Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
Perdón chiquitas luego de casi dos meses, estaba atereada y muuuucho, así que como regalo les dejo dos capítulos uno hoy (03-03-2017) y otro mañana (04-03-2017). Ya no las molesto más, disfruten el capítulo.
Capítulo 15: Lazos
Me despertó súbitamente el golpeteo de la puerta de entrada.
Son las diez de la mañana, ¿quién será?
Me levanté con cuidado, lista para atacar, pero cada vez más que me acercaba a la puerta, reconocía el olor de quién estaba tocando. Era Edouard.
–¡Isabella! –llamándome. –¿Estás ahí?
No contesto. Vuelve a tocar.
–Espero que no te hayas muerto Ana. –susurra preocupado. Vuelve a tocar con más urgencia.
–¿Edouard? –escucho la voz de Alec.
–¿Alec? ¿Qué haces aquí?
–Este es mi apartamento. –le informó.
–Ayer en la noche vi entrando aquí a Isabella. –le dijo preocupado. –Ella estaba en muy mal estado ¡Tenía heridas de bala!
–¿En serio?–esta vez sonaba preocupado Alec.
–¡Si! Ella no quería ser llevada al hospital y temo que ella esté…–Edouard sonaba muy preocupado.
–Si ella te dijo eso, hazle caso.
–¡Pero quiero ver si ella está bien! –exigiéndole a Alec para entrar.
–Regresa más tarde Edouard, confía en mí. –le respondió Alec. –A menos que quieras que llame a tus padres–en eso Edouard le cortó la oración.
–No es necesario, vengo cerca de las cinco. –seguidamente Alec habló.
–Mejor ven aquí a las ocho ¿Puedes? –escuché silencio y luego los pasos de Edouard alejándose.
Cuando Alec se aseguró de que ya no estuviera en el mismo piso, entró al apartamento.
–No deberías estar despierta, deberías descansar. –me reclamó como si fuera mi padre. –Y más con esas heridas por balas de madera. –señalando algunas de mis heridas visibles.
Volví a la cama mientras Alec me hicía señas para que volviera acostarme nuevamente.
–Algo me dice esas heridas que no fue muy limpia la misión. –me comentó.
–No lo fue. –respondí, mientras me acomodaba con cuidado en la cama.
–Dale gracias a Jasper, él fue quién predijo que Edouard vendría aquí. –lo miré curiosa.
–¿Jasper? Está avanzando muy rápido…–respondí sorprendida.
–Si que lo es, pero ambos sabemos que no puede llegar al mismo nivel que estás tú porque su mente y cuerpo no lo aguantarían. –lo que hice fue asentir, dándole la razón.
Me acomode en la cama lista para volver a dormir.
–Si me permites, ahora voy a dormir. – cerré mis ojos, finalmente le dije. –En la noche te cuento lo que sucedió, después de la visita que tengo con Edouard.
–Duerme, buscaré gasas y pinturas para simular tus heridas. –luego de esto, me relajé y me desconecté del mundo.
–Bella despierta. –me desperté por el zarandeo de Alec. Lo miré con mala cara. –Tienes que comer ahora y arreglarte un poco, Edouard vendrá pronto y no creo que quieras comértelo. –negué con la cabeza dándole la razón.
Alec salió de la habitación mientras que yo me metí al baño a bañarme; a pesar de que no me hace falta bañarme para oler bien, como hacen los humanos, dormí teniendo pólvora y sangre. Al terminar de asearme me vi al espejo, me examiné las heridas, al tocarlas levemente me dolían como si me clavaran un puñal en la piel, me sentía como una humana. Al salir de una vez vestida del baño, mi amigo había regresado con dos bolsas de sangre en una bandeja y a un lado había dos cajas, una llena de pintura de varios tipos y la otra un kit de primeros auxilios.
–Mientras tú comes, –entregándome la bandeja. – yo te hago las "heridas" –resaltando la ultima palabra en señal de comillas. Yo asentí.
Mientras Alec me pintaba, yo comía y a la vez que ayudaba a mi amigo a pintar los parches con mi comida y ponerme algunos de ellos, solo en los lugares donde tenía las heridas de bala.
–¿Qué clase de madera usaran estos cazadores para crear este tipo de heridas? –preguntó Alec. –Parecieran heridas de balas humanas.
–No lo sé. –le dije mientras pegaba un parche en mi hombro. Tome un sorbo de sangre y continué hablando. –Pero por la forma, creo que los habrán bañado en sol.
–Es lo más probable. –respondió mientras me pegaba un parcho pequeño en mi antebrazo. –Me costó limpiar las balas de madera que expulsaste, quemaban un poco al tacto. –me comentó. –Deben de tener algo más que un simple baño de sol.
Cuando finalmente estuve lista, de comer y crear algunas falsas heridas o taparlas, pasados treinta minutos tocaron la puerta. Era Edouard.
–Ve acostarte y no salgas, hay sol todavía. –me ordenó Alec. Hice lo que me pidió, mientras yo me arreglaba para acostarme en la cama.
Escuché a Alec abrir la puerta y dialogar con Edouard.
–…está bien. Pero te advierto que puede que no te guste lo que veas. –le advirtió.
Ambos entraron, escuchando sus pasos hasta aquí. Cuando Edouard se enfocó hacia mi dirección, estos me miraron con más preocupación.
–Dios… ¡ISABELLA! –escuché a Edouard corriendo hacia acá, seguido de Alec. –¿Quién te hizo esto? –preguntó Edouard mientras se sentaba en la cama. Su tono de voz indicaba que estaba molesto.
–Es… difícil de explicar, lo bueno es que estoy bien. –le dediqué una media sonrisa.
–Tienes razón. –Alec dándome la razón, siguiendo el juego.
–¿Qué haces aquí? –le pregunté a mi pareja.
–Vine con mis padres y hermanos, ayer un familiar se casó y estábamos celebrando en el apartamento de al lado. Ahí viven los recién casados. –lo que hice fue asentir de entendimiento. –Necesito que me expliques.
–Es difícil de explicar Edouard, ya te lo dije. –volteé mi rostro para huir de su mirada. No quería que viera algo en mis ojos.
–Por cierto… –sentí como se levantaba de la cama y se iba de la habitación, haciendo que volviera a mirarlo. Al regresar, tenía en sus manos una flor. –Te traje esto. –agarré la flor, "cuidando" de no pincharme, mientras él se sentaba nuevamente. Me había dado una rosa, mi favorita.
–Gracias Edouard. –le dediqué una sonrisa y este se sonrojó. Eran las 8:17, todavía había sol, pero no era tan fuerte. –Por cierto ¿Dónde te estás quedando?
–En un apartamento a unas dos cuadras de aquí. –respondió. –Tanto del lado de mi padre, como mi madre, son de Lyon. –explicó. Lo que hice fue asentir.
Sin darme cuenta, Alec nos dejó solos para más comodidad, cosa que agradecí. Ambos hablamos de banalidades, más que todo Edouard, yo lo que hacía era escuchar o dándole la razón en algo, o compartíamos gustos, cosa que para mi era sorprendente. Nuestros gustos eran similares, le gusta la música clásica, le gusta leer libros de aventura de en vez en cuando, y le encanta aprender cosas nuevas, por lo tanto es curioso.
Es un perfecto Tempus…
–¿Me contarás que te sucedió? Me preocupó mucho encontrarte así–insistiéndome nuevamente Edouard. –¿Sabes? Varios conocidos dijeron que hubo un tiroteo en la madrugada, pero ningún periódico lo publicó. ¿Estabas metida allí? –el Fiscal de la zona tuvo que haber sobornado para que nadie se enterara de lo que pasó.
–No puedo decirte Edouard. –le respondí tristemente. –De hecho yo no trabajo en la oficina que te dije. Yo trabajo de otra cosa. –Edouard cogió mi mano, sintiendo su calor.
–¿De que trabajas? Dime la verdad. –insistió. –Puedes confiar en mí, no me mientas.
No sabía que trabajo indicado decirle sin que investigue, y también no estaba segura si decirle la verdad; mis instintos me decían que se lo dijera, todo, pero no sabía su reacción.
–¡Ya estamos aquí hermana! –era la voz de Rosalie. Escuché como entraban mis hermanos, junto con Alec.
Nuestra conversación estaba tan entretenida que no me había dado cuanta que había anochecido y eran las 9:47, y los gemelos iban a llegar aproximadamente a esta hora. Ya sabía que mis hermanos habían percibido el olor de mi pareja, ellos se contuvieron de no comerlo.
–¿Quiénes son? –preguntó curioso hacia la puerta de la habitación.
–Mis hermanos adoptivos. –le respondí.
Por mi cabeza pasó la imagen de Jasper y Rosalie calmándose ante el olor.
–Que raro… –escuché a Edouard.
–¿Qué? –pregunté.
–Tus ojos ya no son miel, son dorados. –me dijo Edouard.
Mierda…
–Si… mis ojos tienden a cambiar de color. –le admití nerviosa. Pero mi respuesta no lo convenció, se le notaba en su rostro.
Una vez que mis hermanos se calmaron, ambos se acercaron a la habitación. Al entrar vieron fijamente a mi pareja, ya presentaban ojeras por hambre, pero esto no duró mucho debido al grito de terror de Rosalie.
–¡¿Estás bien Bells?! –se acercó rápidamente a mi, a paso humano por supuesto. –¿Qué te sucedió?
–Lo mismo pregunto yo. –dijo en susurro Edouard.
–Lo bueno es que estoy bien. –les dije a los dos. Yo presentía que ellos sabían que no era un tema para hablarlo delante de un humano. –Edouard, ellos son mis hermanos adoptivos, Rosalie y Jasper Hale. –una vez que terminé la presentación ellos se acercaron a darle la mano a mi pareja.
–Mucho gusto. –dijo Jasper con una sonrisa amable.
–Me alegro de conocerte. –habló Rosalie alegre. Ella estaba ansiosa por conocer a mi pareja, pero no esperaba que su sangre la llamara también, al igual que su hermano.
Edouard vio su reloj, se levantó de la cama y se acercó un poco más a mí.
–Me tengo que ir, ya es tarde.
–Está bien. –respondí. –Me alegro de que hayas venido. –dedicándole una sonrisa. Miró a mis hermanos nerviosamente, por sus expresiones corporales, Edouard me quería decir algo pero le daba vergüenza.
–¿Volverás a París? –preguntó avergonzado.
–Tengo que resolver unas cosas primero y mejorarme. –le respondí.
–Ah bueno… si… que te mejores. –se acercó rápidamente a mi y me dio un beso en la mejilla. Jamás me lavaré esa mejilla.
Luego él camino a la puerta de la habitación y me miró por última vez.
–Adiós. –luego ya no lo vi más.
Escuché como Alec le ofrecía llevarlo en su auto para su casa, cosa que aceptó mi pareja y por ultimo salieron del apartamento. Vi como mis hermanos se les normalizaba la respiración.
–Veo que no soy la única que se vuelve loca por su sangre. –le comenté a mis hermanos.
–Si pero no tanto como tu Bella. –habló Jasper. –A ti la sangre te llama, pero a nosotros, a pesar de que huele muy bien, no nos vuelve tan locos. –se sentó en la cama, en el mismo lugar que estaba Edouard. –Me sorprende la habilidad que tienes para aguantar ese olor.
–Cuando tienes una pareja, no puedes matarla. –le respondí.
–Tienes buen gusto Bells. –habló alegre Rosalie. –Si no fuera tan religioso, él podría ser modelo. –miré extrañada a Rosalie. ¿Cómo sabe que él es de familia religiosa? Rosalie se dio cuenta de mi expresión. –Se le nota en la forma de ser y su vestimenta.
–¿Podemos confiar en él? –preguntó Jasper.
–No lo sé, no puedo verlo. –le respondí. –Ni siquiera el más leve presentimiento, solo me baso en sus expresiones corporales, como una humana cualquiera.
–Pensaba que era el único. –susurró para si mismo Jasper. Luego me miró.– Él debe ser especial como vampiro. ¿Alec tampoco lo ve? –negué con la cabeza. –Muy especial.
–No le puedes decir nada ¿verdad? –preguntó Rosalie. Negué con la cabeza. –Te duele no decirle. –lo dijo como una afirmación. Yo asentí levemente.
–¿Sabes en qué me fije? –miré a Jasper. –Sentí lo que sentía por ti, y es una atracción indescriptible, como un lazo hacia ti. Lo que indica que es tu pareja. –me sonrió alegremente, contagiándonos a Rosalie y a mí.
–¿Cómo pudiste sentirlo? –le pregunté curiosa.
–Digamos que conseguí un hueco y percibí sus sentimientos. –me explicó. –Se sentía leve, pero la percibí.
–Algo así me pasa con él cuando intento verlo. –le expliqué.
–Conviértelo Bella. –comentó Rosalie.
–No puedo Rosalie. –negué con mi cabeza, al mismo tiempo que le respondí. –Primero, al ser religioso cristiano, puedo tener el riesgo de que atraigan cazadores. Y segundo, para los Temporis es difícil convertir a alguien, te lo he explicado.
–Si no lo haces tú, alguien lo hará. –comentó Jasper. –Roguemos que no lo tome ningún cazador.
–Si. –comenté, para luego suspirar de frustración por el tema.
–¿Te quitamos eso Bella? –preguntó Rosalie. –Se ve muy incomodo.
–Si, por favor. –viendo a mis hermanos. –Tengo el cuerpo tan adolorido que me cuesta un poco moverme.
–Mientras te quitamos todo eso, nos vas contando lo que sucedió. –asentí.
Les empecé a relatar lo sucedido, hasta que fui interrumpida por un comentario de mi hermana.
–¡¿Pero con que mierda te dispararon?! –comentó entre molesta y asustada, debido a las heridas que tenía provocadas por balas de madera.
–Balas de madera con algo bañado en ellas que afecta a los vampiros. –le comenté. –Esto es lo que pasa. –señalando las heridas. Ambos me miraron asustados por este hecho que les conté.
