Hola, siento la tardanza en actualizar. Os traigo al capítulo final de este fic! Espero que os guste :)
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Caroline ató a Grayson a una silla mientras Elena hacía lo mismo con Wes. La chica Gilbert cogió el cuaderno que había estado leyendo el doctor Maxfield momentos antes y le echó una ojeada, cerrándolo rápidamente al sentirse incapaz de seguir leyendo las barbaridades de experimentos que su padre y el resto de Agustine habían estado haciendo durante todos estos años.
-¿Por qué hacéis esto? –le preguntó la chica a Grayson, aquel al que una vez había admirado y que ahora sentía que no conocía en absoluto.
-¿Por qué un médico experimenta con un ratón? –le devolvió la pregunta este-. Ciencia.
-¿Estás comparando a los vampiros con ratones de laboratorio?
-Ninguno sois humanos. Y hay experimentos más avanzados que requieren ser realizados con criaturas más similares genéticamente al ser humano. Por eso experimento con los de tu calaña.
-¿Ibas a dejar que me hicieran todo esto? –alucinó Elena alzando el cuaderno con anotaciones de los experimentos del doctor Gilbert.
-Esas cosas ya se las hice a tu novio, no estaría haciendo ningún avance realizando las mismas operaciones contigo. Para ti tenía pensado algo mejor.
-¿Ser parte de la Fase 2?
-Ya que no puedo curarte, quiero convertirte en la solución para acabar con los de tu especie.
-¿Por qué nos odias tanto?
-Se lo debo a tu madre –dijo Grayson, para después continuar al ver la cara de confusión de la chica-. Uno de los vampiros Agustine con los que experimentaba se me escapó y la mató para vengarse de mí.
-No todos los vampiros somos iguales –se defendió Caroline, ya que su amiga estaba tan afectada por esa noticia que no podía hablar-. Nosotras no somos así.
-Puede que no ahora, pero con el tiempo lo acabaréis siendo. Está en vuestro ser, es vuestro instinto.
-No vas a darnos la cura para Damon, ¿verdad? –se dirigió una impaciente Elena a su padre.
-Nunca –respondió el humano de forma desafiante.
La chica Gilbert respiró profundamente para intentar calmar su ira y aclarar sus ideas.
-Caroline, llévate a Wes de aquí –le ordenó a su amiga-. Hazle olvidar todo esto de los vampiros y oblígale a salir de la ciudad para no volver jamás.
-Elena…
-Haz lo que te digo, Car –insistió esta-. Yo me encargo de mi padre.
La rubia no estaba muy convencida de dejar a su amiga sola con el humano, pero sabía que cuando Elena se ponía así de cabezota no había forma de hacerle cambiar de opinión, por lo que accedió a su petición y se llevó a Wes de allí.
-¿Qué es esto? –le preguntó Elena a su padre, encontrando en un cajón una jeringuilla con un líquido oscuro en su interior.
-Un prototipo.
-¿De la Fase 2?
-No, en realidad se trata de algo más avanzado. Un tipo apareció por aquí hace unos días alegando que el veneno de hombre lobo era letal para los vampiros.
"Le he hecho algunas mejoras al suero que le inyecté a tu novio, pero todavía no he encontrado al sujeto adecuado.
-Me tenías a mí en aquellas celdas, ¿por qué no lo probaste conmigo? –preguntó ella confusa.
-El sujeto portador infectaría a otros vampiros al morderles, pero él también moriría debido al veneno.
-Pero eso es lo que quieres, ¿no? Vernos muertos. A todos.
-Sí, supongo que sí… -murmuró Grayson no muy convencido.
Por un momento, a Elena le pareció ver preocupación en los ojos de su padre, como si este temiese que le ocurriese algo malo a ella. Confiar en el hecho de que Grayson siguiese sintiendo ese afecto por ella y que querría protegerla era una apuesta arriesgada, pero Elena se estaba quedando si alternativas y necesitaba la cura para Damon con urgencia, por lo que cometió la mayor locura de su vida. Con la esperanza de que Grayson se apiadase de ella y le diese la cura, Elena se inyectó el suero con veneno de hombre lobo sabiendo que esto la mataría en menos de 24 horas si su padre no lo impedía.
Grayson se quedó de piedra al ver a su hija haciendo tal cosa, pero fingió que no le importaba. Su estrategia estaba yendo bastante bien, hasta que Elena comenzó a debilitarse, a toser sangre y a tener alucinaciones.
Una pequeña Elena de 7 años bajó al sótano de la clínica de su padre buscando una pelota que se le había caído. Aquel lugar siempre le había dado miedo, pero tenía que ser valiente y bajar a recuperar la pelota que su padre le había regalado por su cumpleaños.
-¡Para! –gritó una voz desgarrada de un hombre-.¡No lo soporto más! ¡Para!
La niña se aproximó despacio hacia la puerta tras la cual procedía esa voz, voz que se desvaneció tras sonido como de una fuerte descarga eléctrica, seguido de un grito desgarrador. Esto aterrorizó a Elena, quien se quedó paralizada con la mano a punto de tocar el pomo de la puerta.
El doctor Gilbert salió de la habitación con una sonrisa radiante, luciendo su bata blanca ligeramente manchada en varias zonas de algo rojo que parecía sangre. Al ver a su hija allí, se le cambió la cara por completo.
-Elena, ¿qué haces aquí? Te dije que no podías bajar aquí bajo ningún concepto.
-¿Quién es el hombre que gritaba? –preguntó esta muy preocupada.
-Un paciente.
-¿Está malito?
-Sí, así es, cielo.
-Vas a curarle, ¿verdad?
-Elena, hay ciertas… personas que no pueden ser curadas –intentó explicarle el Grayson de la actualidad, interactuando con una Elena sumergida en su alucinación y que hablaba en voz alta.
-¿Por qué no? Tú eres doctor, curas a la gente.
-¿Y si este hombre no merece ser curado? –quiso hacerle entrar en razón a su hija, puesto que Damon era el hombre del que estaban hablando, al cual Grayson por aquella época le había estado sometiendo a fuertes descargas eléctricas para ver el comportamiento de su corazón.
-Nadie merece morir, papá –le contradijo Elena-. No importa lo que haya hecho ese hombre, no puedes dejarle morir.
"Dijiste que, como médico, tenías el deber de salvar a todos sin importar lo que estos hicieran. Si dejas morir a un hombre malo, eso también te convertirá en malo.
La joven vampira comenzó a toser sangre de forma repentina y bruscamente, saliendo así la alucinación en la que estaba sumergida. Su vista se nubló y comenzó a tambalearse.
-¡Elena, desátame! –suplicó su padre realmente preocupado por ella, viéndola no como el monstruo que creía que era sino como su pequeña hija indefensa-. Puedo ayudarte, pero tienes que desatarme. ¡Ya!
Elena se lo pensó por unos segundos, pero en la situación en la que se encontraba no podía permitirse el lujo de dudar ni negarse a aceptar su "ayuda". Por esa misma razón, la chica liberó a Grayson de sus ataduras, desmayándose nada más hacerlo.
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Stefan estaba en el sótano, observando a su hermano a través de las barandillas de la puerta que conectaba con la celda donde tenía atado a este. Damon lucía realmente abatido, debilitado por la falta de sangre en su organismo, pero Stefan sabía muy bien que la actitud dócil de él podría cambiar en cuestión de segundos en el momento en que alguien entrase a la celda. Así es como reaccionaba el instinto de supervivencia de un vampiro, haciendo uso de las últimas fuerzas que le quedaban en el cuerpo cuando viese la oportunidad de conseguir alimento fresco.
-¿Esperas visita? –murmuró Damon débilmente al oír el sonido del timbre de la puerta principal de la casa.
-Con suerte, será Elena con la cura –comentó su hermano, percatándose del ligero brillo en los ojos de este al mencionar el nombre de la chica-. Vuelvo en seguida…
Como bien había vaticinado Stefan, el visitante se trataba de la joven vampira, quien traía grandes noticias consigo.
-¿Estás segura de que Grayson no nos le está jugando con esto? –preguntó Stefan no muy convencido con el brote de amabilidad del doctor-. Podría ser una trampa. ¿Cómo podemos estar seguros de que esto curará a Damon? ¿Y si le mata?
-Confía en mí, esta es la cura de verdad.
-¿Cómo estás tan segura?
"Porque yo me he inyectado lo mismo hace un rato" pensó Elena para sí, pero no diciéndolo en alto para no preocupar a nadie por haber cometido un acto tan arriesgado en confiar en el amor que Grayson procesaba a su hija.
-Tú solo… Confía en mí –insistió la chica-. No le daría esto a Damon sino estuviese completamente segura de que no le hará nada malo.
-Tienes razón –asintió Stefan comprendiendo que ella jamás pondría en peligro al vampiro, porque se preocupaba por él y cuidaba de él de una forma en que ni él mismo puede hacerlo-. ¿Por qué no se la llevas tú? Le gustará verte.
Elena sonrió felizmente y bajó al sótano sin perder ni un valioso segundo. Damon, al verla entrar en su celda, le dedicó una sonrisa bobalicona, la cual desapareció de su rostro al verla acercarse demasiado.
-No quiero hacerte daño –le dijo el vampiro con miedo en su voz, retrocediendo como pudo hasta pegarse por completo a la pared.
-Y no me lo harás –le aseguró ella caminando hacia este y sentándose de cuclillas frente a él-. Confío en ti.
-No deberías.
-¿Quieres seguir discutiendo, o prefieres tomarte esto? –le preguntó Elena mostrándole un pequeño frasco que tenía en su mano.
-¿Cómo lo has conseguido?
-Eso no importa ahora.
Damon no quiso discutir, así que aceptó el frasquito y se lo tomó de un trago.
-¿Cómo te sientes? –le preguntó ella pasado un rato sin que pasase nada aparentemente.
-Bien, supongo.
-Entonces… ¿Podemos hablar ahora del hecho de que me besaste?
-¿Y de que tú me devolviste el beso?
-Sí, bueno… -murmuró la chica ruborizada al recordar ese increíble beso que compartieron.
-¿No prefieres hablar del hecho de que casi te mato?
-Prefiero la charla del beso.
-Vale, pues hablemos entonces.
-Solo quería que supieras que estoy bien con eso.
-¿Sí? –preguntó Damon con una sonrisa traviesa.
-Sí, estamos bien. Muy bien.
-Así que, ¿esta ha sido la charla?
-Sí, creo que sí.
-Perfecto –sonrió él, inclinándose hacia delante al mismo tiempo que ella, uniendo sus labios a medio camino.
El beso que compartieron era dulce y despacio al principio, hasta que una impaciente Elena enterró las manos en el cabello del chico y tiró de este para entrelazar sus lenguas, al tiempo que este colaba sus manos por debajo de la ropa de la vampira. Sus respiraciones se aceleraron debido a la excitación. Elena gimió levemente contra los labios del vampiro al sentir el toque de su piel contra la suya, algo que esta no tardó en imitar al desgarrar la camiseta de Damon para poder acariciar y besos sus perfectos abdominales. Esta vez fue el turno de él de gruñir excitado en respuesta a sus mimos, para luego apartarla levemente al ver que estaban emocionándose demasiado.
-Creo que deberíamos esperar un poco para esto –susurró Damon con la mirada fija en los labios de la chica-. Hasta estar seguros de que no soy un peligro para ti. No quiero hacerte daño.
-Cierto, deberíamos esperar –asintió ella conforme, mirando también los labios de vampiro y respirando con dificultad.
-Aunque… Para saber si estoy curado del todo, supongo que habrá que hacer una prueba.
-Claro –estuvo de acuerdo Elena, mordiéndose el labio inferior excitada-. Y no tienes por qué estar desatado.
-Es más seguro así, sí –coincidió él, inclinándose una vez más para volver a unir sus labios.
Damon sujetó a la joven por la cintura y la atrajo hacia sí para hacerle sentarse en sobre su regazo y pegar más así sus cuerpos.
-Creo que el tratamiento es efectivo –rió Elena divertida al notar el bulto de sus pantalones presionando contra ella-. Ya no tienes ganas de comerme.
-No en el mismo sentido al menos –dijo el vampiro apretándola más contra él, mostrándole cuán excitado estaba.
-Hay un par de vampiros más en esta casa ahora mismo, supongo que si te descontrolases, con gritar bien alto se enterarían.
-Tenía pensado hacerte gritar de todas formas –insinuó él sensualmente-. Aunque de una forma más placentera…
-¿Sesenta años sin sexo y crees que vas a poder aguantar lo suficiente? –se burló ella siguiéndole el juego-. Pues sí que tienes mucha fe en ti mismo.
-Tú también tendrás fe en mí cuando compruebes lo que soy capaz de hacer incluso tras tantos años sin sexo.
-Estoy deseándolo.
Tal y como Damon había prometido, este hizo a Elena gozar tanto de su encuentro sexual que la vampira tuvo que agarrarse fuertemente a él y morderle el hombro para acallar sus gritos de placer al alcanzar el maravilloso clímax al que Damon le hizo llegar. Al dejarse ir él poco después de ella, el chico recostó su cabeza en el hombro de Elena y ambos se abrazaron en silencio mientras sus respiraciones se normalizaban.
-Me has hecho creer –sonrió ella sintiéndose plena tras su encuentro sexual con Damon. No solo por el sexo, sino también por cómo le había hecho sentir-. Tengo fe en ti.
-Te lo dije –susurró este con cierta chulería mientras acariciaba dulcemente la espalda desnuda de la chica-. Nunca rompo mis promesas.
Elena se separó levemente para mirarle a los ojos.
-No, nunca lo haces –coincidió ella con una sonrisa-. Incluso cuando no dependía de ti, me prometiste que estaría bien, que los de Agustine no me harían daño, y tuviste razón.
-Me alegra saber eso. Cuando me llevaron al sótano de la consulta de tu padre, solo podía pensar en lo que te estarán haciendo y eso era peor que lo que me estaban haciendo a mí.
Elena le acarició el rostro con cariño hasta que se detuvo cuando que cayó en la cuenta de algo.
-¿Cómo sabes que Grayson es mi padre?
-Cuando era él quien experimentaba conmigo –le contó él-, tenía junto a la mesa de su escritorio una foto tuya. Eras muy pequeña entonces, pero no has perdido la apariencia.
-Nunca me dijiste nada.
-No es fácil asimilar la noticia de que tu padre te odia. Créeme, yo pasé por lo mismo.
Elena asintió al recordar que a Damon le mató su propio padre.
-Creo que mi padre ya no nos odia –dijo ella en voz baja, con cierto miedo a que si lo decía en alto la cosa cambiaría-. Al fin y al cabo, me ha dado la cura para ti.
-No tendría que haberlo hecho sino me hubiese infectado primero –le recordó él, para luego cambiar de tono al ver la cara de decepción de esta-. Pero tienes razón, nos ha dado la cura. Es un buen comienzo, supongo.
La chica sonrió en respuesta y le dio un dulce beso en los labios como recompensa por ese comentario.
-¿Qué va a pasar ahora? –preguntó ella jugando a hacer círculo con los dedos de una mano sobre los pectorales del vampiro-. Con nosotros, me refiero.
-Por el momento, deberíamos vestirnos antes de que a mi hermano y a la Barbie de su novia les dé por bajar y nos pillen así –sugirió Damon con tono divertido, puesto que ambos seguían completamente desnudos-. Y después… No sé tú, pero yo estaría encantado con la idea de repetir esto en más de una ocasión.
-Así que, ¿solo sexo? –preguntó la joven algo decepcionada con esa idea.
-No creo que pueda concebir la posibilidad de tener contigo solamente sexo, Elena. Quiero algo más. Quiero estar contigo.
-No tengo nada que objetar al respecto –sonrió ella ampliamente, inclinándose para unir sus labios románticamente como forma de cerrar el trato.
FIN
