Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
Capítulo 12: Miradas y Latidos
Ambos nos estábamos encaminando a la iglesia que quedaba a una cuadra de donde vive mi pareja, aproveché este momento para informarme.
–¿Como te deshiciste de Garrett?
–Lo que supe después de que me fui, es que yo estando por América él me consiguió, esto podía significar que se escapó de Jane, Rosalie y Jasper. –empezó a explicarme. –Durante un tiempo dejé que él estuviera conmigo, hasta que supe en donde te podría encontrar que era en Francia. Di vueltas y vueltas con él, hasta que en una noche de esas que fue a dormir lo dejé, escapé de él lo más lejos que me era posible. Como te dije, lo dejé por las fronteras del Sur de China. –una vez terminó de explicarme seguí preguntándole.
–¿Jane como está?
–Ella esperando mi llamada y divirtiéndose mucho… con cualquiera que se le atraviese. –lo ultimo lo dijo con dificultad.
–Se llama sexo Alec, ella ya está bastante grande. –dije aguantando la risa, su sobreprotección hacia su hermana siempre me daba gracia.
–Pero aún así es mi hermanita. –dijo quejándose, yo solo voltee los ojos.
–Deberías tener sexo más seguido Alec. –le recomendé.
–¿Cómo? Tengo un cuerpo de quince –me preguntó.
–Ya no luce tan de quince Alec. Ya luce de dieciocho. –era la verdad. Cada día que pasa nuestra apariencia física luce de más edad, todo porque cuando fuimos convertidos, la vida era más difícil. –Cambiando de tema, –sabía que el tema de su apariencia y lo de ser Dhampyr lo afectaba un poco. – ¿Cómo están mis hermanos?
–Bueno ellos están corrompiendo a mi hermana, no deberían, ellos son menores que ella… –volviéndose a quejar.
–De acuerdo, estás muy quejoso. Mejor cambiamos de tema. –¿Qué rayos pasaba con Alec? Se quedaría en la era ocultista y medieval. –¿Cómo sabes que mi pareja estará en esa iglesia?
–Recuerda que mientras duermes, yo investigo y lo que pude conseguir en todo esto es que ellos van a ir a esta iglesia porque van hacerle una misa a un familiar de ellos, lo que no sé es, si es algún tío o hermano o… no sé. –lo que hice fue asentir levemente.
–Mierda Alec, no sé como acercarme a él sin parecer una acosadora. No sé como… decirle que esté conmigo. –empecé a confesarle. –Él luce 16 o 18 años, a pesar de que tiene 14… yo en cambio tengo aproximadamente 20 años físicos…–suspiré de frustración. – eso lo hace difícil.
–Él te va a querer Ana, lo va hacer. –después que me dijo esto me abrazó en plena calle y apoyé mi cabeza en su hombro.
–Ya ni sé que hacer… quiero estar con él Alec. –apenas sentí la lagrima cayendo por mi mejilla, me alejé de él y busqué en mi bolso algo para limpiarme, además de un espejo.
–Toma Bells. –me ofreció un pañuelo que estaba en su bolsillo de su pantalón, mientras yo sacaba el espejo de mi polvo compacto.
–Gracias. –abrí el estuche del polvo compacto y me limpié el pañuelo. Estaba haciéndolo con delicadeza para no dejar manchas de sangre en mi cara.
–Creo que estamos en problemas y será mejor que te apures. –miré a Alec con preocupación. Moví un poco el espejo del estuche, observé que detrás de mí venía Edouard molesto junto con su familia. Miré a Alec buscando respuesta a su mirada. –Creo que le molestó nuestro abrazo. –suspiré.
Me eché el polvo en la cara lo más rápido que pude, a movimientos humanos. Una terminé me giré y ya estaba a unos pocos metros Edouard, estaba con sus padres, dos niñas y un niño.
–Hola Isabella. –dijo de forma semi-neutral.
–Hola Edouard. –le respondí alegre. –Hola señora Elizabeth.
–Hola querida. –ella se acercó y me dio un beso en la mejilla. Me alejé de ella para presentar a Alec, pero este se adelantó.
–Me llamo Alec Leighton soy un amigo de Ana. –el Dhampyr le dio la mano a los padres de Edouard. En el momento de darle la mano a mi pareja, yo noté una tensión por parte de él, tuve que guardarme las emociones y actuar con naturalidad. –Será mejor que entremos, creo que ya va a empezar la misa. –dijo Alec mientras guiaba con su mano hacia algo, cuando vi era la iglesia. Así estaría tan sensible que no me di cuenta que habíamos llegado.
Todos caminamos hacia la entrada, encabezado por Alec y yo, sentía la mirada intensa de Edouard hacia nosotros. Una vez adentro, la familia de Edouard se sentó en los puestos medios junto con unos conocidos de ellos y nosotros "no nos quedó de otra" que sentarnos en los bancos del lado izquierdo de la iglesia, en la misma fila que donde se encontraba mi pareja.
–¿Por qué no me dejaste que te presentara? –le pregunté curiosa a Alec.
–Para que dejes tus inseguridades y veas lo que va a suceder. –dijo con una sonrisa. Yo me quedé perpleja ante lo que dijo. –Te estoy ayudando Bells. –miré hacia al frente escuchando las palabras del padre. –Eres Temporis puedes ver su destino mejor que yo. –me susurró en mi oído.
–No puedo verlo bien, no sé que tiene que a veces no lo veo. –respondí de la misma forma. Alec me miró como si estuviera loca. –Es en serio Alec.
–Eso es muy raro. –luego de esto miró hacia al frente de forma seria. Estaba pensando.
Durante toda la misa, sentía la mirada de Edouard en mí; escuché su corazón y este palpitaba con fuerza como una persona enamorada, pero cuando miraba a su dirección este rápidamente giraba su rostro a otro lado y este aumentaba su fuerza debido a que lo capturaba mirándome.
Una vez terminada la misa Alec me condujo hacia la familia de mi pareja y sus amigos; mi amigo Dhampyr era el hablador, yo ni quería socializar, solo estaba pensando en como acercarme a Edouard. Estaba tan sumida en mis pensamientos hasta que alguien me tocó el hombro, me giré y era él.
–Hola… –dijo tímidamente. –¿Tienes algo? –preguntó preocupado.
–No. –era semi-verdad.
–Te veías preocupada.
–Solo pequeños problemas que tengo en el trabajo. –eso si era mentira.
–¿De que trabajas? –mierda eso si que no lo pensé.
–Bueno… trabajo de… secretaria. –espero que haya sido creíble lo que dije. Pero por su rostro creo que no me creyó.
–No pareces secretaria.
–Bueno, lo soy. –respondí actuando molesta.
–Disculpa. –me mostró culpable ante lo que dijo y bajó la mirada.
–No te preocupes, no soy buena en el trabajo y ni me siento orgullosa de el. –dije tratando de sonar tranquila ante su comentario y este lo creyó.
–¿En donde trabajas? –preguntó curioso.
–Trabajo en una compañía de seguros cerca de la estación Louis Blanc. –espero que no se le ocurra aparecer por ahí en el día. –Es muy estresante, como todo trabajo.
–Creo que se cual es. –Edouard iba a decir otra cosa hasta que Alec lo interrumpió.
–Bells ¿Qué te parece? –lo miré preguntándole con la mirada que era lo que me había perdido y este volteo los ojos. –Los padres de Edouard nos están invitando para ir a su casa el martes, porque es el cumpleaños de la pequeña Gabrielle. –escuché a mi pareja suspirar de frustración al escuchar lo que dijo Alec.
¿Está celoso?
–Me parece muy buena idea, aunque creo que el problema es mi trabajo. Salgo a las cinco y media, aunque todo depende del jefe. –les dije con cara de culpabilidad.
–No te preocupes, será una reunión, empezará entre las seis y siete de la noche. Todos estamos conscientes de eso. –luego de que me habló el padre de Edouard me lanzó una mirada coqueta. Tenía ganas de darle una bofetada.
–De acuerdo, nos vemos el martes. Adiós. –se despidió Alec de los humanos dándoles abrazos y apretones de manos, yo solo me dediqué a despedirme moviendo la mano.
Ya cuando estábamos lo suficientemente lejos de ellos hablé con Alec en susurros que el solo podía escuchar.
–¿Qué fue eso? –le pregunté.
–Te estoy ayudando a que te acerques a él. –no dije nada esperando a que me diera más detalles. –Me hice amigos de los padres de Edouard, agrégale que nuestra belleza puede convencer hasta el hombre más duro.
–Gracias por el favor.
–De nada. –dedicándome una sonrisa, pero luego cambió a una más seria. –Ahora necesito que me expliques porque no puedes ver a Edouard.
–En el apartamento te explico mejor.
Cuando llegamos a nuestra guarida, le expliqué con detalles a Alec porqué no podía ver a mi pareja.
–Sé que no lo hace de forma intencional, pero por alguna razón no lo puedo ver. Estoy ciega ante él, aunque a veces hay ciertos huecos en donde lo puedo ver momentáneamente. Es como si constantemente estuviera cambiando de decisión o simplemente como si estuviera muerto. –le expliqué.
–Eso es muy raro, me pregunto como será siendo vampiro. –Alec se encontraba igual de pensativo que yo.
–No lo sé, pero yo no puedo convertirlo, todavía no. –Alec me miró extrañado. –Alec, para un Temporis es arriesgado transformar a un humano, para convertirlo en uno de nosotros hay que pensarlo muy bien.
–¿Porqué? –esta vez estaba muy atento, presentía que había olvidado la conversación principal.
–Porque para convertir a un humano en Temporis tienes que unir los tres tiempos, haciendo que estés, valga la redundancia, en un tiempo muy extraño que ni siquiera tiene nombre. –le expliqué. –¿Recuerdas tu conversión? –el negó con la cabeza. –Bueno, la mía se sintió muy extraña, a tal punto que el tiempo se detuvo, en ese momento era ese extraño punto del tiempo que te digo. –lo que hizo fue asentir en forma de comprensión. –Para Stefan fue muy difícil mi conversión porque era su primera vez, luego que me convirtió se perdió en el tiempo, dejándome a la intemperie con una psicópata.
–Entonces ¿Porqué Stefan convirtió ha alguien por segunda y tercera vez? –preguntó curioso.
–No lo sé, habrá que preguntarle cuando regrese y no sé cuando será eso. –luego me puse pensativa y dije para ambos un pensamiento a voz alta. –Para Stefan creo que le costará bastante volver al tiempo presente, tuvo que convertir a mis hermanos gemelos dos veces y creo que para poder hacerlo, a lo mejor tuvo que usar más de su capacidad física y mental.
–¿Entonces como vas hacer? –preguntó curioso, interrumpiéndome los pensamientos que tenía.
–No lo sé, pero tiene que ser alguien de confianza. Si se lo doy a cualquier vampiro, este puede venir y consumir toda su sangre, además de que tiene que tener una fuerza de voluntad para no matarlo. –le expliqué.
–Todo este asunto de nuestra raza y su transformación da dolor de cabeza. Vamos a cambiar el tema. –esperé a que tema iba a tocar ahora Alec. –¿Te fijaste como te miraba Edouard?
–Si, me da la leve impresión de que él siente la atracción hacia mí como yo a él, solo que no sabe lo que es. –le conté. – Creo que son buenas noticias ¿no?
–No lo sé, tienes que dejar que él se exprese y te conozca a fondo, porque a lo mejor lo que siente en estos momentos es atracción sexual. –dijo Alec.
–¿Qué pasa si-?–en eso me interrumpió Alec.
–Ah ah… –hizo una seña para que parara con su dedo índice derecho. –No pienses en esas cosas, piensa primero en como atraer a Edouard para poder protegerlo. – me aconsejó.
–Está bien. –respondí rendida. Me acerqué a él y lo abracé. –Me hacías falta aquí, me hacía falta un poco de tus consejos.
–Lo sé, soy irresistible. –respondió en tono de burla. Me alejé de él y le pegué suavemente en su hombro.
–Cállate. –me reí ante su comentario y él se contagió con mi risa.
–Deberíamos salir un rato a divertirnos, –comentó alegre. – quiero una presa y una que sepa bien, cero drogas y alcohol en sus venas. –ordenándome como si fuera una mesera de restaurante.
–Ve a un hospital y roba una bolsa de sangre. –le respondí. Hizo una mueca estando de acuerdo conmigo, junto con una seña en sus manos.
–¡Buena idea! –comentó alegre. –Pero dejemos eso para cuando venga mi hermana y los gemelos.
–Tienes razón. Vamos a conseguirte la presa que quieras.
Me giré hacia el balcón para abrirlo y ambos salimos por ahí sin ser detectados.
