Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.

Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.


Capítulo 11: Encuentros

Luego de aquella presentación y apretones de mano por parte de los dos, el resto de ese día ambos no hablamos pero si disfrutábamos de nuestra compañía; mientras lo veía comer lo analicé de forma simulada y todas sus expresiones corporales demostraban que estaba cómodo; hasta que vi que en su ojo izquierdo empezaba a ponerse oscuro, al igual que su mejilla.

¿QUIÉN. COÑO. LE. HIZO. ESTO?

Tuve que controlar mi ira ante sus golpes en la cara, la marca de los golpes apenas eran perceptibles para el ojo humano; lo que se le podía ver era que se encontraba un poco hinchado esas partes, al menos la brisa fría no le permitió que se hinchara tanto, pero igual le iban a salir los moretones.

Cuando terminó de comer, presentía que Edouard no se quería ir, no tanto porque sentía que él le gustaba mi compañía, sino a algo que le temía.

¡¿Qué rayos era?!

Le ofrecí caminar por ahí y el estuvo de acuerdo, mientras caminábamos hablamos un poco sobre lo que observábamos a nuestro alrededor, disfrutando nuestra compañía, hasta que en realidad llegó la hora de separarnos.

–Creo que es hora de irte a casa Edouard. –simulando ver mi reloj de muñeca y viendo a nuestro alrededor. Eran ya las 9:30 de la noche y había en la calle muy poca gente. El rostro de mi pareja se desfiguró a una de tristeza. –¿Pasa algo? –negó moviendo la cabeza y me respondió.

–Nada… tienes razón, tengo que volver a casa.

–Te acompaño. –apenas dije esto Edouard me respondió alterado.

–¡No! –esto me hizo saltar ante su rechazo, el vio mi reacción y trató de arreglar lo que dijo. –Disculpa… no creo que sea buena idea que me acompañes. –lo que hice fue asentir.

Lo iba acompañar así no le gustara.

–Sé que no es mi asunto, pero eres un menor de edad y no voy a dejar que camines solo por las calles, te dejare en la puerta de tu casa ¿si? –convenciéndolo a irme con él.

–¿Y tú? ¿Vas a caminar sola por estas calles? –preguntó preocupado.

–No te preocupes por mí. –no dándole importancia al asunto. – ¿Caminamos? –el estaba dudoso en seguir, hasta que empezó a caminar y guiarme donde vive.

Una vez salimos del puente parte de la calle, le ofrecí coger el metro para llegar más rápido a su casa y Edouard aceptó. Pagué el boleto de ambos en las dos veces que tuvimos que agarrar los trenes, uno que llevaba del Pont Neuf a Louis Blanc para luego caminar tres cuadras y agarrar otro tren que iba de Lois Blanc a Botzaris. Me di cuenta a que iba a la calle Rue de Mouzaïa, era algo cerca de donde vivía.

–¿Vives en aquí? –le pregunté.

–…Si. Espero que tu casa no esté tan lejos. –su voz se le denotaba preocupación todavía ¿A que le tendrá miedo?

–De hecho vivo en la Rue Gaston Pinot. –le dije sin filtro verbal. Mi intención no era decirle, pero ya el error está hecho.

–Vives bastante cerca. –dijo contento mientras me miraba, luego se sonrojó y giró su rostro a otro lado cambiando a una expresión más seria. –Quiero decir… es bueno que vivas cerca. –oculté mi sonrisa por su reacción.

Luego Edouard se giró hacia una calle llamada Villa d'Alsace y paró a la primera casa, los latidos de su corazón se volvieron acelerados al mirar la casa.

–¿Vives aquí? –le pregunté mientras miraba la casa y a él. La casa era de dos pisos, las paredes eran de ladrillos rojos y ventanas rectangulares alargadas, tenía cierta similitud a las casas victorianas de antes.

–Si. –en el momento en que iba hablarle otra vez, salió de esa casa un hombre con rostro enfurecido. El hombre era la copia exacta de Edouard, a diferencia de que este era más viejo y expresión agresiva.

–¡¿Dónde estabas?! –el hombre lo agarró por los hombros y lo agitó. –¡Tu madre estaba preocupada por ti pedazo de mierda! –iba a cortarle la cabeza a ese humano, pero algo me decía que me contuviera, que no era buena idea intervenir.

Lo único que hice fue cerrar mis manos en puño y observar los regaños de ese maldito humano que era su padre hacia mi pareja. Después de tantos regaños el hombre me vio con desprecio y ni siquiera preguntó como me llamaba, como conseguí a su hijo, algún agradecimiento… nada, solo desprecio y una puerta cerrada en mi cara.

Lo único que hice fue caminar hacia donde mis piernas y mi olfato me llevaran, necesitaba descargarme con alguna presa que tuviera malas intenciones.


20 de Enero de 1999. París, Francia.

Ha pasado justamente un mes de la primera y ultima vez que vi a Edouard. Intenté ver su futuro o acciones y era muy confuso, era como si me bloqueara. En un principio pensaba que era porque estaba perdiendo facultades, pero probé un experimento con una presa y yo estaba bien; el problema era mi pareja, que había veces que le podía ver algo y otras veces no, esto era muy raro.

Decidí ir a su casa hace tres días para ver que pasaba y descubrí con que Edouard estaba castigado, debido por una discusión que tuvo con su padre el día en que lo encontré; por lo que vi de su madre, ella no estaba de acuerdo con el castigo, pero para evitar la furia de su esposo tuvo que estar de acuerdo con él. Ante este descubrimiento estaba ante un dilema, si aparecer en su casa o simplemente esperar y vigilar a mi pareja. La razón y mis premoniciones me decían que esperara, que llegaría el momento en que nos volveríamos a encontrar dentro de poco.

Amaba el invierno y mis cualidades de Tempus, para un ser como yo podía darse un poco el lujo de pasearse mientras el sol está semi-oculto o cuando está completamente nublado el cielo, todo debido a que mi cuerpo creó un pequeña resistencia al sol cuando empecé a tener dominio sobre el cambio de noche a día y viceversa; por lo tanto podía pasearme por las calles de Francia a partir de las cuatro o cinco de la tarde/noche. Mientras caminaba por las calles de París disfrutando el Solsticio de Invierno, pasó por mi nariz aquel olor apetitoso de mi pareja y perseguí aquello que me llamaba; de tanto caminar llegué a una calle a ocho cuadras de donde vive Edouard, mi pareja estaba saliendo de una pequeña tienda con una mujer.

–¿Edouard? –pregunté obteniendo su atención y la de la señora a su lado. –Hola Edouard ¿te acuerdas de mi no?

–Hola señorita Isabella. –luego de saludarme, se giró hacia la señora. –Mamá, ella es Isabella, la chica que me consiguió. –la señora se acercó a mi y me ofreció su mano.

–Mucho gusto, me llamo Elizabeth, soy su madre. –estreché su mano y ella me dedicó una sonrisa sincera. –Gracias por cuidar de mi hijo y regresarlo a casa.

Su madre era golpeada por su padre…

Edouard defendía a su madre de los golpes o simplemente no recibía ayuda…

Su más grande amor son sus hijos…

Le teme mucho a su esposo, quisiera divorciarse de él, pero le tiene mucho miedo de lo que le pueda ocurrir a ella, su reputación y sus hijos…

–De nada señora, tiene un hijo excelente, creo que hasta me hice amiga de él. –dedicándoles una sonrisa a ambos. Este era un gran esfuerzo que estaba haciendo de mi parte, después de todo lo que vi quería matar a ese hombre.

–Mi hijo me ha hablado muy bien de usted. –dándome una mirada sugestiva y ocultando una sonrisa. Después vi a Edouard que estaba sonrojado.

–Mamá…–llamándole la atención a su madre sutilmente, pero su madre no le prestó atención.

Esas si que son buenas noticias, el problema estaba la diferencia de edad física. Fui convertida a los 15, pero en mis tiempos de humana la vida era muy difícil, por lo tanto mi apariencia era una de veinte y tantos.

–Debería dejarlos, veo que están ocupados. –soltando una sonrisa nerviosa.

–Fue un placer conocerte. –dándome un beso en la mejilla como forma de despedida. –Que Dios la cuide. Vamos Edouard.

–Adiós Edouard. –ofreciéndole mi mejor sonrisa y este quedó embelesado.

Seguí mi camino como si nada, sintiendo la intensa mirada de Edouard a mis espaldas. Mientras caminaba, estaba sonriendo feliz por el descubrimiento que hice, Edouard a pesar de que era humano sentía atracción por mí sin él saber.

Creo que el camino se me va a ser más fácil.

De tanto caminar sentí una mirada a mi espalda, como si me estuvieran vigilando. Cerré mis ojos y traté de buscar quien era el que me vigilaba…

Un humano…

Quería violarme…

Para seguirle el juego, busque calles que estuvieran lo más solas posibles, para poder atrapar mi presa sin ser vista o escuchada.

Una vez conseguí una calle desierta, paré de caminar y miré hacia atrás, y ahí estaba mi presa; no olía a nada religioso, pero si a bastante alcohol.

–¿Te perdiste linda? –se acercó hacia mi con una sonrisa divertida. –Yo te puedo ayudar. –por sus ojos brotaba la lujuria.

–No me he perdido, solo caíste en mi juego. –le dediqué la misma sonrisa divertida, el hombre estaba divertidísimo con mi respuesta y se acercó más a mí.

Ya cuando estaba a cierta distancia cerca de mí, saqué aún más mis colmillos y el hombre al ver esto se aterrorizo; justo cuando el hombre dio la vuelta para correr ya estaba delante de él; lo levanté del suelo como si fuera un muñeco y lo pequé a una pared.

–Me encanta comer presas como tú. –luego de que le dije esto, lo bajé y mordí su cuello, absorbiendo aquel líquido.

Una vez tomado un litro de su cuerpo, me desaparecí ante sus ojos sin que se diera cuenta. Lo que estaba a mi favor era que estaba medio borracho, por lo tanto no recordaría mucho sobre lo sucedido.

Y así fueron con varios cuerpos, en todo París; tenía grandes tentaciones de consumir toda la sangre de algunos criminales, pero no podía hacerlo si no quería levantar sospechas sobre los vampiros. Una vez terminada de comer decidí ir a la casa de Edouard, quería escuchar los latidos de su corazón y asegurarme que estaba bien.

Al llegar me subí al techo de una casa cercana a la de mi pareja y me quedé allí mirando al cielo, escuchando aquel tamborileo de su corazón.

¿Qué sucedería si me descubre? Si descubre lo que soy…

Probablemente se sentiría asqueado por mi dieta…

Mierda no sé como llegar él de una forma que no sea tan acosadora…

Maldición… ¿Porqué tenía que ser menor que yo físicamente?

Pero lo que más me extraña de todo esto es porqué me bloquea y sé que no es intencional.


14 de Febrero de 1999

–Alec no quiero parecer una acosadora. –le dije Alec mientras me colocaba una camisa manga larga blanca, pantalones de mezclilla y botas de invierno, Alec se encontraba fuera del cuarto hablando conmigo.

–No vas a parecer una acosadora, es simplemente un día que vas a ir a la iglesia y ya. –seguía insistiendo. –Como otras veces que haz hecho.

–Si pero las veces que he ido es por tradición, no porque soy una católica devota que va todos los domingos a la iglesia. –una vez arreglada

Hace tres días Alec me encontró, para él fue muy difícil mi búsqueda y más con Nathaniel a sus espaldas…

…Estaba en el techo de una de las casas cercanas a las de Edouard, cuando en mis visiones me nublaron la mente…

…Un vampiro corriendo hacia acá…

Me coloqué en posición de combate hacia lo que venía aquí, hasta que escuché una voz a lo lejos.

Soy yo Bella.era la voz de Alec. Esto me hizo sonreír de alegría.

Ya estando en el mismo techo que yo abandone mi posición de defensa y corrí hacia para abrazarlo.

¿Bastante te costó encontrarme?le pregunté.

Si, y más con un Nathaniel a mis espaldas. dijo en tono de fastidio. Quiere que vuelvas a Inglaterra.miré hacia la casa de Edouard y respondí.

Ya no puedo. Alec había captado lo que le dije y este respondió.

Así que es él. en tono alegre. ¿Cómo se llama?

Según lo poco que me contó Alec, perdió a Nathaniel por Asia, cerca de los limites de China; mi amigo Dhampyr sabía que no estaba en ese lugar, él sabía que estaba por Europa. Le costó 9 años conseguirme, sabía que yo me había ido porque no aguantaba estar encerrada, por lo tanto prefirió que pasara bastante tiempo; cuando fue 1990, se declaró que se acabaría la cacería hacia mi cabeza porque no se consiguieron pruebas palpables de que era una Temporis, que solo era una vampira que sabe dominar bien a sus victimas, desde ese momento Alec decidió buscarme, hasta que Nathaniel quiso meterse en eso. Tuvo que pedirle ayuda a su hermana y los gemelos para pararlo, les prometió que una vez que me consiguiera los buscaría, ya que estos tres seres me extrañaban.

–¿Ya estás lista? –preguntó a través de la puerta.

–Si, ya voy.