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Como cada día, Wes bajó al sótano para llevarse a su conejillo de indias particular. Damon le había asegurado a Elena que a ella no le pasaría nada, que solo estaba allí de reserva, pero una mañana la cosa cambió:

-Bueno, Elena… -sonrió el doctor loco cargando una jeringuilla de verbena-. Es hora de mostrarte el laboratorio.

La chica se quedó pálida al oír eso, pues no podía soportar la idea de que Wes fuese a torturarla, a abrirla en canal una y otra vez para arrancarle sus órganos.

Damon se agarró a los barrotes de su celda e intentó forzarla para llamar la atención del doctor.

-No pierdas el tiempo con ella –le dijo el vampiro con voz ruda-. Yo soy mucho más fuerte.

El rubio doctor rió divertido por su reacción.

-Veo que te ha acabado gustando nuestras sesiones…

Wes sacó a Damon de su celda y, una vez más, Elena tuvo que taparse los oídos para no oír sus gritos de dolor. Cuando Damon regresó tras insufribles horas de tortura, la vampira se apresuró para asomarse para verle.

-Damon, ¿estás bien? –se preocupó ella.

-Tranquila, no es nada. Ya casi ni me duele –mintió él para tranquilizarla.

-No tenías que haberlo hecho. Wes iba a por mí.

-No hay necesidad de que tú también pases por esto.

-¿Y qué es "esto" exactamente?

-Me están preparando para la Fase 2.

-¿Fase 2 de qué?

-De nada bueno, supongo –dijo Damon encogiéndose de hombros-. Los de Agustine llevan intentando hacer una modificación a mi ADN durante décadas, para convertirme en algo diferente. Y parece que al fin Wes ha encontrado el modo. Está muy ilusionado con sus avances.

-¿Convertirte en algo diferente? –se alarmó Elena-. ¿Algo como qué?

-Los de Agustine nunca han sido muy habladores. Wes no es la excepción y, cuando lo hace, no entiendo esa jerga científica que utiliza. Además, estoy algo distraído con otras cosas… -añadió Damon señalando las manchas de sangre de su camiseta.

-Tienes razón, lo siento.

-Tienes muchas preguntas, lo entiendo. Yo también las tenía al principio, pero ahora ya no estoy seguro de querer conocer las respuestas…

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Como todas las noches, el fantasma de Enzo se presentó para atormentar el alma culpable de Damon.

-Así que, te lo estás pasando muy bien ahora con tu nueva compañera de celda, ¿eh? –dijo el espíritu del que fue su único amigo, de pie en medio de la celda, mirando por los barrotes que daban al exterior-. ¿A esta también la vas a dejar morir como hiciste conmigo?

-Sabes que no quise que ocurriera eso.

-Pero ocurrió. No pudiste abrir la maldita puerta y ahora estoy muerto.

-Lo siento, Enzo.

-Lamentarlo no me devolverá a la vida. Ya nada lo hará.

-¿Y qué quieres entonces?

-Creo que voy a quedarme un poco más por aquí, en tus sueños. Atormentándote –rió con malicia el vampiro muerto, girándose para que su amigo viese que tenía el cuerpo en llamas-. Es divertido.

-Damon, despierta –le dijo una dulce voz-. Es una pesadilla. Vamos, ¡despierta!

El chico abrió los ojos y sintió cómo su cuerpo estaba agitado, con las pulsaciones muy aceleradas debido al estrés del sueño. Pero era solo es, un sueño.

-Ven aquí –le pidió Elena estirando una mano hacia él.

Damon se arrastró por el suelo para ir hacia ella y esta le cogió de la mano y le dio un ligero apretón.

-¿Otra pesadilla? –preguntó la chica, a lo que él asintió-. No sé qué decirte para consolarte, ni cómo hacer que paren. Solo sé que estoy aquí contigo y que, cuando despiertes, seguiré estando aquí. No voy a irme a ninguna parte, no voy a dejarte solo.

-Gracias, Elena –le agradeció el vampiro de corazón-. Es bueno oír eso.

Damon no quería dormir por miedo a volver a encontrarse a Enzo en sus sueños, algo que Elena supo sin necesidad de preguntarle. Por eso, con la excusa de que ella no tenía sueño, la chica animó al vampiro a contarle alguna historia.

Como a Elena le gustaba la historia antigua y Damon había vivido muchas cosas en su vida, el chico le contó anécdotas de su vida tanto de cuando era humano como cuando era vampiro. Al principio solo le habló de los acontecimientos históricos que había presenciado y cómo vivían a finales del pero, con forme más contaba, más libre se sentía de hablar de su vida privada. De todas las historias que Damon le contó a la chica, las favoritas de esta fueron las trastadas que hacían Stefan y él cuando eran niños.

Damon le pidió a Elena que le contase también anécdotas de su vida, a lo cual esta accedió, no sin antes advertirle que no eran para nada tan buenas como las de él.

Ambos se quedaron un rato más hablando hasta que, sin darse cuenta, se quedaron dormidos. Por la mañana, al despertarse, Elena sonrió tímidamente al darse cuenta de que habían dormido con las manos entrelazadas.

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Wes bajó a verles una noche tras haber estado días probando inyecciones con Damon.

-Descansa bien, 21051 –le dijo dirigiéndose al vampiro con una sonrisa irónica-. Mañana va a ser un gran día.

Cuando se fue el doctor, Elena miró con nerviosismo a Damon.

-¿Mañana es el día? –preguntó ella con la esperanza de que el chico lo negase.

-Te dije que sería pronto.

-Tenemos que hacer algo, Damon. No podemos permitir que te hagan esto.

-Elena –la llamó él posando una mano sobre la de ella para calmarla-, no pasa nada. Está bien.

-No, no está bien. No puedo perderte, Damon. A ti no.

Él le dedicó una sincera sonrisa, agradecido por su preocupación, y la miró con ternura.

-Cuídate, ¿quieres? –le pidió el vampiro con voz dulce-. No les permitas que acaben contigo, eres más fuerte de lo que ellos creen. Házselo saber.

Elena no quiso dormir aquella noche, quería estar con Damon todo lo que fuese posible, aprovechar el tiempo que les quedaban juntos. Pero ni siquiera toda la fuerza de voluntad del mundo y su cabezonería impidieron que la vampira se quedase dormida.

Solo al despertar al día siguiente, Elena se dio cuenta de que se había quedado dormida. Rápidamente, fue a ver si Damon estaba en la celda de al lado, para llevarse una gran decepción al ver que el chico ya no estaba, que Wes se lo llevó temprano mientras ella dormía.

Elena, desconsolada al saber que había perdido a Damon y que posiblemente no volvería a verle jamás, se echó a llorar como nunca antes había hecho.