en la entrada de mi casa.

-Ay, ay eso dolió.

-Bokuto-san debió haberme avisado que abriría...

Cuando abrí los ojos sentí como ya no entraba oxígeno a mis pulmones.

Akaashi se encontraba encima mío, la polera que llevaba era holgada por lo que se podía ver gran parte de su piel bajo ella.

Al levantar la vista pude ver sus hermosos ojos con ese color tan único justo frente a mi cara, estaba tan cerca que casi podía percibir su respiración.

Involuntariamente mi mirada se desvió a sus labios.

-¿Bokuto-san, se encuentra bien?- Noté que hizo ademán de levantarse, pero lo detuve antes de que lo lograra.

Simplemente no quería que se apartara.

Él me miraba con extrañeza pero no se apartó.

Mis ojos seguían fijos en esos labios que parecían tan cálidos y suaves, y me fui acercando levemente.

Cuando estaba ya por rozar sus labios la imagen se fue difuminando.

Alcancé a escuchar a Akaashi llamándome antes de que todo se fuera a negro.

•••

Abrí los ojos y me encontré con la sala de clases vacía.

Me regañé a mi mismo porque probablemente me había quedado dormido de nuevo en la clase de matemáticas y como castigo nadie había querido despertarme.

Es el colmo, yo soy Bokuto Kotarou aquel que se convertirá en uno de los mejores jugadores que podría llegar a tener el Fukurodani.

Ya verán cuando me entrevisten y esas cosas, no los nombraré a ninguno de ellos.

Me comencé a restregar el cabello exasperado.

¡Definitivamente haré que se den cuenta de lo realmente bueno que soy!

Y con ese pensamiento en mente fui corriendo al gimnasio a entrenar aunque sea un poco.

Un ruido de balón me detuvo, después de todo ese día no había práctica debido a los exámenes que se avecinaban.

Debe tratarse de una persona muy entusiasta, me dije con una sonrisa y me asomé silenciosamente a la entrada del gimnasio.

Esa fue la segunda vez...

La segunda vez que tuve esos extraños síntomas.

Recuerdo que el verlo ahí entrenando pases usando botellas con ya bastante sudor encima, hizo que mi corazón diera un vuelco y mis mejillas se colorearan rojas ante la hermosa escena que tenía ante mis ojos.

-¡Hey, hey, hey, chico de primero! ¡Dame pases!- entré energéticamente al gimnasio lo que hizo que el joven de ojos que, ahora que lo veo bien tienen un color bastante particular, diera un respingo.

-Usted es Bokuto Kotarou-san ¿verdad?

-¡Wow! ¡Eres increíble! ¡¿Llevas sólo unos días en el equipo y ya te sabes los nombres!?- Dije moviendo ampliamente mis brazos para recalcar la sorpresa.

-Bueno...siempre he tenido una buena memoria...además, era difícil no aprenderse su nombre siendo que el entrenador lo estuvo nombrando casi todo el primer día de entrenamiento.

-¡Ha! Ya sé que soy increíble- Dije hinchando mi pecho con aire de suficiencia.

-Aunque el 90% de las veces fuera para callarlo...

Todo el aire de mi pecho se fue.

-¡Akaasheee!- Él mostró una cara extrañada.

-Ese...

-¿Qué pasa?

-No, bueno...realmente no está bien dicho pero...¿cómo sabe mi nombre?

-Pues, yo no puedo decir que tenga muy buena memoria, pero cuando se trata de personas que me llaman la atención no puedo evitar memorizar sus nombres. -Dije rascándome la nuca un poco avergonzado.

Él pareció bastante perplejo pero luego levantó la comisura de los labios levemente (¡espera! ¿Es eso una sonrisa?).

Antes de que pudiera agregar algo más Akaashi se había alejado para ponerse en posición junto a la red.

-¿A qué espera Bokuto-san? Me pidió que le hiciera algunos pases ¿cierto?

Mi sonrisa fue de las más grandes que tuve en todo ese día.

-¡Hey, Hey, hey! ¡Hazme un buen pase, Akaashi!- le dije mientras iba corriendo hacía la red y golpeaba un pase que con el tiempo se convertiría en mi favorito.

•••

-...kuto-san...¿Bokuto-san?...¡Bokuto-san!

Abrí mis ojos sobresaltado.

Me encontraba acostado en la cama de mi habitación con unos paños fríos en la frente. Akaashi me miraba preocupado.

-¿Eh?...¿Q-qué fue lo que pasó?...estaba seguro que estábamos en la entrada de la casa...-Dije haciendo un esfuerzo por levantarme, pero Akaashi no me lo permitió y me volvió a recostar en la cama.

-Debe descansar Bokuto-san, después de todo se acaba de desmayar por la fiebre.

Lo miré sorprendido.

-¿¡Qué!?

-Bokuto-san, no sea tan ruidoso- dijo poniendo un dedo frente a su boca en señal de silencio y se concentraba nuevamente en remojar los paños.

-L-lo siento...

-Sinceramente yo también me sorprendí bastante, en tan solo un instante se desplomó y ya no reaccionaba.- Noté como frenaba con su labor y miraba hacía el suelo- Realmente me asustó.

No pude evitar sonrojarme completamente ante su comentario y él me miró aún más preocupado, acercándose para tomar mi temperatura de nuevo y dejando su mano en mi frente con su cara muy cerca mío.

-Parece que su fiebre no ha bajado, es más, es como si solo se incrementara.

¡Por supuesto que va a aumentar cuando estás tan cerca mío, Akaashiii!

Es lo que me hubiera gustado decirle pero no me atrevía.

Sólo acerté a alejarme un poquito con una risa nerviosa.

-N-no te preocupes, Akaashi, e-estoy perfectamente...solo...solo tengo hambre...¡si, eso!

-¿Hambre? ¿El hambre le provoca fiebre, Bokuto-san?

-S-Si, pero por supuesto, ¿a ti no, Akaashi?- Dije desviando la vista puesto que su mirada me ponía aún más nervioso.

Sentí sus ojos puestos en mi un poco más y luego lo escuché levantarse.

-Entonces supongo que no se puede evitar.

-¿Eh?

-Le iré a cocinar algo.- Dijo mientras se encaminaba a la puerta.- ¿Quiere algo en particular?...que no sea yakiniku.- Dijo lo último antes de que pudiera pedirle justamente eso.

Hice un puchero y me volteé hacía la pared.

Escuché un suspiro por su parte y cuando me habló, noté que se había acercado a mí.

-Bokuto-san, cuando uno está enfermo es mejor no comer comidas secas...pero supongo que le puedo hacer una sopa con trozos de yakiniku.

Me di la vuelta alegremente y lo abracé.

-¡Akaashi, eres el mejor!

Lo sentí poniéndose rígido ante el contacto y, cuando me alejé, vi que tenía su rostro completamente rojo, lo que se contagió al mío.

Ambos nos quedamos en silencio por unos segundos que parecieron eternos hasta que Akaashi se encargó de romperlo.

-B-bueno...será mejor que vaya a preparar esa sopa.

-Ah...si...claro.

Otro momento de silencio y luego Akaashi se encaminó hacía la puerta y salió.

¡OH, DIOS! ¡¿QUÉ FUE ESO?!

¿Será por la fiebre?

¡Mi corazón no para de palpitar!

Comencé a rodar por la cama tratando de calmarme pero eso solo logró que terminara mareado y tuve que parar.

Mis dedos se movieron involuntariamente hacía mis labios recordando lo que sucedió en la entrada.

¿Si no me hubiera desmayado...nosotros nos habríamos...


Narrador Akaashi

Una vez llegué a la cocina, me recargué contra la pared tratando de normalizar mi pulso. Pero simplemente no podía calmarme, una serie de imágenes de Bokuto-san acercándose a mi en la entrada y su abrazo de hace poco me impedían tranquilizarme.

¿Qué pasa? ¿Qué son estas sensaciones?

Y no es sólo eso...lo que pasó en la entrada...¿acaso Bokuto-san me iba a besar?

Y por si fuera poco, yo no me quise apartar...

¿Acaso yo...

Sacudí mi cabeza tratando de sacar esos pensamientos de mi mente y, una vez más calmado, intenté concentrarme lo más que pude en cocinar. Aun así no podía evitar que mis pensamientos se fueran a lo mismo de vez en cuando, lo que me costó algunas cuántas cortadas en mis dedos.

Una vez finalizada mi labor, subí con la bandeja de comida por las escaleras, en las que hace unos momentos tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para poder llevar a Bokuto-san hasta su habitación.

Una vez allí, respire profundamente y entré tratando de parecer lo más calmado posible, lo cual nunca se me ha hecho tan complicado puesto que nunca he sido una persona muy expresiva, pero por algún motivo tenía que esforzarme mucho más por ocultar mis emociones en presencia de Bokuto-san ya que él de alguna forma u otra siempre descubre lo que siento.

Sin embargo, en esta oportunidad no fue necesario, puesto que cuando entré mi capitán ya estaba profundamente dormido.

Al principio me sorprendí puesto que hace nada parecía lleno de energía pero luego me calmé ya que, después de todo, eso era lo que él necesitaba: descansar.

Dejé la bandeja en la mesita de centro y me senté en el suelo junto a la cama.

Ahora que lo miro de cerca, Bokuto-san es realmente atractivo, en especial con el cabello bajo como lo tiene ahora.

Casi inconscientemente comencé a acariciar las hebras de su cabello.

Recuerdo que en un principio me llamó mucho la atención su peculiar color pero ahora se ha vuelto uno de mis favoritos.

Es cierto que te puede sacar de quicio a veces y comportarse peor que un niño de cinco años en algunas cosas...pero siempre lo compensa con esa hermosa sonrisa que tiene, aquella que pareciera que podría iluminar hasta la más oscura de las cosas.

Y esos ojos...esos ojos que te hacen parecer como si estuvieras en presencia de dos cálidas y hermosas estrellas.

-Bokuto-san...¿qué fue lo que me hizo?...

El sonido de la puerta al abrirse me sacó de mis ensoñaciones.

Se trataba de la madre de Bokuto-san que probablemente había llegado del trabajo.

¿En qué momento se pasó tan rápido el tiempo?

-Oh Akaashi-kun, realmente te agradezco que te hayas hecho cargo de Kotarou mientras yo no estaba. -Dijo mientras se acercaba a su hijo para tomarle la temperatura, seguido de un suspiro de alivio- Que bueno, parece que ya no tiene fiebre.

-Bueno, en ese caso si me disculpa...-dije haciendo una reverencia y tomando mis cosas para irme.

-¿Eh? ¿No te quedarás hasta que Kotarou despierte? Estoy segura de que estará triste de no haberse podido despedir de ti...

Una imagen de Bokuto-san despierto y buscándome me hizo dudar, pero si seguía estando cerca de él hoy, mi corazón realmente iba a estallar.

-No se preocupe, después de todo lo veré mañana en la escuela- Le dije brindándole una sonrisa tranquilizadora- Bien, entonces espero que pase una buena noche, cociné algo de sopa para cuando Bokuto-san despierte y pueda sentirse mejor para mañana, la dejé en la mesa. Si me disculpa, buenas noches.

Y salí de la casa Bokuto lo más rápido que pude.

Ahora que lo pienso ni siquiera dejé que la señora Bokuto se despidiera...la próxima vez que la vea me disculparé...

Pero ahora tenía que calmar mis pensamientos.

Ni siquiera me di cuenta para cuando ya había llegado a la entrada de mi casa.

Las luces estaban apagadas por lo que probablemente mis padres tampoco llegarían a dormir hoy por el trabajo.

Entré silenciosamente y fui recibido por un maullido de Yakiniku. Lo acaricié unos minutos y luego le serví su comida, yo no tenía hambre por lo que fui directamente a la cama.

Ya acostado, una especie de película de todo lo que pasó hoy surcó por mi mente...y, por primera vez, la palabra "Amor" apareció, y probablemente ya no se movería de ahí.