Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.

Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.


Capítulo 3: California

Unas cuantas revistas y periódicos hicieron que la hora que faltaba para que abordáramos pasara rápido. Apenas escuchamos al anunciante, avisando nuestro avión y en que puerta íbamos abordar, nos dirigimos a donde nos indicaba el anunciante. Estando en el avión, fuimos a nuestros puestos en primera clase; luego de ver las instrucciones de las azafatas y ya el avión en el aire, Alec habló.

–Se nota que Stefan tiene mucho dinero y más con esa cantidad que te dejó en esa cuenta que te hizo. –me contó sorprendido.

–Si… es mucho dinero lo que me dejó. –respondí de la misma manera. La cantidad que me dejó mi creador era… ni siquiera tenía palabras para la cantidad que me dejó. Creo que tenía más dinero que un empresario o algún artista de Hollywood.

–Eso que te dio debe de ser poco, en comparación a lo que tiene en realidad. –todavía impresionado por esa cantidad de dinero.

–¿Desean comer? –nos preguntó la azafata.

–Si, mi hermano tiene hambre ¿Qué es la comida? –le pregunté.

–Pollo a la plancha con arroz y verduras. –luego que la azafata nos dijo esto miré a Alec y presentí que si quería comer, dos veces.

–Cambié de parecer, traiga dos platos de eso y dos vasos de agua por favor. –le pedí.

–Enseguida se lo traemos. –y con esto la azafata se fue.

Al traer la comida y ponerla en la mesa desplegable, Alec empezó a comer bastante rápido, le llamé la atención empujándolo un poco su brazo para que comiera a una velocidad humana y este con la mirada se disculpó, se notaba que tenía mucha hambre, mi reacción fue reírme por la situación. De un momento a otro giré mi rostro a la ventanilla para ver la ciudad bajo mis pies y volví a cerrar mis ojos.

–… de Los Ángeles. –escuché la voz de la azafata. –Ahora mismo son las doce y cuarenta y cinco de la madrugada…–me giré hacia Alec y vi que estaba profundamente dormido.

–Alec, despierta. –apenas toqué su hombro, este abrió los ojos.

–Vi algo. –le miré extrañada por lo que me dijo.

–Hablaremos eso después. –nos desabrochamos nuestros cinturones y agarré mi bolso.

Al llegar a la puerta de embarque y luego salir del edificio del aeropuerto, Alec y yo vemos a un vampiro vestido demasiado formal, acercarse a nosotros, tanto Alec como yo nos pusimos alerta ante de este extraño que se nos acercaba.

–Hola señorita Swan, mi nombre es Max. –había dicho el hombre. – Vengo en nombre del señor Demetrio Bertolini. La voy a transportar hacia el principado.

–¿Me puedes dar tu mano? –le pedí al vampiro.

–¿Bella? –Alec me llamó la atención preocupado, pero le devolví una mirada para que estuviera tranquilo. Miré al vampiro, este me dio su mano y vi que sus intenciones eran ciertas.

–Lléveme al principado. –le dije al hombre.

El hombre se giró y nos condujo hacia una limosina, en el camino Alec me miraba con cara de preocupación pero no le presté atención a ello. Una vez dentro del auto lujoso, el vampiro arranco el motor y Alec seguía mirándome con preocupación.

–Alec, deja de estar preocupándote. Vi su… –en el momento en que iba a decir "destino" me retracté. –mente.

–Él puede decirle al Fiscal de la zona.

–¿Qué? ¿Qué leo mentes? Creo que eso es normal en varios vampiros Alec. –al principio, él no había captado mi indirecta. Hasta que su mirada había cambiado a comprensión.

–Tienes razón.

Durante todo el camino, nos mantuvimos en silencio, observando la vida nocturna de Los Ángeles y comprendí porque en mis visiones Félix se observaba feliz en este lugar y era simplemente porque le gustaban las fiestas, estar en discotecas famosas y conocer muchas mujeres hermosas y liberales. Para eso se hubiera ido a Las Vegas, que es casi lo mismo, pero en fin, eso fue lo que deduje conociéndolo.

–A Jane le encantaría Los Ángeles, se nota que este lugar está muy a la moda. –le comenté a Alec.

–Si, gracias a ti a ella le gusta la moda. –me contestó con una pequeña risa.

Cuando iba a seguir hablando, el auto se detuvo delante de un gran edificio empresarial y el vampiro que nos llevaba, salió del auto y nos abrió la puerta de nuestro compartimiento, para bajarnos.

–Bienvenidos a Bertolini Enterprises, síganme por favor. –ambos seguimos a quien nos llevaba a nuestro destino.

Dentro del edificio, llegamos a una recepción, donde no había nadie por la hora y detrás del escritorio había una pared de granito con un letrero metálico que se leía e nombre de la empresa; el representante de Demetrio Bertolini, nos llevo detrás de la pared, llegando a un gran salón con varias puertas y en el centro del lugar había un pequeño pasillo con tres ascensores del lado izquierdo y derecho, nos hizo adentrar a uno de ellos y el vampiro marco el ultimo piso.

Después de unos pocos minutos, llegamos al 30 y ultimo piso; cuando abrieron las puertas llegamos a una recepción de decoración Victoriana.

Frente a nosotros estaba una gigante puerta, el vampiro la abrió y nos hizo señas para que entráramos a la habitación; al entrar, era como si hubiera regresado el tiempo, era como si volviera a la época en que me aletargué. Habían otras dos puertas grandes a los lados del salón y al fondo de este solo estaba un escritorio con un vampiro sentado detrás de el.

–Bienvenidos queridos amigos. –el vampiro se levantó del escritorio y caminó hacia nosotros.

El vampiro era alto, caucásico, de ojos verdes oliva, sus rasgos me hacían recordar al actor Al Pacino; estaba vestido como un empresario, saco gris con rayas verticales de un tono más claro y su pantalón tenía el mismo estampado, debajo del saco se le notaba una camisa azul con varios botones sueltos. Para mi gusto o atracción, era apuesto, si no fuera por la cuestión de mi pareja, ya en estos momentos empezaría a coquetearle.

–Me llamo Demetrio Bertolini, supongo que usted es Isabella Swan.

–Si señor. –el hombre cogió mi mano y beso su dorso sin dejar de mirarme a los ojos.

–Estoy encantado de conocerla señorita. –si fuera humana ya estuviera sonrojada debido a su coqueteo. Dios de lo que sea, dame toda la paciencia que puedas. Soltó mi mano y finalmente miró a Alec. –No me dijeron que traía un acompañante.

–Lo quise traer conmigo, fue decisión propia. – Demetrio le estrecho la mano a Alec.

–Alec Leighton

–¿Usted es un Dhampyr? –le preguntó.

–Si señor ¿hay algún problema con eso? –sabía que Alec estaba molesto con la pregunta. A pesar de que la mayoría de las veces actúa como un adolescente debido a que siempre va a estar congelado a los 16, cuando se tornaba serio lucía de más edad, como si fuera un vampiro antiguo.

–…No, ninguno. Es que es muy raro ver Dhampyrs por aquí, en la actualidad los vampiros somos más cuidadosos con las transformaciones. –El vampiro había captado la molestia de Alec, para cambiar las miradas, se giró a mí. –El señor Stefan me contactó de que usted venía, porque usted va hacer unas diligencias aquí ¿no es cierto?

–Si, Alec me va ayudar con el proceso.

–Esta bien, Max los llevará a su apartamento temporal, me aseguré que tuviera todas las comodidades, pero creo que al traer un acompañante puede que tengan que dormir apretados mientras se hace acomodan las cosas para darle un apartamento al señor Leighton.

–No hay problema con eso. –respondí con duda, miré a Alec y este me respondió negando con la cabeza.

–Muy bien, pueden cazar en mi territorio, con la condición de que no dejen ningún cuerpo desperdiciado por las calles, al mínimo suceso extraño los voy a citar aquí y cuando terminen su diligencia, vienen aquí a notificarme ¿está claro?

–Si señor. –dijimos al unísono Alec y yo.

–Muy bien, pueden ir a disfrutar de mi Club Inferno, cualquier pregunta que tengan pueden hacerla ahora o cuando ustedes quieran. Que disfruten la noche. –en el momento en que me iba a ir volví hablarle.

–Yo también tengo una condición.

–¿Y cual es señorita Swan?

–Que nadie toque a Alec, si lo tocan se las verán conmigo y mi creador. –apenas dije esto, Demetrio estaba aguantando la risa, pero no le duró mucho porque me noto molesta.

–Como usted desee señorita Swan ¿Hay algo más en lo que la puedo ayudar? –negué con la cabeza. –Disfruten la noche. Max llévalos a su apartamento. –con esto salimos junto con el tal Max de aquel salón.

Volvimos a la misma limosina pero no duramos mucho tiempo en ella, a 15 minutos de camino ya estábamos en una edificación de apartamentos.

–Síganme por favor. –nos pidió el vampiro.

Lo seguimos y al entrar a la edificación, la sala para esperar los ascensores no era ni tan lujosa y hermosa, pero tampoco era un sitio donde vive gente pobre. Max marcó el ascensor e inmediatamente se abrieron las puertas, los tres entramos en ella y el vampiro marcó el piso 4, al hacer esto se cerraron las puertas y volvieron abrir segundos después, los tres salimos y llegamos a un pequeño cuarto con una ventana mirando hacia la calle y una puerta con un letrero que indicaba "4-A". Los tres nos pusimos delante de la puerta y Max me dio dos llaves.

–Esta–me señaló una llave. –es la llave del apartamento. Y esta otra–me señalo la otra llave. –es para la puerta de emergencia o respiradero. Que tengan buena noche. –Y con esto marcó el ascensor y se fue.

Abrí la puerta con la llave que me indicó Max y al abrir la puerta, tanto Alec como yo nos quedamos asombrados. El apartamento era gigantesco y tenía un primer piso; en la sala, había tres muebles de cuero marrón, dos individuales y un mueble donde cabían dos personas, a los lados del mueble más grande tenían unas mesitas con gavetas donde estaban unas lámparas, en el medio de los muebles había una mesa de té junto con unas flores y un teléfono, frente a los muebles estaba un televisor y por ultimo un gran ventanal de vidrio polarizado, tapado por una cortina anti-solar negra; al fondo del lugar estaba la cocina y el comedor juntos, en la parte de la cocina predominaba el color marrón oscuro y habían aparatos que para un vampiro era inservible porque no lo usábamos pero solo era para aparentar, y también tenía una barra con tres sillas altas, en el comedor había una mesa de madera oscura y vidrio, junto con unas sillas del mismo color y el colchón era de color crema; junto a la cocina había un baño y una lavandería, en el baño solo tenía una ducha, lavamanos, junto con un espejo y un inodoro; cuando subimos al piso superior, subimos por una escalera de madera oscura y en forma de caracol, en el primer piso había una puerta, un estudio con libros y un mueble para dos personas; la puerta era el único cuarto del apartamento, era pequeño, se veía una cama matrimonial King Size y muy pegada a la cama había una peinadora, a un lado de la pared estaba el armario y una ventana a su lado, cerrada con vidrios polarizados y una gran cortina que tapaba la luz; al otro lado del armario se encontraba otra puerta que era otro baño, al entrar a el, era más grande, tenía una tina, dos lavamanos y un inodoro.

–Este tipo de cosas no se ve en Londres, no que yo sepa. –me comentó Alec y yo lo que hice fue mover la cabeza de forma afirmativa, dándole la razón.

–Si se ven, pero no de forma tan excéntrica y exagerada. –le dije a Alec mientras miraba la habitación.

–¿Cuál es el plan ahora? –sintiendo la mirada de Alec.

–Vamos a la sala.