Copos de nieve y ¿gatos?


Narrador Bokuto

Siempre que pienso en las peores experiencias de mi vida, ese día aparece en mi mente inconscientemente.

Recuerdo que debido a los trabajos de mis papás yo siempre estaba solo en la casa y ese día no fue la excepción.

Me encontraba llorando abrazando mis rodillas bajo la mesa, ese era mi escondite frecuente cuando las cosas no salían como quería.

Llevaba casi un mes yendo al jardín cerca de mi casa. En un principio no me costó para nada hacer amigos, muy por el contrario, todos se acercaban a mí para hablarme y jugar conmigo, sin embargo eso fue cambiando las últimas semanas.

De repente alguien se sentó a mi lado bajo la mesa.

-Se supone que hoy día trabajabas, mamá- Le dije mientras intentaba en vano de limpiarme las lágrimas de mis ojos.

-La profesora me llamó, me dijo que tuviste un problema con tus compañeros, ¿es eso cierto, Kotarou?

Más que enfadado su tono sonaba calmado.

-Ellos...ellos dijeron que s-soy molesto...

-Ya veo...

-Mamá...¿tú crees que soy molesto?

-Bueno, creo que es hora de trabajar.

-¡Mamá!

Ella solo se largó a reír y me empezó a restregar el cabello.

Yo me dediqué a hacer un puchero enfurruñado.

-Era broma, Kotarou. Por supuesto que no eres molesto y, tanto yo como tú padre, estamos felices de tener a un hijo tan alegre como tú.

-P-pero mis compañeros del jardín..

Ella me miró con una sonrisa consoladora.

-No te tienes que preocupar por eso, ellos se lo pierden, ¿no?

-P-pero...

-Además, estoy segura que más adelante conocerás a alguien que podrá ver todas tus virtudes y que, de paso, se acostumbrará a tus defectos.

Mis ojos comenzaron a brillar con ilusión.

-Así que una vez que la encuentres, no debes dejar que se aparte de tu lado...

De repente la imagen de mi mamá se empezó a difuminar, ahora era el yo actual el que se encontraba bajo la mesa llorando, hasta que una mano se alzó ante mi para levantarme.

Ese tono de piel tan claro, esas manos tan bien cuidadas...

Las podía reconocer a mil metros de distancia.

-Akaashi...- Dije una vez levantado y ya en frente de él.

Él me miraba divertido.

-Bokuto-san, ¿qué hacía bajo la mesa?

Yo solo me dedicaba a observarlo, a ver cada detalle de él, para que aún si cerraba los ojos pudiera seguir vislumbrando su figura.

Sentí que puso su mano en mi mejilla y suavemente empezó a limpiarme las lágrimas.

-Akaashi...¿crees que soy molesto?

Él me miró algo sorprendido y luego comenzó a reír.

-¿De verdad quiere saber la respuesta?

-¡Akaashiii!- Dije mientras hacía pucheros con mi boca.

Entonces su risa cesó y se acercó a mí lentamente.

Antes de que pudiera reaccionar, ya tenía sus labios sobre los míos.

Eran tan suaves y cálidos como siempre los imaginé.

"Te amo"

Fue lo que lo sentí decir.

•••

Abrí los ojos despacio, con aún esa cálida sensación en los labios y con la vana esperanza de que no hubiera sido solo un sueño.

Esperanza que quedó destruida al ver los números en la pizarra y mi cara sobre mi pupitre.

¡Dios, voy de mal en peor!

Sólo llevo dos semanas alejado de Akaashi y ahora lo veo hasta cuando cierro los ojos.

¡A este paso terminaré enloqueciendo!

Mientras golpeaba mi cabeza contra el pupitre en un claro intento de recuperar mi cordura, sentí como algo caía de mis hombros.

Al agacharme a recogerlo me percaté que se trataba de la chaqueta de volleyball del equipo, pero era muy pequeña para tratarse de la mía.

Empecé a registrarla en busca de alguna pista y cuando descubrí a quién pertenecía, por poco y se me cae al suelo de nuevo.

Oh no, oh no, oh no, oh no...

Cálmate Kotarou, no debes hacerte falsas esperanzas.

De seguro leíste mal, si, eso debe ser.

Vamos mente, dale un golpe a cordura para que deje de confundirme.

Tomé aire y leí nuevamente, pero el nombre seguía ahí, con esa letra tan pulcra y ordenada que ya había visto en múltiples sesiones de estudio.

"Akaashi Keiji"

¡Oh dios! ¡Mente no tenías que golpear tan fuerte a cordura! ¡Ahora ambos caeremos!

Porque no le veía otra solución a lo que estaba pasando, mas a que me estaba volviendo loco.

Porque, ¿por qué otro motivo Akaashi lo arroparía de esa manera cuando hace unos días había dejado bastante claro que no sentía lo mismo por él?

Por no mencionar que Akaashi era de la clase de personas que cuidaba sus cosas tanto como yo con mis rodilleras, pero también era una persona extremadamente amable que si ve a alguien en problemas no dudará ni un segundo en entregarle lo que sea para ayudarlo.

De alguna extraña manera lo último me desanimó.

De seguro fue eso, debió verme ahí durmiendo y, como la buena persona que es, me puso su chaqueta para que no pasara frío.

Di un suspiro acompañado de una sonrisa torcida.

-Eres cruel Akaashi, si sigues haciendo cosas como esta me enamoré aún más de ti...

De pronto me percaté de un papel que antes no estaba en la mesa y que tenía la misma letra de la chaqueta.

Sentí mi cuerpo llenarse de calidez a pesar del frío.

"Bokuto-san debería cuidar más su salud, después de todo es el as del equipo.

Puede usar la chaqueta para volver a su casa, me la puede devolver más adelante.

Akaashi"

Miré hacía la ventana y me di cuenta de porque se preocupaba tanto de que me abrigara: estaba nevando.

Abrí un poco la ventana para tomar uno de los copos de nieve en mi mano, el cual como cabía esperar, se deshizo rápidamente.

Es curioso pero cuando niño nunca me gustó la nieve, mi mamá siempre me abrigaba de más y no podía correr puesto que me la pasaba resbalándome.

Pero desde que conocí a Akaashi eso cambió.

Me recuerda a él.

Elegante y hermoso.

Me quedé entretenido unos instantes atrapando copos de nieve hasta que vi a una persona que se marchaba de la academia en solo playera.

Ni yo con mis problemas de cordura haría algo como eso, hasta que distinguí quién era.

La única persona que conocía que era capaz de quedarse solo en playera en un día nevado para que otra persona no se enferme.

Evalúe si bajar corriendo hasta la entrada pero probablemente para cuando llegue ya se haya ido, así que me decidí a gritarle desde ahí para que me esperara.

Pero mi grito quedó en mi garganta al ver que otra persona (que por su peinado podía reconocer a kilómetros de distancia quién era) le ponía una chaqueta encima y se lo llevaba...

¡De la mano!


Narrador Akaashi

Realmente no tengo remedio.

Eso era lo único que podía pensar al quedarme viendo como bajaban los copos de nieve hasta el suelo.

Definitivamente esto del amor debe ser una grave enfermedad, después de todo, el día de hoy ya llevo haciendo dos cosas sin sentido.

La primera de ellas fue besar a Bokuto-san mientras dormía.

Como un verdadero acosador.

Di un suspiro cansino y puse mis manos en mi rostro tratando de calmar el sonrojo, obviamente sin resultados.

La segunda de ellas era salir en una tarde nevada con nada más que una playera.

Pero eso si no podía evitarlo, puesto que le había dejado la chaqueta del club a Bokuto-san con el fin de que no vuelva a enfermarse y pensaba que tenía una de recambio en el casillero.

Pensamiento lamentablemente erróneo.

Por unos momentos consideré ir a buscarla de vuelta pero, probablemente, Bokuto-san ya haya despertado y tenía que detener a mi cuerpo de hacer otro sinsentido el día de hoy, así que me armé de fuerzas y salí al exterior.

No llevaba ni un minuto fuera cuando ya sentía mis brazos completamente helados, aún así, mi orgullo era más fuerte y seguí avanzando.

Hasta que sentí un peso sobre los hombros.

Al notar el color de la chaqueta ya me lo supuse, pero fui optimista y consideré que podía tratarse de otra persona.

Pero al parecer las cosas no estaban a mi favor el día de hoy.

Ahí estaba el rostro que encabezaba casi todos los días mi lista de "Personas que no quiero ver por nada del mundo". (Aunque después de ese beso, definitivamente Bokuto-san también estaba ahí, por lo menos hasta calmar mi corazón).

-¿Qué es lo que hace aquí, Kuroo-san?

Él me miró con su típica cara burlona y me sonrió.

-Evito que te conviertas en copo de nieve, por supuesto.

Y antes de poder responderle, ya estaba siendo arrastrado de la mano por él.