Ya solo queda un capítulo para terminar. Espero que os esté gustando la historia. Por cierto, se me olvidó decir que del fic "Orgullosos frikis" también queda solo un capítulo más. Pronto espero comenzar a publicar una historia nueva ;)
Gracias por seguir leyendo mis historias y comentando!
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-¡Agg, Damon! –gritó Elena intentando zafarse de este, pero sin lograrlo porque él era demasiado fuerte-. ¡Para, me haces daño!
Damon estaba como en trance, bebiendo sin parar. Elena sabía que sino hacía algo pronto, le acabaría arrancando la cabeza de lo fuerte que la agarraba, pero no podía luchar contra él, tenía demasiada fuerza. Damon llevaba más tiempo siendo vampiro que ella y eso le hacía más fuerte, pero esta fuerza descomunal que parecía tener ahora era mucho más que algo debido a la diferencia de años vampíricos.
Elena no podía luchar contra Damon y este no reaccionaba a otra cosa que no fuese su sangre. Si seguí bebiendo de ella con tanta ansia, le acabaría arrancando la cabeza, pero la chica era incapaz de apartarle.
Por suerte para esta, alguien apareció de la nada y le rompió el cuello al vampiro, cayendo este al suelo de inmediato.
-Conque podías con esto sola, ¿eh? –dijo Stefan con ironía, antes de tomar un tono serio al mirar el cuello malherido de la chica-. ¿Estás bien?
-Sí, se está curando –le quitó importancia ella, pues en ese momento había algo que le preocupaba más-. ¿Qué es lo que le han hecho a Damon?
-Ni idea.
-Sea lo que sea, no era él mismo.
-Deberíamos llevarle a mi casa –sugirió Stefan-. Encerradle en el sótano hasta que despierte y ver cómo reacciona entonces.
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Damon abrió los ojos y, tras parpadear un par de veces para adaptarse a la luz que entraba a través de una diminuta ventana, vio que estaba en una celda, pero no en la que había estaba atrapado durante décadas. Damon había regresado a casa, aunque no del modo en que siempre había esperado.
Cuando intentó mover los brazos, no pudo hacerlo porque tenía las manos encadenadas con grilletes que lo ataban a la pared.
-Son a prueba de vampiros –le dijo una voz que hacía años que no había oído-. Por tu seguridad.
El vampiro alzó la vista para encontrarse con el rostro de su hermano. Había pasado tanto tiempo, había tantas cosas que preguntar… Pero, en ese momento, recordó lo ocurrido la pasado noche y eso tomó total prioridad.
-¿Cómo está Elena? –se preocupó el chico de ojos azules.
-Viva, aunque casi no llego a tiempo.
-Jamás he estado más agradecido de que alguien me rompiese el cuello. Estaba fuera de mí, iba a matarla…
-No fue culpa tuya –quiso Stefan calmar su sentimiento de culpabilidad-, los de Agustine te hicieron esto.
Damon, no muy convencido, asintió en silencio.
-¿Cómo te encuentras?
-¿Sinceramente? –respondió Damon con una media sonrisa irónica para disimular la seriedad de la circunstancia-. Con unas ganas tremendas de morderte el cuello hasta arrancarte la cabeza.
-Ya… -murmuró su hermano analizando la situación-. O sea, que lo de anoche no fue un incidente aislado.
-No, no lo fue.
-¿Qué ha pasado estos últimos días? Elena dice que te llevaron para hacerte algo, una especie de cambio.
-Me inyectaron algo. No supe el qué hasta que me trajeron a un tipo, un vampiro novato. Le cortaron ligeramente el brazo lo suficiente como para que sangrara.
-Y te alimentaste de él –intuyó Stefan.
-Hasta arrancarle la cabeza, sí –asintió su hermano-. Lo siento, este no es el tipo de reencuentro fraternal con el que había soñado.
-Soy yo quien lo siente, debí haberte buscado. Pero estaba tan cabreado contigo cuando regresé a casa y vi que habías matado a Joseph… Creí que habías vuelto a hacer de las tuyas.
-Y lo hice en realidad.
-Joseph te vendió a Withmore, se merecía lo que le hiciste.
-Veo que Elena te ha puesto al día –se dio cuenta Damon, a lo que su hermano asintió.
-Se preocupa mucho por ti. No sé cómo logré convencerla para que regresase al campus con Caroline para buscar a Wes en lugar de quedarse aquí a esperar que despertaras.
-Cuando se lo propone, puede llegar a ser muy cabezota –sonrió Damon divertido imaginándose esa discusión.
-Igual que tú.
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Mientras Caroline registraba el despacho de Wes en busca de algo que les fuera de ayuda para curar a Damon, Elena fue a hablar con él a su laboratorio personal en el campus y obligó al doctor a contar todo lo que sabía.
-Los vampiros sois unos sádicos y unos monstruos –dijo él con todo el odio que albergaba en su corazón.
-¿Y cómo justificas tú a retener a personas contra su voluntad y torturarlos?
-Ciencia.
Acompañando a sus palabras y con intenciones de justificarse, Wes cogió un cuaderno que tenía en la mesa que actuaba de escritorio y comenzó a leer en voz alta:
-"28 de junio de 1999. Hemos descubierto cosas increíbles. El corazón sigue latiendo tras soportar 3.000 voltios"
Con una sonrisa sádica, Wes miró a la vampira haciendo una pausa antes de retomar la lectura:
-"26 de junio. Más logros. Expuesto a 4.000 voltios, presenta convulsiones tras la electrocución. La carne está caliente al tacto"
-Eres un monstruo –le dijo la chica, horrorizada al oír esas cosas.
-Este no es mi diario, Elena. Como ves, está escrito a manos por el Dr. Grayson Gilbert. Todo lo que le he estado haciendo a tu novio, lo aprendí de él.
No queriendo creer nada de lo que decía el rubio, Elena agarró fuertemente a este muy cabreada y le exigió una cura para Damon.
-No soy yo quien la tiene –respondió él manteniendo la calma de una forma inusual.
-¿Y quién la tiene?
-Yo –respondió una voz masculina tras las espaldas de Elena.
La chica reconoció esa voz, pero no quería que fuese verdad, así que se giró para enfrentarse a la realidad y se quedó helada al ver el rostro de su padre.
-¿Tú formas parte de todo esto? –preguntó ella con voz temblorosa, pues aún no se creía lo que le había contado Wes.
-Yo dirijo esto –matizó él con orgullo.
-Pero tú eres bueno, ayudas a las personas. ¿Por qué haces esto?
-Los vampiros no sois personas, sois monstruos. Y os tratamos como os merecéis.
Elena se quedó alucinada al oír esas palabras provenir de su propio padre.
-¿Sabías que me tenían en aquel sótano? ¿Que me torturaron?
-Yo mismo te inyecté la verbena que te dejó inconsciente la primera vez.
-Pero soy tu hija… -se horrorizó la joven.
-Dejaste de serlo el día de moriste y te convertiste en el monstruo que eres ahora.
Elena se movió a velocidad vampírica hacia su padre y le agarró de los brazos con fuerza.
-Dame la cura –le ordenó ella con voz firme.
-¿Para que puedas ayudar a tu novio? –le dijo Grayson asqueado al decir esta última palabra-. Lo siento, pero no va a ser posible. Tengo mejores planes para él. Como por ejemplo, matar a todos los vampiros de Mystic Falls. Eso como comienzo.
-Dame la cura –insistió Elena utilizando esta vez la compulsión.
-Esos trucos de vampiro no funcionan conmigo, mi mente es más fuerte.
Grayson, cansado de esa discusión con su hija, sacó una jeringuilla de verbena con intención de clavársela a esta en el cuello. Pero alguien apareció rápidamente en la habitación y le dio un empujón que le dejó caer al suelo, algo que comenzaba a ser una costumbre en la vida de Elena.
-¡Caroline! –exclamó la vampira agradecida de verla.
-¿Tienes ya la cura? –le preguntó esta.
-La tiene mi padre y no parece tener muchas ganas de colaborar.
-Pues habrá que hacerle entrar en razón de algún modo, no sabemos cuánto tiempo vamos a poder retener a Damon.
