Cambios y permanencias


Narrador Akaashi

La herida no paraba de sangrar.

Mentiría completamente si dijera que no estaba asustado, por supuesto que temía por la gravedad de la herida en mi brazo y de que, incluso, podía estar peligrando mi futuro como armador, pero supongo que mi mente no hacía caso a nada de eso y lo único que pensaba era en Bokuto-san.

En que a estas alturas ya estaría enterado de todo.

En que probablemente se haya preocupado de más como siempre hace.

En cuánto deseaba estar a su lado en estos momentos, tomando su mano y dejándome calmar por sus orbes ámbar.

-Debe estar molesto.- Dije en un susurro y llamando la atención del paramédico que intentaba frenar la hemorragia.- Lo siento, no era mi intención distraerlo.

-El que estés consciente es una buena señal, así que no te preocupes.- Dijo dándome una sonrisa tranquilizadora.- Pero de verdad eres uno entre pocos ¿en qué estabas pensando al lanzarte contra ese ventanal y más cuando hay una navaja de por medio?

-Pues yo tampoco lo sé, mi cuerpo se movió por sí mismo.

El paramédico se dedicó a sonreír nuevamente.

-Eres todo un héroe jovencito, gracias a eso nadie más resultó gravemente lastimado y los que estuvieron en la escena sólo terminaron con heridas leves.

-Ya veo...- Dije lentamente mientras empezaba a ver manchones negros en mi visión.- Es un alivio.

El paramédico notó que estaba perdiendo la consciencia levemente y le dijo a sus compañeros que se apresurarán.

Lo último que escuché era algo de pérdida de sangre y el contacto con mis familiares pero después se convirtieron en meros murmullos.

Por unos momentos, sentí como si fuera Bokuto-san el que estuviera a mi lado. Sonreí y me dejé vencer por la inconsciencia.

•••••

Me vi a mi mismo cuando iba en el jardín de infancia.

Estaba sentado en una de las bancas del parque cercano a mi casa completamente solo.

Tenía unos raspones en mis rodillas al haber estado intentando jugar uno de los juegos sin resultado y había algunas lágrimas cayendo por mis mejillas pero yo me empedernía en secarlas con mis brazos.

No me gustaban los parques puesto que me traían recuerdos de la mala relación que mantenía con mis compañeros del jardín, sin embargo, era por eso mismo que me había acostumbrado a ir allí cuando no había nadie e intentar aprender a jugar para llevarme bien con mis compañeros.

Práctica que, lamentablemente, no me estaba dando buenos resultados.

-Keiji ¿qué estás haciendo aquí?

Esa voz me había sobresaltado, después de todo, se suponía que mi padre no llegaba hasta la semana entrante.

-No, no es nada padre.- Dije levantándome y tratando en vano de ocultar las heridas.

Él me observó unos minutos con esa mirada que muy rara vez le veía: una relajada y amorosa.

De repente me lanzó algo a los brazos. Por la sorpresa me costó atraparlo pero, una vez que lo vi, una mezcla de alegría y confusión se acumuló en mi mente.

-Escuché de tu madre que últimamente te gustaba observar a tus compañeros jugar el volleyball.

La sorpresa se instaló en mis ojos.

Era cierto, pero realmente no esperaba que mis padres se hubieran dado cuenta.

-P-pero, yo no sé jugarlo.- Dije tristemente al ver que uno de los pocos regalos que me había dado mi padre se vería desperdiciado.

Él levantó levemente la comisura de sus labios y se arremangó la camisa.

-Aún hay tiempo antes de la cena, así que ¿quieres que te enseñe?

Ese es uno de los recuerdos más felices que tengo, de los que me hacen soportar la soledad y la frialdad que caracteriza a mis padres en la actualidad.

De repente la figura de mi padre recibiendo el balón se fue difuminando hasta tornarse a esa silueta que conozco muy bien.

-¡Hey, hey, hey, Akaashi! ¡Buen pase!- Me dijo con esa gran sonrisa que tanto me gustaba.

•••••

Cuando desperté me vi en una cama de hospital con un par de ojos ámbar observándome preocupados, aunque eran ciertamente diferentes a los que yo esperaba.

-¡Akaashi-kun, por fin despertaste!- De repente ya estaba siendo fuertemente abrazado por la Sra. Bokuto.

Creo que ahora entendía de dónde había sacado su hijo esos abrazos tan apretados y efusivos.

-S-sra. Bokuto, l-las heridas.- Dije tratando de sonar educado entre el dolor de mis heridas que, al parecer, ya habían sido tratadas adecuadamente, puesto que ya estaban vendadas.

-Oh, lo siento.- Dijo en tanto me soltaba pero continuaba mirándome con ese tinte de preocupación.

-Vaya, así que has despertado.- Ahora era el padre de Bokuto-san que había entrado y apartaba a su esposa de la cama.- No lo molestes ¿no ves que está herido?

-L-lo siento.- Dijo ella mientras juntaba la punta de sus dedos con rostro arrepentido.

Sonreí al ver las grandes similitudes que tenía con su hijo, al cual por cierto no encontraba por ninguna parte.

-Disculpen, no quiero interrumpir pero ¿exactamente cuánto tiempo estuve inconsciente?

Ambos me miraron y el sr. Bokuto se encargó de responderme.

-Casi 8 horas.

Me sorprendí y, al ver la luz del sol ya desapareciendo por la ventana, me hizo comprobar que estaba en lo cierto. Al voltear la vista de nuevo a ellos, éstos me miraban con rostro severo, como el que utilizaban para regañar a su hijo.

-Realmente ¿tienes idea de lo peligroso que fue lo que hiciste? Una herida de esas dimensiones es capaz de impedirte volver a jugar volleyball ¿sabes?

Parte de mi corazón se contrajo al evaluar esa opción, esa donde no podría seguir jugando el deporte que tanto amo junto a las personas que más aprecio en este mundo.

-E-entonces...- Dije susurrando como quién no quiere saber lo que sigue.

El sr. Bokuto suspiró, perdiendo la severidad que había intentado mostrar y me sonrió.

-No tienes que preocuparte, por suerte la herida no fue tan grave como para dañar algún nervio, así que dentro de algunas semanas de reposo, podrás seguir jugando volleyball como siempre.

No me había dado cuenta de lo preocupado que estaba, hasta que sentí mis hombros aligerarse.

-Ya veo.- Dije con una leve pizca de la alegría que contenía que, al parecer, no pasó indiferente para los padres de Bokuto-san que se miraron sonriéndose.

De repente se escuchó un leve sonido en la puerta, como si alguien se hubiera levantado y chocado con algo en el proceso.

El sr y la sra Bokuto suspiraron.

-Bueno, creo que ya es tiempo que nos vayamos, cielo.- Dijo ella sonriendo y llevándose a su marido del brazo mientras se despedían de mi.

Dejaron la puerta entreabierta pero, aún así, podía distinguir perfectamente a quién le pertenecía ese cabello bicolor.

-¿Qué es lo que hace ahí, Bokuto-san?


Narrador Bokuto

Su voz me sobresaltó, después de todo, se supone que no debería haberme visto oculto junto a la puerta de su habitación.

-N-no soy Bokuto-san, s-soy...em...¡el espíritu guardián del hospital! Buu- Dije tratando de imitar algunos sonidos fantasmagóricos pero lo que obtuve fue la risa de Akaashi que, probablemente, no me creyó o simplemente es inmune a los fantasmas.

-Bokuto-san ¿por qué no entra?

No le quería decir que no me veía capaz de verlo a los ojos después de dejarlo solo pasando momentos difíciles mientras yo disfrutaba felizmente ajeno a todo.

-E-el espíritu guardián no se puede mover de su lugar o...o sus súper poderes desaparecerán.

-Ya veo.

Entonces escuché la cama sonar y pasos acercarse a mí.

Antes de poder decir algo, él ya estaba sentado junto a mi en el suelo.

-A-Akaashi, no puedes...estás herido...- Dije desviando mis vista involuntariamente a su brazo lastimado.

-Es una herida en el brazo, no es que no pueda caminar, además...quería estar junto a ti.- Dijo sonrojándose levemente y provocando lo mismo en mi.

Nos quedamos un rato así.

Era silencioso pero, a la vez, sumamente cálido para mi corazón.

Tenerlo aquí a mi lado, relativamente, bien y sin ninguna secuela que lamentar.

¿Estaba mal aceptar esta segunda oportunidad que me dio la vida de tenerlo a mi lado?

-Akaashi

-Bokuto-san

Ambos nos miramos sin saber cómo continuar, ya que ambos empezamos a hablar a la vez.

-Habla tú primero, Bokuto-san. Después de todo, estar callado por casi 8 horas es demasiado hasta para mí.

De alguna manera, no me sorprendió que supiera que había estado esperando que despertara desde que lo trajeron al hospital. Porque él era así, siempre sabía todo de mí sin necesidad de decirlo si quiera.

Así que, probablemente, también sabía el motivo de mi inquietud.

-Akaashi ¿por qué no me lo dijiste?- Al ver que se quedaba callado mirando hacía el suelo, continúe.- Acaso...¿n-no confías en mí?

Tenía miedo de su respuesta, eso no podía negarlo, pero fue más fuerte mi curiosidad al saber sus pensamientos.

Él levantó la mirada hacía adelante, sin embargo pareciera que más que ver lo que tenía frente a él estuviera viendo otra cosa, algo que ni yo alcanzaba a visualizar.

-Fue mi padre el que me enseñó a jugar al volleyball- Sus palabras me sacaron un poco de contexto pero, aún así, lo dejé continuar. Después de todo, aunque lo conocía hace mucho tiempo ya, él nunca hablaba de su familia y nunca había tenido el privilegio de conocerla tampoco.- Al principio era solo un pasatiempo que se había formado por cada tarde que mi padre podía darse el tiempo de darme, cuando él comenzó a trabajar más y ya dejó de jugar junto a mí, pasó de ser un pasatiempo a una esperanza, la esperanza de que si seguía jugando él volvería a ser como antes.

Su voz sonaba triste, una parte de mi me decía que, probablemente, un fragmento de ese pensamiento aún se mantenía y, sin previo aviso, levantó su mirada a mis ojos, dejándome sin aliento por unos segundos.

-Pero cuando te conocí, eso también cambió. El volleyball pasó a ser algo que amo, no sólo porque me apasiona jugarlo, sino también porque me hizo conocerte y enamorarme de ti.- Yo ya me estaba preparando para saltar a sus brazos pero él me hizo un gesto con la mano para indicarme que aún no había terminado.- Bokuto-san yo no le dije nada no porque no confiara en ti, sino porque no quería preocuparlo...n-no quería ser una molestia.

-¡Pero, Akaashi! ¡Si preocuparme está bien!

Él me miró con sorpresa, en tanto le tomaba delicadamente su mano no herida.

-Yo te amo, después de todo. Yo quiero sentirlo todo a tu lado, así que jamás pienses que eres una molestia para mí. Alegría, tristeza, enojo puedes compartirlo todo conmigo.- Sus ojos parecían humedecerse un poco, por lo que lo acerqué a mi.- Es lo que hace la gente que se quiere, confían uno en el otro y se apoyan entre sí.

Sentí su mano aferrarse a mi espalda y pareció que me iba a responder algo, pero una fuerte voz nos interrumpió.

-¡Keiji! ¡¿Qué se supone que estás haciendo?!

Lo primero que me llamó la atención del hombre que acababa de llegar no era su rostro severo, eran esos ojos de un color que yo estaba acostumbrado a ver diariamente pero con un delicado y hermoso rostro que ahora lo único que mostraba era una mezcla de sorpresa y espanto.

-¿P-padre?


Hola, hola! Espero les haya gustado el capítulo ❤️

Realmente les agradezco a los que se dan el tiempo de leer esta historia y ojalá lo sigan haciendo ❤️❤️

Mientras yo regresaré a los confines del estudio xD saludos y nos vemos en el próximo cap ❤️