Epílogo
Narrador Akaashi
-¿Y bien? ¿Quién de los dos va a explicarme porque tardaron casi 3 horas en ir a comprar unas velas y llegaron todos cubiertos de barro?- Pregunté cruzándome de brazos ante las dos personas que se encontraban arrodilladas frente a mí en pose arrepentida.
-¡Fue papá! ¡Cuando nos encontramos con Kuroo-san en el camino, él se puso a competir con sobre quién podía andar más rápido en mi bicicleta y la de Chinami pero al final los dos terminaron perdiendo el equilibrio y cayeron en el río de lodo!- Prácticamente gritó el pequeño azabache de ojos dorados apuntando al adulto a su lado que lo veía con horror haciéndole señas para que no continuara.
-Kotarou, ven conmigo a la sala un momento- Dije con severidad haciendo que mi esposo tragara pesado y se levantara titubeante del suelo rumbo al lugar que le indiqué.
-Mamá ¿vas regañar a papá?- Me preguntó Kazuhiro con un leve tono de tristeza y cierto aire de arrepentimiento por delatar a su padre en sus inocentes ojos.
Hice una media sonrisa al verlo y me agaché para despeinar un poco sus cabellos oscuros que ahora estaban cubiertos de lodo, debido a que probablemente haya intentado sacar a Kotarou del cúmulo de tierra húmeda donde había caído.
-No, no lo regañaré...solo un poco- Le dije guiñándole el ojo, gesto que lo hizo sonreír levemente- Además te he dicho que a mí también puedes decirme "papá" si quieres, Kazuhiro.
-Pero es que papá dice que se confundiría cuando los llame y que tú luces más como una mamá búho- Dijo mi pequeño hijo con un leve puchero que debió haber copiado de su padre.
-¡Ma-ma!- Apenas pudo decir Kotarou Jr. gateando hasta quedar sujeto a mi pantalón y comenzar a reírse.
-¡Kotarou, está de acuerdo!- Lo apoyó su hermano mayor con una radiante sonrisa mientras yo daba un suspiro resignado.
-Bien, mini alianza de búhos, ustedes ganan- Les dije volviendo a despeinar el cabello de Kazuhiro y tomando en brazos al más joven de los dos que me observaba con sus ojos grisáceos llenos de diversión-. Ahora ve a quitarte ese lodo antes de que lleguen los invitados ¿de acuerdo?
-¡Señor, si, señor!- Me respondió el mayor simulando una pose militar antes de dirigirse a la ducha.
Mientras caminaba a la sala me dejé absorber por el camino de fotos que había pegado junto a Kotarou desde que habíamos comenzado a vivir juntos. Las fotos variaban desde algunas tomadas antes de partidos en la preparatoria, a graduaciones y titulaciones tanto de mi ex capitán como las mías años más tarde.
Una donde estaban todos los miembros del Fukurodani, Nekoma y Karasuno en una reunión hecha hace poco con los hijos de varios jugando volleyball detrás.
Otra donde estaba Kenma con un evidente rostro avergonzado siendo abrazado por Kuroo mientras mostraba el anillo que ambos compartían en sus respectivas manos junto a un Bokuto que salía borroso, debido a que en esos momentos no sabía en qué posición ubicarse para la fotografía.
Luego había una con Kotarou y conmigo felizmente posando en la entrada de la casa en dónde vivimos actualmente con el cartel de "vendido" en nuestros brazos.
Otra donde Kotarou cargaba en los hombros a un pequeño azabache que reía como nunca ante la mirada preocupada de quien estaba a su lado vigilando que no cayera. Los tres en un parque de atracciones que ya habíamos visitado antes pero sin la compañía de quien tendríamos a nuestro lado desde ese momento hasta siempre. Por supuesto, esa fotografía acompañada de una más actual donde ahora eran cuatro los integrantes con un Kazuhiro más grande siendo sostenido por la mano de su padre quien abrazaba a su pareja que también sonreía con un pequeño bebé en los brazos.
Y por último...
-Keiji ¿sigues enfadado conmigo?- Se dejaron asomar levemente por el umbral de la puerta unos arrepentidos ojos de cachorro color ámbar que ya me había acostumbrado de mirar cada vez que una idea nueva se le cruzaba por la cabeza y terminaba en distintos tipos de desastres.
Dejé que mi rostro mantuviera por unos momentos más la apariencia severa que acarreaba su pequeña distracción en el camino para luego suspirar con resignación, siendo testigo de cómo su mirada se comenzaba a iluminar de nuevo.
-¡Eres el mejor!- Corrió a abrazarme tan rápido que ni siquiera alcancé a advertirle del barro que aún tenía encima hasta que fue demasiado tarde.
Tanto Kotarou Jr. como yo terminamos completamente cubiertos de lodo ante la expresión arrepentida del mayor de los tres.
-Kotarou...eres un idiota.
-¡¿Ah?!- Dijo con asombro y el dramatismo característico de él, haciendo que me largue a reír sin poderlo evitar.
Después de tener que cambiarnos todos de nuevo, nos dispusimos a recibir a los invitados en la entrada de nuestro hogar. Llegaron los ex miembros del Fukurodani, entrando primero los respectivos hijos que fueron directo a la mesa con los alimentos siendo seguidos de cerca por Yukie ante el suspiro de su esposo, luego llegó Kuroo (con marca de bofetada incluida, probablemente por el mismo incidente del barro) con Kenma que sujetaba a la pequeña Chinami de la mano, que soltó apenas vio a Kazuhiro en el pasillo. Más tarde apareció la Sra. Bokuto, siendo recibida efusivamente por su nieto mayor y una risa del más pequeño. Los últimos en llegar fueron una pareja que siempre mostraban el mismo aspecto titubeante al tocar la puerta, pero que eran recibidos por el mismo afecto de los búhos más jóvenes de la casa.
-Me alegro que vinieras, papá- Le dije ayudándole a sacarse el abrigo que llevaba puesto mientras mi madre era saludada con alegría por la Sra. Bokuto.
Él me mostró una sonrisa melancólica y luego desvió la vista a los pequeños que jugaban entusiastas con los otros niños.
-No, gracias a ustedes por recibirnos siempre a pesar de todo- Dijo en un tono de voz tan bajo que parecía un susurro.
-Para eso está la familia- Llegó Kotarou con una radiante sonrisa poniéndose junto a mí.
Mi padre nos quedó mirando unos segundos para después acompañarlo en una sonrisa que, contrario a su apariencia que reflejaba el peso del tiempo en su cuerpo, me recordaba a cuando era más joven y disfrutaba de los fortuitos momentos con su familia.
-Tienes razón- Terminó por decir antes de que mi madre llegara junto a él para sentarse a su lado en la mesa.
Nos dispusimos a prender las escasas velas del pastel para acercárselo al joven cumpleañero que, si bien aún no podía articular gran cantidad de palabras, su risa no se comparaba a la de ningún otro en la sala.
Recibió múltiples regalos, desde biberones a gorros con orejas de gato, pero el regalo que más pareció gustarle, fue un afelpado peluche de búho de parte de su padre que me hizo sonreír a mí también en su dirección.
En medio de la fiesta, aproveché el momento que Yukie me dio cuidando a Kotarou Jr. para salir unos momentos al patio, donde me dejé embelesar por el hermoso paisaje que me estaban entregando los tonos anaranjados del atardecer. Fue hasta que sentí una cálida mano aferrarse a la mía que aquel momento se volvió completo y perfecto.
Me permití recordar una de las fotografías en particular que destacaba entre la pared del pasillo de la casa, puesta en un marco con detalles de búhos y un viejo llavero colgado en la orilla, mostraba un parque con aspecto casi mágico preparado a modo de ceremonia con la figura de decenas de aves nocturnas volando sobre la noche estrellada que cubría a los novios, los cuales se mostraban sonriendo y tomados de la mano junto a sus respectivos padrinos de matrimonio.
-Realmente lo cumpliste- Salió de mis labios haciendo que sus cálidas orbes ámbar voltearan en mi dirección curiosas de mis palabras.
"Cuando nos casemos, te prometo que tendremos una hermosa familia. Una donde pasemos muchos momentos divertidos juntos".
-Kotarou- Lo llamé sosteniéndolo de sus mejillas y depositando un suave beso en sus labios, permitiéndome sentir la cálida sensación que cada roce con su boca dejaba en mi cuerpo desde que lo besé por primera vez aquella tarde nevada en la escuela-. Te amo.
Él pareció sorprendido por mi repentina acción, sin embargo, luego sonrió como siempre hacía, levantándome en brazos de repente y haciéndome girar como lo hacía cuando íbamos en la preparatoria.
-Yo también te amo, Keiji- Terminó por bajarme pero sin soltarme, dejándome junto a su rostro y con nuestras narices rozándose-. Eres lo mejor que me podría haber pasado desde que te vi cruzar el umbral del gimnasio por primera vez.
-Lo recuerdo- Dije con una media sonrisa- Ese día fuiste el primer nombre que me aprendí porque el entrenador no dejaba de llamarte para que te callaras.
-¡No se supone que recuerdes eso!- Se quejó inflando sus mejillas con reproche lo que me hizo echar a reír mientras lo besaba una y otra vez para calmar su pequeño berrinche.
Nos permitimos quedarnos unos momentos más así, hasta que después decidimos entrar juntos a la casa. Yo disfruté seguir sosteniendo aquella mano que dejaba relucir en uno de sus dedos el delicado anillo que exponía solo una parte del gran lazo que nos unía. Aquella mano que desde que lo conocí había aspirado tomar, que tuve que dejar ir en algunas ocasiones y que ahora me daría el privilegio de sostener durante un "por siempre" en el que mi corazón confía desde que nuestros ojos se encontraron por primera vez.
~❤️~
¡Gracias por leer! ❤️
